El Cerebro del Niño: Desarrollo y Estimulación para Padres

19.09.2025

Conocer cómo funciona y cómo se desarrolla el cerebro es fundamental para mamás y papás por varios motivos. Como bien dice Marian Rojas Estapé, “conocer es aliviar”. Conocer cómo funciona el cerebro, conocer cómo es el comportamiento y el desarrollo de los niños, nos va a dejar más tranquilos y relajados.

¿Por qué es importante entender el cerebro del niño?

Para entender mejor cómo crece, cómo se desarrolla y cómo se conecta el cerebro, se puede utilizar el modelo pedagógico de los cuatro cerebros. De manera muy esquemática, consiste en dividir en cuatro grandes zonas el encéfalo.

Los cuatro cerebros

El primer cerebro, que es el que aparece en neonatos y en bebés de una manera más innata, es el cerebro rojo. Este cerebro se encarga de la parte más instintiva, es el que tiene que ver con la supervivencia.

En un segundo momento, tenemos el cerebro verde, que es el que se encarga de la parte más emocional. En este cerebro, es donde experimentamos y sentimos las emociones, pero también donde establecemos los vínculos con nuestros padres, con nuestras figuras de apego principales.

Y, en último lugar, tenemos el cerebro amarillo, que es el cerebro más complejo y el último que se acaba de desarrollar. A diferencia del rojo, que es innato, el cerebro amarillo es aprendido.

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¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar su cerebro?

Los adultos que rodean al niño, en especial, mamá y papá, son los encargados de esculpir su cerebro. Para que nuestros hijos se desarrollen de una manera sana y equilibrada, y tengan una buena salud mental, es muy importante protegerlos, fomentar su autonomía, permitir su curiosidad y sus ganas de explorar.

Qué evitar

El mayor riesgo consiste en irnos a los extremos. Por poner un ejemplo: debemos evitar tanto la sobreprotección como la negligencia, que es la ausencia de protección.

Las rabietas

Todos los niños pasan en mayor o menor medida por la fase de las rabietas y es un tema que nos preocupa mucho. Tanto los niños como los adultos lo pasamos realmente mal. Después, lo que hay que hacer es conectar y redirigir, como bien dice el psiquiatra Daniel Siegel.

Las neuronas espejo

Las neuronas espejo son importantes e interesantes cuando hablamos del ser humano. Son un tipo concreto de neuronas que se ubican, principalmente, en la corteza frontal, lo que antes hemos llamado el cerebro amarillo, y que se activan en tres momentos: cuando estamos haciendo algo, cuando vemos a alguien que está haciendo algo y cuando nos imaginamos a nosotros mismos o a otra persona haciendo algo. Los seres humanos, a diferencia del resto de los primates, captamos la intención. Esto quiere decir que las neuronas espejo son fundamentales porque, al final, somos modelos para nuestros hijos. De ahí, que sea tan importante que mamá y papá tengan recursos, que sepan cómo comportarse, que sean conscientes de que están educando mediante el ejemplo.

Genética y ambiente

La genética y el ambiente son fundamentales para el desarrollo del cerebro. En el libro, pongo un ejemplo que es muy ilustrativo: a la hora de construir una casa, tan importante es tener unos buenos planos, realizados por un buen arquitecto, como los materiales que se utilizan para ello. Con la genética y el ambiente, sucede exactamente lo mismo. Existen ciertos trastornos que tienen una carga genética muy importante: hablamos del trastorno por déficit de atención con hiperactividad o de la esquizofrenia. En cambio, en otros trastornos, el ambiente resulta determinante: es el caso de los trastornos del estado de ánimo, la ansiedad, las fobias o las depresiones. Al final, el conflicto sobre qué pesa más es difícil de resolver.

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Hay que estimular a nuestros hijos en función de lo que necesiten. Hay niños que son más activos, más curiosos, que necesitan más estimulación, y otros que, en cambio, lo son menos.

