¿Por qué algunos padres no quieren a sus hijos? Razones y soluciones

25.10.2025

Si tienes hijos, es más que probable que no concibas el hecho de no quererles. Aunque la realidad es que esto, aunque no sea algo común, puede ocurrir. El amor parental impulsa el bienestar y desarrollo de los niños.

Como tal, el "amor" en este caso sería todo lo que apoye y nutra la evolución de la personalidad única de un niño. Por el contrario, sería una distorsión definir como "amorosas" a las respuestas que resultan dañinas de cualquier manera el crecimiento psicológico de los niños, les causan heridas dolorosas a su psique o los predisponen para una vida de dolor y mala adaptación.

El amor parental incluye expresiones genuinas de calidez: una sonrisa o mirada amigable que comunica empatía y buen humor; afecto físico, trato respetuoso y considerado; ternura; la voluntad de ser una verdadera persona con los niños, en lugar de actuar el papel de "madre" o "padre"; y sintonía y sensibilidad hacia los hijos.

Durante la infancia, las interacciones en sintonía entre un bebé y su madre (o cuidador principal) son especialmente importantes porque le dan al bebé el ambiente que necesita para aprender cómo regular sus emociones y para desarrollar empatía. Es importante saber que puedes pedir ayuda profesional si tienes sentimientos que no sabes cómo gestionar: acude a tu médico de cabecera o a un psicólogo para gestionar cualquier emoción que afecte a tu vida diaria.

A continuación vamos a hablar sobre algunas posibles razones que pueden provocar la ausencia de amor transitoria de unos padres hacia sus hijos.

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Razones por las que un padre o madre puede no querer a sus hijos

Hay ocho razones por las que suele ser difícil para los padres amar a sus hijos:

  1. Imagen negativa de sí mismos: Muchos padres tienen una imagen propia negativa que, sin saberlo extienden hacia sus hijos. Si no pueden amarse a sí mismos o han desarrollado una concepción negativa de sí mismos y sus cuerpos, y extienden esta vergüenza y negatividad a todo lo que hacen, así, son incapaces de transmitirle amor y sensibilidad a esta notable creación.
  2. Dificultad para aceptar el amor: Muchas personas encuentran difícil o intolerable aceptar amor, en particular las expresiones simples y directas de afecto de los niños. Si los padres fueron heridos durante sus años de desarrollo, tendrán problemas para aceptar el amor y la intimidad de sus hijos. Enfrentados con el dolor emocional que les provoca, los padres se distancian inconscientemente de sus hijos.
  3. Traumas no resueltos: Los padres tienen traumas no resueltos en sus propias vidas. Si es así, tienden a estar fuera de sintonía con sus hijos, especialmente cuando sus hijos se acercan a periodos en sus vidas que fueron traumáticos para el padre o madre. Tal vez reaccionen volviéndose distantes y rechazando, o tal vez sobrecompensen.
  4. Ansiedad ante la muerte: Tener hijos le recuerda a los padres que el tiempo está pasando y tiende a incrementar su ansiedad por la muerte.
  5. Proyectos de inmortalidad: Los padres tienden a usar a sus hijos como proyectos de inmortalidad, lo que tiene un efecto destructivo en sus crías. Con el fin de servir este propósito, los niños deben replicar las actitudes y elecciones de sus padres.
  6. Necesidades de la infancia no satisfechas: La necesidad de cuidados y amor sin satisfacer de la infancia de los padres los hace enfocar estos deseos tan fuertes en sus hijos. Confunden los poderosos sentimientos de añoranza y posesión que tienen hacia sus hijos con sentimientos genuinos de afecto.
  7. Comportamientos desagradables de los niños: Debido a estilos inadecuados o problemáticos, muchos niños desarrollan características desagradables o intolerables. Tal vez se vuelvan revoltosos, desafiantes, desobedientes, demandantes, hostiles o desagradables en general. A pesar de que han sido una causa primaria de estos comportamientos, lo padres encuentran dificultades para amar o incluso sentir agrado por un niño que exhibe estos atributos.

Relaciones tóxicas y su impacto en los hijos

Todo comienza por un mal concepto sobre uno mismo, si un miembro de la pareja o los dos tienen una baja autoestima siempre conducirá a un pensamiento irracional producto de la desvalorización y la inseguridad. Seguramente si te sientes manipulado, desvalorizado, juzgado o maltratado estés en una relación tóxica. La dependencia emocional no es amor, los celos no son amor, la crítica constante tampoco, el intentar cambiar a tu pareja o que el o ella lo intente contigo no es amor.

