Inducción del Parto en la Semana 37 con Bajo Peso: Riesgos y Consideraciones
La inducción del parto es un procedimiento obstétrico común que busca desencadenar el parto mediante la modificación del cuello uterino y el inicio de las contracciones.
En la recta final del embarazo, a 1 de cada 5 mujeres se le recomienda una inducción al parto. Este procedimiento médico tan común permite desencadenar el parto. Pero, ¿cuándo es necesario?, ¿duele más?, ¿hay más riesgo de cesárea? Sobre él corren muchos mitos y prejuicios. Los sentimientos de las mujeres cuando se les informa de que es necesario realizar una inducción al parto son a menudo de miedo y desconfianza.
La inducción en una situación particular e individual puede ser necesaria. Otras muchas veces es innecesaria e injustificada. Quiero que desestigmatices la inducción de parto, que escuchar estas palabras no sean algo negativo para ti, simplemente que seamos de nuevo cautos y reflexiones cuando esté justificado.
Beneficios y Justificación de la Inducción
¿Tiene beneficios la inducción? Por supuesto que sí. En todos aquellos casos que, de manera médica justificada, se considere que el exterior sea un lugar más seguro en un momento determinado que el propio útero y placenta por diversos motivos. En general, por cualquier proceso médico, patología materna o del propio bebé.
Una inducción justificada sería toda aquella en la que los beneficios de finalizar el embarazo y provocar prematuramente el nacimiento del bebé están por encima de los riesgos que este procedimiento conlleva. Si el bebé necesita nacer porque el lugar donde está ya no es tan seguro para él/ella, bienvenida esa prematuridad.
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Algunas indicaciones comunes para la inducción incluyen:
- Ruptura de membranas antes del parto: a partir de la rotura de la bolsa amniótica, aumenta el riesgo de infección.
- Gestación prolongada: a partir de las 41 semanas de gestación empieza a aumentar el riesgo de complicaciones de la madre y del bebé.
- Complicaciones de la mamá y/o el bebé: como alteraciones del crecimiento del bebé, hipertensión o preeclampsia.
Aun así, te recomiendo siempre pedir una segunda opinión, y que un médico sugiera o plantee una inducción de parto durante una visita no significa que tengas que tomar la decisión in situ y en ese mismo momento, ya que su recomendación es que el bebé nazca pronto, no en ese mismo instante. Conocer esto aumentará tu seguridad en la toma de decisiones y en analizar si el profesional que te está proponiendo esta situación está trabajando con la evidencia actualizada.
Riesgos Asociados a la Inducción
¿Y tiene riesgos la inducción médica? Por supuesto que sí, y muchos. Por ello, quiero desglosarlos para comprender la situación actual y que te lleven a reflexionar la importancia en tus decisiones y cómo ellas pueden cambiar el rumbo del destino en el nacimiento. Inducir el parto alegremente, sin justificación y sin tener en cuenta los riesgos, es más que kamikaze.
La inducción médica es un procedimiento invasivo que conlleva unos riesgos asociados y, por ello, debes firmar un consentimiento informado sobre las consecuencias negativas que pueden suceder en tu salud y en la del bebé.
Hablar de riesgos, inducciones… es un tema que me causa malestar, pero del que creo que es absolutamente necesario que conozcas con detalle.
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Algunos de los riesgos asociados a la inducción incluyen:
- Crisis emocional: debido a que es una situación que quizás nunca te has planteado, o, aunque lo hayas hecho, conoces profundamente los beneficios del inicio del proceso de manera espontánea.
- Desprendimiento de placenta: se trata de la separación de la placenta del útero, lo que provoca una deprivación aguda e inmediata del oxígeno al bebé, y de ahí a la gravedad de la emergencia.
- Rotura uterina: se trata del desgarro del útero y es una emergencia obstétrica grave.
- Infección: cursa con fiebre que aumenta durante el proceso de parto inducido debido al uso de epidural, rotura artificial de membranas, uso de oxitocina o monitorización fetal interna.
- Hemorragia posparto: cualquier sangrado superior a 500 mililitros estimados tras el parto.
