¿A qué sabe la leche materna? Explorando los sabores de la lactancia
Llevar a cabo la lactancia materna no es imprescindible, ya que en ocasiones no es posible o la madre decide libremente no llevarla a cabo. Pero si estás dando el pecho a tu bebé es posible que te preocupe cómo afecta tu alimentación a la calidad de la leche o a su sabor, y cómo esto influye en el crecimiento del bebé y en su apetencia por continuar con la lactancia.
Evidentemente, que la madre siga una alimentación variada y saludable repercute de manera positiva en ella y en su bebé, ya que se nutre de ella. En cuanto a los cambios de sabor en la leche, es cierto que existen determinados alimentos que pueden alterar su sabor y que, por lo tanto, el bebé lo note cuando amamante. Te contamos a qué alimentos nos referimos y si es necesario prescindir o no de ellos.
Alimentos que pueden alterar el sabor de la leche materna
De entrada no hay necesidad de evitar ningún alimento solo porque cambie el sabor de la leche o produzca gases a la madre, ya que esto no tiene por qué tener ningún efecto negativo ni sobre el bebé ni sobre la continuidad de la lactancia. Si notas que un alimento provoca un cambio en el sabor de la leche que hace que el bebé rechace tomarla es decisión tuya evitarlo o no.
Estos son los alimentos que más alteran el sabor de la leche materna:
- Ajo: Se han realizado estudios que demuestran que el ajo, en cantidades suficientes, altera tanto el olor como el sabor de la leche. Pero, curiosamente, la mayoría de bebés se sentían más atraídos por lactar cuando la intensidad del ajo era mayor. Así que, efectivamente, el ajo altera el sabor y olor de la leche, pero no hay razones de peso que hagan descartarlo de tu dieta.
- La cebolla y el puerro: Tienen un efecto en la leche materna muy similar al del ajo, por la presencia de sulfuro alílico. Pero tanto el olor como el sabor, en el caso de que no gustara al bebé, desaparece en unas horas como mucho, así que tampoco hay motivos para prescindir de ellos.
- Espárragos: Tanto los verdes como los blancos contienen asparagina, responsable del cambio de olor y sabor.
- La col, las alcachofas y las coles de bruselas.
- El pimiento, de cualquier color.
- Las especias picantes y los condimentos fuertes también pueden alterar el sabor de la leche.
Según el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP), la lactancia no exige ningún tipo de dieta especial para la madre, más allá del sentido común. Como decíamos antes, una dieta sana y variada, sin contaminantes ni exceso de aditivos es todo lo que una mujer necesita para llevar adelante una lactancia beneficiosa para ella y el bebé. Evidentemente, si hay algún tipo de enfermedad o déficit nutricional será necesario que el médico haga recomendaciones concretas, como podrían ser los suplementos alimenticios. Pero esto no implica que haya alimentos obligatorios durante la lactancia.
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Comer de manera equilibrada, evitar la sensación de hambre y no caer en los alimentos que no se recomiendan en ninguna otra etapa de la vida, como los dulces en exceso o los alimentos ultraprocesados es más que suficiente.
¿Cuándo preocuparse por el cambio de sabor?
En lo referente al cambio de sabor y olor que provocan determinados alimentos en la leche, ya hemos visto que no hay razones para excluirlos de la dieta a menos que sea una decisión estrictamente personal por parte de la madre. Solo cuando percibimos molestias en el bebé, como vómitos, diarreas, erupciones o rechazo de la leche tras comer un alimento de manera repetida es cuando debemos eliminarlo de la dieta.
Variaciones naturales en el sabor de la leche materna
Una vez aclarado qué alimentos alteran el sabor de la leche y que esto no es un motivo para dejar de tomarlos, merece la pena señalar que la leche materna, independientemente de lo que comamos, también experimenta variaciones de sabor y olor sin que eso se considere un inconveniente para que el bebé la tome. De hecho, se podría afirmar que el bebé agradece la variedad de sabores y que esto le invita a lactar con más ganas.
La primera leche que toma es el calostro, que se produce a lo largo del embarazo y es algo salada porque aún contiene poca lactosa. Si la madre padece mastitis, la leche puede seguir salada, y en algunos casos provoca rechazo, pero solo de manera temporal. Cuando la leche se extrae del pecho y se da posteriormente en biberón también cambia de sabor.
Estudio sobre el sabor de la leche materna desde la perspectiva del niño
Un grupo de matronas y enfermeras del Hospital Universitario Infanta Cristina, en Parla, ha desarrollado el estudio “¿A qué sabe la teta de mamá?” sobre la lactancia materna desde el punto de vista del niño. Para ello, han recabado la opinión de infantes que continúan mamando más allá de los dos años y de sus madres.