Cuando en una pareja una de las dos partes aprovecha el poder del vínculo para hacer daño a la otra mediante amenaza del abandono o chantaje emocional, no estamos hablando de amor, sino de una disfunción. Cuando desaparecen el afecto y la ayuda, ya no hablamos de pareja sino de problema.

Si continuas tu relación tóxica solo por “resistir” le estás diciendo a tus hijos que el amor es resistir, que no hay límites, que hacer daño y sentirse mal esta relacionado con el buen amor, es un mensaje poco saludable y lleno de consecuencias pues así es como construirán sus relaciones futuras.

¿Cómo salir de una relación tóxica sin afectar a los hijos?

No es fácil salir de ninguna relación, tampoco lo es cuando hay hijos pero lo es mucho menos si esa relación no es sana y cuando el propósito de uno o las dos partes es seguir haciendo daño, entonces en muchas ocasiones, el niño se convierte en la principal víctima de la ruptura.

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Los padres no se separan: Pase lo que pase tu pareja y tú siempre seréis padres de vuestros hijos, os separáis como pareja, pero nunca como padres, por lo tanto, siempre debe de existir una buena comunicación referente a los niños donde ellos sientan que independientemente de que ya no estáis juntos, cuentan con el apoyo de los dos.

La forma en la que comunicarlo: Como se lo comuniques a tus hijos que ha habido una separación en la pareja determinará muchas consecuencias. Es importante mantener una conversación con ellos donde estén presentes ambos progenitores y le ayuden (siempre en un lenguaje infantil) a comprender el por qué papá y mamá han llegado a tomar esa decisión.

Elimina frases que infravaloren a tu pareja: Tienes que darles la oportunidad a ellos de que construyan su propio concepto sobre quien es su padre o madre. Muchas veces no hacen falta verbalizaciones, miradas y actitudes son mas que suficientes. Evítalas. Existe un Síndrome de Alineación parental, hijos manipulados por un cónyuge para odiar a otro descrito por José Manuel Aguilar y lo describe como un conjunto de síntomas que resultan del proceso por el cual el padre o la madre transforma la conciencia de sus hijos , mediante distintas estrategias, con objeto de impedir obstaculizar o destruir sus vínculos con la otra parte de la pareja, el resultado en ese niño es dolor y frustración.

El niño no es la razón: Cuando los padres de un niño se separan, la primera emoción que siente el menor es culpa, cree que es él el problema de la separación, por ello trabajar con ellos en reconducir ese sentimiento hasta que quede la ausencia de este es clave para que entienda que el motivo del divorcio es independiente de él.

El amor paternal continua: Aunque el amor entre mamá y papá haya terminado y dejando a un lado los problemas que han existido entre ambos, el amor por los hijos nunca muere, explicárselo así le ayudará a disminuir la ansiedad por abandono.

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Minimiza cambios: En una separación todo cambia, probablemente existan mudanzas de hogar o incluso de escuela, mantener los menos cambios posibles para él le ayudará a seguir construyendo su ambiente como un entorno seguro.

Si estás bien, tu hijo también lo estará: Preocúpate de tu estabilidad emocional, de trabajar el duelo de la separación, de hacer deporte, comer bien y si es necesario, ponerte en manos de un especialista en psicología para lograr superar bien el cambio.

Sentimiento de culpabilidad: Muchas veces en una separación puedes sentirte culpable por haber sido la o el causante de esa ruptura de estructura familiar, esa culpa muchas veces, puede llevarte al error y a romper con los límites que se habían trabajado anteriormente, por ejemplo: empezar a comprarle demasiadas cosas, no seguir con una rutina de estudio... etc. Si el niño ve que te sientes culpable se aprovechará de ese sentimiento para seguir pidiendo y para que sigas consintiéndolo.

El rol del adolescente y los padres

Aunque no todos son estrictamente inaguantables y, por supuesto, ninguno es insoportable todo el tiempo, todos los adolescentes tienen las mismas necesidades; mejor dicho, una necesidad básica, fundamental: encontrarse a sí mismos, convertirse en personas independientes, separándose de su grupo familiar.

Esta necesidad choca con la realidad en la que viven, pues ¿cómo van a ser autónomos si dependen de los padres? ¿Cómo van a tomar decisiones contrarias a las de su familia si luego duermen en la cama pagada por papá y mamá?

