Desarrollo Cognitivo y Emocional en Niños de 8 a 9 Años

28.10.2025

El desarrollo cognoscitivo es el proceso evolutivo de las capacidades mentales del niño, como la percepción, la memoria y la atención. Estas capacidades son esenciales para el aprendizaje de nuevos conocimientos y destrezas. Descubre en UNIR Revista de qué trata la teoría del desarrollo cognoscitivo y su gran relevancia tanto en la educación ordinaria como en la educación especial.

Teoría del Desarrollo Cognitivo de Piaget

La teoría del desarrollo cognitivo se la debemos a Jean Piaget (1896-1980). Tras años de investigación empírica, el psicólogo suizo formuló un modelo explicativo sobre el aprendizaje basado en el concepto de la “acción”, de la experiencia. En otras palabras: en cómo el niño va sumando y reestructurando conocimientos y destrezas gracias a la interacción activa con el mundo que le rodea. A través de esta interacción, Piaget explicaba que las estructuras cognitivas se van complejizando hasta que el niño da significado (o sentido) a la realidad y construyendo su propio conocimiento.

Estadios de Desarrollo del Niño

Durante el proceso evolutivo del niño, Piaget diferenció cuatro etapas de desarrollo cognitivo:

  • Periodo sensoriomotor (de 0 a 2 años)
  • Periodo preoperatorio (de 2 a 7 años)
  • Periodo de las operaciones concretas (de 8 a 12 años)
  • Periodo de las operaciones formales (de 12 a 16 años)

Periodo de las operaciones concretas (de 8 a 12 años)

Lo más característico de esta fase del desarrollo es que el niño utiliza la lógica para hacer sus inferencias sobre los sucesos y realidades. Esto se debe a que sus conocimientos anteriores se han organizado en estructuras más complejas, unificadas. Por ejemplo: un niño prepúber deduce por sí mismo que si cambias el agua de un tazón a un vaso alargado, la cantidad de agua es la misma, aunque en el segundo recipiente aparentemente parezca que hay más cantidad. En el estadio anterior habría incurrido al error.

Teoría del desarrollo cognitivo: implicaciones en la educación formal

El modelo piagetiano sobre el desarrollo cognoscitivo tuvo (y tiene) una notable repercusión en los procesos de enseñanza y aprendizaje en el contexto escolar. Conocer en qué fase de desarrollo se encuentra el niño, su ritmo madurativo y potenciar sus talentos para compensar sus dificultades son factores clave para el trabajo del educador en el aula ordinaria y, sobre todo, con alumnos de Educación Especial.

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A nivel de aula, el educador puede organizar el contenido del currículo y ajustar sus métodos de enseñanza de acuerdo con el nivel de desarrollo cognitivo del alumno y de sus necesidades educativas. Si las actividades que presenta al niño están ajustadas a sus conocimientos previos, su motivación por realizar la tarea será mucho mayor que si está muy por encima o por debajo de sus competencias.

También se potencia que el alumno tome una actitud activa durante el proceso de aprendizaje. En la antigua escuela, era un mero receptor de información. Ahora se pretende despertar la curiosidad del niño por la realidad que le rodea, que investigue, que aprenda a aprender… El profesor se convierte en un guía para el estudiante en este proceso de aprendizaje, proponiéndole nuevos retos y garantizando las estrategias y recursos para que aprenda a aprender.

Sabemos que hay períodos críticos durante el desarrollo cognitivo del niño, de ahí la importancia de que reciba una buena estimulación cognitiva en sus primeros años de vida, tanto en el seno de la familia como durante el aprendizaje escolar.

Dentro del ciclo de infantil se incluyen los objetivos de potenciar capacidades, como la memoria, la percepción, la psicomotricidad o la autonomía. La Educación Infantil adopta una función preventiva de futuros problemas del neurodesarrollo y del aprendizaje.

La teoría piagetiana también ha impulsado la investigación sobre metodologías didácticas para mejorar el neurodesarrollo del niño. El juego o las actividades artísticas como el dibujo o la música son excelentes recursos para estimular el desarrollo cognoscitivo del niño.