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Según informa el centro sanitario, en el estudio se pasó un cuestionario de 20 puntos dirigido a madres y niños, de entre 2 y 6 años, que continúan con la lactancia materna. Se ofrecía, además, la posibilidad de entregar un dibujo. Las madres han sido las encargadas de preguntar a sus hijos y transcribir las respuestas.
Los datos analizados indican que los niños encuentran en la lactancia placer y calma en momentos de angustia, vinculando el acto de mamar con el apego a la madre. Esta conclusión está en consonancia con los dibujos, que muestran apego a la figura materna o figuras parentales.
Los encuestados aportaron 62 sabores diferentes para la leche materna. La mayoría, leche, seguido por distintas frutas o el sabor “a mamá”. Varios niños indicaron que el sabor es dulce, aunque una minoría apunta a salado. Además, se recogieron sabores a “amor, colonia, diferente, luna o rica”.
¿Qué ocurre cuando la leche materna descongelada huele mal?
“He descongelado mi leche y la he tenido que tirar, está rancia y huele mal. Creo que está mala. Tengo mucha leche congelada ¿estará toda igual?”…Esta es una consulta bastante frecuente y provoca mucho miedo entre los padres, ya que realmente el olor que desprende la leche materna descongelada es muy desagradable.
Desde un tiempo a esta parte los profesionales de la salud nos hemos encontrado con este tipo de situaciones en el que muchas madres nos trasladan que al descongelar su leche detectan un olor agrio muy marcado y sabor a rancio que les lleva a pensar que se ha descompuesto y que está en mal estado.
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La lipasa y su efecto en el sabor de la leche
Esto se debe a la acción de una sustancia que se encuentra en la leche, llamada lipasa. La lipasa es una enzima que contiene la leche materna cuya función principal es la de fragmentar las grasas para que el bebé las pueda digerir mejor. Por tanto la función de la lipasa es necesaria y muy útil para el bebé.
La cantidad de lipasa en la leche materna varía de una madre a otra por lo que nos encontramos con madres que su leche tiene más cantidad de lipasa y otras a las que se le activa con más facilidad. Esto no quiere decir que todas las madres tengan problemas con la lipasa de su leche.
La leche solamente ha adquirido un olor y un sabor característico porque las grasas están ya descompuestas. Además los bebés conocen este sabor de la leche a agrio cuando regurgitan, y es por este motivo que muchos bebés se la toman a pesar de ello, pero los hay que la rechazan, prefiriendo tomarla recién extraída o refrigerada.
Consejos para evitar el sabor rancio en la leche descongelada
- Enfriar la leche rápidamente en un recipiente con agua fría y hielo y a los pocos minutos congelar la leche.
- Se puede optar por escaldar primero la leche. Este proceso consiste en calentar en un cazo la leche y cuando empiecen a salir alrededor de la misma unas pequeñas burbujas, lo retiramos del fuego y enfriamos rápidamente como he descrito en el punto uno. Una vez fría, se etiqueta y se guarda en el congelador.
Con estos consejos, cuando descongelemos la leche, ésta tendrá un sabor más parecido al de la leche recién extraída y el bebé no la rechazará por su sabor ni por su olor.
La leche materna y las experiencias gustativas del bebé
La leche materna sabe diferente en función de lo que come la madre, por lo que el bebé tiene más experiencias gustativas. Es el único alimento que cambia su sabor de una toma a otra. Los bebés alimentados con leche materna van a tener la suerte de experimentar con diferentes sabores a través de la leche de su madre, mientras que los bebés alimentados con leche de fórmula no probarán otro sabor durante su periodo de lactancia, por tanto, sus experiencias gustativas van a ser igual a cero.
Aquellos bebés alimentados con leche de fórmula les costará más aceptar los nuevos alimentos. Los sabores les resultarán desconocidos al no disponer de esta ventaja adaptativa. La leche materna no sabe siempre igual, cambia de sabor según la dieta de la madre, los compuestos volátiles que aportan sabor y aroma a los alimentos que come la madre pasan a la leche materna.
Esta amalgama de sabores que atrapa de los alimentos favorece que el lactante se acostumbre a diferentes sabores desde edades tempranas. Se facilita el proceso de aceptación a la alimentación complementaria, ya que los nuevos alimentos no le resultaran extraños. Esto favorece a que, en un futuro, su dieta sea más variada. A mayor variedad de alimentos que consuma la madre, mayor será el abanico de nuevos sabores que recibe el lactante.
Es sumamente importante alentar a las madres a seguir una dieta variada y equilibrada, que contenga sobre todo frutas y verduras. La leche materna por su contenido en lactosa tiene sabor dulce. Todo lactante prefiere este sabor al resto de sabores (saldos, ácidos y amargos), que no le son tan conocidos.
