Niños con problemas de comportamiento: causas y soluciones

06.11.2025

Una de las dificultades más temidas por todos los padres son los problemas de conducta en niños/as. Cuando se habla de trastornos de la conducta describimos aquellos comportamientos que son considerados inaceptables socialmente.

En El Prado Psicólogos recibimos con frecuencia a familias preocupadas porque sus hijos muestran comportamientos que van más allá de lo que llamaríamos una rebeldía normal de la edad. En este artículo te explicamos de forma sencilla qué significa este diagnóstico, cómo reconocerlo, qué puede causarlo y qué tratamientos existen.

Es importante tener en cuenta que no todos los niños con problemas de conducta tienen un trastorno de conducta. A veces los padres creen que es solo “mala educación” o falta de disciplina.

Este tipo de problemas suelen incrementarse con el paso del tiempo, siendo cada vez más precoz la edad de inicio. Sin embargo, a veces se puede llegar a desarrollar un patrón de conducta verdaderamente hostil. Existen ciertas actitudes que se tomarán como normales como pueden ser: negarse a hacer lo que los adultos dicen aunque insistan, ser groseros y decir palabrotas, tener rabietas, pegar a otras personas o romper cosas que son importantes para otros.

¿Qué es un trastorno de conducta?

Un trastorno de conducta engloba un conjunto de comportamientos problemáticos en la infancia y la adolescencia. Se trata de alteraciones que suelen estar relacionadas con la violencia y la dificultad para seguir las normas.

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Los trastornos de conducta son un conjunto de comportamientos disruptivos que pueden interferir el desarrollo emocional, familiar, social y académico. Cuando un niño o niña comienza a mostrar patrones repetitivos de comportamiento que son problemáticos, es importante no pasar por alto estas señales, ya que podrían estar relacionados con un trastorno de conducta.

En muchos casos, los trastornos conductuales están acompañados de otras alteraciones mentales como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), por ejemplo.

Características de los trastornos conductuales

Tenemos clara la definición del trastorno de la conducta, pero ¿cuáles son los problemas de conducta y qué signos muestran? De acuerdo al DSM V - Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, los trastornos de conducta se caracterizan por “un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que no se respetan los derechos básicos de otros, las normas o reglas sociales propias de la edad”. Esto se manifiesta por medio de signos como los siguientes:

  • Agresión a personas y animales.
  • Vandalismo o destrucción de la propiedad.
  • Engaño o robo.
  • Incumplimiento grave de las normas.

Hablamos por tanto de alteraciones conductuales que conllevan la perturbación en la comunidad, la vulneración de las reglas y el desacato a la autoridad. Todo ello puede ir acompañado de fracaso y/o ausentismo escolar, violencia, consumo de drogas y comportamientos agresivos y problemáticos en la infancia y la adolescencia.

¿Cómo saber si un niño tiene un trastorno del comportamiento?

Algunas acciones y actitudes que pueden evidenciar un trastorno del comportamiento en el niño o adolescente son las siguientes. No obstante, siempre hay que consultar y valorar cada caso concreto con un especialista.

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  • Culpabiliza a los demás de sus propias acciones.
  • Se enfada e irrita constantemente.
  • Contesta y reacciona de forma inadecuada y agresiva.
  • Es rencoroso y vengativo.
  • No obedece y se opone claramente a respetar las reglas.
  • Miente.
  • Comete robos.
  • Muestra actitudes crueles con las demás personas y los animales.

Tipos de trastornos de conducta en niños

Este trastorno se clasifica generalmente en dos categorías: trastorno de la conducta en niños más pequeños y trastornos graves de conducta, que suelen ser más intensos y persistentes en la adolescencia. Los trastornos de conducta en niños pueden manifestarse de diferentes maneras.

En los casos más severos, entre los tipos de trastornos de conducta, podemos distinguir dos alteraciones: el Trastorno Negativista Desafiante o al Trastorno de Conducta, donde se requiere ayuda profesional para diagnosticar, tratar y abordar este tipo de alteraciones.