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Desarrollo Psicoafectivo

Consideramos que las aportaciones de Anna Freud18 constituyen un buen marco para comprender el desarrollo afectivo. Dicha autora concibió el desarrollo en términos de lo que denominó "líneas de desarrollo". Una línea de desarrollo define una actividad que evoluciona de forma bastante regular a lo largo de los años, en diferentes etapas. De este modo, describe una línea básica de desarrollo que conduce desde la absoluta dependencia del recién nacido hacia los cuidados de la madre hasta la autonomía material y emocional del joven adulto. Esta línea aporta la base indispensable para la evaluación de la madurez o inmadurez emocional, la "normalidad" o "anormalidad" psicológica.

En general, cada nueva fase del desarrollo del niño conlleva una separación mayor de sus cuidadores y una pérdida de modelos de vivir y relacionarse más o menos difícilmente alcanzados. Esto supone un proceso difícil, ya que el crecimiento implica diferentes pérdidas (de roles, configuraciones, seguridades) y exige una mayor responsabilidad y autonomía.

Para aportar una visión global del desarrollo afectivo, podemos resumir los cambios que acontecen en la línea básica que va "desde la dependencia hasta la autonomía afectiva y las relaciones de tipo adulto", de la forma que se describe a continuación:

Tras la relación fusional con la madre, propia de los primeros cuatro meses aproximadamente, el niño comienza paulatinamente a percibir de forma diferenciada a la madre, aunque establece una relación intermitente en función de sus imperiosas necesidades (hambre, frío, relación, etc.). La incapacidad de la madre (estructural o conyuntural por separaciones, enfermedades, etc.) para satisfacer de forma estable las necesidades del niño, determinará trastornos en el proceso de individuación o manifestaciones carenciales (trastornos psicosomáticos, trastornos funcionales, incluso repliegue y pérdida de hitos del desarrollo) y puede dar lugar a que prevalezcan ansiedades de separación más allá de las propias del desarrollo normal.

En torno a los 2-3 años, la adquisición de la constancia objetal permite el mantenimiento de una imagen interna y positiva de la madre, independiente de la satisfacción o no de las necesidades. En esta misma etapa, la adquisición del "no" (que expresa el reconocimiento del niño en su identidad separada de la madre) inaugura una fase de ambivalencia hacia la madre con necesidad de control y dominio.

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La siguiente etapa (3-5 años) se caracteriza por una actitud posesiva hacia el progenitor del sexo contrario y celos por rivalidad hacia el progenitor del mismo sexo, tendencia a proteger, curiosidad, deseo de ser admirado y actitudes exhibicionistas. La resolución de esta etapa supone el comienzo de las relaciones mutuas.

El periodo de latencia coincide aproximadamente con el comienzo de la escolarización primaria (seis años) y se caracteriza por la transferencia del interés desde las figuras parentales hacia los compañeros y maestros. Si no se ha alcanzado satisfactoriamente esta fase, no se puede esperar que el niño se integre completamente en un grupo, lo que tendrá gran importancia en la adaptación escolar.

El inicio de la adolescencia hará al niño retornar a conductas anteriores, lo que se traducirá en la pérdida de logros que parecían ya adquiridos (cierto orden, limpieza, etc.) y en una relación ambivalente hacia sus progenitores. La adolescencia abocará al establecimiento de una identidad adulta.

Características evolutivas comunes en niños de 8 a 9 años

Partimos de la consideración de que no hay dos niños iguales y que las diferencias entre ellos son múltiples y evidentes, aunque tengan la misma edad y otras muchas circunstancias semejantes. No obstante, existen unas características evolutivas comunes propias de cada etapa y que son consecuencia del proceso madurativo de los niños. Estos cambios se manifiestan en las distintas áreas de su desarrollo.

Desarrollo de su personalidad

A partir de los 6 años el niño comienza a dejar de ser el centro de todo y empieza a verse a través de lo que sus padres, sus profesores y sus compañeros ven en él. Comienza a tener fuerza la visión que los otros tengan de él y así irá formando su autoestima. Es el momento de educarle para que adquiera una visión positiva de sí mismo, que le enseñemos a expresar adecuadamente lo que quiere y necesita. En esta edad el niño es más consciente de su entorno y está más capacitado para comprender las reglas y normas que regulan sus actividades.