Estudios demuestran que esto puede tener un efecto positivo en sus papilas gustativas, haciendo que sea más receptivo al sabor de diferentes alimentos cuanto más leche materna tome y la dieta de la madre sea más variada. El bebé irá adquiriendo mayor experiencia a los nuevos sabores comparado con un lactante alimentado con fórmula.
Alimentación complementaria: ¿Por dónde empezar?
Cuando el bebé empieza con la alimentación complementaria, no es lo más aconsejable iniciar con alimentos de sabor dulce, ya que estamos predisponiendo al lactante a aumentar su preferencia por este sabor, además de desaprovechar un periodo en el cual el bebé tiene un interés mayor por probar nuevos alimentos.
Por lo tanto, las papillas de cereales, que tan extendidas están en nuestra cultura como el primer alimento que prueba el lactante, no son la elección más recomendable. Son dulces y están compuestas con cereales hidrolizados.
Como alternativa, es preferible empezar por alimentos de sabor salado como podrían ser los cereales no hidrolizados (arroz, maíz, tapioca, quinoa, trigo...) Esto permite introducir de forma temprana alimentos que contengan hierro y zinc, nutrientes que a partir de los 6 meses necesita el lactante en mayor cantidad que la que la leche (materna o de fórmula) le aporta.
Lo más sensato es no tardar demasiado tiempo en que tome carne, pescado o huevo (alimentos ricos en hierro y zinc). Empezar por las frutas no tiene mucha lógica, principalmente porque son alimentos que contienen pocas calorías, muchísimas menos que la leche.
Otro inconveniente es su sabor, ya que la mayoría son de sabor ácido y resulta ser más fastidioso que las acepten aquellos bebés alimentados con fórmula. A esto se le suma que a la mayoría de los lactantes el sabor les resulta «raro», ya que solemos ofrecérselas combinando diferentes frutas y esto aumenta más su rechazo.
Mi recomendación y la de muchos expertos es que el lactante debe iniciar la alimentación complementaria a partir de los 6 meses, empezando con un alimento nuevo cada vez, de este modo en poco tiempo su dieta incluirá una variedad de alimentos suficientes para que pueda comer los mismos que el resto de la familia. Resulta ilógico acostumbrarlo a un tipo de alimentos que nunca ha probado antes y que nunca más va a volver a comer.
Sabor de la leche de fórmula: ¿Qué debes saber?
En primer lugar, es muy importante recordar que la leche materna es el mejor alimento que le puedes ofrecer a tu bebé. La recomendación actual es amamantar de manera exclusiva al menos hasta los seis meses de vida. Si tras esa fecha o por cualquier otra circunstancia necesitas dar una leche de fórmula a tu bebé, guíate siempre por los consejos de tu pediatra.
Es normal que te surjan dudas sobre si le estás dando la mejor leche o, por ejemplo, si la escogida le sabe bien a tu bebé. Precisamente, en este artículo, nos detendremos en el sabor de la leche de fórmula. ¿Cuál es la leche de fórmula con mejor sabor?
Realmente, lo que más nos tiene que importar de una leche de fórmula es que le siente bien a nuestro bebé y seguir las recomendaciones tanto de nuestro pediatra como del fabricante a la hora de escogerla, prepararla y dársela a nuestro bebé. Lógicamente, si hemos alimentado a nuestro pequeño con leche materna o seguimos haciéndolo, es muy probable que note la diferencia entre ambos sabores, aunque esto no implica en todos los casos que se vaya a producir un rechazo. De todas formas, para evitar que este se produzca podemos hacer una introducción paulatina de la nueva leche de fórmula, como explicaremos en los siguientes apartados.
Mientras el bebé se alimenta con leche materna, se acostumbra a fluctuaciones en su sabor, ya que el sabor se ve influido por la alimentación de la madre. Puede notar diferencias, pero no acostumbra a ser un factor que determine que el bebé coma o no. Lo mismo va a suceder con la leche de fórmula. El sabor es subjetivo, por lo que no se puede hablar de leches de fórmula que tengan mejor o peor sabor que otras.
Al contrario, tenemos que centrarnos en su calidad, en su composición, en que sea adecuada para las características de nuestro bebé y en ofrecerla en la cantidad que necesita. Ninguna va a poder imitar el sabor de la leche materna, simplemente porque no son lo mismo.
Por todo lo que hemos comentado, es posible que el bebé se adapte sin problemas a varias leches de fórmula. En lo que nos tenemos que fijar, por lo tanto, es en que coma las cantidades recomendadas y en que no deje demasiada leche o se quede con hambre. Tenemos que ver que crece día a día y que sus deposiciones se corresponden con las cantidades que ingiere y son de consistencia y coloración normal. Todo esto nos indica que la leche de fórmula elegida le está sentando bien.
