La Odisea de los Niños Perdidos en el Amazonas: Una Historia de Supervivencia y Disputas Familiares

25.10.2025

Lo que comenzó como una ejemplar historia de milagro y heroísmo que asombró al mundo, se ha convertido en una novela melodramática con un incierto final. Los cuatro niños de la selva de Colombia, que sobrevivieron 40 días perdidos en la jungla, ya viven con la familia de una tía materna en Villavicencio, alejados del foco público.

En la capital del departamento de Meta, a 122 kilómetros de Bogotá, inician otra etapa vital con unos parientes a los que apenas conocían y sin la amenaza que suponía para Lesly su padrastro, Manuel Ranoque, condenado a 32 años de cárcel por abusar sexualmente de la heroína de la historia.

El pasado sábado, la Fiscalía de Colombia hizo pública la condena de Ranoque. La Justicia ya había condenado en julio al padrastro por "los delitos de acceso carnal violento y actos sexuales" en contra de la menor, pero estaba pendiente conocer la pena de cárcel que debía cumplir.

En mayo de 2023, tras el accidente aéreo en el que perdieron a su madre, Magdalena Mukutuy Valencia, en el avión que se accidentó en plena selva, la adolescente Lesly, que entonces tenía sólo 13 años, consiguió que sus hermanos -Soleiny (nueve años), Tien Noriel (cuatro) y Cristin (uno)- sobrevivieran en la inhóspita manigua, hasta que dieron con ellos 40 días después gracias a la operación Esperanza del Ejército colombiano.

Disputa Familiar por la Custodia

La actual decisión del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) -entidad estatal encargada de los menores de edad en situación de vulnerabilidad-, sin embargo, no será el último capítulo de una larga disputa familiar. Andrés Jacobombaire Mukutuy, padre biológico de las dos niñas mayores (Lesly y Soleini), no ha renunciado a la tutela. Aspiraba a que tanto ellas como los otros dos pequeños quedaran a su cuidado.

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Pero en el proceso de restitución de los derechos de los niños, la defensora de Familia del ICBF resolvió a favor de la familia materna. Y es su tía, hermana de la fallecida, quien se ha quedado con ellos.

Uno de los argumentos del padre biológico, Andrés Jacobombaire, para sustentar su reclamación de custodia, además del hecho de ser el legítimo progenitor, es la relación de las niñas con Angie y John Andrés, de 17 y 12 años en la actualidad, los otros hermanos con los que los niños de la selva convivieron en sus primeros años de vida en su natal La Chorrera, localidad enclavada en la Amazonia. Los otros -Tien y Cristin- nacieron cuando la madre le abandonó para irse con Manuel Ranoque a un caserío selvático muy distante y de difícil acceso.

El ICBF, sin embargo, que descartó para la tutela a los abuelos maternos por su edad, entregó a los cuatro protagonistas de la hazaña a la tía materna, Elda Mucutuy Valencia, ama de casa y madre de cuatro hijos. Según fuentes cercanas al caso, su marido apenas gana lo suficiente para mantenerlos a todos, pero se consideró que era el destino más adecuado.

Rosamira Jacobombaire, hermana del padre biológico, declaró dolida en una entrevista con la revista bogotana Semana: "Su madre se las llevó a escondidas. Ella, prácticamente, secuestró a las niñas y mi hermano nunca supo de ellas".

La familia paterna pudo reencontrarse con Lesly y Solaini mientras ambas estuvieron hospitalizadas tras la odisea en la selva, y a lo largo de los casi dos años que han permanecido en una Fundación en Bogotá bajo la protección del ICBF. Pero desde que otorgaron la custodia a Elda, desconocen su paradero porque el ICBF rechaza proporcionárselo.

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Aducen que Andrés Jacobombaire también abusó de Lesly, por lo que ni siquiera le han permitido la comunicación por videoconferencia con los niños. Pero tanto el progenitor como los dos hijos que Magdalena dejó atrás y que se quedaron con él en La Chorrera niegan el grave señalamiento.

