Niños Robados: Un Drama Histórico y Social en España

07.10.2025

Una obra de teatro y una exposición ponen de nuevo sobre la mesa el tema del tráfico de recién nacidos, en un país donde todavía resulta ser un tema tabú en todos los estamentos.

En una compleja época de la Historia de España, en la que el fin de la Guerra Civil y el inicio de la II Guerra Mundial situaron al país en una encrucijada, un ministro y una aristócrata protagonizaron el mayor escándalo de la posguerra.

El ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Franco y arquitecto del Movimiento Nacional, Ramón Serrano Súñer, y la marquesa de Llanzol, una fascinante mujer avanzada a su tiempo, se vieron inmersos en un apasionado romance que aunque causó gran revuelo entre los exclusivos círculos sociales de la época, no llegó a trascender a la opinión pública.

Este amor clandestino constituye el eje argumental de Lo que escondían sus ojos, miniserie de cuatro entregas protagonizada por Blanca Suárez y Rubén Cortada que Telecinco estrenó el 22 de noviembre.

Lo que escondían sus ojos: Una Ficción Basada en Hechos Reales

Basada en la novela homónima de Nieves Herrero y producida en colaboración con MOD (Niños robados), la ficción reúne en su elenco a destacados intérpretes como Emilio Gutiérrez Caba (Francisco de Paula Díez de Rivera y Casares, marqués de Llanzol) y Ben Temple (Samuel Hoare).

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Espionaje, romance y thriller conviven en las tramas de esta miniserie dirigida por Salvador Calvo (Los nuestros), escrita por Helena Medina (Niños robados) y en la que se dan cita personajes históricos y ficticios.

La historia comienza más de un año después de la guerra. Aristócratas y nuevos jerarcas del Régimen ansían distraerse y lucir sus mejores galas, ajenos a las penurias del resto de los españoles.

Una mujer destaca por encima de todas: atractiva y sofisticada, luciendo vestidos de su modisto y amigo Balenciaga, su belleza no tiene rival; es Sonsoles de Icaza y León, esposa de Francisco de Paula Díez de Rivera y Casares, marques de Llanzol.

De pronto, su mirada se cruza con la del hombre del momento, el flamante nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer, cuñado de Franco.

Fruto de la relación amorosa que vivieron nació una niña, Carmen Díez de Rivera, figura de enorme trascendencia 30 años después durante la Transición.

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Aunque su padre nunca la reconoció legalmente, el escándalo le costó a Serrano Súñer su carrera política cuando Franco le apartó del Gobierno para siempre.

Escenarios de Lujo para una Historia Clandestina

Entre suntuosas residencias, fabulosos palacios, elegantes hoteles e instituciones oficiales transcurría la opulenta vida de los círculos sociales más exclusivos en el Madrid de 1940, escenarios que ha recreado Lo que escondían sus ojos en emblemáticas localizaciones de Madrid y San Sebastián.

El Palacio Duarte de Madrid, el Museo Lázaro Galdiano y un inmueble de la localidad segoviana de El Espinar han representado la residencia principal de los marqueses de Llanzol, mientras que un chalet de Villafranca del Castillo ha recreado el domicilio de la familia Serrano Súñer.

Inmuebles palaciegos como la Quinta del Pardo y los Palacios de Santoña y de El Rincón; templos como la Iglesia de San Jerónimo el Real y la Real Basílica de San Francisco El Grande; instituciones militares como el Centro Cultural de los Ejércitos; el mítico restaurante madrileño Lhardy; centros académicos como la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos, y el Casino de Madrid, en el que se ha ambientado el primer encuentro entre Sonsoles de Icaza y Serrano Súñer, son otros de los escenarios de esta ficción.

Además, en la playa de la Concha de San Sebastián se han rodado varias escenas de las vacaciones estivales de la élite aristocrática de la época.

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La Perspectiva del Director

Salvador Calvo, el director de la miniserie, apunta: "Este proyecto ha sido un regalo, por muchos motivos. En primer lugar por la época en la que se desarrolla: 1940, un importante momento histórico para España, con la Guerra Civil recién acabada y con la II Guerra Mundial iniciándose, periodo en el que el país estaba devastado por la guerra y los dos bloques -aliados y fascistas- intentaban involucrar a España. En ese contexto, surge una historia de amor auténtico que genera una enorme repercusión: el romance entre una aristócrata y un ministro".

"Esta ficción muestra cómo vivió el bando ganador la postguerra, un periodo apasionante en el que en las fiestas y actos sociales se mezclaban el glamour . En el bando de ganadores, aparentemente sólido y homogéneo, abundaban las intrigas políticas entre falangistas, militares y monárquicos, ocasión que aprovechó Franco para aferrarse al poder utilizando a unos y a otros", añade.

"En mi tercer proyecto junto a Helena Medina tras Mario Conde. Los días de gloria. y Niños robados, la guionista ha sabido combinar con maestría el mejor thriller político con historias personales cargadas de sentimientos y de emoción, con un guion que incluye diálogos pulidos y reales que permiten llegar fácilmente a la naturalidad y verdad en las interpretaciones", subraya Calvo.

