Cribado del Síndrome de Down: Pruebas y Percentiles Fetales
El cribaje de riesgo prenatal consiste en la realización de una serie de pruebas cuyo objetivo es la detección de cualquier posible defecto congénito dentro del útero. Estos hacen referencia a anomalías en el desarrollo estructural, molecular, funcional o morfológico presentes en el nacimiento, aunque se desarrolle en un futuro. No importa si estos posibles defectos son de carácter externo o interno, hereditario, esporádico o familiar, múltiple o único.
El cribaje de riesgo prenatal también analiza los riesgos de anomalías cromosómicas, gracias al cribado de gestaciones de bajo riesgo. En el caso de gestaciones de alto riesgo, se realizan asesoramientos. El propósito del asesoramiento genético (o consejo reproductivo) es, en resumen, cuantificar el riesgo de un resultado desfavorable. Así, se podrá ofrecer el asesoramiento más adecuado y las siguientes medidas a tomar para poder prevenirlo.
Selección de la información específica en relación a los riesgos de la anomalía fetal. Las pruebas de cribaje de riesgo prenatal se dividen en 2 partes: unas se realizan en el primer trimestre y otras en el segundo.
Cribado en el Primer Trimestre
Durante el primer trimestre, el índice de riesgo prenatal para el síndrome de Edwards y el síndrome de Down es el método más popular. Esto se debe a que el porcentaje de detección está entre el 75-85%. Se analizan las posibilidades de que el feto pueda estar afectado por alguna de estas 2 enfermedades (T21, T18) a partir del riesgo inherente a la edad materna.
Estos se pueden modificar por la desviación en los marcadores ecográficos y bioquímicos de primer trimestre. El procedimiento es el siguiente: se realiza una rutina a todas las personas gestantes, sin importar su edad, que no tengan riesgo de anomalía cromosómica parental aumentado y que consulten antes de las 13.6 semanas.
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Se realiza una ecografía, a ser posible en 2 períodos gestacionales diferenciados. La extracción de sangre se debe realizar entre las 7.6 y 13.6 semanas por amenorrea, aunque lo ideal sería a las 8-10 semanas. La paciente no necesita realiza ayuno ni tener una una ecografía de datación previa.
El laboratorio se encargará de determinar los niveles de la fracción β libre de la gonadotrofina coriónica (fβ-hCG) y de la proteína placentaria A asociada al embarazo (PAPP-A). La ecografía se realiza entre las 11.2 y 13.6 semanas (CRL 45-80). Es mejor realizarla a las 12 semanas para poder datar la gestación, descartar la gestación múltiple y valorar la translucencia nucal (TN).
CRL < 45 mm. En este caso, se reprograma la ecografía. Si la ecografía se realiza el mismo día de la extracción de sangre, se deberán proporcionar estos datos ecográficos al personal sanitario. Los valores obtenidos del CRL y de la TN de la ecografía deben introducirse en un software de cálculo de riesgo.
Estos valores y los resultados bioquímicos nos dirán el índice de riesgo prenatal para ambos síndromes. Estos resultados tienen en cuenta datos como la etnia o el peso de la madre, además de si es o no fumadora o insulinodependiente.
Cribado en el Segundo Trimestre
Durante el cribaje de riesgo prenatal del segundo trimestre, con una tasa de detección inferior a la del primer trimestre (75%), se estima el riesgo para las T21 y T18 en relación con el riesgo propio de la edad de la madre en el momento del parto modificado por la desviación de marcadores bioquímicos de segundo trimestre. Sea cual sea la edad, se les realiza a todas las madres una rutina a partir de las 14.0 semanas.
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Para ello, se realiza una extracción de sangre materna y una ecografía con las mismas características del primer trimestre: preferiblemente en 2 períodos estaciónales diferentes. La extracción de sangre se realiza entre las 7.6 y 13.6 semanas por amenorrea, pero sería perfecto a las 8-10 semanas. La paciente no necesita realiza ayuno pero, a diferencia del primer trimestre, n es necesario que tenga una ecografía de datación previa.
El objetivo será determinar los niveles de la fracción β libre de la gonadotrofina coriónica (fβ-hCG) y de la proteína placentaria A asociada al embarazo (PAPP-A). Al igual que en el primer trimestre, se hará una distribución de riesgos, acompañado de asesoramiento en cada nivel. Para datar la gestación y descartar una gestación múltiple, es necesario presentar una ecografía.
El pliegue bucal se valorará cuando la TN en el primer trimestre no se haya valorado. Existe un programa informático estadístico que se encargará de relacionar los diferentes parámetros bioquímicos y ecográficos, además de otros datos clínicos de la persona embaraza.
El objetivo de esta análisis es calcular la posibilidad de riesgo en el triple screening:
- Análisis de sangre.