Tipo negativista desafiante (desobediencia)

Son aquellas conductas en las que los/as niños/as dicen siempre “no”, siendo así que, se considera uno de los principales inconvenientes a los que deben enfrentarse tanto padres como profesores. La desobediencia forma parte del desarrollo habitual de los/as niños/as en ciertas edades.

Por lo general, este tipo de conductas pueden darse en el ámbito familiar, social o escolar, de manera aislada. Sin embargo, en aquellos casos más graves, pueden darse en todos ellos a la vez.

Se trata de una alteración que se manifiesta con una conducta desafiante, hostil y desobediente que se desarrolla durante al menos seis meses. Se detecta un marcado patrón de enfado/irritabilidad desafiante o vengativo.

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En la mayoría de los casos el curso de este trastorno se da con el TDAH. De hecho, varias investigaciones apuntan que entre el 40 y 60% de niños y adolescentes con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, tiene un Trastorno Negativista Desafiante en algún momento.

Trastorno explosivo intermitente (rabietas)

Hacen referencia a las expresiones reactivas con las que algunos/as niños/as manifiestan su desacuerdo o enfado. Se trata de un comportamiento habitual en niños/as de entre 2 y 3 años, aunque tiende a desaparecer en torno a los 5 y 6 años.

Lo más característico de este trastorno es que se produce sin previo aviso, y con una intensidad desproporcionada. Además, vienen motivados por una absoluta incapacidad para autogestionar las emociones, lo que significa que no son intencionados.

Trastorno de conducta

Se engloban aquellos casos en los que el menor no acepta reglas en casa, ni normas sociales, ni respeta derechos ni propiedades ajenas.

El Trastorno de Conducta (TC) se basa en el incumplimiento de derechos básicos, normas y reglas sociales, dándose comportamientos agresivos y con tendencia al engaño y al robo.

Si bien es cierto que tanto el Trastorno de Conducta (TC) como el Trastorno Negativista Desafiante (TND) se caracterizan por un comportamiento agresivo y oponente a la autoridad, con arrebatos e ira incontrolable, ambas alteraciones pueden diferenciarse por el nivel de gravedad y tipo de síntomas.

Por ejemplo, en el TND son más característicos los rasgos de enfado y cólera y en el TC, los niños y adolescentes agreden y violan los derechos de los demás sin darse signos de irritabilidad generalmente.

Trastorno de conducta agresiva

Se caracteriza por comportamientos violentos o destructivos, como pelear, destruir objetos o hacer daño a los demás.

Trastorno de conducta antisocial

Los niños con este trastorno tienen poca empatía hacia los demás y pueden mostrar actitudes de desconfianza o incluso crueldad. Es importante notar que estos síntomas deben ser persistentes y no es suficiente con que ocurran en algunas ocasiones.

¿Por qué se producen las alteraciones de la conducta en niños?

Si vamos a la raíz del problema y nos adentramos en las causas de los trastornos de conducta en niños y adolescentes, podemos hablar de dos tipos de factores de riesgo:

  • Genética. Los daños en el lóbulo frontal del cerebro pueden contribuir a desencadenar problemas y trastornos del comportamiento. Y es que, esta parte del cerebro es la que regula las capacidades cognitivas más importantes y también incide en el tipo de personalidad.
  • Factores ambientales. El maltrato infantil, las familias desestructuradas, los progenitores con adicciones y los contextos más desfavorecidos son aspectos que influyen en el desarrollo de conductas infantiles problemáticas.

Es evidente que muchos niños muestran problemas de comportamiento con sus padres y entorno más cercano, con sus amigos o en la escuela, con los educadores y los compañeros. No obstante, es importante diferenciar situaciones particulares y “pasajeras” de aquellas que no lo son y que, claramente, representan un grave problema de conducta.

Las causas del trastorno de conducta no son completamente comprendidas, pero diversos factores pueden influir en su aparición. Es importante destacar que estos factores rara vez actúan de manera aislada. Por lo general, el trastorno de conducta surge de una combinación de influencias genéticas, ambientales y neurobiológicas que interactúan de forma compleja.

