Placenta Baja: Causas, Riesgos y Cuándo Asciende
La placenta previa y el desprendimiento prematuro de placenta son las complicaciones más comunes de este órgano, imprescindible para la vida intrauterina del bebé.
Entendemos por placenta previa el hecho de que la placenta esté insertada en la parte baja del útero, lejos de su lugar habitual, que es el fondo del útero.
La placenta previa es una forma anómala de colocación de la placenta.
Se habla de placenta previa cuando esta se posiciona cubriendo parcial o completamente el orificio cervical interno o cuello del útero.
La placenta baja o placenta previa es una condición en la que la placenta se implanta cerca del cuello uterino en lugar de en la parte superior del útero, es una preocupación común durante el embarazo.
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Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero.
Esta anomalía de la inserción placentaria se presenta entre un 0,4-0,5% de los embarazos.
La placenta previa afecta a un 0,4 o 0,5% de las embarazadas.
Entre un 0,3 y un 0,8% de los embarazos se ven afectados por esta anomalía, dependiendo de las características del grupo de población investigado.
Según el artículo Prevalencia de placenta praevia por región mundial: una revisión sistemática y un metanálisis publicado en la revista médica TMIH, la incidencia de placenta previa es de aproximadamente 5/1000 nacimientos.
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La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones.
Causas y Factores de Riesgo
La causa de la placenta previa se desconoce.
La causa exacta de la placenta previa es desconocida.
Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta.
Las gestantes multíparas (con más de dos embarazos previos) o las añosas (mayores de 40 años), parecen tener más predisposición a padecer esta patología, aunque no hay estudios concluyentes.
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Otros factores predisponentes son el retraso en la fecundación y en la posterior implantación.
Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización.
Se asocia una mayor probabilidad de sufrir placenta previa en los casos en que la embarazada ha pasado por alguna cesárea con anterioridad, cuando tiene un alto número de embarazos previos o de abortos tanto espontáneos como inducidos, cuando su edad es avanzada y cuando ya se ha tenido una placenta previa en otro embarazo.
No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación:
- Malformaciones uterinas
- Embarazo gemelar o embarazo múltiple
- Haber tenido varios embarazos previamente
- Poco tiempo entre dos partos
- Haber tenido un parto previo por cesárea
- Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas
- Edad materna avanzada
- Tabaco y abuso de cocaína
Tipos de Placenta Previa
No se debe confundir la placenta baja con la placenta previa.
Los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina.
Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.
- Tipo I. Placenta baja.
- Tipo II. Placenta marginal.
- Tipo III. Placenta oclusiva parcial.
- Tipo IV. Placenta oclusiva total.
Si esto no sucede, habrá un problema de placenta previa, en el que se pueden diferenciar los siguientes tipos:
- Placenta de inserción baja: la placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino.
- Placenta previa marginal: la placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura.
- Placenta previa parcial: la placenta cubre parte de la abertura cervical.
- Placenta previa total: la placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.
Oclusiva total: en este caso, la placenta tapa totalmente el cuello del útero.
Oclusiva parcial: La placenta no obstruye totalmente el cuello.
Síntomas de la Placenta Baja
Una placenta baja puede manifestarse con diversos síntomas, aunque en muchos casos no se presenta ningún signo evidente.
La mayoría de mujeres con placenta previa antes de la semana 20 de gestación son asintomáticas.
Los síntomas de placenta previa se suelen presentar cuando ésta persiste en un estado más avanzado del embarazo, a partir de las 20 semanas.
El principal síntomas es la hemorragia vaginal indolora de sangre roja brillante y de intensidad variable.
Algunas mujeres pueden experimentar sangrado vaginal indoloro durante el segundo o tercer trimestre del embarazo.
Este sangrado puede ser leve o abundante y puede ocurrir de forma intermitente.
Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida.
Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas.
El sangrado ocurre porque el cuello uterino comienza a dilatarse y rompe los vasos sanguíneos de la placenta y del área donde está implantada.
Este sangrado puede detenerse por sí solo y volver a empezar unos días después.
En ocasiones, el sangrado vaginal no ocurre hasta el comienzo del trabajo de parto.
Es crucial que cualquier sangrado vaginal durante el embarazo se comunique de inmediato al médico, ya que podría indicar una placenta baja u otros problemas.
Diagnóstico
El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica.
La placenta previa se diagnostica con la ecografía en el tercer trimestre.
La placenta previa se diagnostica mediante ecografía, en la que se observa si la posición de la placenta es la correcta o no.
Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias.
Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina).
La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.
Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay por qué alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande.
Tan solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento de dar a luz.
Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema.
La evolución de esta complicación dependerá de la intensidad de los sangrados y de la semana exacta de embarazo.
La probabilidad de tener placenta previa en el momento del parto aumenta en función de la edad gestacional.
En concreto, alrededor del 70% de las mujeres presentará placenta previa en el momento de dar a luz si el diagnóstico se hace a partir de las 30 semanas.
También es más probable que persista si se trata de una placenta previa completa, en lugar de una marginal o parcial.
Riesgos para la Madre y el Bebé
La placenta baja puede aumentar el riesgo de complicaciones tanto para la madre como para el feto.
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