Nino Ajedrez: Un Resumen de la Revuelta y la Melancolía
Damião decidió viajar a Buenos Aires impulsado por una creciente crisis de melancolía, manifestada inicialmente como una intensa presión en la nuca y dificultad para respirar. Esta presión, que se extendía hasta la mandíbula, lo llevó a recurrir a maquinillas desechables como un alivio.
Muchas veces la presión en la nuca empieza de noche, cuando suele tomar café en uno de esos establecimientos que nunca cierran y, tal vez, escribe algo a partir de las fotos de los periódicos. Éstas siempre le inspiran mucho. Crítico, Damián ya no cree que el arte de la fotografía pueda sobrevivir al exceso de artificialidad de los periódicos contemporáneos. Pero el rigor no puede considerarse una de las causas de sus crisis de melancolía: la presión en la nuca a veces aparece mientras está ensimismado ante una fotografía hermosa.
La decisión de ir a Buenos Aires vino precisamente de tres fotografías que estaba contemplando cuando la presión en la parte inferior de la nuca anunció que la crisis había vuelto. Dos de estas fotografías capturaron escenas de un club de ajedrez en la capital argentina. En una, jugadores de edad avanzada conversaban, probablemente discutiendo jugadas de partidas famosas. La otra fotografía mostraba tableros con posiciones cruciales de la historia del ajedrez.
Mientras recortaba la tercera fotografía, que no tenía ninguna relación con el juego de ajedrez, Damião sintió que la presión en la parte inferior de la nuca se extendía por el lateral de la cabeza. Sus piernas no conseguían recuperar la firmeza y estaba empezando a faltarle el aire. Para ver si conseguía aliviar un poco las cosas, Damião tanteó las paredes hasta el baño, abrió el armario del espejo y sacó una maquinilla desechable. Esta vez pasó la cuchilla por el rostro seco sin más. Tras respirar se sintió mejor. Poco a poco sus piernas se encontraron más fuertes y pudo volver a la sala para buscar el teléfono de alguna agencia de turismo.
Damião, irritado con la respuesta, metió algo de ropa en la maleta, guardó las fotografías y cerró el apartamento. Cuando la puerta batió, sintió cómo le pesaba el cuello y comprobó que la presión en la parte inferior de la nuca continuaba. Sacó una buena cantidad de dinero del banco, ya que había optado por dejar su dinero en dólares en Brasil. Por un precio más elevado que razonable, encontró en el aeropuerto un billete a Buenos Aires en un vuelo sin escalas que saldría a media tarde. Antes de embarcar, Damião se afeitó, comió y fue hasta la agencia de cambio para cambiar su dinero en pesos argentinos.
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Al apoyar la cabeza en el respaldo del asiento para intentar dormir un poco, sintió que la presión en la parte inferior de la nuca se volvía otra vez muy fuerte. Las cosas empeoraron aún más cuando Damião se dio cuenta de que había olvidado en Brasil el paquete de maquinillas desechables.
La presión obligó a Damião a llamarla y a hacer lo que estaba intentando evitar a toda costa: preguntarle si no tenía una maquinilla de afeitar desechable. Sorprendida y algo consternada, Dani respondió que ese tipo de cosas sólo está disponible en los vuelos de larga distancia. Para intentar calmarse, decidió preguntarle si era capaz de identificar el lugar donde habían sido tiradas las tres fotos. Sin embargo, la foto de la esquina inferior de la página seguramente había sido tomada en la calle Florida, frente a las Galerías Pacífico. Ese tipo de pareja bailando tango es muy común allí y él no debería perder la oportunidad de asistir a una o dos de ellas, ya que muchas veces la pareja es incluso mejor que los bailarines de los salones especializados, a pesar del precio abusivo de entrada que cobra ese tipo de establecimientos.
Cuando supo que se dirigía a Buenos Aires para trabajar, Dani quiso saber su profesión pero sólo porque esa era la mejor forma de continuar la conversación. A ella ya le estaba pereciendo todo bastante monótono. Damião respondió que vivía de trabajos esporádicos que ofrecía a la prensa. Un periodista, por tanto. No exactamente, aclaró.
Cuando el capitán pidió a la tripulación que tomara asiento, Dani se despidió ofreciéndose a acompañarle a pasear por Buenos Aires. Damião ni tan siquiera respondió, ya que a esas alturas la presión en la parte inferior de la nuca y en la barbilla ya no le permitía oír nada. Necesitaba hacerse con una maquinilla desechable lo más rápido posible, de lo contrario se desmayaría en cualquier momento. Dicho y hecho: veinte minutos después Damião perdió el sentido en la salida del túnel que lleva a los pasajeros del avión hasta las cintas de equipaje.