Factores biológicos y neuropsicológicos

El desarrollo cerebral juega un papel clave en la aparición de trastornos de conducta en niños y adolescentes.

Influencias genéticas y neuroquímicas

La predisposición genética es un factor determinante en algunos casos de trastornos de conducta. A nivel neuroquímico, la serotonina y la dopamina son neurotransmisores clave en la regulación del comportamiento y las emociones. Un desequilibrio en estos sistemas puede generar impulsividad, dificultades para manejar la frustración y una mayor tendencia a la agresividad.

Desarrollo cerebral y funciones ejecutivas

El desarrollo de la corteza prefrontal, encargada del autocontrol, la toma de decisiones y la planificación, es un proceso que se extiende hasta la adultez. En niños y adolescentes con trastornos de conducta, se ha observado una maduración más lenta de estas áreas cerebrales.

Influencia del entorno familiar y social

El ambiente en el que crece un niño o adolescente es determinante en su comportamiento.

Estilos de crianza y dinámicas familiares

Los estilos de crianza influyen directamente en la forma en que los niños manejan sus emociones y su comportamiento. La falta de límites claros, la sobreprotección o, por el contrario, la disciplina excesivamente rígida pueden contribuir a la aparición de problemas de conducta. El apego inseguro, resultado de relaciones parentales inconsistentes o negligentes, también se asocia con un mayor riesgo de trastornos de conducta.

Influencia del entorno escolar y social

El ámbito escolar y social tiene un impacto significativo en la conducta de los niños y adolescentes. Experiencias como el acoso escolar, la falta de apoyo de los docentes o la presión social pueden desencadenar comportamientos disruptivos. Por otro lado, la influencia de pares con comportamientos problemáticos también puede fomentar la adopción de conductas inadecuadas.

Factores emocionales y psicológicos

Las emociones juegan un papel central en la regulación del comportamiento.

Trastornos emocionales y su impacto en la conducta

La ansiedad y la depresión son condiciones que pueden manifestarse en forma de irritabilidad, impulsividad o agresión en niños y adolescentes. El estrés crónico, derivado de experiencias adversas en la infancia como la violencia doméstica, el abuso o la inestabilidad familiar, también puede alterar la forma en que el niño responde a los estímulos del entorno.

Déficit en habilidades de afrontamiento y regulación emocional

Muchos niños y adolescentes con trastornos de conducta presentan dificultades para gestionar sus emociones de manera adecuada. El desarrollo de la inteligencia emocional y de habilidades de afrontamiento es esencial para mejorar la regulación del comportamiento.

En Grupo Vilem “Humanidad y Ciencia” damos soluciones especializadas a desórdenes mentales referidos a las emociones y el comportamiento. Un diagnóstico correcto ayuda a aplicar el tratamiento más adecuado y beneficioso.

Intervención y tratamiento para el trastorno de conducta infantil

Los problemas de conducta en niños/as pueden resultar complicados de tratar. Existen diferentes niveles e intensidades de cada tipo de trastorno, por lo que no hay un único tratamiento.

El tratamiento debe adaptarse a cada niño y a cada familia. El tratamiento combina distintas terapias adaptadas a cada caso.

La intervención en los trastornos del comportamiento infantil se realiza de forma interdisciplinar. Como forma de tratamiento psicológico lo más común es aplicar la terapia cognitivo-conductual y, en los casos en que sea necesario (especialmente si hay presencia también de TDAH).

El tratamiento para el trastorno de conducta (TC) debe ser individualizado y adaptado a las necesidades del niño. Si sospechas que tu hijo podría tener un trastorno de conducta, es fundamental buscar ayuda profesional lo antes posible.

Es muy importante que el tratamiento para los trastornos de conducta se de en edades tempranas.

Según se ha comprobado, algunas de las técnicas y estrategias más efectivas para abordar estas alteraciones en la infancia y la adolescencia son las siguientes:

  • Programas de reeducación conductual y gestión de las emociones.
  • Técnicas para entrenar las habilidades sociales.
  • Entrenamiento y orientación a padres, madres y educadores.