Fuentes cercanas a la familia Jacobombaire aseguran que fue una acusación que se inventaron para quitarles la custodia. Agregan que no han proporcionado a la defensa la demanda formal y la han tenido que solicitar por vía judicial. Así mismo, siguen a la espera de que el ICBF informe, tras presentar un derecho de petición, sobre la marcha de la denuncia disciplinaria contra la defensora de Familia que asignaron al caso desde el inicio. Consideran que no siempre respetó el inocultable derecho paterno a lo largo del proceso.

El Futuro Económico de los Niños

Uno de los aspectos más complejos del caso es el relativo al dinero que percibieron los cuatro niños de la selva por los documentales que relataron las penurias y peligros que soportaron. Hay informaciones sobre peleas entre los tíos maternos y quejas por la falta de recursos para sacar adelante a los niños.

No está claro qué sucederá en el futuro con los cuatro hermanos, pero al menos cuentan con una suma considerable que National Geographic depositó en Fiduagraria, la entidad pública que escogió el ICBF, a la que tendrán acceso a medida que cumplan la mayoría de edad.

La Operación Esperanza: Un Rescate Imposible

Más de 350 militares e indígenas, integrados en la "Operación Esperanza", buscaron incansablemente a los cuatro niños que permanecieron 40 días perdidos en la selva amazónica tras sobrevivir a un accidente aéreo en Colombia. El país entero se sigue preguntando cómo pudieron salir con vida de esa jungla llena de serpientes, jaguares y plantas venenosas.

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El Mayor Flavio Díaz se unió a las tareas durante 22 días. Cuenta a TVE que el acceso a la zona fue lo más complicado. En medio de la jungla tuvieron que habilitar un helipuerto. Las comunidades nativas se distribuyeron en bloque para recorrer el territorio. Lo hacían desde la puesta hasta la caída del sol, enfrentándose a los peligros de la zona: "los ríos, peligro de jaguares, de culebras… cosas así", explica Flavio.

Un Entorno Conocido

Un entorno que conocían muy bien los pequeños, pudieron sobrevivir porque nacieron en la selva, el Amazonas. "Conocían qué árboles botaban fruto y se podía comer, qué animalito, qué insectos que comemos nosotros, los indígenas, que se pueden comer", relata el Mayor Díaz. La combinación de la sabiduría ancestral y la occidental permitió el rescate de los niños. "Fue una combinación entre sabiduría ancestral y sabiduría occidental, o entre una técnica militar y una técnica tradicional. Esa combinación hace que viva la esperanza, la alegría", ha explicado el coordinador nacional de la Guardia Indígena de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), Luis Acosta.

Los menores fueron hallados el pasado viernes en un punto remoto entre los departamentos de Caquetá y Guaviare. Continúan en el hospital.

Un helicóptero de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) sacó el viernes por la noche a los menores de la selva y los llevó hasta San José del Guaviare, capital del departamento del Guaviare, donde un avión C-295 configurado como ambulancia los recogió y los llevó a la capital.

Los rescatados son la niña Lesly Mukutuy, de 13 años, que se encargó de cuidar durante 40 días a sus hermanos Soleiny Mukutuy, de 9; Tien Noriel Ronoque Mukutuy, de cinco años, y Cristin Neruman Ranoque, una bebé de un año.

Los equipos militares de rescate encargados de la búsqueda de cuatro niños indígenas perdidos en la selva amazónica colombiana estaban preparados para una tarea que parecía imposible. La tecnología de satélites de alta resolución los ayudó a identificar el lugar donde se había estrellado la avioneta que transportaba a los niños. Sin embargo, en el Amazonas la tecnología no es suficiente.

“Podíamos ver perfectamente las hojas de los árboles, pero no sabíamos qué había debajo. Por eso, necesitábamos hacer una búsqueda por tierra. Para poder ver en el terreno lo que de otro modo hubiera sido imposible, el presidente Gustavo Petro hizo un llamamiento a las comunidades indígenas de Colombia para que colaborasen en la búsqueda de los niños, de entre uno y 13 años de edad.

