La Casa de los Horrores en Oviedo: Un Caso de Aislamiento Infantil

22.11.2025

En octubre de 2021, Christian Stephan, un alemán de 53 años, y su esposa, M.A.S., una estadounidense de 48 años con doble nacionalidad alemana, llegaron a Toleo (Fitoria), una parroquia rural de Oviedo, Asturias, buscando aislamiento. Allí alquilaron un chalé individual, llevando consigo a sus tres hijos menores: dos gemelos de 8 años y un niño de 10.

Intramuros del domicilio familiar, unos niños apegados a su madre, sin escolarizar, sin salir al patio, ni a la calle y rodeados de excrementos, basura, medicamentos y animales enfermos. Todos llevan triple mascarilla. Un autoconfinamiento que se cree que es consecuencia del miedo que ha dejado la pandemia. Los menores, pese a su edad, aún llevan pañales, los gemelos duermen en cunas y el niño en una cama “pequeña”. Una situación que se ha prolongado durante casi cuatro años y de la que nadie se dio cuenta. Ni los servicios sociales municipales, ni el Principado.

Solo el padre tenía una mínima relación con el mundo exterior durante el escaso tiempo que transcurría desde que abría la puerta a los repartidores de comida y al cartero, Julio Luque, cada vez que llevaban el abastecimiento de los productos alimenticios y el correo hasta el chalé 15A, hasta que se cerraba una vez recogidos los pedidos. En ese mínimo margen de tiempo, aparecía un ligero movimiento de cortinas en las ventanas, una señal de que había alguien más en el interior.

A lo largo de cuatro años han logrado permanecer aislados del resto del mundo hasta que este mes de abril, la vecina de la casa más cercana, Silvia, pensó que esas “voces de niños” que oía a veces, ese movimiento de cortinas en las ventanas, no era algo normal. Así arrancó una investigación que pronto dio sus frutos.

El Descubrimiento y el Rescate

Una vecina de ese chalé, ubicado en el núcleo de Fitora-Toleo, fue la que dio la voz de alarma. Había escuchado voces de niños en esa casa y atisbado siluetas de menores tras las ventanas, pero jamás vio a ninguna de esas criaturas en el amplio jardín de la vivienda. Las vigilancias constataron que a la puerta de ese chalé llegaban copiosos pedidos de comida. Siempre en entrega a domicilio y en cantidades muy superiores a lo que puede ingerir una sola persona. Y es que las autoridades solo tenían constancia de un vecino en esa casa: el padre.

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Esos pequeños no estaban escolarizados pero como su existencia no constaba en ningún documento, nadie les echó en falta en el colegio. Los niños se cree que no salieron ni un solo día al jardín en los últimos cuatro años. Al ser liberados uno se tiró sobre el césped para oler la hierba y los tres dieron fuertes bocanadas para respirar el aire del exterior.

La familia, descalza. Su ropa, vieja y sucia. El padre, avergonzado por los agujeros que sus calcetines tenían en dedos y talón. En la casa, además, muchos medicamentos. Algunos de ellos, para el TDA. Y papeles. Mapas del mundo. Material de estudio para las enseñanzas de los niños.

Unos niños que, como describen los agentes en su atestado policial, sentían "miedo". "En cuanto los sacamos, se pusieron a respirar profundamente. Como si no hubieran estado nunca al aire libre", cuenta un investigador que participó en la operación. Van, incluso, más allá: "Cuando iban en el coche policial estaban sorprendidos por todo lo que veían".

Desde el propio césped hasta un simple caracol. Todo les sorprendía. Todo era, para ellos, prácticamente nuevo o incluso totalmente nuevo a tenor de los recuerdos que tuviesen con 3 y 5 años. Los menores, según su madre, tenían "graves patologías". Por ello les hacían llevar tres mascarillas.

