Rafa Latorre: Biografía, Vida Personal y Trayectoria Profesional
Rafa Latorre García nació en Pontevedra en 1981. Hasta que fue responsable legal de todos sus actos, Rafa Latorre vivió en un sanatorio. En concreto, en el Sanatorio Santa Rita, que como él mismo añade "es un nombre muy bonito porque es la patrona de los imposibles". Su abuelo Pope había montado esa clínica en el centro de Pontevedra y ahí nació él, por 1981. En la planta baja estaba la recepción, las enfermeras a quienes saludaba al entrar, luego los quirófanos, las habitaciones de ingresos... Y en el sexto piso, su casa familiar.
Orígenes y Familia
Creció en un entorno familiar muy particular. "En mi casa siempre se fue recogiendo a los viejitos. Yo viví desde muy pequeño con mi abuelo paterno, Pope, que era un hombre muy sabio, un auténtico personaje".
Influencia del Abuelo
Su abuelo, Pope, fue una figura clave en su vida. Fue médico de la marina, estuvo embarcado en el Elcano. Era un médico hiperartesanal, que emborrachaba a los pacientes si no había anestesia, pero también utilizaba técnicas muy innovadoras. Era muy peculiar. Por ejemplo: presumía de que en su hoja militar constaba que era prófugo, desertor y degradado; y es verdad, por diferentes razones azarosas. Era muy anticlerical. Bueno, en realidad era antiteo, porque quedó muy herido por la muerte de su mujer, que murió muy joven, y decía unas burradas en casa... Yo crecí escuchando "menos mal que Dios no existe" o "si yo cojo a Dios por las barbas pongo una bomba en el cielo" mientras mi madre me perseguía para taparme los oídos. La cuestión no era que él no creyese en Dios, sino que estaba peleado con Dios. Luego tuvo una demencia, fue perdiendo memoria reciente, pero conservando la lejana: seguía jugando al ajedrez o recitando poemas larguísimos en alemán sin acordarse de lo que le había ocurrido ese día.
Recibió una educación católica en una casa que realmente no era católica. Lo de mi madre era una creencia muy intuitiva, muy cultural. Mi padre tiene un discurso muy provocador sobre la religión, pero yo sí que recibí una educación católica. Yo a los 18 pensaba como Irene Montero Primero, porque su colegio fue el de los misioneros del Sagrado Corazón, que "eran muy modernos, justamente porque habían estado en las misiones". En cambio...: "Yo a los 18 pensaba como Irene Montero. Ahora sigo sin creer, pero me he reconciliado con esa tradición, con esos curas. Mi mujer sí que es creyente, quizá por eso tampoco opongo resistencia a cosas que ella ve necesarias, como bautizar a mi hija o casarnos por la Iglesia".
Tradición Médica Familiar
Su abuelo era médico; tu padre es médico; tu madre, ATS; tu hermana, fisioterapeuta; y tú... periodista. ¿Eso te acarreó algún problema en casa? No, todo lo contrario. Mi padre tiene una vocación de letras acusada. En Pontevedra, la familia Latorre es conocida por los médicos, pero pese a ello mi padre nunca mitificó la profesión. La verdad es que yo no tuve vocación de periodista, quería hacer literatura, era un enfermo de la literatura, pero como esa carrera no existía, opté por Filosofía y Letras. Pero mi madre, que es la pragmática de la familia, que ha sido siempre muy lista para cualquier cosa, listísima para los negocios, me dijo: "Haz Periodismo, que es casi igual y quizá encuentres trabajo". Tardé ocho años en acabar Periodismo. [Ríe].
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Trayectoria Profesional
Latorre es licenciado en Periodismo. Comenzó a ejercer hace dieciséis años como becario en el Diario de Pontevedra.
Inicios en el Periodismo
La carrera me empezó a gustar desde el principio, pero ya en primero entendí que la única manera de prosperar era currar, porque la carrera no era más que un barniz de saberes muy superficial. Mi madre venía desde Pontevedra a matricularse por mí. Becario en Diario de Pontevedra, corresponsal en Bueu, "una figura realmente maravillosa". En tercero, prácticas en la COPE: "Me recibió José Miguel Azpiroz, que es la persona que me acompañó durante toda la carrera, y me metí tanto en el tema que pasé de Periodismo y empecé a trabajar en la COPE de verdad, como si mi vida dependiera de ello".