Como explica Luis Acosta, jefe de la Guardia Indígena de Colombia, 93 personas de comunidades indígenas de todo el país fueron llevados a las selvas del sur para asistir a los 120 soldados en la búsqueda. Los militares han elogiado la labor de los voluntarios y afirman que el hecho de que estuvieran familiarizados con las condiciones de la selva ha sido decisivo para hallarlos a tiempo. “Si no fuera por nuestro conocimiento ancestral del bosque -sus propiedades medicinales, su vida y sus espíritus-, no habríamos encontrado a los niños cuando lo hicimos”, asegura.

Durante más de un mes, los voluntarios indígenas estuvieron buscando rastros de vida, desde las cinco de la mañana hasta las cinco de la tarde, trabajando en silencio y rastreando la densa maleza, las cuevas y las orillas de los ríos. Acosta afirma que, sin la experiencia de los voluntarios, los equipos de búsqueda no habrían podido cubrir tanto terreno en la selva virgen, donde los árboles alcanzan los 40 metros de altura y la visibilidad es muy reducida.

Las condiciones eran duras, con un 80% de humedad y lluvias torrenciales constantes. “Un día, tras haber estado perdidos durante horas navegando con el GPS, se nos echaba la noche encima. Cuando dejamos de usar el GPS, volvimos a nuestros sentidos y miramos al sol para que nos guiara, regresamos rápidamente a los grupos.

Los voluntarios encontraron frutos e insectos comestibles para complementar las raciones militares, pero lo más importante para el éxito de la misión fueron las plantas medicinales, que dieron a los buscadores la fuerza mental y física para aguantar en esas duras condiciones. A pesar de ello, varias personas que integraban la unidad de rescate han necesitado tratamiento hospitalario en Bogotá tras contraer neumonía y enfermedades tropicales, pero siete de ellos no fueron trasladados rápidamente a la capital para recibir asistencia médica.

Los buscadores indígenas también rezaron para que los espíritus de la selva guardaran a los niños y protegieran y guiaran a los grupos de búsqueda. “Algunos no comieron animales durante 40 días como ofrenda a la selva.

Tanto Yepes como Acosta aseguran que el elemento espiritual ha sido fundamental en las labores de rescate. “Por la noche, los tigres rugían y eso nos mantuvo alerta durante la búsqueda.

Henry Guerrero, miembro del grupo de búsqueda, dice: “El Ejército carecía de los conocimientos necesarios para moverse por la Amazonia colombiana. Les enseñamos a sobrevivir en la selva. [Pero] después de 25 días estábamos totalmente desmoralizados... Nos dimos cuenta de que sólo con el esfuerzo humano era imposible encontrarlos, así que decidimos recurrir a la búsqueda espiritual.

El gran avance se produjo el 8 de junio, según dice Yepes, y coincidió con el momento en que un grupo del pueblo murui -al que pertenecen los niños perdidos- celebró una ceremonia, cantando y consumiendo yagé con la esperanza de recibir orientación espiritual. “Algunas personas se convierten en anacondas durante estas ceremonias; otras, en tigres; otras, en grandes aves.

Al día siguiente, encontraron a los niños demacrados y sin zapatos, en un claro del bosque a sólo cuatro kilómetros del lugar del accidente. Los buscadores murui que los hallaron lo celebraron cantando, rezando y fumando tabaco, que consideran sagrado (de hecho, su nombre significa “hijos del tabaco”).

“Espero que la sociedad se dé cuenta de que no somos guerrilleros ni nos interesa la guerra. En una rueda de prensa celebrada en Bogotá, Guerrero, que al igual que los cuatro niños es miembro de la comunidad uitoto, pidió al Gobierno de Gustavo Petro que reforzara la seguridad y mejorara las infraestructuras de transporte para que la población local no se viera obligada a depender de aviones tan precarios como en el que viajaban los menores. “Lo cierto es que esta región está abandonada por completo...

“Nadie duda de la dificultad de encontrar una aguja en un pajar y, en este caso, el pajar era la Amazonia colombiana”, apunta Mark Plotkin, experto en los poderes curativos de las plantas y los chamanes de la selva amazónica. Acosta espera que “el mundo entero haya visto ahora el poder” de sus conocimientos y costumbres.