- Ecografía.
- Información clínica.
Ente el 75-85% de los casos se detectan con el cribado combinado. Esta prueba es opcional y se ofrece a todas las personas embarazadas que vayan a consulta prenatal en las 14 semanas anteriores al embarazo. Como hemos comentado, las pruebas se realizan entre las 8-13 semanas de embarazo.
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Opciones de Cribado Combinado
- Cribado combinado en 1 tiempo.
- Cribado combinado en 2 tiempos.
La extracción de sangre es más relajada; puede realizarse en cualquier momento entre las semanas 8 y 13+6 de embarazo. Ambas opciones son perfectamente válidas, y dependen de la preferencia de la persona embarazada. Si esta acude a la primera visita prenatal antes de las 8 semanas, se le puede programar el cribado combinado en 2 tiempos.
De esta forma se aprovecha el primer análisis de sangre para determinar los marcadores bioquímicos, además de las serologías y la determinación del grupo sanguíneo. Las semanas 15 y 20 de gestación son las adecuadas para el cribado de segundo trimestre.
Las pruebas de cribaje de riesgo prenatal suelen estar disponibles 1 semana después de la obtención de todos los datos necesarios (análisis de sangre y ecografía).
Traslucencia Nucal
Una de las técnicas la más utilizada actualmente en España para la detección de anomalías cromosómicas es el llamado cribado combinado del primer trimestre. En la ecografía se mide la traslucencia nucal, conocida popularmente como "pliegue nucal": se trata de la medida del pliegue de la nuca del feto.
Cuando éste supera unas medidas, se correlaciona con un mayor riesgo de anomalías cromosómicas como el síndrome de Down o el Síndrome de Turner. Una traslucencia nucal mayor de 3 milímetros (o mayor del percentil 95) se considera patológica en dicha semana.
Los fetos con trisomía 13 (Síndrome de Patau), trisomía 18 (Síndrome de Edwards) y trisomía 21 (Síndrome de Down) suelen presentar un aumento del pliegue nucal. Pero no todos los fetos que tienen una traslucencia nucal aumentada en el primer trimestre padecen una cromosomopatía.
Marcadores Bioquímicos
En el análisis de sangre se determinan dos marcadores bioquímicos: la PAPP-A (una hormona asociada al embarazo) y la ßhCG (porción libre de la gonadotropina coriónica). Los resultados de los marcadores bioquímicos, junto con la medida de la traslucencia nucal, la edad materna (o de la donante, en el caso de donación de ovocitos) y la edad gestacional en semanas, se introducen en un programa informático que nos dará el riesgo de que el feto tenga el Síndrome de Down (trisomía 21) ó el Síndrome de Edwards (trisomía 18).
La combinación de estas pruebas realizadas antes de la semana 12 puede detectar hasta el 85% de las alteraciones de los cromosomas en el feto. Si el riesgo es mayor de 1/1000, se considera un riesgo bajo y no hace falta hacerse ninguna prueba complementaria.
No será necesaria la amniocentesis, aunque la mujer tenga más de 35 años, si el riesgo del cribado combinado es bajo. Si el resultado es menor de 1/270 se aconsejará un amniocentesis, ya que indica que hay un riesgo alto de tener un feto con Síndrome de Down.
Si el resultado del cribado combinado está entre 1/ 270 y 1/1000, se considera un riesgo intermedio y se aconseja realizar una ecografía por un ecografista experto. En ella se valorará la presencia de marcadores ecográficos que indiquen alteraciones cromosómicas como la ausencia de hueso nasal, el ductus venoso patólogico o la insuficiencia tricuspídea (anomalía cardiaca).
Puede haber resultados dudosos por dificultad en la interpretación de las imágenes ecográficas. Esta prueba tiene entre un 0,5-9% de falsos negativos, en los que hay alteración cromosómica al nacimiento habiendo dado el test un riesgo muy bajo.
Y en el 5-10% de los test con resultado positivo (riesgo alto de cromosomopatía), no hay alteraciones en el feto. Es interesante saber que esta prueba puede realizase en uno o dos tiempos.
A un solo tiempo nos referimos cuando la ecografía y el análisis se hace el mismo día. Cuando la fecha probable de parto esté cerca, te harán una prueba que consiste en la obtención de muestras vaginales para averiguar si eres portadora de una bacteria llamada estreptococo del grupo B (EGB).
A lo largo del embarazo tu médico te recomendará hacer varios análisis de sangre y de orina para comprobar cómo está tu salud y la de tu hijo. En el embarazo, realizar controles médicos regulares es crucial para garantizar el bienestar tanto de la madre como del bebé. Una de las pruebas más comunes y fundamentales es el test de O'Sullivan para detectar y diagnosticar la diabetes gestacional.
