Padres Jubilados con Hijos Problemáticos: Desafíos y Soluciones
En la sociedad actual, una tendencia creciente es el retraso en la edad a la que las personas tienen descendencia. Los últimos datos disponibles del INE confirman que el número de nacimientos de madres de 40 o más años ha crecido un 19,1% en la última década. También la media de edad a la que se tienen hijos ha ido subiendo, hasta situarse en los 32,6 actuales. Este cambio de tendencia plantea nuevos retos y dinámicas en las relaciones familiares, especialmente cuando los padres alcanzan la jubilación y los hijos aún necesitan apoyo.
El Retraso en la Maternidad y Paternidad: Un Fenómeno Sociológico
Para Sara Lafuente, doctora en Sociología, este cambio de tendencia “tiene que ver con la expansión de los años de educación a mayores sectores poblacionales o un cierto alargamiento de la juventud como etapa de aprendizaje”. La socióloga Sara Lafuente también encuentra algunos puntos positivos en el retraso de la maternidad, relacionadas con el hecho de “criar con un mayor nivel de madurez y experiencia adquirida”.
Desafíos de la Crianza en la Madurez
Más allá de los retos que puede suponer convertirse en madre o padre en la década de los 40 años, ¿qué ocurre cuando esas criaturas siguen siendo pequeñas y sus padres alcanzan ya los 50? Silvia Nanclares cree que existe un desajuste entre los avances tecnológicos y la reflexión social necesaria: “Las técnicas de reproducción asistida están cambiando nuestra sociedad en la cuestión de los cuidados. Toda la innovación reproductiva está yendo más rápido que los cambios sociales: no estamos teniendo conversaciones sobre lo que supone ser madre a los 40 o a los 50 años”, asegura.
La socióloga Sara Lafuente apunta algunas de las consecuencias de tardar en tener hijos: “Maternar y paternar tarde tiene sus complicaciones: primero, la dificultad de quedarse embarazada, que nos arrastra cada vez más a procesos privados (esto es: de acceso desigual, estratificado en función de ingresos) e hipermedicalizados que generan un desgaste corporal y psicológico muy grande”, asegura.
En la misma dirección apunta la psicóloga experta en maternidad Marta Fernández, que acompaña cada vez a más familias que crían en la madurez. “Me encuentro con frecuencia un solapamiento de los cuidados hacia los hijos y hacia los padres u otros familiares que están en el final de vida o en una etapa que requiere de más cuidados. Son situaciones familiares particularmente difíciles porque ya no es solo que tengas que cuidar a estas personas, sino que los abuelos y abuelas habían sido claves en el cuidado de los niños, te ayudaban a sostener tu propia etapa de cuidados.
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El Impacto en la Salud Física y Mental
Este sentimiento lo comparte también María, que en realidad no se llama así pero prefiere mantener su anonimato. Tiene 42 años y un bebé de 11 meses, pero su pareja, de 56, delega casi todos los cuidados en ella. Debido a la diferencia de edad entre ellos, puede comparar lo que supone criar en décadas distintas: “Siento que no puedo más, que no llego a todo. Estamos muy cansados los dos, pero al ser él tan mayor delega muchísimo la niña en mí, diría que me cargo con ella al 80%. A él le cuesta mucho sostenerla, o subirla y bajarla de la cuna, porque le duele la espalda.
Silvia Nanclares encuentra también otro factor de género en su maternidad tardía: es lo que ella describe como “la tormenta cerebral de la perimenopausia unida a una amígdala infantil”.
La Autonomía de los Hijos Adultos y el Rol de los Padres
“Mi hijo quiere comprarse un piso, pero ha dejado el trabajo y me está pidiendo dinero”. “Mi hija tiene una relación de pareja insana, pero no se da cuenta”. “Me he jubilado, pero mis hijos necesitan que cuide a mis nietos”... En ocasiones las decisiones o las formas de vida de nuestros hijos, cuando ya son adultos, nos parecen poco acertadas o erróneas.
“Ahora hay un cambio en la concepción de las edades, y vemos una prolongación de las etapas con respecto a anteriores generaciones: a los 25 antes nos veíamos adultos, ahora la juventud se alarga hasta los 30 y más allá. Cada vez tenemos los hijos más mayores, y en otras circunstancias vitales”, explica a La Vanguardia María Dolores Ortiz, psicóloga clínica, facultativa en el Hospital Universitario Infanta Elena y colaboradora del Colegio Oficial de Psicología de Madrid. “Este tema es un desafío muy importante en las familias: notamos que son muchos padres y madres los que cumplen con multitud de cargas y responsabilidades familiares, tienen padres y madres mayores, siguen trabajando y tienen hijos ya adultos que viven en casa.