Las Condiciones de Vida en la "Casa de los Horrores"

Los menores, pese a su edad, seguían usando pañales y vivían rodeados de excrementos y montañas de medicinas. Algo que les ha dejado secuelas. Secuelas tanto emocionales como físicas. Porque, después de un examen, se les ha detectado tras un primer informe médico de un pediatra un "estreñimiento severo". Además, también han detectado la presencia de "heces en los intestinos". La causa, la restricción para ir al aseo.

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Porque no podían ir libremente ni tan siquiera al baño. Tenían un horario, y podían acudir al mismo un número limitado de veces por día. Por ello llevaban pañales. Por eso tenían que aguantarse sus necesidades. Por eso, en ese examen médico, se les ha detectado los problemas anteriormente mencionados.

Los niños fueron los primeros sorprendidos al ver que había vida al otro lado de los muros del chalé. Entre tanto, los vecinos de Toleo conocían anoche entre “sorprendidos” y “perplejos” la noticia del arresto del matrimonio y reconocían que estaban “escandalizados” ante las condiciones de insalubridad en la que vivían los padres y los menores.

El acceso al “chalé de los horrores”, como fue definido por los mandos policiales, está ahora acotado a los numerosos periodistas concentrados en las inmediaciones. Un camino de acceso que sirve tanto para llegar hasta la vivienda de la familia alemana como de la vecina Silvia, que destapó el caso, quien no quiere hacer declaraciones.

La policía halló una escena dantesca en un chalé en la zona rural de Oviedo: una pareja alemana con tres niños (dos gemelos de ocho años y el mayor de diez) vivían entre excrementos desde 2021, sin salir de casa y sin escolarizar a los ... menores.

Entre montones de basura, excrementos y restos de medicamentos. Así estaban los tres menores que fueron encerrados durante años por sus padres en esta zona rural de Oviedo.

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La que han dado en llamar “casa de los horrores de Oviedo”, donde el pasado lunes detuvieron a un matrimonio con tres hijos menores encerrados allí desde 2021, es de color rosa, tiene dos plantas y está ubicada, junto a otras mansiones, en las faldas del monte Naranco, con unas increíbles vistas a la bonita ciudad asturiana.

Según el alcalde de Fitoria, Joaquín Ruiz, vencido estos días por la pesadumbre de no haberse percatado antes de lo que sucedía detrás de esos setos descuidados y esas puertas metálicas blancas que dan al jardín y al garaje, ni siquiera su hermana “que vive justo en la casa de encima, vio ni oyó nada nunca”, asegura. “Sabíamos que vivía alguien porque de vez en cuando veías que alguna persiana se había movido, nada más”, cuenta.

Investigación y Detención de los Padres

Los padres fueron detenidos por la Policía Local de Oviedo y después un juez ordenó su ingreso en prisión, sin fianza. La pareja tiene nacionalidad alemana y se sospecha que abandonaron ese país al temer que les quitaran a sus hijos, dos gemelos de 8 años y un chico, de 10.

Tras dormir en los calabozos del acuartelamiento de la Guardia Civil de Asturias, la pareja pasó este miércoles a disposición del Juzgado de Instrucción número 3 de Oviedo. Los padres fueron enviados a prisión provisional sin fianza por presuntos delitos de violencia doméstica con maltrato psicológico habitual y abandono de menores. También se les suspendió la patria potestad.

La investigación se inició el pasado 14 de abril gracias a la denuncia de una vecina ante una posible situación de menores no escolarizados. Tras varios días de vigilancia se comprobó la presencia de menores en la vivienda y, a la que este lunes, los agentes accedieron y se encontraron con la terrible estampa.

Por su parte, los padres de los menores han pasado a disposición judicial tras su detención. No quisieron declarar, asistidos por un abogado de oficio cada uno, según señalan fuentes del caso.