Con la guía de los padres aprenderá las conductas que son correctas y las que no, a entender que los errores pueden tener consecuencias y a sentir satisfacción cuando progresa y cumple con lo que se espera de él. Deberemos encauzar su actuación utilizando el refuerzo de las conductas positivas, dejando que las consecuencias naturales caigan sobre sus errores y aplicando el castigo si fuera necesario.

Es cada vez más autónomo, en el vestirse, en el comer, en la realización de tareas escolares. Hay que fomentar esta autonomía favoreciendo actitudes que le lleven a decidir por sí mismo. La sobreprotección no le ayudará a crecer.

Todo este progreso personal le llevará a enfrentarse a sentimientos difíciles como el miedo, la envidia, el rechazo, los celos o la agresividad. Debemos educarle para que desarrolle su inteligencia emocional. Como padres ya no debemos realizar todo por él, le marcaremos tareas, “sus deberes”, y le educaremos en la responsabilidad.

Es el momento de comenzar a inculcarle valores, el respeto es un pilar de la educación, también lo es la tolerancia, la generosidad. Deberá iniciarse en el arte de ser empático con los otros y ser asertivo.

Desarrollo de la proyección social

En estas edades el juego empieza a ser más competitivo, con un gran componente de socialización y de aprendizaje de roles, es por esto que van a dar gran importancia al deporte y éste pasa a ser muy importante para ser aceptado entre los compañeros, sobre todo en los niños. El respeto a las reglas del juego es una exigencia entre ellos.

Empiezan a jerarquizar a los compañeros: “el que saca mejores notas”, “el que juega mejor al futbol”, “el que manda”, cada uno empieza a desempeñar un papel dentro de la clase. Aparece la empatía, colocarse en el punto de vista del amigo y a captar sus deseos, con lo cual se abre el mundo de la amistad y de la cooperación, al mismo tiempo que se va a desarrollar su sentimiento de pertenencia al grupo.

Comienza el aprendizaje de las habilidades y la competencia social, desarrollaremos habilidades de conversación, le enseñaremos a dominar el lenguaje para expresar lo que piensa y lo que siente, pero también le ayudaremos a resolver los conflictos de su mundo social escolar y familiar.

Desarrollo de la diferenciación sexual

Se inicia el período en el que aprenden a diferenciar lo masculino y lo femenino, e imitan a los adultos del mismo sexo. Aparecen diferencias cognitivas y de comportamiento entre niños y niñas. Por ejemplo, las niñas tienen mayor habilidad verbal y los niños, mayor habilidad espacio-visual, por eso tienden a jugar por separado, es frecuente que los niños jueguen al futbol y las niñas a juegos en los que simbolizan situaciones y a hablar entre ellas.

Es importante educar poniendo el acento en que los dos sexos pueden complementarse mejor, más que subrayar las diferencias entre ellos.

Desarrollo de las capacidades intelectuales

En esta etapa desarrollan la base madurativa para la adquisición de la lecto-escritura porque consolidan la integración de los conceptos espaciales, la coordinación visomotora, la psicomotricidad gruesa y fina, definen la lateralidad, el esquema corporal.

Desarrollan el pensamiento intuitivo y el de las operaciones concretas, su pensamiento es más flexible y organizado, y permite que piensen sobre sus acciones y combinen, separen, pidan y transformen mentalmente los objetos y las acciones. Esto incide en el aprendizaje de las matemáticas y en el desarrollo del lenguaje.

Les enseñaremos a disfrutar del aprendizaje, a aplicar su curiosidad natural por todo lo que les rodea, fomentaremos la observación, el descubrir por sí mismo como funcionan las cosas, les ayudaremos a reflexionar, a razonar, a buscar información, a leer, a expresar: así fortaleceremos la motivación por aprender.

A esta edad empiezan la Educación Primaria obligatoria en España. Es una época en la que los niños desarrollan su potencial, su carácter y su autonomía. Comienzan a tener ideas propias. Aunque los amigos empiezan a representar un papel más importante, la familia y los padres siguen siendo los referentes. Los niños empiezan a leer, a escribir y a manejar conceptos. Se abre un mundo apasionante ante ellos. Mejoran la coordinación y la motricidad fina. Manejan ordenadores, móviles y consolas de forma asombrosa.