Síndrome de Down: Una Perspectiva General
El síndrome de Down es una alteración genética que se produce por la presencia de un cromosoma extra. Normalmente, las células del cuerpo humano tienen 46 cromosomas distribuidos en 23 pares. Sin embargo, las personas con este síndrome tienen tres cromosomas en el par 21 en vez de dos.
Este síndrome, conocido también como trisomía 21, es la principal causa de discapacidad intelectual y, en ocasiones, se presentan diversas patologías asociadas a la alteración genética como: cardiopatías congénitas, hipertensión pulmonar, anomalías intestinales o problemas auditivos o visuales.
Aunque no se puede prevenir, existen pruebas que determinan el riesgo de síndrome de Down con un nivel muy alto de fiabilidad.
Tipos de Pruebas para la Detección del Síndrome de Down
Existen dos grandes tipos de pruebas en relación al síndrome de Down:
- Pruebas de cribado: Estas pruebas ofrecen una estimación de la probabilidad de que el bebé sufre síndrome de Down u otras anomalías cromosómicas, así como diversas patologías. Los resultados se obtienen mediante la combinación de diversos factores: niveles bioquímicos de la sangre materna, marcadores ecográficos y otros datos como la edad de la madre.
- Pruebas de diagnóstico: Son pruebas invasivas que sí permiten la confirmación definitiva de un problema de salud del bebé. Se realizan cuando en las pruebas de cribado han aparecido unos resultados anormales, los cuales indican probabilidad de que el bebé tenga síndrome de Down o alguna otra patología. Dentro de este grupo, la prueba más habitual es la amniocentesis.
El cribado combinado del primer trimestre es una prueba muy habitual en las mujeres embarazadas que consiste en una analítica y una ecografía, cuyos resultados se combinan con una serie de parámetros socio-demográficos de la madre (edad, sexo, peso, raza, si es fumadora o si padece diabetes, entre otros), dando como resultado un valor numérico.
El dato clave del cribado combinado del primer trimestre es el denominado valor de MoM. La cifra más óptima es el 1, aunque se consideran normales los valores situados entre 0,5 y 2,5. El punto de corte para síndrome de Down (a partir del cual se recomienda realizar una prueba de diagnóstico) es 1/270 ó 1:270. Aunque algunos laboratorios lo sitúan en 250.
Control de Calidad en el Cribado Prenatal
Un aspecto esencial e imprescindible de los programas de cribado prenatal es el control de calidad. En este sentido, contrariamente a lo que ocurre en el ámbito del laboratorio clínico, donde las pruebas analíticas están sometidas a estrictos controles de calidad para determinar y confirmar su fiabilidad, en el campo de la medicina fetal y más concretamente en el ámbito de la ecografía prenatal, el concepto de evaluación de la calidad y la certificación solo recientemente ha sido objeto de interés.
Los esfuerzos en el control de calidad del cribado prenatal de aneuploidías deben incluir indicadores más fiables y realistas que la tasa de detección. En este artículo se revisa el control de calidad en el ámbito del cribado prenatal de aneuploidías, se proporciona información relevante con relación al cálculo de riesgo, se proponen estrategias y recomendaciones para mejorar la fiabilidad del cribado y por último se presentan datos sobre la experiencia propia.
La importancia de la ecografía de 11-14 semanas viene dada por las repercusiones clínicas que su resultado conlleva. La evaluación de los marcadores ecográficos durante este periodo gestacional permite individualizar el riesgo de cromosomopatía, malformaciones estructurales, patología sindrómica y resultado perinatal adverso, con las implicaciones de cara al seguimiento y manejo de cada caso (indicación de técnica invasiva de diagnóstico prenatal, seguimientos ecográficos y fluxométrico estricto, monitorización de la longitud cervical, etc.).
El cribado combinado temprano es el método actual de cribado más efectivo en la detección del síndrome de Down (SD). Incluye la determinación de parámetros bioquímicos (la fracción beta libre de la hormona coriónica -βhCG− y la proteína plasmática A del embarazo −PAPP-A−), que se basan en técnicas de laboratorio automatizadas y estandarizadas, y la medición ecográfica de marcadores como la translucencia nucal (TN), medición manual, operador-dependiente y con controles de calidad recientemente establecidos, ambas en un período gestacional óptimo.
El abordaje del control de calidad del cribado prenatal de aneuploidías puede realizarse desde diversos enfoques complementarios. Podemos establecer un control de las mediciones interno (análisis de una o más muestras control, de valores conocidos, utilizadas al mismo tiempo y en paralelo con las muestras de los pacientes, evaluando la precisión del sistema analítico) o externo (distribución por medio de una entidad independiente de un material de control a un conjunto de entidades participantes), en base a una evaluación cualitativa (evalúa criterios cualitativos) o cuantitativa (considera criterios cuantitativos), y todo ello de forma voluntaria (como ocurre en nuestro medio) o obligatoria (aceptada en diferentes países).