Pero del lado de los padres se impone también una realidad difícil de vivir: nos resistimos a “dejar ir” al niño al que educamos con tanto amor y cuidado, a comprender que va a tener sus propias ideas, y a tomar sus propias decisiones y, en definitiva, que está creciendo y que no nos pertenece…Y esta necesidad de los padres choca, también, con el hecho de que debemos seguir educándoles: ¿cómo dejarles tomar sus propias decisiones si estamos viendo “claramente” que se están equivocando? ¿Cómo aceptar que sus ideas no concuerden con las nuestras si viven bajo el techo que nosotros pagamos?

El círculo vicioso se genera aquí: no aguantas las ideas o actitudes de tu hijo adolescente pero te sientes culpable porque al fin y al cabo es tu hijo (y sientes que es obligatorio querer a los hijos todo el tiempo)…Tu adolescente no sabe quién es y necesita tu comprensión y tu apoyo en todas las etapas y momentos de su personalidad.

¿Por qué mi hijo adolescente es insoportable?

Decíamos que el problema viene del momento de desarrollo cerebral y social de tu hijo adolescente. ¿Y cuáles son las características de nuestros adolescentes que les hacen ser inaguantables a nuestros ojos? Pues curiosamente son las mismas que, digamos, les definen como adolescentes:

  • Busca ser independiente: Ya lo hemos dicho: el “objetivo” de la adolescencia es la independencia: su cerebro está configurado para avanzar hacia la autonomía. Esta independencia se manifiesta de forma problemática, pues el adolescente no ignora que depende de sus padres para casi todo. Por eso insiste en tomar decisiones: la hora de llegada, el cuándo o de qué manera recoge su habitación, la ropa que lleva, etc.
  • Está experimentando con su propia identidad: Hoy se viste de negro. Mañana con chándal. Al otro en camisa… Ayer era animalista. Antes de ayer, pacifista. Tu adolescente no sabe quién es y necesita tu comprensión y tu apoyo en todas las etapas y momentos de su personalidad, porque tu presencia ahí, apoyándole, es lo que más continuidad le da a su identidad.
  • Necesita probar los límites: Crecer significa siempre romper algunos límites, sean corporales o de otro tipo. Esto no quiere decir, en absoluto, que los adolescentes no necesiten límites; de hecho, no pocas veces los que prueban los límites están buscando, de forma consciente o inconsciente, ser contenidos, que se les mire.

¿Es mi adolescente insoportable o es que no tengo paciencia?

Hay, como venimos diciendo, una parte “natural” en esas actitudes adolescentes que, como madres, no soportamos. Pero que sean naturales no significa ni que debamos aceptarlas todas, todo el tiempo, ni que tengan necesariamente que parecernos bien. Podemos sentir, y decir, que nuestros hijos adolescentes están insoportables, o que nos caen mal.

No. No es falta de paciencia. Hay algunas razones por las que no deberías sentirte culpable si tu hijo te parece inaguantable:

  1. Tu objetivo es educar, no ser amiga de tu adolescente: A veces perdemos de vista lo fundamental, y nuestro objetivo, como madres o padres de adolescentes, es educarles. Eso implica reconocer y corregir actitudes que no vamos a dejar pasar.
  2. Los adolescentes tienden a estar más inaguantables en casa: Si tu hijo o hija adolescente está particularmente inaguantable, te recomendamos que observes cómo se comporta en otros ambientes: con sus amistades, con otros adultos, etc. La mayoría de las veces no es tan desafiante ni tan desagradable como en casa; si es el caso, tienes poco de que preocuparte.
  3. Las generaciones han avanzado siempre en la incomprensión: Nos guste o no, la adolescencia es una crisis, en el sentido de ‘cambio’, y todas las generaciones se edifican enfrentándose a los padres y siendo criticadas por estos.

¿Cómo actuar si tu adolescente es insoportable?

Es duro constatar que tu hijo o hija adolescente está inaguantable contigo, pero eso no significa ni que hayas fracasado como madre, ni que debas aceptar la situación sin más.

Lo más importante es que mantengas la serenidad, y que evites caer en una decepción excesiva. Cierto, tu adolescente no es perfecto, y quizá no sea la persona que a ti te gustaría, pero ¿por qué habría de serlo? Y ¿quién dicta las normas de la perfección?

¿Cómo empezar a soportar a un adolescente insoportable?

  • Baja las expectativas: A menudo, inconscientemente, esperamos que nuestros hijos tengan comportamientos que no se corresponden con su nivel de desarrollo o a su personalidad.
  • Confía en tu capacidad educativa: Recuerda que te ha escuchado, que tu opinión siempre cuenta para él, aunque quiera demostrarte que no.
  • Separa comportamiento y persona: En educación es fundamental, para no perder la cabeza, tener siempre claro que lo que no nos gusta son los comportamientos, no las personas.
  • Pregúntate por qué te enfada tanto el comportamiento de tu adolescente: Párate un segundo a reflexionar qué es exactamente eso que te enfada tanto de tu adolescente y por qué.
  • No te exijas tanto en la maternidad: Recuerda: la madre que eres es una madre suficientemente buena. Por supuesto, tienes margen de mejora, pero eso no significa que no puedas sentirte satisfecha con lo que estás haciendo.