Cuando volvió en sí, estaba en la enfermería del aeropuerto de Ezeiza siendo observado por una enfermera y un médico de pelo canoso. En la puerta, un oficial de la Policía Federal Argentina, más o menos de la misma edad que el médico, miraba al brasileño con cierta curiosidad. La enfermera se acercó y preguntó si iba todo bien y si Damião quería un poco de agua. Él se lo agradeció y pidió una maquinilla desechable. Damian le preguntó a Damião si tenía un documento de identidad o pasaporte y 15 minutos después volvió con un visado de turista sellado. Antes de despedirse y desearle buen viaje, Damian miró de pasada al médico que acaba de recetar un leve calmante para Damião.
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Damian y Damian se encontraron por primera vez en aquella misma sala hace 28 años, el día en que el general Juan Domingo Perón volvió del exilio y causó una verdadera masacre en el aeropuerto de Ezeiza. Un grupo de militantes protagonizó una revuelta que acabó en un enorme tiroteo con 13 muertos. El general fue a desembarcar en otro aeropuerto mientras Damian, recién contratado por el gobierno, se desesperaba con tanta gente herida.
Antes de dormir, Damião se afeitó para garantizar que pasaría una buena noche. Y la verdad es que durmió bien, lo que le animó a pedir algunas hojas de papel por el interfono. Al momento, un empleado del hotel llamó al timbre dejándole un lápiz además de un bloc de notas. Damian le dio las gracias por la propina y cuando volvió a la recepción llamó de nuevo al huésped brasileño, que rechazó amablemente los periódicos del día. Como el recién llegado se había registrado como periodista (aunque ésa no sea su profesión), Damian pensó que le gustaría leer los periódicos bien temprano.
Antes de bajar al café, Damião se afeitó y esbozó los planes para los próximos días en Buenos Aires. Damião pretende primero encontrar a los dos jugadores de ajedrez de la foto y convencerlos para pasar una o dos semanas con él (a los jugadores de ajedrez, no al médico y al policía) para reunir el mayor número de detalles posible. Cuando tenga el material suficiente, se dedicará a la segunda parte: lo mismo, pero ahora con la pareja de bailarines de tango.
Mientras tomaba café en el hotel, Damião hojeó los periódicos argentinos, pero no encontró ninguna fotografía que le interesara. Damião se dio cuenta de que había cometido un error al cambiar su dinero en moneda argentina cuando aún estaba en Brasil. El equívoco que le pasó desapercibido (y del que además nunca se dará cuenta) es que debería haber investigado lo que relaciona al médico y al policía que le atendieron en el aeropuerto.
El primer paso, ahora que se está sintiendo mejor y la presión en la parte inferior de la nuca es imperceptible, será encontrar a los dos jugadores de ajedrez. Damian, el camarero que le estaba atendiendo durante el café matutino en el hotel, le dijo que él no sabía nada de ese juego. Tal vez Damião pudiera conseguir alguna información de los jubilados que se reúnen en la plaza Callao para jugar al dominó, chaquete y, más raramente, ajedrez.
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Damião no tuvo dificultad para encontrar la plaza Callao. El verdadero problema era encontrar a alguien que le pudiera dar alguna pista sobre los dos jugadores de ajedrez. Dos ancianos tomaban el sol en un banco y jugaban a las cartas. Ambos se disculparon y dijeron que no sabían nada de ajedrez. Tampoco conocían a nadie que pudiera ayudarle.
La plaza estaba llena de argentinos de todas las edades, muchos incluso debían de haber pasado la noche allí. De vez en cuando alguien decía una palabrota. Un grupo grande preparaba una pancarta enorme pidiendo la dimisión del presidente. Carteles más pequeños reivindicaban la prisión del ministro Domingo Cavallo. A Damião no le interesó demasiado nada de eso: lo que él quería encontrar era los dos jugadores de ajedrez y la pareja de bailarines de tango.
Incluso por eso Damião no se preocupó lo más mínimo por el intercambio de miradas entre el médico y el policía que le atendieron en el aeropuerto de Ezeiza.
En un giro inesperado, la narrativa se entrelaza con el mundo del ajedrez online y las controversias sobre trampas. La historia de Daniel Naroditsky, un prodigio del ajedrez y popular streamer, se presenta como un contrapunto a la búsqueda de Damião. Las acusaciones de trampa, lideradas por Vladimir Kramnik, arrojan una sombra sobre la comunidad del ajedrez, culminando en la trágica muerte de Naroditsky.
El caso de Naroditsky expone la toxicidad y el escrutinio en el ajedrez online, con figuras como Magnus Carlsen y Hikaru Nakamura condenando las acciones de Kramnik. La controversia se intensifica con las declaraciones del director ejecutivo de la FIDE, Emil Sutovsky, generando aún más indignación y cuestionando la gestión de la federación ante estos problemas.
La era digital ha transformado el ajedrez, haciéndolo más accesible pero también más susceptible a la controversia y la toxicidad. A medida que la historia avanza, la búsqueda de Damião en Buenos Aires se entrelaza con los desafíos y las tragedias que enfrenta la comunidad del ajedrez en la era digital.
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