Para Ortiz, en este mismo sentido, nuestra sociedad occidental y mediterránea es muy sobre protectora y familiar, y esto se acentúa por la dificultad de acceso actual al mercado de trabajo y a la vivienda. Ahora bien, “lo que sin duda deberíamos favorecer -apunta la especialista- es que los hijos aprendan a ser independientes, y para esto hay que aflojar: que cada uno construya su forma de vida. Si sobreprotegemos, una tendencia muy habitual, transmitimos que no tienen competencias o capacidades, y que no podrán resolver sus equivocaciones y fracasos por sí solos”.
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Elena Prades (56 años) aplica con sus dos hijos: “Mis hijos son autónomos, yo quiero que hagan su vida, no los quiero en casa. Siempre les he dicho que lo primero serán sus familias, sus parejas, sus hijos y sus vidas. Yo estaré ahí para lo que me necesiten, y tendré ganas de verles, pero soy consciente que ellos harán la suya”. Eso sí, si necesitan volver en algún momento a la casa familiar, “tendrán la puerta abierta, se lo merecen, son muy buenos hijos”.
La Importancia de Establecer Límites
Para Ortiz, la buena convivencia familiar entre padres sénior e hijos adultos que todavía viven en el hogar familiar, pasa por establecer unas normas. “Una de las cosas más importantes es que vean que los padres también tenemos vida, nuestra existencia entera no es ayudarles y ser proveedores: cada uno tiene su parcela, y ambos eligen estar juntos por lazos afectivos. Amar no es depender”.
Según Olesti, en cuanto a los adultos que siguen viviendo en casa, “hemos fallado a la hora de fortalecer a nuestros hijos y hacerles resilientes y capaces de enfrentarse a las dificultades de la vida. Hemos creado generaciones que no se comprometen, no salen de su comodidad.
Cuando los Hijos Necesitan Demasiado Apoyo
Carmen (nombre ficticio) vive en un pueblo del interior de Valencia, tiene 63 años, y tres hijas de 43, 41 y 36 años, además de cinco nietos entre los 9 y los 14 años. Ahora está prejubilada, pero la última década ha sido un no parar de trabajar -unas 9 horas al día- y cuidar a criaturas, cocinar, estar por la casa y atender a hijas, yernos y nietos. Ahora agradece el descanso que le brinda su retiro anticipado y la edad ya más avanzada de los pequeños, menos dependientes. En España las personas mayores han sido un factor de estabilidad en tiempo de mucha dificultad, y esto se debe poner en valor.
“Lo complicado es cuando esto se convierte en una exigencia u obligación que tiraniza. Las relaciones abuelos-nietos son muy buenas para ambas partes y estableciendo unas ciertas pautas pueden ser muy productivas, pero no deben ser impuestas, no se deben condicionar en exceso la vida de los mayores. El cuidado debe surgir desde el afecto y la solidaridad, no desde la obligación”, comenta la psicóloga, para quien es importante que los cuidados sean recíprocos.
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El Cuidado Recíproco y la Salud de los Padres Mayores
Para la directora de The Family Watch, las generaciones seniors, de los 60 en adelante, han solucionado los problemas y la logística de los hijos a costa de su propia salud y tiempo de ocio. “Se han convertido en cuidadores de sus nietos, cumpliendo con unas exigencias de horarios y además, respetando las líneas rojas que imponen sus hijos en cuanto a educación, a lo que se puede hacer o comer, por ejemplo. El tiempo que podrían dedicar a sus aficiones, está rellenando por el cuidado de los nietos. No se ha elaborado un sistema educativo donde los padres (abuelos) establezcan sus límites”.
Trastornos de Conducta en Ancianos y su Impacto Familiar
¿Has notado algún cambio significativo en el comportamiento de tu familiar mayor? Conviene prestar atención a los cambios de conducta que se producen durante la vejez y a las razones que lo motivan.