Límites en la crianza

Nuestro bebé crece rápido. Ya no sólo consiste su crianza en darle amor, pecho, facilitarle el sueño placentero…Nuestro bebé se convirtió en un pequeño explorador. Los límites se enseñan y se aprenden en la primera infancia. Los niños tienen que aprender que no todo vale. Que hay cosas que hacen que duelen, que nos enfadan. Aprender de límites es aprender de empatía.

Psicólogos reconocidos como Robert Hilton o Johnson, ponen especial énfasis en cómo la respuesta del entorno del niño (es decir, mamá, papá, abuelos…) junto con las necesidades e impulsos del propio niño configuran el carácter de una persona.

Si sabemos que tuvo un día duro en el colegio, ¿por qué no hacer ese día la vista gorda y que coma lo que quiera? No es una guerra. No gana ni pierde nadie. Sólo enseñamos que en la vida «no todo vale». Y tener interiorizado eso nos da seguridad interna, nos hacer esforzarnos, avanzar, no caer a la primera de cambio.

Nosotros, como padres, tenemos una historia, unos aprendizajes. A pesar de todas nuestras buenas intenciones, la forma en la que nosotros aprendimos a «automatizar» determinadas situaciones, afloraran de forma impetuosa cuando estemos con nuestro hijo.

Como padres somos vulnerables a estar desestabilizados y a creernos y «engancharnos» a los desafíos de nuestro pequeño explorador. Nuestro carácter, nuestra forma de afrontar la vida, saldrán de forma expansiva mientras que criamos a nuestro hijo. Y no nos podemos defender de nuestro carácter. Porque es precisamente nuestro carácter lo que nos defiende de la vida.

¿Qué pasa cuando me «engancho» a la lucha de mi hijo? Que te estás defendiendo de tu hijo (como si se hubiera convertido en «el malo malísimo», y os transformarais en dos niños peleando por un juguete). Pierdes tu centro como padre/madre, la realidad de adulto-niño, y por tanto no tienes capacidad para «ver claramente» lo que ocurre y buscar alternativas (para eso eres el adulto).

¿En qué te puedes fijar para saber que perdiste tu «centro» como madre/padre?

  • Respiración reducida o que se para
  • Contracción en la nuca, en el pecho o en cualquier otra parte del cuerpo
  • Energía que sube a la cabeza
  • Tensión en los ojos
  • Pérdida de contacto con el suelo, como si los pies ya no estuvieran apoyados en el suelo
  • Sensación súbita de calor o frío, sudación
  • Pérdida de energía, sensación de debilidad

No es el niño quien falla, quien es un rebelde sin causa. Soy yo, el adulto, quien pierdo mi centro y tengo que aprender cómo recuperarlo, para darle a mi hijo lo que necesita de mi.

Si no sabes cómo, si pierdes tu centro demasiadas veces, no lo dudes, tu hijo lo merece: ACUDE A PSICOTERAPIA.

La desconexión con los hijos

La desconexión con un hijo o una hija es algo que solo sabe lo que es y lo que duele quien lo ha sufrido. Pero la realidad es que sentirse DESCONECTADO de un hijo es tremendamente duro y como todas las circunstancias complicadas que atravesamos, a veces el apoyo que necesitamos cuando nos encontramos ahí va más allá de un simple consuelo.

Cuando nos sentimos desconectados de nuestros hijos, no hay intimidad emocional, no hay un contacto físico que te llene de amor, no hay risas, o no las que debiera, no hay aceptación. Y estos sentimientos de rechazo son muy muy dolorosos. No es solo un tema de culpa… es desaliento, desesperación, incomprensión…Y a menudo nos llega el bloqueo.

Si sientes que estás viviendo una maternidad desconectada, lo primero que necesitamos tener en cuenta es olvidarnos de nuestros hijos. Ellos no son el problema de la desconexión. No es una frase hecha… el FOCO HEMOS DE PONERLO EN NOSOTRAS. Cuando sufrimos esta desconexión de nuestros hijos, SIEMPRE se debe a que hay algo que NO HEMOS ENCAJADO.