"La busqueda de los protagonistas no fue compleja, pero el trabajo para conseguir crear esos personajes sí lo ha sido. Son personajes complejos, llenos de aristas, con muchos defectos e imperfecciones, con luces y sombras, pero llenos de vida, haciendo que el espectador se identifique con ellos", explica.

"Blanca Suárez ha hecho un trabajo magistral, creando una marquesa a ratos caprichosa y snob y pureza a la hora de enamorarse. Creo que es uno de sus trabajos más maduros. Rubén Cortada, por su parte, ha afrontado el complicado reto de dar vida al cuñadísimo, el ministro más carismático de Franco, y lo ha superado gracias a su enorme capacidad de trabajo, tenacidad y energía positiva".

"Quiero destacar también la extraordinaria labor de Javier Gutiérrez y Pepa Aniorte, dos grandes actores que encarnan personajes tan complejos como los Franco, sin caer en clichés y dotándolos de personalidad, y el resto del reparto, así como la fotografía de Felipe Alba, caracterizada por los movimientos de cámara elegantes y los encuadres llenos de equilibrio y simetría", remata el realizador.

El Inicio del Romance en un Contexto de Posguerra

En el primer capítulo se ve cómo en 1940, concluida la Guerra Civil, los falangistas, militares y monárquicos se ven inmersos en un nuevo e implacable conflicto: la lucha por el poder, en la que las rivalidades y disputas se suceden en un Nuevo Régimen, tambaleante aún ante la delicada situación bélica europea.

En este complejo entorno dos destacados nombres de la alta sociedad se sienten irremediablemente atraídos en una suntuosa fiesta: Ramon Serrano Súñer, seductor y misterioso ministro de Asuntos Exteriores, y la bella e impetuosa marquesa de Llanzol.

En ese momento, ambos ignoran que se enfrentarán a la guerra más difícil de todas: la que tendrán que librar contra la sociedad vigilante y puritana de la época para poder amarse.

El Escándalo Amoroso de la Posguerra

"Primero fue arrebato, luego pasión y llegó el enamoramiento". Así define Serrano Súñer su romance con Sonsoles de Icaza, affaire que se prolongó durante más de 15 años y del que nació Carmen Díez de Rivera.

El ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno franquista era el hombre más deseado de la España de los 40, mientras que la marquesa de Llanzol sobresalía entre las mujeres de la época gracias a su fascinante belleza y exquisito gusto.

¿Cómo se conocieron? ¿Qué consecuencias tuvo esta relación extramatrimonial en la carrera política de Serrano Súñer? ¿Cómo logró la dictadura franquista silenciar el mayor escándalo amoroso de la posguerra? ¿De qué manera afectó esta relación clandestina a Carmen Díez de Rivera, la musa de la transición?

Los Niños Robados: Un Drama que Persiste

Tres décadas después, el 27 de enero de 2011, se presentaba ante la Fiscalía General del Estado una demanda colectiva de 261 casos de personas que decían haber sido separadas de sus familias biológicas en el momento del nacimiento.

Las por aquel entonces incipientes redes sociales habían permitido que, ya entrado el siglo XXI, los ciudadanos compartieran viejas sospechas no olvidadas relativas a partos plagados de incertidumbres y que, así, se creara el primer grupo de afectados, ANADIR (Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares).

Aquello fue el revulsivo que hacía detonar, por fin, la bomba que María Antonia Iglesias había lanzado 30 años antes.

El boom mediático fue inmediato, los casos que salían a la luz crecieron exponencialmente y las asociaciones se multiplicaron.

A día de hoy, se estima que en España ha habido unos 300.000 casos de “adopciones irregulares”. Es decir, 300.000 recién nacidos arrancados de sus familias para ser vendidos a matrimonios infértiles.

Se sabe que el horror comenzó a finales de los años 30 del siglo pasado en la Guerra Civil (bien documentados están los casos de robos de bebés a presas republicanas en cárceles franquistas como Saturraran, en el límite costero entre Bizkaia y Gipuzkoa).

Continuó durante la dictadura, extendiendo sus garras a “descarriadas” embarazadas solteras gracias al apoyo de diversas congregaciones que, supuestamente, les daban apoyo.

Pero parece que, como sociedad, seguimos sin ser capaces de asumir un execrable drama nacional al que nadie con poder ha querido enfrentarse. Quizá porque estuvieron involucrados muchos y muy diversos estamentos: profesionales sanitarios de hospitales públicos y clínicas privadas, monjas, abogados, registradores… algunos de los cuales siguen vivos.

Además de, claro, los cientos de miles de familias “adoptantes” (es decir, “compradoras”). Aquello fue una verdadera red a nivel nacional que actúo, al menos, hasta principios de los años 90. Sí, hace solo 25 años.

Poco (¿nada?) se ha avanzado en esta última década desde aquella primera demanda colectiva. Aquellos 261 casos finalmente se segregaron, y su capacidad de presión quedó diluida entre los respectivos juzgados a los que se asignó cada uno.