El padre es el único que salía por esa puerta. El único en traspasar esa barrera infranqueable para los niños. La gran mayoría de veces, para recoger los pedidos de la compra. Era su principal contacto con el exterior. Eran de más de 300 euros, y siempre cargadas de garrafas de agua y de pañales. Demasiado para una sola persona.

Uno de los repartidores habituales detalla cómo eran las entradas: "Entraba con la furgoneta y me abría la cortina pequeña. Debía dejarle la compra detrás de esa puerta grande. Él tenía cerrado arriba. Subía y bajaba a por lo demás. "Me decía 'déjamelo aquí'. Bajaba y seguía subiendo. Yo alguna vez subía hasta mitad de la cuesta y alguna vez vi al crío asomado a la ventana. Yo decía... joder, tantos pañales, tendrá a alguien con discapacidad", relata.

El Futuro de los Niños y el Impacto Psicológico

El Principado de Asturias busca a familiares de esos menores que podrían hacerse cargo de ellos. El Principado de Asturias busca a familiares de esos menores que podrían hacerse cargo de ellos. “Buscar a parientes puede parecer lo natural -apunta Perona- pero en un caso tan grave, lo prioritario debería ser garantizar en estos primeros momentos a esos menores un entorno estable, protector y terapéutico”.

Marta del Arco, consejera de Derechos Sociales y Bienestar del Principado de Asturias, afirma que los niños están "físicamente bien": "Han pasado un reconocimiento médico y están bien. Próximamente se les hará una valoración psicológica".En esa misma línea se ha expresado Gimena Llamedo, vicepresidenta del Principado de Asturias. "Se están realizando las evaluaciones y se está trabajando con los menores, acompañándoles en este duro momento para ellos", informa, a la par que confirma que los niños están "en custodia del Gobierno de Asturias".

Ahora queda por ver cómo les ha afectado el encierro a nivel psicológico. Las secuelas pueden ser, como ha contado Estefanía Igartua Escolar, terapeuta, importantes: "Hay que trabajar con ellos las habilidades sociales. Se han perdido años muy importantes de la edad temprana, en la que debían relacionarse con otros adultos que no fueran sus padres y con otros niños de su edad"."El haber convivido con heces y en esas condiciones tan negligentes hace que tengan que empezar de cero. Si tienen entre ocho y diez años puede ser que tengan una edad inferior", expresa la psicóloga.

En estos primeros días, los menores se muestran tímidos y cariñosos con las cuidadoras, relacionándose solo con adultos, al ser lo que han hecho durante la mitad de sus vidas.

El tratamiento de esos menores tras lo sufrido, recalca Úrsula Perona, hay que individualizarlo. “Cada niño lo habrá vivido de manera distinta, según su edad, temperamento y vínculo con sus padres”, afirma. Hay que conseguir la rehabilitación emocional y relacional de esos niños.

Lo más complicado, insisten los expertos, será hacer entender a esos tres hermanos que todo lo padecido es culpa de sus padres. “Lo lógico es que surja un conflicto emocional si ahora entienden que todo lo escuchado en casa era falso.

Ahora sería precipitado, por no decir imposible, concretar con exactitud que van a necesitar esos hermanos (programas y tiempo) para “reconstruir su universo interno y recuperar su confianza en la realidad que les rodea”. Perona advierte que el encierro prolongado durante etapas clave del desarrollo (aquí hablamos de niños) “puede tener efectos devastadores”.

Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil y director de Domínguez Psicólogos, alerta que “a estos menores se les han negado estímulos (auditivos, táctiles, sociales…), que son los que ayudan a modular a una persona, sin ser ellos conscientes de ello”. ¿Qué concreta factura pueden pagar esos menores, privados de una infancia normal?

La herida más profunda de esos niños, que ahora es como si volvieran a nacer, “es la causada por el engaño de sus propios padres, que son los que debían de protegerlos”, indica Perona.

Lo comparte Abel Domínguez: “Antes de entregar a esos niños a un familiar habría que hacer un perfil psicológico de esa persona, vista la conducta de los padres, para confirmar que ese cuidador no comparte sus criterios o fobias”.