Así que comenzar a mirarnos a nosotras mismas para descubrir quién soy en este momento de mi vida, qué necesito, qué es lo que no me gusta de mi vida, qué es lo que sí me gusta. Descubrir mis anhelos, mis objetivos de vida… Este proceso de autoconocimiento real es el que nos va a llevar a descubrir los siguientes pasos a seguir.

A menudo creemos que la reconexión con nuestros hijos vendrá simplemente de hacer las cosas distintas con ellos, de pedirles con amabilidad que colaboren y de esforzarnos por hacer una escucha activa. Pero no… ojalá fuera así de fácil, la maternidad desconectada hay que trabajarla.

Así que, si tuviera que decir cuál es el primer paso hacia la reconexión, o al menos un paso imprescindible para dar de forma simultánea al resto del proceso, sería mirarnos, cuestionarnos e indagar todo lo que no está colocado en mi vida.

Una vez nos ponemos en marcha para mirarnos, conocernos y atendernos, podemos hacer cositas con nuestros hijos que poco a poco vayan labrando el camino de la re-conexión de nuestra maternidad desconectada.

Pasos hacia la Reconexión

  • Comunicarles nuestras intenciones: Es tremendamente agradable que alguien te diga que quiere cambiar la forma en la que te trata, que quiere reducir los conflictos que existen entre vosotros o que necesita conectarse contigo.
  • Definir los cambios: Es de vital importancia tener claros los cambios que queremos hacer. Es necesario detectar qué es lo que queremos cambiar. Para ello, os invito a poner el foco en lo que sí queremos conseguir, en lo que sí queremos lograr y no tanto en lo que no hacemos bien o lo que no queremos repetir.
  • Compromiso: Tras hacer esta lista, es necesario que podamos adquirir un compromiso. Comentar a nuestro alrededor (pareja, abuelos, los propios hijos) eso que quiero lograr hará que no me relaje ante la primera dificultad.
  • Decisión y acción: Ni que decir tiene que todo lo anterior no serviría de nada si no tomamos la firme decisión de cumplir con nuestro compromiso y logramos tomar acción.

Además de todos esos cambios que hemos definido anteriormente, la reconexión con nuestros hijos pasa por HACER cosas distintas. Con nosotras, con nuestra pareja y con nuestros hijos e hijas.

Algunas de esas ayudas que podemos añadir para lograr re-conectar son:

  • Código SOS: Cuando alguno se encuentre mal, dentro o fuera de casa, puede hacer una señal que hayáis acordado previamente a través de la cual nos indican que necesitan contarnos algo en privado.
  • Intimidad: Anécdotas de cuando erais pequeños (de mamá, papá, tíos, abuelos…). Podéis escoger esta actividad como ritual nocturno, o en las sobremesas. Les encanta.
  • Tiempo de calidad: En exclusiva, si se puede, o todos juntos, no pasa nada. Pero seleccionar momentos en la semana en los que vas a apagar el móvil y vas a dedicarte a hacer alguna actividad con ellos: un bizcocho, juegos de mesa, o una excursión.
  • Jugar: Es algo que nos cuesta mucho a muchas familias. Mi propuesta es que asignes ratos a la semana en los que te permitas jugar.
  • Diario compartido: Comparte tu día de alguna manera con ellos, y así, además, conseguiremos que ellos también tengan ganas de compartir lo que le ha ocurrido en tu ausencia. Recomendación: compra un diario bonito para compartir.

Esa actitud colaboradora que brilla por su ausencia, o esa felicidad que últimamente no le acompaña, o esa calma que sientes que tanto necesita, solo podrás lograrlo si tú haces cambios en tu propia gestión emocional, en tu actitud y en tu mirada.

El ambiente familiar tóxico puede instalarse en nuestro hogar casi sin darnos cuenta, y solo los adultos tenemos la responsabilidad de cambiar esta inercia.

¿Es válido no querer tener hijos?

El llamado «instinto maternal» no es una necesidad biológica universal. Muchas mujeres simplemente no sienten el deseo de ser madres, lo cual es una razón válida y natural. No por ello son menos mujeres ni están incompletas.

Decidir no tener hijos es una opción meditada por muchas mujeres que prefieren enfocarse en sus carreras, proyectos personales o en su pareja. Esta elección no es egoísta, sino que refleja diferentes prioridades en la vida.

Para algunas mujeres, con antecedentes de ansiedad o depresión, decidir no tener hijos es una forma de autocuidado y autoconciencia para preservar su salud mental. La maternidad implica un compromiso económico considerable, con costes que pueden superar los 300.000 euros. Este factor es clave para muchas mujeres que deciden no tener hijos para mantener un estilo de vida más equilibrado.

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