Historia de la Pontificia, Real y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Esperanza de Murcia
Atesoran los tronos de esta Esperanza de palmas y antigua ropa de estreno cierto brillo cuando caminan al salir por la puerta estrecha de San Pedro hacia la ciudad. Es un destello antiguo, un resplandor con cierta solera huertana, como si los ecos de aquellos abuelos que se acercaban desde la huerta para sacar los pasos, como fornidos jornaleros que eran, aún retumbara en la pequeña plaza. Los colores y los aromas, incluso el airecillo que suele levantarse en alguna esquina, son los mismos en cada tarde de Domingo de Ramos. Aunque ahora, eso sí, con más teléfonos móviles para inmortalizar la historia que se transforma en tradición a pie de calle. Y con más veladores entre las cien mil terrazas que se disputan las aceras.
Para muchos, la emoción es la misma cada año y la sorpresa asalta los sentidos en cualquier instante. Unas veces, al contemplar cómo el viento dota de vida a los estandartes de terciopelo y oro fino que bordaran en la murciana y desaparecida Casa Lucas. Otras, ante la salida de María Magdalena, el primer trono de Pasión del desfile, pues el que le precede es otra historia. O acaso en la representación que Hernández Navarro hiciera de Jesús en su entrada en Jerusalén, a lomos de un borrico, paso que despierta la curiosidad en muchos niños al descubrir sobre la tarima tan entrañable animal.
Y no es el único que atesora este desfile de túnicas verdes de esperanza de San Pedro, en cuyo paso, arrodillado el apóstol y arrepentido, desfiló ayer un nuevo y magnífico ejemplar de gallo junto a la talla que imaginara Salzillo en 1780. La pintoresca nota emplumada, que tanta sorpresa causó a muchos niños, pronto dio paso al rigor en el caminar de un paso que cuenta en la ciudad con no pocos fieles. Pero estas cosas ya nadie las comentaba. Las calles eran un hervidero de gentes cargadas de niños que llenaban la enorme carrera, colmada de la algarabía innata de las procesiones murcianas, en las que se mezcla el desorden acompasado de los cofrades unas veces con la más absoluta seriedad.
Eso sucede ante el paso del Cristo de la Esperanza. Existe una antigua litografía donde la anterior imagen que se veneraba en San Pedro mostraba a sus pies un cadáver del que parecía salir el alma, si es que el autor no añadió esta representación por su cuenta. Pero lo cierto es que eso les sucede a muchos de los vivos que contemplan su paso: que se les sale el alma por la boca ante la belleza de la obra. Y entonces empiezan las discusiones sobre si es más hermosa esta talla que la Virgen de los Dolores, siendo ambas de Salzillo.
Da igual. La procesión se adentra en la ciudad como una ser vivo que se contrae y estira al ritmo de los golpes de los estantes sobre las tarimas de pino de Oregón dorada en plata corlada. «¿Y Oregón está en Murcia, nene?», pregunta un abuelo mientras devora, mal que bien porque los dientes no son lo que fueron, el tan inevitable como sabroso pastelico de carne.
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Hubo un tiempo no tan lejano en que era este día propicio para estrenar atuendo, a menudo el único estreno que muchas familias podían permitirse al año, si es que acaso lograban estirar sus maltrechos bolsillos. «Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos», reza el antiguo refrán. Aún este domingo, a contracorriente, algunos murcianos anduvieron de punta en blanco con ropa flamante.
Orígenes de la Cofradía
PONTIFICIA, REAL Y VENERABLE COFRADÍA DEL STMO. CRISTO DE LA ESPERANZA, MARÍA STMA. El origen de las Congregaciones y Cofradías del Santo Celo por la Salvación de las Almas lo encontramos en una reflexión del M.R.P Fray Andrés Ferrer de Valdecebro (1620-1680), expresada en su libro “Historia de la Vida de Santa Rosa de Santa María”, impresa en 1670.
En abril de 1724, recogiendo el deseo del Padre Ferrer, el Jesuita Beato Manuel Padial Ruiz, siendo Hermano Mayor de la sevillana Congregación de Cristo Coronado de espinas y María Santísima de la Esperanza, “fixó la planta de Congregación del Santo Zelo de la Salvación de las Almas en Pecado Mortal, en la ciudad de Sevilla, con la protección del Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Don Luis de Salcedo y Arzona, Arzobispo de aquella Metrópoli”.
Según consta en acta de erección de 29 de abril de 1754, la Congregación del Santo Celo por la Salvación de las Almas se fundó en la Parroquia de San Pedro de Murcia, en torno a una imagen de Cristo que tomó como Titular del Instituto bajo la advocación de la Esperanza, y a instancias del rector de dicho templo el Presbítero DON PATRICIO LÓPEZ, al que por tanto se debe considerar como el fundador.
El 3 de mayo de 1754, abaladas por la firma de cuarenta y cuatro hermanos fundadores entre los que figura Joseph Vallejo y Taybilla (hermano de la esposa de Francisco Salzillo), los congregantes del Stmo. Cristo de la Esperanza y del Santo Celo por la Salvación de las Almas, de Murcia, solicitaron la aprobación de sus Constituciones, las cuales, previo informe favorable del Fiscal General del Obispado de 19 de octubre de 1754, fueron aprobadas, en nombre del Obispo D. Diego de Rojas y Contreras, por el Visitador General del Obispado de Cartagena, D. Pedro Manuel del Moral el día 21 de octubre de 1754.