La agresividad en las personas mayores que nos rodean puede llegar a ser un problema para el entorno familiar. Lidiar con cambios de personalidad en el adulto mayor puede ser un reto tanto para familiares como para cuidadores. A menudo, estos cambios incluyen trastornos de conducta en personas mayores, que pueden manifestarse como agresividad, irritabilidad o resistencia. Entender y manejar adecuadamente estas situaciones es crucial para mantener un ambiente saludable y comprensivo.
Estrategias para Manejar la Agresividad en Ancianos
- Educación y Comprensión: Infórmate sobre los trastornos de conducta en personas mayores. Comprender que estos cambios pueden ser parte de condiciones como la demencia o estar relacionados con la pérdida de memoria y agresividad ayuda a empatizar con la persona mayor.
- Comunicación Efectiva: Habla de manera clara y tranquila. Evita discutir o confrontar directamente, ya que esto puede aumentar la agresividad en ancianos.
- Entorno Seguro: Modifica el entorno para reducir los factores de estrés. Un entorno tranquilo y familiar puede disminuir la probabilidad de episodios agresivos.
- Actividades Adaptadas: Promueve actividades que sean de interés para el anciano, esto puede ayudar a canalizar sus energías de manera positiva y reducir la frustración.
- Soporte Profesional: No dudes en buscar ayuda de profesionales en geriatría o psicología. Ellos pueden ofrecer estrategias específicas y apoyo para manejar los cambios de conducta en la tercera edad.
- Cuidado Personal: Finalmente, es vital que los cuidadores también cuiden de su salud mental y física.
Causas Comunes de la Agresividad en Ancianos
La agresividad en los ancianos agresivos suele ser un síntoma de una condición subyacente más que un cambio intencional en su comportamiento. Aquí algunas causas comunes:
- Enfermedades Neurodegenerativas: Enfermedades como el Alzheimer o la demencia pueden provocar pérdida de memoria y agresividad.
- Alzheimer: Las personas con Alzheimer pueden volverse agresivas debido a la confusión y frustración que sienten al no poder recordar personas, lugares o cómo realizar tareas cotidianas.
Es crucial recordar que estas reacciones son síntomas de su enfermedad y no reflejan su verdadera naturaleza.
Técnicas para Disminuir la Agresividad
- Pasar tiempo con ellos: Este simple gesto aleja fantasmas como el de la tristeza o la soledad, dos de las causas que pueden estar detrás de los problemas de agresividad.
- Mantener a los ancianos ocupados: Para ello existen muchos recursos como las actividades programadas.
- Evitar tomar las ofensas como algo personal: Mantener la distancia y comprender que el anciano está expresando un problema mayor es la mejor solución al problema.
- Comunicación y desarme psicológico: Resultarán fundamentales para reconducir las situaciones de mayor estrés y disminuir la tensión.
- Crear un ambiente tranquilo y seguro: Evitando ruidos y estímulos innecesarios o usar técnicas de relajación que sirvan como tranquilizantes para ancianos agresivos.
La Corresponsabilidad Familiar y la Igualdad de Género
Sara Lafuente cree que, como en otros fenómenos sociológicos, el retraso en la edad en que se tienen hijos e hijas está atravesado por el género. “Desde luego hay un factor grande de desigualdad de género: ni los hombres, ni el Estado, ni el sector privado se están haciendo cargo de su parte de la responsabilidad social, que sigue recayendo en los hombros de las mujeres y distribuido con base en ejes de desigualdad (vinculados también a la situación administrativa, a la clase, etc.).
Esto también puede aplicarse al enfoque de las técnicas de reproducción asistida, según Lafuente “se problematiza y castiga la maternidad tardía y prácticamente no se comenta la paternidad tardía. Esto es un problema tanto a nivel social como a nivel fisiológico, ya que las problemáticas asociadas al esperma aumentan muy significativamente con la edad de los hombres, y sin embargo nos pasamos la vida hablando del 'reloj biológico' de ellas, sin prestar atención al de ellos.
En general los hombres dedican más tiempo en todas las actividades excepto en las tareas domésticas, el cuidado de niños, ancianos y personas dependientes que son asumidas mayoritariamente por las mujeres, independientemente del tipo de hogar, aunque se observa un mayor distanciamiento de género en el tiempo invertido al hogar y la familia cuando se tratan de parejas con hijos y cuando se da el caso de inactividad laboral (estudiantes, jubilados o pensionistas, labores del hogar). Con la llegada de los hijos se incrementa de forma significativa la dedicación femenina al trabajo doméstico y las diferencias de género en la distribución del tiempo.
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