La Historia Real del "Niño Lobo": Marcos Rodríguez Pantoja
La vida ha maltratado a Marcos Rodríguez Pantoja desde que nació en 1946 en Añora (Córdoba). Su madre murió cuando era casi un bebé, su padre se volvió a casar con una mujer que lo molió a palos y la pareja acabaría vendiéndolo como bracero. Después vino lo insólito: a los seis años, cuando murió el pastor que lo cuidaba, se echó literalmente al monte, donde fue acogido por una manada de lobos que lo protegió y con la que convivió hasta los 17, sin mantener vínculo alguno con seres humanos. Así nació el mito del niño lobo que plasmaría en 2010 la película 'Entrelobos', de Gerardo Olivares, pero las penurias de Marcos continúan en la actualidad.
Marcos Rodríguez Pantoja no tuvo una infancia normal. La vida de Marcos fue de todo menos fácil, y se dio cuenta siendo muy pequeño. Nacido en Córdoba, emigró con sus padres a Madrid cuando solo tenía tres años. Su madre falleció al poco de instalarse, y su padre no tardó en casarse con una mujer, que tenía un hijo de una relación anterior. Lo que debería haber sido el comienzo de una nueva vida para la familia, fue el inicio de un infierno para el pequeño Marcos, que sufrió malos tratos por parte de su nueva madre.
Cuando tenía seis años, la familia se instaló en un pequeño pueblo de Sierra Morena. Los malos tratos prosiguieron, pero cesaron cuando su padre le mandó a vivir con un terrateniente local. Su padre posiblemente lo vendió al hombre. Este lo puso a trabajar con un cabrero, pero un día, en mitad de una jornada laboral en los pastos, Marcos se perdió en mitad de la sierra.
La Vida en la Sierra Morena con Lobos
Durante 12 años, el chico sobrevivió en Sierra Morena aislado de todo ser humano y acompañado solo por los lobos que allí habitaban, y que le acogieron como si de uno más de la manada se tratara. Perdida toda conexión con los humanos un niño de no mas de 10 años aprendía a vivir entre lobos y serpientes hablando con las águilas y alimentándose de los pocos conejos que era capaz de trampear. Hoy Marcos nos cuenta su insólita experiencia que se prolongó durante mas de diez años: los que vivió entonando el aullido lobuno de la noche.
“Cuando quería algo les llamaba con un aullido, o para ir de cacería. Yo me guiaba en el río y ellos indicaban dónde teníamos que ir. Luego cazábamos y nos sentábamos a comer, cada uno nuestra parte”, contó en una entrevista con BBC Mundo, “solo me llegaba a sentir solo cuando no escuchaba a los animales. Siempre había algún pájaro o insecto haciendo ruido.
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Su primer encuentro con los lobos lo resumía así el propio Marcos Rodríguez en 2010 en El Confidencial: “Un día oí ruido detrás de unas rocas. Me acerqué y había unos lobeznos. Les fui a dar comida, como me enseñó Damián [el pastor] y me revolqué con ellos… Vino la loba y lanzó un mordisco… Me fui… Un día estaba en la cueva y entró la loba. Yo me fui al fondo… Creía que me iba a comer… ¡Como antes me había atacado! Pero me dejó un trozo de carne… Me lo iba acercando… Y al final se acercó y la abracé… Y fueron confiando en mí. Yo les daba comida y jugaba con los lobeznos y poco a poco, así, fue como me fui convirtiendo en el jefe de la manada”.
Es especialmente duro escuchar como sintió afecto y amor por primera vez en su vida en esa lobera, gracias a la aceptación de la manada y especialmente de la que se convertiría en su madre adoptiva. Marcos no pasó hambre gracias a los lobos, aprendió a pescar y a subsistir con lo que la naturaleza le ofrecía.
Marcos nos enseñó cada rincón de esa sierra en la que vivió durante 12 Años, Nos llevó hasta el rio donde jugaba y pescaba, Nos explicó como cazaba las perdices, como cogía los conejos y nos fue explicando cada planta. De vez en cuando, nos sorprendía imitando el canto de los pájaros o aullando como un lobo, llamando a los ciervos o fabricando flautas con cualquier palo que encontraba e improvisando una canción.
