La Postura de la Iglesia Católica sobre el Aborto

19.09.2025

El aborto siempre ha sido un tema muy polémico a ojos de la religión, aunque con diferencias. La religión católica es una de las ramas del cristianismo, una religión surgida hace 2.000 años.

Oposición Histórica

A lo largo de la historia, la Iglesia católica ha mantenido una firme oposición al aborto. En 1869, durante el papado de Pío IX (1846-1878), se decretó que los embriones poseían alma desde el momento de su creación. A partir de entonces, los sucesivos jefes de la Iglesia católica han adoptado y defendido la misma posición.

El 2 de abril de 2005, San Juan Pablo II partía hacia la Casa del Padre. El Papa polaco hizo frente a una de las mayores lacras de nuestro tiempo: la aceptación social del aborto, es decir, del acto de matar a los seres humanos más inocentes e indefensos.

San Juan Pablo II declaró:

  • "Hay que volver a considerar la familia como el santuario de la vida. En efecto, es sagrada: es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida". (Carta Encíclica Centesimus Annus. 1 de mayo de 1991)
  • "El aborto, que destruye la vida humana existente, es un crimen abominable, y no puede aceptarse nunca como método de planificación familiar, como reconoció unánimemente la Conferencia internacional de las Naciones Unidas sobre la población, celebrada en la ciudad de México en 1984". (Carta a la secretaria general de la conferencia internacional de la ONU sobre la población y el desarrollo, 18 de marzo de 1994)
  • "El Concilio no dudó en calificar el aborto como «crimen abominable» (Gaudium et spes, 51). Ese juicio tan severo no sólo se funda en la palabra de la Revelación sino también en la de la razón del hombre. Incluso la ciencia confirma hoy el carácter humano del embrión, asegurándonos que, desde su concepción, es un ser original y biológicamente autónomo, dotado de un proyecto interno que se va actuando sin solución de continuidad, hasta alcanzar la madurez de su desarrollo. Precisamente por eso, vale para el embrión, lo mismo que para las personas ya nacidas, el mandamiento de Dios: No matar". (Palabras con motivo del Ángelus el 7 de agosto de 1994)
  • "Los diagnósticos prenatales, que no presentan dificultades morales si se realizan para determinar eventuales cuidados necesarios para el niño aún no nacido, con mucha frecuencia son ocasión para proponer o practicar el aborto. Siguiendo esta misma lógica, se ha llegado a negar los cuidados ordinarios más elementales, y hasta la alimentación, a niños nacidos con graves deficiencias o enfermedades. Además, el panorama actual resulta aún más desconcertante debido a las propuestas, hechas en varios lugares, de legitimar, en la misma línea del derecho al aborto, incluso el infanticidio, retornando así a una época de barbarie que se creía superada para siempre". (Carta Encíclica Evangelium Vitae, 25 de marzo de 1995)
  • "El XXV aniversario de la decisión que legalizó efectivamente en Estados Unidos el aborto solicitado constituye un llamamiento a los hombres de buena voluntad a reflexionar seriamente sobre las consecuencias devastadoras de ese paso. Como ha mostrado la experiencia de estos veinticinco años, el aborto legalizado ha sido una fuerza destructora para la vida de numerosas personas, especialmente de mujeres que a menudo han tenido que afrontar solas el dolor y el remordimiento profundos que surgen después de la decisión de acabar con la vida de un niño por nacer. Pero la proliferación de abortos provocados también ha tenido efectos negativos en la sociedad en general, entre los que figuran en primer lugar la disminución del respeto a la vida de los ancianos y enfermos, y la degradación del sentido moral. Entre las graves amenazas contra la dignidad y la libertad humana representadas por el aborto, la eutanasia y otros crímenes contra el don de la vida que nos ha hecho Dios, un signo positivo de los tiempos es el hecho de que, gracias a los esfuerzos de un gran número de ciudadanos solícitos, se ha producido una movilización gradual de las conciencias en defensa de la vida. Como parte de esta gran afirmación del evangelio de la vida, os exhorto a proseguir vuestros meritorios esfuerzos para informar a la gente sobre el mal que representa el aborto, a brindar consejo, aliento y ayuda a las mujeres y familias que se encuentran en situaciones difíciles, y a seguir buscando la plena protección legal de los niños por nacer". (Carta al arzobispo de Boston, 29 diciembre de 1997)
  • "No puede haber auténtica paz sin respeto de la vida, especialmente de la inocente e indefensa como la de los niños por nacer. Una coherencia elemental exige que quien busca la paz defienda la vida. Ninguna acción en favor de la paz puede ser eficaz si no se opone con la misma fuerza a los ataques contra la vida en todas sus fases, desde su nacimiento hasta su ocaso natural". (Discurso a una delegación del movimiento italiano por la vida, 22 de mayo de 2003)