Si te preguntas por la leche que más le gusta al bebé, fíjate en cuál acepta sin ningún problema, es decir, cuál traga con normalidad y aproximadamente en las cantidades esperables. De este comportamiento podemos deducir que le gusta o, al menos, que no le disgusta.
Si por cualquier motivo nos vemos en la tesitura de tener que darle a nuestro bebé una leche de fórmula distinta a la que estaba tomando, el cambio debe hacerse de manera paulatina para evitar rechazos o problemas digestivos. Se trata de, gradualmente, ir añadiendo una pequeña cantidad de la leche nueva a la vieja en la preparación del biberón.
Ten en cuenta otros elementos como el biberón, la tetina o incluso el momento del día. Un bebé muy nervioso, con poca hambre o una tetina nueva pueden hacer que rechace una leche que sí tomará sin problemas en otra ocasión. La adaptación a una leche nueva puede llevarle unos días. ¡Mantén la calma!
Mitos sobre el sabor de la leche materna
¡Pues claro que existe! Lo que pasa es que el sabor natural de la leche materna no es siempre igual, sino que tiene un sabor variado y amplio. La leche materna no es de un sabor. La leche materna no tiene un sabor estándar, el sabor de la leche materna es cambiante y sorprendente.
Todos los alimentos que la madre consume suelen tener compuestos volátiles que llegan a la leche y la “saborizan”. Nos han dicho durante años que esto es un problema y que la madre debe evitar comer ciertos alimentos. En cada país os van a recomendar no comer alimentos diferentes para que la leche no sea amarga.
La lista es tan extensa que si nos priváramos de todos los alimentos que nos prohiben en todo el mundo, casi no podríamos comer ni beber nada de nada. La ciencia ha demostrado que a los bebés les gusta la variedad y que maman con más interés si la leche sabe a algo diferente. Y es que ellos no conocen la leche con sabor neutro.
Por ejemplo, el calostro tiene poca lactosa (el azúcar de la leche materna), lo que hace que su sabor sea salado. En el caso de que la madre tenga una ingurgitación o una mastitis, la leche está más salada también. La leche también experimenta cambios de sabor cuando se la ofrecemos extraída al bebé. Y es que la lipasa, una enzima propia de la leche humana, se encarga de fragmentar la grasa de la leche para que sea más digerible para el bebé.
Y sin duda, cada vez que la madre come un nuevo alimento, el bebé prueba ese nuevo sabor. De forma tradicional se ha dicho que la madre lactante debe eliminar de su dieta alimentos como espárragos, coles, cebolla, ajo, etc. ya que contienen sustancias volátiles o aceites esenciales que le aportan a la leche aromas y sabores amargos que puede que al bebé no le gusten. Además hay que tener en cuenta que esto no ocurre con los mismos alimentos en todos los bebés.
Por estas razones, es importante que realices una dieta en la que estén presentes todos los grupos de alimentos y reduzcas únicamente la cantidad de aquéllos que a tu bebé no le gusten. La leche materna contiene un gran volumen del azúcar lactosa que le otorga un sorprendente sabor dulzón inconfundible, aunque puede ser con muchos matices.
¿Por qué a veces la leche materna sabe salada?
Sin embargo, en determinadas circunstancias, la leche puede modificar su sabor, deja de ser dulce y de repente es muy salada. Las células donde se fabrica la leche están alineadas, las encontramos una al lado de otra.
Durante el embarazo y los primeros días de vida del bebé, antes de la subida de leche, estas células están separadas; pero cuando sube la leche estos espacios entre ellas desaparecen y se unen. Luego en determinadas circunstancias estas células se pueden separar las unas de las otras. Cuando esto pasa se crean “vías” entre ellas que quedan en contacto con el capilar sanguíneo que las envuelven.
Esta conexión provoca que la concentración de cloruro y sodio aumente en la leche, lo que le otorga un sabor salado a a la leche. Principalmente podemos hablar del inicio de la lactancia, cuando aún se produce calostro y aún no ha subido la leche. También ocurre y es muy evidente durante una mastitis y, finalmente, en el destete. Otra posibilidad es que estés embarazada.
Cuando una mujer que está lactando se queda embarazada la leche materna modifica rápidamente su sabor. En muchas ocasiones son los bebés los que primero detectan que su madre está embarazada, antes de que ella lo sepa. El sabor más salado de la leche les hace rechazar el pecho o, si son más mayores, son capaces de decir que la leche está mala o salada.
No, no es culpa de la dieta materna. La dieta materna influye poquísimo en la composición de la leche. No, no le va a dañar. A pesar de que hay bebés que pueden rechazar mamar, la leche no les va a hacer ningún mal y no es necesario desechar la leche. En el caso de que el sabor salado esté causado por una mastitis en la medida que se resuelva, la leche volverá a tener el sabor habitual.
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