Desarrollo Afectivo/Social

La personalidad se va formando desde el nacimiento, pero en la edad escolar, se dan una serie de circunstancias que la hacen especialmente determinante:

  • Apertura del niño al mundo exterior (compañeros, amigos y profesores).
  • Desarrollo físico y mental que le permite cierta autonomía.
  • Desarrollo de la autoestima.
  • Establecimiento de nuevos vínculos y de relaciones sociales fuera del entorno familiar.

La autoestima y las relaciones sociales tienen un papel muy importante en esta etapa de la vida.

La autoestima es un conjunto de sentimientos respecto a la valoración personal, y la percepción que uno tiene de sí mismo. Es el reflejo del nivel de confianza de una persona.

Desarrollo Cognitivo

Cuando hablamos de desarrollo cognitivo nos referimos a los procesos de pensamiento y en cómo afectan estos a la conducta de las personas. El concepto de cognición está relacionado con el hecho de conocer, lo cual implica un aprendizaje donde se crea el conocimiento.

Etapas del desarrollo cognitivo del niño: teoría de Piaget

Son muchos los autores que han abordado la evolución de los procesos mentales. Sin embargo, Jean Piaget es un claro referente en la materia. ¿Conoces su teoría del desarrollo cognitivo? Este psicólogo parte de la idea de que cuando la información es procesada por el sistema cognitivo, esta causa una reacción diferente en cada persona. Así, una misma acción o señal se percibe por cada uno de manera distinta.

La teoría de Piaget sostiene que un niño empieza a desarrollarse a nivel cognitivo en la infancia. Un proceso que va dando a medida de que el niño percibe, se adapta y trata con su entorno. Esta evolución se da en las siguientes etapas.

Etapa sensoriomotriz

Esta fase del desarrollo cognitivo se inicia desde que el niño nace y se extiende hasta que comienza a dominar el lenguaje, lo cual sucede, más o menos, a los dos años de edad. Durante este periodo, el pequeño no deja de explorar su entorno y va reteniendo información.

A través del movimiento, los niños comienzan a familiarizarse con lo que les rodea y van aprendiendo de ello. De hecho, desde su primer mes de vida, el bebé tiene reflejos y comprende la causa y el efecto de las cosas.

Cuando el bebé va creciendo, poco a poco utiliza sus sentidos y comprende a través de patrones de comportamiento y de la imitación. En este estadio, el motor de los procesos mentales es la curiosidad. A raíz de experimentar, va descubriendo y desarrollando su conocimiento.

Al finalizar esta etapa, el niño es capaz de idear una acción en su mente y de valorar su viabilidad.

Etapa pre-operacional

Esta etapa engloba el desarrollo cognitivo del niño desde los dos hasta los siete años. En esta fase el pensamiento es más rápido y eficaz.

La simbología cobra especial relevancia. Y es que, a partir de los símbolos, los niños representan personas, lugares y objetos. Es muy común que imiten a personajes y hagan juegos ficticios, por ejemplo.

La representación de las cosas mediante palabras e imágenes toma relevancia en esta etapa. Sin embargo, aún no desarrollan un razonamiento lógico.

En este periodo, los niños van ampliando su imaginación y son más capaces de expresarse a través del lenguaje.

Etapa de las acciones concretas

De los siete a los 11 años el pensamiento del niño se asemeja cada vez más al del adulto. Así, comienzan a establecer relaciones con los objetos y pueden pensar y reflexionar de forma más lógica. También saben empatizar más y pueden adoptar diferentes puntos de vista, además del suyo.

Este periodo está marcado por el desarrollo de la capacidad de razonar de forma lógica sobre situaciones y acciones concretas. De manera que, saben distinguir entre realidad y ficción.

Etapa de las operaciones formales

Según la teoría de Piaget, a partir de los doce años y durante la adolescencia, el desarrollo del pensamiento abstracto va tomando más forma. El niño es incluso capaz de intuir las consecuencias que pueden tender sus actos. Asimismo, razonará sobre representaciones mentales.

En esta etapa se afianza el razonamiento y la reflexión. De forma que, el niño (más bien adolescente), es cada vez más hábil en comprender el mundo que le rodea.

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