La gran mayoría del aluvión de denuncias posteriores (más de 2.000 en toda España; 350 solo en Bizkaia) quedaron sobreseídas por prescripción, lo que a su vez provocó que miles de víctimas más optaran por no denunciar al no ver futuro en sus casos.

Los grandes medios se quedaron en la cara más morbosa del tema sin indagar en las raíces del problema. Y los políticos no estuvieron a la altura más allá de protocolarias recepciones y comisiones de investigación que no llegaron a nada.

Patxi López, por aquel entonces Lehendakari, fue el único político de todo el Estado que reconoció que estábamos ante una verdadera “trama de robo de bebés” (minuto 2:57 de esta entrevista), tras descubrirse en 2012 tres ataúdes de bebés vacíos en exhumaciones realizadas a raíz de las primeras denuncias en Euskadi.

El exiguo resultado de la lucha de los afectados durante casi una década es que, ahora mismo, solo dos casos han conseguido llegar a juicio.

El primero, el denunciado por Inés Madrigal, tuvo un rocambolesco final tras una sentencia (al completo bajo estas líneas) que sí consideró al médico acusado como “autor de tres delitos” (detención ilegal, suposición de parto y falsificación en documento oficial), pero lo absolvió al haber prescrito.

“Tanto el poder judicial como los medios de comunicación y los políticos, parecen querer dar la imagen de que aquello fueron casos puntuales, aislados”, lamentan desde Itxaropena, la Asociación vizcaína de afectados por la trata de bebés. “No interesa aclarar el tema”, coinciden decepcionados los afectados. “Será porque muchos, y a muy alto nivel, tienen mucho que ocultar”.

No se ha creado una fiscalía propia para este tema; no se han destinado recursos específicos a las investigaciones; y no se les ha concedido el estatus de “víctimas” (ni a nivel estatal ni en Euskadi), lo que al menos hubiera permitido que los delitos se considerasen “de lesa humanidad” y, por tanto, la prescripción no fuera aplicable.

Y eso a pesar de que los afectados nunca han reclamado dinero ni indemnizaciones, y de que si se condenara a alguien, casi seguro que ni entraría en prisión por edad. “Lo único que pedimos es poder conocer la verdad”, resumen.

Pero en los años que llevan tirando del carro, y de la manta, no han conseguido siquiera que testifique alguno de los muchos que vieron y supieron que aquello ocurría.

En este arranque de 2020, parece que en Bizkaia las artes han tomado la delantera a los poderes públicos, poniendo el tema en la palestra definitivamente. Por un lado, la obra de teatro “Camiselle” (con Loli Astoreka como una huraña monja implicada en la compra-venta de bebés), se representará los días 22 y 23 de febrero en el Teatro Campos de Bilbao y el día 29 en Gernika (Lizeo Antzokia), tras haber agotado entradas en su estreno en el Espacio Escenario del Teatro Arriaga el pasado diciembre.

Por otro, ya en marzo, la exposición itinerante y colectiva “Encontrarte. Aprovechamos la circunstancia para dar voz a algunos de los centenares de afectados en Bizkaia. Ellos nos cuentan, de primera mano, sus casos. Todos, reales. Todos, pequeñas variantes de un mismo modus operandi espeluznante.

Casos Reales de Niños Robados

CHARO. Hospital de Cruces (Barakaldo). En 1968, mi madre iba a dar a luz a gemelas. Era su sexto embarazo y los anteriores partos los había tenido en casa sin problema. En aquella ocasión, la primera gemela nació en casa pero, para la segunda, el médico dijo que estaba habiendo problemas y que iba a ser mejor llevarla al Hospital de Cruces. Ella sentía a la niña en todo momento. De hecho, notaba como la criatura estaba intentando salir. “¡Pero deja de empujar!”, le gritaba una mujer con uniforme que mi madre no recuerda si era enfermera o monja. Ella, resignada, solo podía decir que no era cosa suya, que simplemente el bebé salía ya… Ahí fue cuando la durmieron. Cuando despertó en Cruces, le dijeron que la niña había muerto. Le explicaron algo así como que la fallecida venía la primera pero, por alguna razón, la otra se había adelantado y al salir la había ahogado.

Siete años después mis padres tuvieron otra hija más. Pero mi madre nunca olvidó aquello. No pasaba un año sin que, en algún momento, fuera en una reunión familiar o en alguna celebración, volviera sobre ello. En nuestra casa era imposible disfrutar de estar todos juntos. “No, no estamos todos”, coartaba ella.

Pero, en 2011, cuando se empezó a hablar de los casos de bebés robados en los medios, sin decir nada a mis padres ni a mis hermanos, yo decidí pasar por el Registro Civil de Barakaldo para pedir el legajo de aborto de mi madre (el documento oficial con el que había que registrar los casos en los que no era aplicable ni el certificado de nacimiento ni el de defunción -según legislación de la época, aquellos de “criaturas abortivas de más de 180 días de vida y bebés que no superen las 24 horas enteramente desprendidos del seno materno”-).

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