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Igualmente, mediante la Bula “Cum ficut accepimus”, dada en Roma el 10 de marzo de 1755, S.S. el Papa Benedicto XIV concedió importantes indulgencias a los congregantes del Xtmo. Para alcanzar los objetivos de la Congregación, las Constituciones establecen, junto a una serie de ejercicios piadosos, por una parte la postulación nocturna por las calles de la ciudad para recoger limosnas con que ofrecer misas por la salvación de los pecadores y de las ánimas del Purgatorio, y por otra la organización de procesiones de misión con la imagen del Stmo.
Declive y Resurgimiento
Durante la segunda mitad del siglo XIX, como ocurrió con tantos otros Institutos religiosos, influidos por los cambios en las prácticas religiosas y las corrientes liberalitas, la Congregación de la Esperanza fue decreciendo en actividad y número de hermanos, desapareciendo, tanto la Matriz de Sevilla, como la erigida en la demolida iglesia de San Juan Bautista de Madrid.
En 1953, la antigua Congregación solo contaba con nueve congregantes que mantenían como única actividad la celebración periódica de una Eucaristía en sufragio de los hermanos fallecidos y las Ánimas del Purgatorio. Fue precisamente a la salida de una de esas misas cuando a instancias de dos congregantes que habían formado parte de las directivas de otras Cofradías murcianas, se decidió rehabilitar e impulsar la Institución, cambiando fines y estructuras, con objeto de configurarla como Cofradía Pasionaria.
El Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Ramón Sanahuja y Marcé, Obispo de Cartagena, dio luz verde al proyecto autorizándoles para formar Procesión pública en la tarde-noche de Domingo de Ramos. Los artífices de esta reconversión, y por tanto, a los que podríamos llamar “Refundadores” fueron el Reverendo DON MARIANO ANDREU y DON ANTONIO ALMELA PUJANTE, primer Hermano Mayor de la Cofradía en el Siglo XX.
El 11 de abril de 1954 se celebró por las calles de Murcia un Vía Crucis con la imagen del Stmo. Cristo de la Esperanza. En la Semana Santa de 1955 ya se desfiló con túnicas verdes y dos tronos el del Stmo. Cristo y el de la Santísima Virgen de los Dolores que, entonces arrodillada, cerraba el cortejo adorando la Cruz Vacía.
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Evolución del Cortejo Procesional
El cortejo fue enriqueciéndose con nuevos tronos. En 1977, a instancia de los hermanos González Hernández, se incluyo la imagen de San Juan Evangelista y en 1983 se incorporó el grupo del Arrepentimiento y Perdón de María Magdalena.
El 25 de octubre de 2006, la Junta de Gobierno, previa consulta a la Autoridad Eclesiástica, aprobó dotar a la naciente hermandad infantil con un paso que representase la acogida de Jesús a los niños. En 2013, pasados treinta años desde la primera salida procesional, se retomó el proyecto original de Liza Alarcón, prescindiendo en el grupo de la figura de Judas y realizándose una nueva imagen de Jesús de talla completa, policromada y estofada.
En el año 2023, la talla de San Pedro, obra del insigne escultor barroco, Francisco Salzillo, sufrió un intenso proceso de restauración y conservación en el Centro Oficial de Restauración de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, en dicha restauración se descubrió la posición original de un gallo, que aportado por la Cofradía, se concluyó que pertenecía a la época y al taller de Francisco Salzillo. El conjunto ha sido esculpido por los insignes escultores murcianos, referentes del barroco español del S. XXI, Juan y Sebastián Martínez Cava; este conjunto procesionó, por primera vez, el 13 de abril de 2025. El conjunto escultórico está formado por tres imágenes: Jesucristo, soldado y sayón.
Madre Esperanza
Santa Teresa del Niño Jesús será para ella un ejemplo a seguir, sintiendo una especial devoción y siendo continuadora de su mensaje de 'amor misericordioso'. El 12 de Marzo de 2005 el Obispo de la Diócesis, Don Manuel Ureña Pastor, bendijo y colocó la primera piedra del Centro de Espiritualidad 'Madre Esperanza' que se construirá en El Siscar, junto al solar de la casa donde nació. Esta construcción se destinará como centro religioso de espiritualidad y acogidas, para retiros, convivencias... etc.
En la actualidad las Congregaciones del Amor Misericordioso trabajan por la enseñanza, la acogida y acompañamiento de niños y jóvenes, ayudando a enfermos, ancianos, minusválidos y familias necesitadas, y en la misión fraterna con los sacerdotes.
Hermandad Infantil: "Dejad que los niños se acerquen a Mí"
Se trata de una obra incorporada a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Esperanza, siendo realizada por el octogenario Francisco Liza Alarcón en el año 2009. Con este grupo escultórico se completó la Hermandad Infantil creada por esta Cofradía en 2001, siendo la pionera de estas hermandades en la Semana Santa de Murcia.
Observando lo tipificado en el Título IV del Código de Derecho Canónico, previo el asesoramiento y conformidad del Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan Antonio Reig Plá, Obispo de Cartagena, se aprobó realizar una representación de Jesús acogiendo a los niños a la que se denominaría “Dejad que los niños se acerquen a Mí”.
El encargo se formalizó con el escultor Francisco Liza Alarcón quien realizó una obra, compuesta por tres imágenes de madera tallada, policromada y estofada, a las que, alejado de planteamientos conceptuales, les impregna del espíritu barroco heredado de la tradición salzillesca.
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