Se fundó Punto Radio, con Azpiroz, y lo hicieron jefe de sociedad. Adiós, licenciatura, adiós. Después viajó por todo el mundo como jefe de internacional y se viene anécdota aleccionadora: "Cuando dejé la carrera, mi madre venía a Madrid desde Pontevedra, a la Facultad, a matricularse por mí, porque yo pasaba de todo. 'Tienes que matricularte', me repetía. Los hijos somos unos desagradecidos, que es una cosa que solo comprendes cuando eres padre, porque efectivamente ese agradecimiento solo puede ser retrospectivo, porque en el momento solo quieres que tu madre se calle".
Pero Latorre trabajaba al lado de Luis del Olmo, Concha García Campoy, Pedrerol, Manel Fuentes... y "¿quién coño iba a estudiar así?", exclama. "No había cumplido 30 años y me hacen subdirector de Protagonistas. Y ahí ya había un sueldazo. Me creí invulnerable y que mi vida solo iba a ir en ascenso, pero eso no ocurre: de hecho, pronto tuve el descenso a los infiernos, probé los sinsabores de la profesión y ahí sí que di gracias a que mi madre me diera una carrera. El último examen, por cierto, lo saqué porque el profesor se había olvidado de que había examen y nos aprobó a todos".
Radio y Televisión
En la radio trabajó para la Cadena Cope. Fue jefe de Sociedad, de Internacional y corresponsal diplomático en los informativos de Punto Radio, así como subdirector de Protagonistas con Luis del Olmo y Félix Madero. Fundó y fue subdirector del medio digital ZoomNews y también trabajó en la televisión como director de Contenidos del canal de la plataforma Movistar+ Non Stop People. Antes de recalar en El Mundo, donde escribe actualmente, era columnista de El Español.
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Latorre, por cierto, empezó en OndaCero tras un mensaje de Alsina en 2015, en los últimos días de 2015, bueno: en fin de año de 2015: "Yo estaba en Praga el día 31 y recibo un mensaje a las tres de la tarde. Era Alsina. Ahí comprendí su dedicación para la radio. ¡Debería estar rellenando el pavo y me estaba escribiendo!". Comparten pasión, explica, y obsesión: "Yo no he escrito jamás una línea hasta que se me pagó por ello y no echaría de menos escribir. Sin embargo, la radio sí la echaría de menos, y eso es indicativo de algo. Empecé en la radio y el veneno se me metió y es lo que siento que verdaderamente hago bien. Creo que en todos los medios se me ha tratado como un intruso, salvo en la radio, solo en la radio no me siento un intruso".
Actualmente, es el encargado de resumir la prensa en el matinal Más de uno con Carlos Alsina. En 2021 fue reconocido con el premio europeo de Periodismo Salvador de Madariaga.
"La Brújula" de Onda Cero
Actualmente dirige y presenta "La Brújula" de Onda Cero. El periodista Rafa Latorre, además del de la palabra, tiene el superpoder de dilatar el tiempo: es capaz de tomar un café en una terracita entre escribir columnas, dirigir y presentar un programa de radio, analizar la actualidad, leer, ir al gimnasio y llevar a la niña al cole.
−El programa se va pareciendo cada vez más al que yo quiero hacer, al que me gustaría que fuese. Estamos bastante cerca de conseguirlo. Y lo más importante es que me sigo divirtiendo. Eso es buen síntoma.
−Sí, y Juan Ramón me ayudó mucho. Fue un traspaso de poderes, más que pacífico, cordial y amigable. Muy colaborativo. Me dio consejos muy valiosos.
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−Puede jugar en tu contra si eres vanidoso, si crees que allá donde vas tienes que reinventarlo todo. Pero si eres consciente de que llegas a un programa con una historia, que te incorporas a un equipo que lleva mucho tiempo, eso solo te puede ayudar: subes a un tren en marcha sabiendo que seguirá sin ti cuando tú te bajes, con unas inercias que ya funcionan. Todo programa tiene una veta personal evidente, porque si no va a fracasar, y tú le tienes que poner esa impronta. Pero sabiendo dónde estás.