Diferencias entre el cerebro de niños y niñas

Sin lugar a dudas, el cerebro del niño y del hombre es diferente en comparación con el cerebro de la niña y de la mujer. En términos genéricos, podríamos decir que los niños se muestran más atraídos por materiales u objetos, sobre todo los que tienen que ver con coches o artilugios tecnológicos. De media, a los niños se les suelen dar mejor las matemáticas, son mejores en razonamiento y en orientación.

En cambio, las niñas, desde bien pequeñas, muestran una mayor predisposición hacia las personas, en lugar de hacia los objetos. Y todo esto se debe a que son más maduras cerebralmente hablando y, por tanto, su corteza prefrontal, que es el cerebro amarillo, que es la zona que se encarga de la gestión del resto del encéfalo, aparte de alcanzar ese desarrollo antes, tiene un desarrollo bastante mejor.

¿Debemos acompañarlos de una manera distinta?

Sí, pero no por el hecho de que sean niños y niñas, sino porque son personas diferentes. A cada niño hay que acompañarle de una manera distinta.

Segunda oportunidad para el cerebro

A esta segunda etapa se la conoce como la segunda oportunidad, porque es el momento en el que el tren vuelve a pasar por la puerta de nuestra casa y tenemos esa oportunidad de reparar, de reconectar y de enmendar aquellos errores cometidos durante la infancia. Estas segundas oportunidades existen. El cerebro siempre está orientado, siempre tiene ganas de aprender, de mejorar y de sanar su infancia, porque todos hemos vivido situaciones traumáticas.

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Preparando la adolescencia

La adolescencia es un momento de la vida muy importante porque es cuando la autonomía alcanza su apogeo. El adolescente sale metafóricamente de su zona de confort para llegar a un momento del ciclo vital diferente y desconocido, que quiere probar, pues se siente muy atraído por lo novedoso.

Son muchas las cosas que podemos hacer en la infancia para que, cuando unos años después llegue la etapa de la adolescencia, podamos otorgar al niño ese colchón metafórico que permita amortiguar esos impactos. ¿Qué cosas podemos hacer desde bien pequeños, que es el momento de generar y de preparar esas herramientas? Proteger: nuestros niños tienen que ser protegidos; ojo, que no digo sobreprotegidos. Los niños tienen que aprender a sufrir moderadamente con mamá y con papá.

Fomentar su autonomía y empoderarles. Dar narrativas que sean adecuadas. Por ejemplo, explicar al niño que ha empujado a su hermana no porque sea malo, sino porque estaba enfadado, y la rabia nos empuja a agredir al otro.

Estimulación temprana: Un regalo desde el primer día

La estimulación temprana en el desarrollo cerebral es fundamental durante los primeros años de vida de un niño. En este breve pero intenso período, su cerebro crece y se transforma a una velocidad asombrosa. Lo que muchas madres y padres no saben es que gran parte de ese desarrollo depende directamente de las experiencias que el bebé vive desde sus primeros meses.

Cuando hablamos de estimulación temprana, no nos referimos a forzar el aprendizaje ni a saturar a los niños con actividades. Todo lo contrario. Esto puede incluir juegos sencillos, contacto físico, hablarle con frecuencia, cantarle, mostrarle diferentes objetos o dejarle explorar el mundo a su ritmo.

El cerebro de un bebé es como una esponja: absorbe información constantemente. Desde el nacimiento (e incluso antes), las conexiones neuronales se multiplican a una velocidad impresionante. Por eso, lo que un niño vive en sus primeros años tiene un impacto directo en su desarrollo cognitivo, emocional, social y físico.

A menudo escuchamos que lo importante es que el niño juegue y sea feliz. Y es cierto. Pero jugar y recibir atención no es algo “extra”, sino parte fundamental de su desarrollo cerebral. Además, no todos los niños se desarrollan al mismo ritmo.

No hace falta ser especialista ni comprar juguetes caros. Habla con tu bebé desde el primer día. Cántale y ponle música. Proporciónale diferentes texturas y colores. Haz contacto piel con piel. Ponle boca abajo (tummy time) durante ratitos cada día, siempre bajo supervisión. Lee cuentos aunque aún no entienda las palabras.