El objetivo del tratamiento en problemas de conducta es mejorar las habilidades comunicativas y sociales, favorecer gestión emocional y evitar los comportamientos disruptivos.

En el caso de que el niño o adolescente diagnosticado de trastorno de conducta grave y provenga de un hogar tóxico o de familias desestructuradas, puede ser necesario darle acogida en un centro de internamiento de menores. El objetivo es que pueda crecer en un espacio menos caótico y que le aporte una mayor estabilidad.

No hay un tiempo fijo, depende de la gravedad del caso y de la implicación del niño y de su familia.

Estrategias para reducir comportamientos problemáticos

Para reducir este tipo de comportamientos, además de conocer y adaptar algunas técnicas de modificación de conducta con las que cuentan los profesionales y que nos pueden ser útiles, resulta fundamental la prevención.

Desde Centro Psicología Bilbao queremos compartir algunas estrategias sencillas que resultan útiles a la hora de trabajar el mal comportamiento y la desmotivación en este ámbito:

  • Definir reglas de comportamiento y asegurarnos de que el niño/a las ha comprendido a través de la conversación, por ejemplo, haciendo que el niño/a las repita. Estas reglas deben describir el comportamiento esperado del niño/a y las consecuencias de cumplir dichas reglas o no.
  • Enseñar conductas prosociales, mostrarles que nuestros comportamientos tienen consecuencias.
  • Elogiar y/o premiar el buen comportamiento.
  • Mantener la calma.
  • Favorecer las elecciones.
  • Reorganizar la rutina. Por ejemplo: si algo que le gusta al niño/a ocurre después de algo que no le gusta, como jugar a la pelota después de hacer los deberes, esta situación lo que hará es aumentar la motivación del menor para hacer los deberes, ya que es más fácil pasar de una actividad desagradable a una actividad agradable.
  • Mantener nuestra atención en la conducta apropiada.
  • Es muy importante enseñarles desde pequeños a respetar a las figuras de autoridad, a los adultos en general, para que este respeto se proyecte en la figura del profesor una vez en clase.
  • La importancia que se de en casa al cumplimiento de las tareas escolares resulta crucial. Si los padres están pendientes de lo que su hijo hace en el colegio y se comunican regularmente con sus profesores, los niños tendrán una motivación extra a la hora de esforzarse.
  • Cuando el niño se porta mal en clase hay que evitar cualquier castigo físico, ya que estas medidas generarán agresividad. Es preferible diseñar, junto con el niño, una manera de recuperar el tiempo perdido en clase, de compensar al profesor y a los compañeros.
  • Es conveniente premiar los cambios, resaltar y reconocer los buenos comportamientos del niño; no se debe destacar únicamente lo negativo.
  • En ocasiones, resulta útil utilizar como ejemplos cuentos o películas en los que los protagonistas vayan al colegio y muestren una actitud adecuada allí.

De todos modos, no hay que olvidar que muchas veces, el mal comportamiento es un síntoma de otro problema. Es posible que se porte de modo inapropiado porque no entiende las materias (en cuyo caso sería conveniente enseñarle técnicas de estudio y proporcionarle un refuerzo en las áreas que más le cuesten); o porque tiene conflictos con los compañeros de clase.

Abordaje integral de los problemas de comportamiento

No es un secreto: criar a niños y adolescentes conlleva desafíos, y uno de los más comunes es lidiar con problemas de conducta. Dichos problemas pueden variar desde berrinches y desobediencia en los niños pequeños hasta comportamientos más desafiantes en los adolescentes. En VITEI, centro de psicología en Ferrol, abordamos la importancia de enfrentar estos problemas de manera efectiva para promover el bienestar de los jóvenes y sus familias.

La comunicación es esencial. Habla con tu hijo o adolescente de manera abierta y comprensiva. Escucha sus preocupaciones y sentimientos, fomentando un ambiente en el que se sientan seguros para expresarse.

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