El Papa Francisco y el Perdón del Aborto

El 21 de noviembre de 2016, el Papa Francisco aprobó que los sacerdotes puedan perdonar libremente el pecado del aborto, sin que tengan que disponer antes de autorización de un obispo o del propio pontífice, como ocurría hasta ahora.

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Así lo dio a conocer el Papa en la carta apostólica Misericordia et misera, de conclusión del Jubileo extraordinario que finalizó este domingo. En dicho documento, de 21 páginas, Francisco da indicaciones detalladas sobre el camino a seguir para que los católicos se mantengan en la senda de la misericordia, la reconciliación y el perdón.

Durante el Año Santo de la Misericordia, que se ha celebrado a lo largo de los últimos 12 meses, el Papa ya autorizó que los sacerdotes pudieran perdonar el pecado del aborto. Pero se consideraba como una disposición totalmente extraordinaria y temporal. Por lo tanto, la gran novedad ahora es que el pontífice permite que los curas puedan continuar disfrutando sine die de dicha capacidad de absolución.

"Para que ningún obstáculo se interponga entra la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado del aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario", dice literalmente el Papa en su carta apostólica.

Aun así Jorge Mario Bergoglio recuerda también en su escrito que "el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente". Aunque se muestra condescendiente con aquellas mujeres que recurrieron a esta práctica: "Puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre", admite, y anima a los curas a ayudar a dichas mujeres: "Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial", añade.

La Figura de la Mujer dentro de la Iglesia Católica

A lo largo de la historia, la Iglesia católica ha relegado la mujer a un segundo plano. La Iglesia aprovechó su influencia en la educación durante los siglos XIX y XX para difundir estos valores y principios sobre la mujer entre la sociedad. Aun así, dentro del catolicismo existen movimientos que difieren de la postura oficial.

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Contra la Indiferencia hacia los Pobres

En su documento de conclusión del Jubileo, Francisco también tiene palabras de elogio a la familia, como "lugar privilegiado en el que se vive la misericordia". "La belleza de la familia permanece inmutable, a pesar de numerosas sombras y propuestas alternativas", destaca. A pesar de ello, reconoce que los tiempos han cambiado y que la familia de hoy en día no es siempre el modelo de familia tradicional. "Este Año jubilar nos ha de ayudar a reconocer la complejidad de la realidad familiar actual", declara.

De hecho, el Papa insiste constantemente en su carta apostólica en la necesidad de empatizar con el otro y sus circunstancias, y que los sacerdotes sean los primeros que den ejemplo en ese sentido. "No podemos olvidar que cada uno lleva consigo el peso de la propia historia que lo distingue de cualquier otra persona. Nuestra vida, con sus alegrías y dolores, es algo único e irrepetible, que se desenvuelve bajo la mirada misericordiosa de Dios", afirma el pontífice.

"Esto exige, sobre todo por parte del sacerdote, un discernimiento espiritual atento, profundo y prudente para que cada uno, sin excluir a nadie, sin importar la situación que viva, pueda sentirse acogido concretamente por Dios", insiste.

Bergoglio también repasa en su escrito algunas lacras de este siglo: "Niños que no tienen nada para comer", "personas que siguen emigrando de un país a otro en busca de alimento, trabajo, casa y paz", cárceles con "condiciones de vida inhumana", un analfabetismo "todavía muy extendido", y "la cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente". Y se muestra categórico ante la indiferencia: "No mirar para otro lado ante las nuevas formas de pobreza y marginación que impiden a las personas vivir dignamente".

En ese sentido, Francisco insiste en la necesidad de convocar una Jornada Mundial de los Pobres, de la misma manera que se celebra la Jornada Mundial de la Juventud cada tres años.

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