Posibles Diagnósticos Psicológicos de los Padres

Tras conocer el caso, una de las primeras preguntas que surgen es ¿Qué puede llevar a unos padres a hacer algo así?: "Hay muy pocos diagnósticos plausibles, el primero de ellos sería una psicosis compartida, que es muy poco frecuente a nivel psiquiátrico. El segundo, y el más probable, es un síndrome de Munchausen por poderes. Estos padres, falsos cuidadores, necesitan infligir daño a sus hijos para seguir en el rol de cuidadores. Para seguir en el rol de control sobre ellos", asegura la psicóloga Ana Villarrubia, en el programa 'Mañaneros' de Televisión Española.

El padre a las cinco de la tarde ordenaba que se cerrasen las ventanas, que permanecían abiertas por la mitad: "Los padres les atribuyen una enfermedad, les hacen creer que están enfermos y además, los enferman. Porque a través de fármacos van mermando su estado de salud. ¿Por qué no salen de ahí?, porque en el momento en el que salgan de casa con la edad que tienen serían descubiertos, ya no son bebés".

Además, los niños no estaban escolarizados y han pasado la mitad de su vida, encerrados: "La pregunta es desde cuando estos niños dejaron de estar provistos de cariño y afecto y cuidados básicos a nivel físico y emocional. Si en edades tempranas, entre los cero y los cuatro años, sí que hubo atenciones, tenemos algo que recuperar. Si no, pueden llegar a tener problemas en el habla, en la psicomotricidad fina y gruesa. Sin olvidar las dificultades en el establecimiento del apego", concluye Villarrubia.

En el ámbito psiquiátrico, el maltrato infantil puede tener diversas vertientes. Una de las peores es el conocido como síndrome de Munchausen por poderes. En el caso de los menores secuestrados en Oviedo, los progenitores administraban a los niños medicación con THC "como tratamiento para el TDAH". Aunque "no les habían llevado nunca al médico" y eran "ellos mismos los que diagnosticaban y medicaban".

En una de las habitaciones de la casa las autoridades encontraron un gato enfermo y rodeado de sus propios excrementos. Este comportamiento puede recordar al de las personas que sufren de acaparamiento de objetos o Síndrome de Diógenes.

Los agentes se dieron cuenta de que Christian S. no se encontraba solo en la casa porque los paquetes que llegaban desde el supermercado eran demasiado grandes para una sola persona. Y es que la familia se hidrataba únicamente por agua de garrafa por temor a la Covid-19. Esta obsesión constante ante un posible contagio es similar al que experimentan las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC).

Reacciones de la Comunidad

Entre tanto, los vecinos de Toleo conocían anoche entre “sorprendidos” y “perplejos” la noticia del arresto del matrimonio y reconocían que estaban “escandalizados” ante las condiciones de insalubridad en la que vivían los padres y los menores.

Marino Guardado lleva viviendo en Toleo 23 años y jamás creyó que acabaría hablando para los medios de comunicación por su cercanía al chalé, mientras pospone para más tarde los recados que iba a hacer en ese momento junto a su mujer que espera, paciente, a que termine su relato. “Es un escándalo esta noticia. En estos cuatro años que llevaba alquilada la casa a este matrimonio alemán con tres hijos jamás vi a nadie, ni a un señor, ni a una señora, ni a los niños, ni a un perro, ni a un gato. Para mí no había nadie y, por lo tanto, no había ninguna actividad.

Elena Rodríguez es una habitual de la zona. Pasea mucho y habitualmente en su ruta pasa por delante de los chalés. Estaba convencida de que en el número 15A no vivía nadie. “Soy vecina de Ciudad Naranco, pero me gusta venir a pasear a diario a Toleo. No tenía ni idea de que en ese chalé podía vivir alguien. Jamás oí un ruido.

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