El Regreso a la Civilización y sus Dificultades
La Guardia Civil lo encontró en 1965 en una situación totalmente salvaje, y decían que mordía y aullaba como si de un lobo se tratara. Según él, en el momento en el que le “rescataron”, su mundo se vino abajo. Al niño, en ese momento joven adulto, tuvieron que enseñarle lecciones básicas, como hablar, andar erguido o vestirse; hasta que algunos años después, pudo reinsertarse en la sociedad como un adulto normal.
Apenas sabía hablar, caminaba a cuatro patas, desconocía la mayoría de las convenciones sociales y había olvidado la mayor parte de su antiguo léxico. Y de su recelo con el ser humano, relataba: “A mí me han engañado mucho desde que salí del monte. Los lobos son más nobles que las personas, y a pesar de la fama que tienen, a mí siempre me respetaron”. No ayudó a incrementar su confianza en las personas la forma en que fue arrebatado del que ya era su hábitat natural, cuando un guarda de una finca lo delató y envió a la Guardia Civil a que lo arrancara de forma violenta del que ya era su hábitat natural.
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Cuando la Guardia Civil le cazó en 1965 y le obligaron a reingresar en la misma sociedad que le había abandonado cuando tenía siete años, empezó un peregrinaje de desventuras. Estuvo en Jaén con un cura, en Madrid con unas monjas, hizo el servicio militar, acabó en Mallorca trabajando en hoteles y restaurantes y fue dando tumbos mientras nadie le creía y todos se aprovechaban de el. “logró sobrevivir gracias a su inteligencia y a la imaginación“
El hombre dice que los humanos son hostiles y fríos por naturaleza. Fue maltratado, pero también víctima de abusos, burlas por no entender de temas sociales y engaños una vez volvió a convivir con seres humanos.
Tras una estancia en Fuengirola, un buen día conoció a un policía gallego que, emocionado con su caso, se apiadó de él y se lo llevó a Galicia, donde colaboraba en una finca. “Desde que me cazó la Guardia Civil, nadie se ha preocupado por mí hasta que conocí a Manuel, el hombre con el que vivo ahora en Galicia. Estoy muy agradecido”, se confesaba Marcos hace unos años.
Marcos en la Actualidad
Tras un periplo que le llevó por Madrid, Mallorca y Fuengirola, ahora malvive en una aldea de Ourense, apenas asistido por la caridad de los vecinos. El que fuera niño lobo vive solo en una casa prestada por una familia que lo ha “apadrinado” en una aldea cercana a San Cibrao das Viñas, y apenas subsiste con una pensión no contributiva. Su integración con los vecinos es total. Conversa con ellos, hace rutas por el monte e incluso da charlas en centros educativos o colabora con iniciativas en defensa del lobo, del que tanto sabe, pero su situación económica y sus condiciones de vida son angustiosas. El dinero apenas le da para comer y en la casa en la que vive pasa auténtico frío.
Ahora que el niño lobo de Sierra Morena se ha hecho mayor, el torbellino de solidaridad que ha despertado su caso tal vez lo ayude a superar el horror atávico que aún siente por el ser humano.
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Marcos tiene ahora 65 años pero lo que ves es un niño grande que solo quiere ser feliz y que disfruta con la gente y lo que le rodea. Llegar hasta esta seguridad le ha costado mucho tiempo, y mucho sufrimiento.
El Legado de Marcos: Libros y Películas
Su caso dio la vuelta al mundo, y se convirtió en ”el caso del niño lobo”, el primero de un niño feral en España. Mucho antes de que Gerardo Olivares llevara la vida de Marcos al cine, el escritor y antropólogo mallorquín Gabriel Jane estudió el caso y lo convertiría en una novela, 'He jugado con lobos', con la que consiguió el premio el Premio Joaquim Ruyra en 2009. Janer conoció personalmente al niño lobo en 1975, cuando preparaba su tesis doctoral, e incluso grabó imágenes de su nueva vida en la ciudad.
Casi 25 años después de escribir esta tesis, Gerardo Olivares la leyó también por casualidad y supo que tenía ante sí una historia que deseaba llevar al cine. Marcos se convirtió en una obsesión. Era cordobés como él y tenía que encontrarle. Después de un año de búsqueda incansable en el que contó con la ayuda de Gabriel Janer, llegó hasta él. Ahora los dos son grandes amigos que no paran de meterse el uno con el otro constantemente. El hermano chico y el hermano grande.
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