Qué Hacer Cuando un Profesor es Injusto con Tu Hijo: Consejos

30.09.2025

El colegio o el instituto es un lugar en el que nuestros hijos deberían sentirse seguros y en la mayoría de los casos así es. Sin embargo, pueden surgir situaciones donde los padres sientan que un profesor está siendo injusto con su hijo.

Escucha a tu Hijo con Atención

La confianza y el respeto son la base de una relación equilibrada con los hijos, y la escucha y la empatía, otros dos pilares. Por eso, si tu hijo manifiesta que un profesor le tiene manía, no hay que pensar que lo que nos está diciendo no es verdad o que se trata de una excusa por un mal comportamiento. Escúchale.

“No debemos decirle que son tonterías o que tiene que hacer caso al profesor sin darle más soluciones. Es importante validarle emocionalmente, tras escuchar lo que nos está contando: decirle que le entendemos que se sienta así”, sostiene Amaya Prado, vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Aunque te parezca inverosímil lo que cuenta, habrá que averiguar por qué está interpretando así la realidad de lo que le está pasando. El niño está tratando de indicar que algo no está funcionando bien y hay que ponerle solución.

Y es que, ante este tipo de conflictos, el menor puede sentirse herido, ansioso y hasta puede preocuparse tanto que llegue a dudar de sí mismo o sus capacidades académicas, como apunta en un artículo reciente el Instituto de la Mente Infantil (Child Mind Institute).

Ten en Cuenta su Problema

Es importante considerar si tu hijo tiene alguna condición que pueda influir en su percepción de la situación:

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Niños con Trastorno del Aprendizaje o TDAH

Los alumnos con trastornos del aprendizaje como el TDAH (trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad) suelen tener más dificultades para seguir el ritmo de las clases, entender y comprender como el resto de compañeros, por lo que necesitan más atención y supervisión por parte de los maestros y pasan menos desapercibidos. En muchos casos, además, necesitan medidas educativas especiales en el aula, lo que les hace sentirse diferentes.

Todo ello “pueden interpretarlo como que están siendo evaluados continuamente, cuando en realidad, no es a ellos, sino a sus dificultades, para que puedan adaptarse y tener una evolución acorde a las demandas pedagógicas”, comenta la especialista.

En ocasiones, estos niños tienen menos desarrollado el área prefrontal del cerebro. ¿Y esto qué significa? Su activación cerebral es diferente y las funciones ejecutivas de las que se encarga esta área hacen que interpreten las situaciones de una manera más inmadura emocionalmente.

Niño con Ansiedad

Los niños con ansiedad pueden “presentar a nivel cognitivo y emocional distorsiones cognitivas que les hacen reinterpretar o sentirse valorados y evaluados por cada uno de sus comportamientos, con lo que pueden aparecer sesgos propiciados por su dificultad emocional”, recuerda Prado.

Niño con Otro Problema de Aprendizaje

También puede suceder que el alumno no tenga diagnosticado un trastorno concreto, pero sí le cueste la materia que da el profesor en cuestión. ¿Qué ocurre? Puede pasar que el menor tenga lagunas en el aprendizaje anterior; el profesor le proponga unas demandas a las que el adolescente no es capaz de llegar; o que no entienda la asignatura en este curso y no se atreva a preguntar o contárselo a sus padres. Habrá que analizar qué pasa para poder remedio cuanto antes.

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Pero, ante todo, hay que tener en cuenta que los docentes son humanos. Las dificultades que provocan todos estos problemas (no hacer las tareas, comportarse mal en clase o no prestar atención, por ejemplo) pueden llevar a comentarios por parte del profesor (como ¡Por favor, siéntate!” o “¿Quieres callarte?”) y hacer que la relación entre el alumno y el maestro sea tensa.

Como reconocen los expertos estadounidenses en la publicación citada, esto no significa que el docente le odie, pero es posible que el niño interprete las reacciones a su comportamiento como que sí tiene ese sentimiento hacia su persona.

