El hijo del capitán Blood: Un legado de aventura en el cine
A finales de la década de los 30 y comienzos de los 40, el actor tasmano Errol Flynn se encontraba en la cúspide de su carrera, erigiéndose como uno de los actores más rentables de Hollywood durante los primeros compases del Technicolor.
Sus apariciones en westerns y sus aventuras en el cine de época le hicieron forjar una estrecha colaboración con directores de la talla de Raoul Walsh o Michael Curtiz que confirmaban el buen momento profesional que atravesaba.
Sin embargo, la ajetreada vida privada del actor no alcanzaba la estabilidad que se había ganado en la gran pantalla. Los continuos rumores de romance con Olivia de Havilland, su habitual compañera de reparto femenina, unidos a su insaciable apetito sexual, hicieron que su matrimonio con la temperamental actriz francesa Lili Damita se tambaleara.
Ambos decidieron tratar de salvarlo con el nacimiento de su primogénito, Sean Leslie Flynn, quien nació en Los Ángeles en mayo del 41, pero un año más tarde la relación finalizó de manera abrupta con una demanda de divorcio a la que siguió un largo proceso judicial en el que se enfrascaron a causa de la custodia del bebé.
Finalmente, Lili Damita se impuso en los tribunales y se ocupó de criar a su único hijo, mientras un habitualmente ausente Errol Flynn se limitaba a desembolsar una cuantiosa pensión destinada a la manutención y la educación de Sean.
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Sin embargo, el primogénito del actor de ‘Robin de los bosques’ (1938) heredó la planta de galán y el carácter rebelde y alocado de su padre, con quien comenzó a intensificar su relación a partir de la adolescencia, cuando ambos compartían juntos las vacaciones estivales en el yate del actor.
Durante esta época, Errol Flynn trató de que su hijo también heredara la afición por el oficio interpretativo, haciéndole debutar en Inglaterra en su propio espectáculo televisivo, pero la relación entre ambos fue efímera y terminó con el fallecimiento del actor Tasmano en octubre de 1959.
Flynn se encontraba en Vancouver, tratando de vender su yate para hacer frente a su delicada situación financiera, cuando un infarto de corazón producido por la irreversible enfermedad hepática con la que llevaba tiempo lidiando a causa de su desaforado alcoholismo se lo llevó a la tumba cuando Sean tan solo contaba con 18 años. Su cuerpo, completamente maltratado tras incontables años de un desbocado consumo de drogas, presentaba el aspecto de una persona 20 años más mayor de la edad que tenía en el momento de su defunción.
Tras la muerte de su padre, Sean recibió una herencia destinada a costearle sus estudios universitarios, pero tras un infructuoso paso por la Universidad de Duke, abandonó las clases para perseguir su sueño de convertirse en artista.
De este modo, durante una visita a su madre en Florida, fue convencido por su colega, el actor George Hamilton, famoso por sus papeles en ‘Con él llegó el escándalo’ (1960), de Vincente Minnelli, o ‘El Padrino. Parte III’ (1990),de Francis Ford Coppola, de participar en el rodaje de la película que se encontraba protagonizando, ‘Donde hay chicos, hay chicas (Playas de Florida)’ (1960), de Henry Levin, enmarcada en el por entonces creciente género cinematográfico de adolescentes que organizan fiestas en la playa.
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Sean grabó unas cuantas escenas, pero la mayoría de ellas fueron desechadas en el proceso de montaje, dando como resultado un tibio debut en la gran pantalla.
El legado continúa: El hijo del capitán Blood
Tras este decepcionante comienzo, obtuvo la llamada de una productora italiana para protagonizar la secuela del filme con el que alcanzó el éxito su padre, ‘El capitán Blood’ (1935), de Michael Curtiz.
Sean Flynn tuvo que contar con el permiso expreso de su madre para poder participar en la producción debido a su minoría de edad.
De este modo, el actor protagonizó su primer filme con ‘El hijo del capitán Blood’ (1962), de Tulio Demicheli, rodada íntegramente en España y por la que percibió 10.000 dólares.
Robert, hijo del famoso Capitán Blood, es un joven inquieto, amante de las aventuras. Arabella, su madre, quiere que estudie, pero él, seducido por las hazañas de su padre, decide embarcarse. Su madre, sirviéndose de un ardid, lo enrola en un barco con destino a Londres para que estudie en la universidad. Durante el viaje conoce a Abby y se enamora de ella. El barco es abordado por unos piratas, cuyo capitán, un antiguo enemigo de su padre, aprovechará la ocasión para hacerle pagar a Robert todo el odio que sentía por su progenitor.
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Tras esta primera experiencia, Sean Flynn se lanzó a una improductiva carrera musical en la que lanzó su primer single con poco éxito, volviendo a Europa para continuar con la interpretación en películas de bajo presupuesto y peor calidad, encasillándose en el género de aventuras en el que su padre hizo carrera, así como en el cine de espionaje.
Aventura más allá de la pantalla
A mediados de los 60, el carácter impredecible y curioso de Sean Flyn le llevó a interrumpir temporalmente su carrera para seguir los pasos de su padre y convertirse en un aventurero explorador, buscando nuevos estímulos alrededor del mundo.