Por otro lado, podemos establecer un control epidemiológico de la calidad del cribado con indicadores poblacionales (como la distribución de las edades maternas), indicadores de resultados (como la distribución de las medianas) o de ambos (como la tasa de detección). Solo este control epidemiológico asegura un control de calidad óptimo, que además permite la automatización de sus indicadores de forma simple.
Estos indicadores podrán compararse entre laboratorios, centros o con los datos esperados según modelos matemáticos. Para efectuar dicho control es necesario el mantenimiento de una base de datos central que permita generar una serie de informes estandarizados sobre el desarrollo del programa, tanto a nivel global como individualizado.
El objetivo final del cribado es obtener una óptima tasa de detección (TD) y tasa de falsos positivos (TFP), sin alejarse de los estándares. Sin embargo, ninguno de ellos constituye un óptimo control de calidad del programa de cribado, dada la baja prevalencia de la condición que estamos intentando detectar junto con la necesidad de un seguimiento perinatal completo de toda la población cribada.
De ahí la importancia de monitorizar otros indicadores de calidad, más fiables, realistas y de aplicación individualizada. Los más relevantes son: índice de resultados positivos (IRP, similar a la TFP pero no requiere el seguimiento de los casos), valores de media y desviación estándar (DE) (si es una distribución paramétrica, distribuyéndose normalmente), medianas (si es una distribución no paramétrica como los múltiplos de la mediana [MoM]), valores delta (valor medido menos el esperado), valores Z (valor medido menos esperado y dividido por la DE), y la desviación estándar del log10 MoM (evalúa el grado de dispersión de las mediciones).
El control de calidad es óptimo cuando se mantienen medianas de MoM alrededor de 1.0, con desviaciones inferiores al 10%, y DE log10 MoM entre los percentiles 10 y 90 de la distribución de la DE en diferentes poblaciones. En caso de no cumplirse, se recomiendan medidas correctoras o utilizar curvas propias de cada centro y/o operador.
Información Relevante en el Cálculo de Riesgo
El cálculo del índice de riesgo de aneuploidías (trisomías 21, 18 y 13) requiere de una información necesaria para la correcta interpretación de los resultados. Algunos datos son imprescindibles (edad materna, edad gestacional, etc.), mientras otros son recomendables al mejorar la fiabilidad de la estimación del cálculo (peso materno, etnia, hábito tabáquico, etc.). Esta información se refleja en los siguientes datos:
- Background risk: corresponde al riesgo basal de la gestante, condicionado por su edad, la edad gestacional en la que se interpreta el riesgo y la historia familiar.
- Edad materna: La mayoría de las aneuploidías presentan una prevalencia, en el momento del parto, directamente proporcional a la edad materna en este momento.
- Edad gestacional: Actualmente es preferible utilizar la datación ecográfica para el cálculo de la edad gestacional, siendo la medición de la longitud cráneo-nalga (crown-rump-length [CRL]) el parámetro biométrico de elección.
- Historia familiar de SD: Después de una gestación con SD, el riesgo de recurrencia, específica del cromosoma, es 0,6% mayor que el riesgo de base (background risk).
- Parámetros ecográficos: los parámetros ecográficos son la medición del CRL y el grosor de la translucencia nucal (TN).
- Marcadores bioquímicos: en el primer trimestre se analiza la concentración sérica materna de PAPP-A y β-hCG en MoM, lo que implica disponer de las medianas de cada marcador, calculadas a partir de una muestra suficientemente amplia de gestantes no portadoras de fetos aneuploides para cada momento de la gestación en el que habitualmente se determinan.
- Peso materno: los niveles de los parámetros analíticos en suero materno dependen de la cantidad producida en origen pero también del volumen de suero en el cual se diluyen y este, a su vez, es proporcional al peso materno.
- Número de fetos: En la gestación gemelar, la TN y la bioquímica también se pueden combinar para conseguir una tasa de detección de un 80%, a una misma especificidad, aunque en gestaciones gemelares debe modificarse el valor de los MoM de los parámetros bioquímicos por un factor de corrección propio de cada marcador.
- Covariables: además de la corrección previa para el peso de la gestante, los MoM de los marcadores bioquímicos deben ser corregidos para las características propias de cada gestante, como mínimo, en lo relativo a raza, consumo de tabaco y diabetes insulinodependiente, a partir de los factores de corrección calculados por el propio centro para su población habitual.
- Método de concepción: recientemente se ha descrito una asociación entre la concentración de los marcadores bioquímicos de SD y el método de concepción.
- Letalidad intrauterina: en general, el riesgo a priori para la edad materna se expresa como el que presenta la paciente «a término», es decir en el momento del parto.
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