De la Realidad a Netflix: Un Documental sobre la Supervivencia

Son muchos los sucesos reales que han terminado por inspirar la creación de obras literarias, películas o series a lo largo de la historia, y algunas de ellas se han llegado a hacer muy famosas, como es el caso del Titanic de James Cameron en 1997, o La lista de Schindler de Steven Spielberg en 1993, un drama histórico que a su vez estaba basado en la novela de ficción histórica El arca de Schindler. Y es que la realidad es, sin duda, una fuente de inspiración inagotable para aquellos que se detienen a observarla y prestar atención a todos sus detalles.

En la actualidad, un suceso mucho más reciente ha dado lugar a un documental de Netflix que acaba de estrenarse en la plataforma, y que está dando mucho de que hablar. Se trata de la increíble historia de supervivencia de 4 niños, todos menores de 13 años, que contra todo pronóstico consiguieron sobrevivir al choque de la avioneta en la que viajaban y pasaron 40 días perdidos en la selva amazónica de Colombia, un entorno hostil para aquellos que lo desconocen.

¿Qué fue lo que pasó?

Los hechos ocurrieron entre abril y mayo de 2023. Los niños, junto con su madre y otros adultos, todos de origen indígena, viajaban desde la zona selvática de Araracuara hasta el municipio de San José del Guaviare cuando su avioneta sufrió complicaciones en el motor y se estrelló en medio de la selva, a la altura del río Apaporis. La ubicación del accidente se descubrió pronto, y allí se hallaron los cuerpos sin vida de todos los adultos a bordo, pero no había ni rastro de ninguno de los pequeños: habían desaparecido en la frondosa jungla.

Sus nombres son Lesly Jacobo Bonbaire (13 años), Solecni Ranoque Mucutuy (nueve años), Tien Noriel Ronoque Mucutuy (cuatro años) y Cristian Neryman Ranoque Mucutuy (11 meses). Aproximadamente 40 días más tarde, y gracias a un enorme despliegue de equipos de las fuerzas especiales y guías indígenas expertos, los infantes fueron localizados con vida a unos 5 kilómetros de distancia del lugar del accidente, tras haber vagado sin rumbo por la húmeda e inmensa selva. Pero, ¿cómo pudieron sobrevivir en tales condiciones?

Perdidos en la Amazonia

A pesar de la corta edad de estos individuos, la selva no era un lugar totalmente desconocido para ellos: por fortuna, los más mayores sabían identificar algunas de las plantas que eran comestibles, un conocimiento que les evitó el peligro de morir envenenados durante la búsqueda de alimento. Además, Lesly, la mayor de los cuatro, había aprendido a orientarse por la selva, una habilidad muy común en las comunidades indígenas, como también a utilizar repelentes naturales y encontrar agua potable.

Mientras tanto, en el área de búsqueda, las fuerzas especiales lanzaron cientos de paquetes de supervivencia llenos de suministros que pudieran ser encontrados por los niños y facilitarles la subsistencia mientras esperaban ser encontrados. Contenían, entre otras cosas, alimentos, agua, bengalas y silbatos.

Sin embargo, hubo algo más que ayudó a los niños en su travesía: un día, como por arte de magia, apareció un perro que los acompañó física y emocionalmente durante días. Los niños lo llamaron Wilson, y aunque desapareció repentinamente del mismo modo que se había presentado, su presencia pudo ayudar a que las criaturas se sintieran acompañadas. Gracias a su buen estado inicial de salud, sus conocimientos sobre el entorno y de supervivencia, y la disponibilidad de los recursos de la selva, los niños pudieron sobrevivir a esta dura experiencia a pesar de que se encontraban claramente rodeados de peligros: los animales salvajes, las picaduras de insectos portadores de enfermedades, o las arduas condiciones climáticas.

Más Allá de la Supervivencia: El Documental de Netflix

Más allá de centrarse en la estremecedora historia de los niños perdidos en la selva colombiana, el documental producido por Netflix, obra del director británico y ganador de de un Oscar Orlando von Einsiedel, pretende acercarnos a la realidad del entorno amazónico y los conflictos de las comunidades indígenas que lo habitan. A pesar de las claras diferencias que separan estos pueblos de las sociedades occidentalizadas, sobre todo en cuanto a conocimientos y formas de vida, es la combinación entre ambos mundos lo que logró la fórmula del éxito para rescatar a los niños.

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