Así pues, se desplazó hasta África, donde durante un tiempo se desempeñó como guía de safaris y cazador de animales exóticos. Más tarde trabajó como guardabosques en una reserva de animales en Kenia, pero su endeble situación financiera le obligó a volver a Europa en el 65, donde protagonizó una de sus últimas películas para reflotar su economía: el spaghetti western español ‘Dos pistolas gemelas’ (1966), de Rafael Romero Marchant, director madrileño reivindicado por Quentin Tarantino y donde Flynn actuó junto al dúo de actrices gemelas Pili y Mili.
Tras esto, Flynn se desplazó hasta Vietnam en enero del 66, donde se convirtió en fotoperiodista de guerra freelance, trabajando para publicaciones como Time, la revista francesa Paris Match o la agencia United Press International.
Su naturaleza inquieta y su insaciable atracción por el riesgo le convirtieron en uno de los fotorreporteros más famosos de la Guerra de Vietnam, junto a su inseparable colega Dana Stone.
Durante esta etapa, Flynn seguía a los escuadrones militares americanos, junto a los que saltó en paracaídas desde aviones e incluso llegó a entrar en combate tras una encerrona del Viet Cong en la que tuvo que abrirse paso a tiros con su rifle M-16, todo con tal de conseguir la mejor instantánea.
Tras ser herido en el campo de batalla, regresó a Europa, donde protagonizó su última película, la producción franco-italiana ‘Cinco marineros en Singapur’ (1967), antes de regresar a Vietnam.
En junio del 67, Sean Flynn se desplazó hasta Oriente Próximo para cubrir la guerra de los Seis Días que enfrentó a Israel contra una coalición de países árabes, y un año más tarde regresó de nuevo a Vietnam, ávido de la adrenalina que le proporcionaba la guerra, desde donde comenzó a trabajar para la cadena de televisión CBS, siendo nuevamente herido por la metralla de una granada.
Su pasión extrema por el fotoperiodismo de guerra le llevó a comienzos del año 70 a alquilar junto a Dana Stone un par de motocicletas Honda para desplazarse hasta la frontera con Camboya, donde el ejército norvietnamita comenzaba a avanzar.
El 6 de abril de 1970, ambos se adentraron a lomos de sus vehículos en la espesa jungla para llegar a un puesto de control del Viet Cong en busca de información, desapareciendo sin dejar ningún rastro a la edad de 28 años. Lili Damita trató infructuosamente de dar con el paradero de su hijo durante varios años, y finalmente fue declarado oficialmente muerto en el año 1984.
Su vida inspiró el personaje interpretado por Dennis Hopper en ‘Apocalypse Now’ (1979), de Francis Ford Coppola, un fotoperiodista enloquecido y dado por desaparecido, que se adentra en la jungla obsesionado con la figura del renegado coronel Kurtz.
El misterio de su desaparición
Existen diversas teorías sobre el trágico final de Sean Flynn: el fotoperiodista Tim Page, colega de los dos desaparecidos, inició una serie de pesquisas años más tarde que dio como resultado la identificación de Sean Flynn por parte de una campesina vietnamita, quien relató que en aquella época, un prisionero occidental le había confesado pertenecer a una familia de actores, y le indicó la tumba ubicada en el poblado de Bei Met en la que supuestamente descansaban sus restos, aunque los análisis de ADN fueron incongruentes.
Por su parte, la CIA desclasificó una serie de documentos que afirmaban que los dos fotoperiodistas habían sido retenidos por el Viet Cong, siendo trasladados en el siguiente año a su desaparición a diferentes campos de prisioneros antes de ser entregados a los Jemeres Rojos, quienes hipotéticamente les habrían asesinado.
El Capitán Blood original: Un éxito que marcó una época
El gran éxito de “El motín de la Bounty “ (Frank Lloyd 1935 ) , animó a la Warner a filmar la novela de Rafael Sabatini “El capitán Blood “ ( que ya había conocido una versión muda en 1923 ) . LA trama cuenta la odisea de un joven médico, Peter Blood, en la Inglaterra del Rey Jaime II ( en torno a 1688 ). Acusado injustamente es deportado a Jamaica y vendido como esclavo.
El reparto contaría con la joven y hermosa Olivia de Havilland ( en el papel de la novia de Blood ) y con el genial Basil Rathbone interpretando a un capitán pirata francés . Para el personaje protagonista se pensó en Robert Donat, que por aquel entonces había triunfado en “El conde de Montecristo “.
Pero las dificultades burocráticas retrasaron la firma del contrato, por lo que el director Michael Curtiz decidió dar la oportunidad de su vida a un joven australiano llamada Errol Flynn. LA decisión no pudo ser más afortunada, Errol encarnó con singular apostura a Peter Blood aportando el carisma, el poder de seducción y la simpatía precisas para hacer vibrar la pantallas .
“El capitán Blood “ se estrenó en diciembre de 1935 convirtiéndose en un fabuloso éxito comercial . Como nota curiosa reseñar que en 1965 Tullio Demichelli rodó en España “El hijo del capitán Blood “, una simpática película de piratas que tenía como protagonista a Sean Flynn, hijo de Errol .
Captain Blood. Guión : Casey Robinson. Fotografía : Ernest Haller . Música : Erich W.
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