Aspectos Personales
Oye, con lo que hiciste tan joven... ¿llevas bien el tema de la edad? No, fatal, yo me siento viejísimo. Aparte de que lo hice todo muy joven... Fíjate, hubo un momento en que sentí una enorme tranquilidad de espíritu, porque llegué a la conclusión de que había hecho tantas cosas gracias a la suerte que he tenido que si me muriera ya quedaba ahí una vida, ya no podría decir qué desastre. Ahora me pasa lo contrario: tengo una hija pequeña y quiero conocerla, ya no siento esa tranquilidad de espíritu que sentía antes porque al final ser padre es tener miedo. El otro día fui a auparla, estábamos jugando e hice clac, tengo una contractura en la espalda...
Obsesiones y Miedos
El tiempo, soy muy consciente del paso del tiempo, y la condena de la felicidad es que sientes que el tiempo se te está escapando. Yo fui un niño con unas reflexiones muy tremendas sobre el paso del tiempo y la muerte; y esas reflexiones me han acompañado siempre. He tenido una relación muy natural con la muerte, en casa siempre se hablaba de la muerte. Mi bisabuela murió en mi casa, esa es la primera muerte que recuerdo; y, después, la de mi abuelo Pope, que también murió en casa; y mi abuela Rosi, la materna, también... El paso del tiempo me aterra. Y lo noto. Y me da pena. Trato de no pensarlo demasiado. En el fondo, sentía una enorme tranquilidad cuando hacía tantas cosas, era como si el tiempo no se me fuera. Por eso nunca quise tener una vida convencional, con horarios tasados, y quizá por eso también he trabajado tanto y me he marcado tantos objetivos. Y ahora más, porque tengo un metrónomo en casa.
Cuando tienes una niña en casa escuchas su tic, tac, el crujido de los huesos, que decía Umbral. Es tremendo. No, no; no tengo demasiado miedo a la muerte. No me gustaría morirme, pero porque tengo una vida maravillosa. Yo a lo que tengo realmente miedo es a perder la vida, porque mi vida es estupenda, extraordinaria, fantástica. Las personas que somos tan felices con lo que tenemos nos hacemos conservadoras a la fuerza, porque quieres atrapar el momento. A mí lo que me obsesiona no es el fin de la vida, sino que se me escape la que tengo.
Vida Personal y Hábitos
Entre sus innumerables taras -lo de inumerables lo ha dicho él-, destacan las derivadas de la noche. De trabajar por la noche, me refiero: "Durante tres años estuve levantándome a las 00.00 para currar a las dos de la mañana. Eso supone que tenía que dormirme a las cuatro de la tarde. Yo tuve un déficit de sueño brutal y eso me ha dejado unas manías... me ha convertido en un auténtico nazi del tiempo de dormir. De hecho, es difícil convivir conmigo porque de repente me abstraigo mucho, tengo momentos de mucho silencio, en los que no hago caso a nada. Tengo una capacidad de abstracción brutal, es como si no pasara nada a mi alrededor y mi mujer lo sufre, lo sufre mucho".
Ahora se acuesta a las 23.30, germánico, y a las cinco de la mañana está en pie para leerle a Carlos Alsina la prensa del día, y así lo retrata Bernardo Díaz para esta entrevista."Trabajar por la noche me ha convertido en un verdadero tarado. Salía del programa por la mañana, me pedía un gintonic y la gente me miraba raro. ¡Pero yo acaba de salir de trabajar y ya llevaba doce horas despierto!".
¿...Obsesivo? Eso tiene que ver con lo del sueño, es que la privación del sueño es muy fastidiada. Yo tengo una bendición, que es que la niña duerme genial. La gente ve atroz mi horario de las cinco de la mañana, pero es una hora fantástica para despertarme, porque a las diez de la mañana ya te digo que soy un semidiós que se ha leído todos los periódicos. Además, para mí la columna es un proceso tortuoso, me lleva mucho tiempo: primero tengo la idea, después construyo en torno a esa idea y, una vez la he escrito, la dejo un par de horas reposar. Después me doy cuenta que está toda mal y empiezo a corregir cada una de las frases hasta la hora límite. Doy fe de que gusta de la hora límite.
Soy maniático y solitario, necesito una cuota de soledad al día, pero luego soy muy generoso con la familia, eh. Pero es verdad que tengo una personalidad un poco desconcertante, porque hay momentos de mucha euforia y otros de recogimiento, pero no soy ciclotímico. La gente que me quiere tiene que aprender a leerme porque envío señales muy equívocas. Esto es un juicio que hago porque me lo dice mi mujer, que es quien lo ha sufrido, tampoco tengo un nivel de autoevaluación tan alto [ríe mucho]. Soy tremendista, soy bastante radical en los juicios".
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