Habla en Profundidad del Problema

Tras escuchar el problema que el alumno tiene con su maestro y validar sus emociones, se debe buscar una solución. Pero antes, son importantes los siguientes puntos que indica Amaya Prado:

  • Explica a tu hijo por qué le pueden venir estos sentimientos negativos.
  • Hazle ver otros puntos de vista sobre lo que le puede estar pasando.
  • Ayúdale a que se enfoque en la tarea más que en el contexto, para que pueda tener un desarrollo más adecuado.
  • Coordinaos con el tutor para que pueda haber un trabajo conjunto donde se puedan reforzar los avances y el desarrollo de autonomía del niño.

Ayuda a Tu Hijo a Hablar con el Profesor

En ocasiones, dar con la solución al problema planteado es sencillo: bastará con preguntar a tu hijo qué ha pensado que se podría hacer para resolver su malestar. “A veces los niños dan soluciones muy adecuadas a sus propios problemas”, señala la psicóloga educativa.

Y si hay de fondo un problema de aprendizaje, es importante detectarlo, poner solución y así lograr que el niño vaya teniendo más confianza en sus capacidades. El papel del tutor, en este caso, es esencial.

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Otras veces, el menor deberá acudir al centro y hablar con el profesor. Aquí es donde los padres deben ayudar a su hijo para que sepa poder explicar al docente sus dificultades, pero siempre fomentando su independencia y autonomía. La sobreprotección no lo hace.

“Es importante que desde casa no se intente solucionar todos los problemas de los hijos, ni tampoco entender que el profesor puede tener una atención individualizada en cualquier momento que el niño le demande. En casa se le puede atender de manera más inmediata, pero en clase tiene que compartir la atención con otros compañeros”, detalla la experta.

Entonces ¿cómo ayudarle? Por un lado, el menor debe adoptar una actitud colaboradora para así poder encontrar entre ambos (maestro y alumno) la solución más acertada. “En ocasiones, les cuesta adaptarse a las demandas de clase y con un poco de ayuda entre ambos se consigue adaptar en poco tiempo”, asegura Prado.

Pero también necesitará de estrategias para resolver sus dificultades con el profesor y buscar momentos adecuados para poder hablar con el docente. Para ello, en casa se pueden hacer entrenamientos de cómo dirigirse al profe (qué y cómo decirle). Es la técnica del role playing.

Algunas de las frases que el alumno puede utilizar con su profesor cuando surja un problema las y que aportan en el artículo citado son:

  • Dibujar me ayuda a mantener la concentración. Sé que no parece que esté prestando atención, pero lo estoy.
  • Siento haber hecho mucho ruido hoy en clase.
  • Sentí vergüenza cuando me regañó por mis deberes frente a todos mis compañeros, ¿podríamos hablar después de clase?

Cuándo Intervenir de Forma Más Activa

El seguimiento de los padres tiene que ser de colaboración con el centro educativo a fin de que pueda tener éxito. Y esto, en muchos casos, implica una tarea extra en casa de escucha, validación y trabajo de ciertas emociones como la frustración, impotencia o impaciencia.

Y sí, a veces se debe hablar con el tutor para plantearle lo que estamos percibiendo en nuestro hijo. “Puede parecer una excusa o una exageración, pero si se aborda de manera preventiva y precoz, no llegaríamos a que se desarrolle un problema mayor”, advierte Prado.

Incluso, si es necesario, se puede recurrir al orientador del centro y consultar a un psicólogo educativo para que pueda valorar la situación de una manera más profesional y descartar un problema mayor.

Si la Situación se Agrava

Existen múltiples razones por las que unos padres pueden dar el paso de denunciar la situación que están viviendo sus hijos aunque la misma esté causada por un profesor. Hay casos muy graves como los de abusos sexuales que, afortunadamente, no son muy habituales. Los profesores están sometidos a tanta presión que en ocasiones acaban pagando ese malestar con sus propios alumnos.

Ante problemas de este tipo lo mejor es intentar solucionar las cosas dialogando. Si esta medida no es efectiva, el siguiente paso es poner el problema en conocimiento de la dirección del colegio. Lo más recomendable en estos casos es hacer un escrito informando del problema y aportando pruebas si se tienen.

En caso de que la queja esté lo suficientemente fundada (tenga apariencia de veracidad y sea razonable) la dirección debería tomar medias.