A veces, al hablar de estimulación temprana, algunas familias se preocupan pensando que deben hacer “mucho más” de lo que ya hacen. Pero en realidad, lo más importante no son las actividades, sino la presencia, el vínculo y la atención consciente.

La estimulación temprana en el desarrollo cerebral es un regalo que podemos ofrecer desde el primer día. No se trata de adelantar etapas, sino de permitir que cada niño y niña florezca a su ritmo, rodeado de estímulos positivos, cariño y respeto.

Estrategias para cultivar la mente de tus hijos

El libro "El Cerebro del Niño" se estructura de una manera sencilla en la que se va a ir explicando, uno a uno, los procesos mentales para exponer estrategias que nos faciliten el optimizarlos y a educar a niños más felices y sanos mentalmente. Cada una de estas estrategias están explicadas ampliamente en el libro, pero te vendrá bien un resumen para saber lo que vas a encontrar en sus páginas.

  1. Conecta y Redirige: Cuando entra en una crisis emocional, lo que lo ideal en un primer momento es tratar de calmarlos y, posteriormente, entrar a explicarle lo que ocurre o pedir las explicaciones pertinentes. Cuando se sienta seguro es el momento de ayudarles a conectar la experiencia con su lado más racional para dialogar. En este punto, los autores ven muy útil el contacto físico para llegar a la calma.
  2. Ponle nombre para domarlo: El lenguaje es muy potente y hay que saber usarlo para tener un control mucho mayor sobre nosotros mismos ya que conecta nuestro cerebro inferior y el superior. Poner palabras a lo que está sucediendo ayuda muchísimo a comprender mejor la situación.
  3. Activa sin enfurecer: Los autores nos indican que debemos ayudar a vincular su cerebro inferior con el superior en sus preocupaciones. Es así como tanto el niño como los adultos vamos a entender mejor la situación que ocurre. Una vez lo haya conectado, podemos dejar que tomen la decisión sobre cómo quieren actuar. Con ello, vamos a conseguir que ellos mismos negocien sus respuestas y escojan cómo se van a comportar.
  4. Úsalo o piérdelo: Nos sugieren poner retos mentales de manera frecuente. Hacer preguntas a tu hijo como: ¿cómo te sientes? ¿qué quieres hacer? ¿por qué has hecho eso? y otras muchas, les ayudaremos a pensar sobre sus sentimientos. Dale la oportunidad de elegir, de que se equivoquen y a que ejerciten su función ejecutiva.
  5. Muévelo o Piérdelo: Darle movimiento al cuerpo ayuda a responder a las señales de la amígdala, por lo que ayuda a gestionar mejor las situaciones de más ansiedad o estrés.
  6. Reproduce los recuerdos: Los episodios traumáticos pueden hacer enmudecer a los niños. En esta estrategia se pretende dar a los niños la oportunidad de que cuenten su versión de los hechos.
  7. Convierte el acto de recordar en parte de la vida cotidiana: Para incentivarlos lo mejor es que tú misma compartas y profundices sobre tu día, así él puede influenciarse para hacerlo igual y que esto se convierta en una rutina. El recordar es algo recíproco.
  8. Enseña que los sentimientos vienen y van: la siguiente estrategia se centra en hacernos ver que las emociones son pasajeras y que el malestar no dura para siempre.
  9. Presta atención a lo que pasa dentro: En esta estrategia nos van a enseñar cómo hacer entender a nuestro hijo que son mucho más que un solo rasgo de su personalidad.
  10. Regreso al disco central: Al igual que la anterior, se hace partícipe al niño de todas las características de su personalidad, lo único que en esta ocasión se hace mediante un ejercicio de introspección.
  11. Aumenta el factor diversión: Si jugamos con los niños y dejamos que aprendan e interactúen mediante el juego, la dopamina que liberarán les hará querer repetir la actividad.
  12. Conecta a través del conflicto: Los conflictos, por muy banales que parezcan, no se deben dejar pasar. Son una gran oportunidad para tratar los sentimientos, conocer su punto de vista y comprender mejor al otro, empatía.

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