- Embolia del líquido amniótico: se produce por el paso de líquido amniótico, pelo o vérnix fetal al torrente sanguíneo materno, obstruyendo la circulación pulmonar.
- Necesidad de analgesia: la inducción de parto en sí no provoca la liberación de endorfinas que se produce en conjunto con la oxitocina fisiológica natural.
- Prematuro para él/ella: el bebé puede haber llegado a término y encontrarse en ese rango del que tanto hablamos, entre la semana 37 y 42; pero lo que está claro es que si no ha tomado la decisión de nacer por sí mismo es que no era el momento exacto, por lo que es prematuro para él o ella mismo/a.
- Distocia de hombros: se trata de la dificultad del nacimiento del cuerpo del bebé tras la salida de la cabeza por el impacto de uno de los hombros con la pelvis materna.
- Sufrimiento fetal: tu bebé está diseñado para adaptarse a cada uno de los movimientos que vivas en cada momento, a cada una de las sensaciones, ya que tu oxitocina fisiológica tiene esa función.
- Prolapso de cordón: se trata de la presentación o salida del cordón umbilical antes de la cabeza fetal.
Métodos de Inducción
Existen métodos farmacológicos y mecánicos para inducir el parto:
- Farmacológicos: mediante la colocación vaginal de prostaglandinas, que es la que se libera de forma natural antes del inicio del parto o mediante el uso de oxitocina.
- Mecánicos: mediante la colocación de una sonda en el cuello del útero que se hincha como un globito actuando mediante la separación de membranas amnióticas y provocando de forma natural la liberación de las prostaglandinas.
Tanto si se induce el parto farmacológicamente o por métodos mecánicos, el proceso dura unas 12 horas, y el parto suele acontecer a las 24 horas de media tras el inicio del proceso. En estas 12 horas, es posible moverse, comer, estar con la familia, utilizar el lavabo y la ducha. De hecho es lo mismo que haría en casa si se estuviera poniendo de parto -lo que conocemos como pródromos de parto o preparto- pero en un hospital, para poder supervisar el bienestar de madre y bebé.
Inducción y Riesgo de Cesárea
Una vez el trabajo del parto está instaurado, el parto puede transcurrir de forma natural, sin otra necesidad de intervención, a no ser que haya algún problema para madre o hijo.
En un reciente estudio realizado a más de 6.000 mujeres con embarazos de bajo riesgo se comparó los resultados entre aquellas a las que se esperó que iniciaran el parto de forma espontánea, y aquellas a las que se le provocó el parto a las 39 semanas. Las mujeres a las que se las indujo el parto, presentaron menos complicaciones (preeclampsia) y menos porcentaje de cesárea comparadas con las que desencadenaron el parto de forma natural (3).
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En mujeres sin cesárea anterior, con el balón de inducción, la tasa global de parto vaginal es del 79%, y en aquellos casos que el motivo de la inducción fue la gestación cronológicamente prolongada, del 85%.
Sin embargo, en el caso de que la dilatación sea más lenta o surja alguna complicación, la especialista es muy clara: “Si la dilatación no avanza a pesar de poner todos los medios necesarios para favorecerlo, y transcurrido un tiempo determinado, debe realizarse una cesárea. La inducción de parto es un procedimiento seguro, pero en general, hace que la duración de este sea mayor y, por ello, aumente el riesgo de hemorragia postparto, de que el parto finalice mediante cesárea o parto instrumental y de un mayor uso de epidural, que en los partos de inicio espontáneo”, añade.
Consideraciones Finales
En definitiva, la inducción al parto es un método utilizado para empezar el parto que permite evitar complicaciones de la mamá o del bebé. Con los métodos actuales, es posible conseguir una mínima intervención y unos resultados equiparables a un parto no inducido. Aún así, cada caso siempre debe personalizarse y la decisión del profesional debe ser compartida con los padres.
Es fundamental recordar que la decisión de inducir el parto debe basarse en una evaluación cuidadosa de los beneficios y riesgos, considerando la situación individual de cada madre y bebé.
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