Acudir a la vía judicial para denunciar a un profesor debe ser siempre la última opción. Sólo si nada de lo anterior ha funcionado se debe plantear esta posibilidad. Hay que tener en cuenta que por vía judicial sólo se resuelven los conflictos más graves. Aquellos en los que se presuma que el profesor puede haber incurrido en un delito. En estos casos es fundamental contar con pruebas.

En definitiva, si hay un problema en el ámbito escolar lo mejor es tratar de resolverlo siempre dentro de dicho ámbito o incluso a nivel administrativo, dejando la vía judicial como última instancia.

El Problema de la Indisciplina en las Aulas

Es importante conocer la magnitud de la violencia que se produce a diario en las aulas de Educación Secundaria, si pretendemos aportar procedimientos que ayuden a prevenirla o a minimizar sus consecuencias. Es necesario conseguir datos sobre el tema, y para ello realizamos una investigación preguntando a los profesores de la Comunidad Autónoma de Madrid sobre ello, sirviéndonos de un cuestionario confeccionado al efecto.

Lo cierto es que la convivencia en las aulas no es buena, y ello repercute muy negativamente sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje de los alumnos, porque durante las clases se hace tremendamente difícil realizar algo serio. Durante las clases los comportamientos disruptivos provocan violencia verbal, violencia psicológica, e incluso violencia física, conductas agresivas en suma, que pueden llegar a destruir la identidad profesional del profesor, que con frecuencia vive estos episodios con enorme disgusto y ansiedad.

La evolución de estas situaciones lejos de mejorar parece ir en sentido contrario, y empeora respecto a cursos anteriores. Al menos eso piensa un elevado porcentaje de docentes, quienes reconocen la gravedad de esas situaciones de violencia que se vienen produciendo. No obstante existe también un porcentaje menor de profesores que no aprecian la misma gravedad.

Aun así, algunas cuestiones son capaces de homogeneizar a los docentes y polarizarles en una misma dirección. Existe un importante acuerdo con la idea de que se ha producido un gran deterioro del sistema educativo, también en que los niveles de exigencia hacia los alumnos han disminuido drásticamente, y que la crisis de la ESO es una realidad incuestionable.

Todas las situaciones de indisciplina y su evolución tienen como protagonistas a los alumnos, a los profesores y a las familias, destacando especialmente las familias desde la óptica de los profesores como las más negativas, seguidas por los alumnos. Y aunque en bastante menor medida, los profesores considerados como grupo, bien por desinterés bien porque no ejercen su función, también se asignan una cuota de responsabilidad en la evolución de esas situaciones.

Pero no tanto porque se sientan responsables de ese deterioro de la disciplina, de la que piensan no tener en sus manos el remedio para resolverlo, sino que quizás se centre exclusivamente en lo relativo a las suciedad en que quedan muchas aulas desde primera hora de la mañana, y en la constatación de humillaciones y problemas de sus compañeros de profesión, por parte de determinados alumnos, ante los que con demasiada frecuencia suelen ignorar simulando “no enterarse”, algo que a su vez, puede relacionarse con el respaldo recibido por los profesores desde la Jefatura de Estudios (un 23.6 % de docentes afirman no sentirse respaldados por los Órganos Unipersonales de sus centros), pues el respaldo que la Jefatura de Estudios proporciona o no a los profesores en sus conflictos interpersonales frente a alumnos y padres de éstos, resulta determinante para el manejo de la ansiedad del propio docente.

Una posible explicación a todo lo relacionado con la indisciplina de las aulas y su evolución, podría estar en la escuela comprensiva. La escuela comprensiva que justificaría la motivación recomendada por la LOGSE, ha fracasado en todo Occidente.

La ampliación de la escuela comprensiva hasta los 16 años es una de las ideas básicas de la LOGSE, y es precisamente en el 2º Ciclo de la ESO donde han surgido los mayores problemas y las mayores dificultades para su aplicación. Motivar a adolescentes que lo tienen todo no es nada fácil, y menos, si se hace desde la idea de que puede “aprenderse” sin esfuerzo… de forma lúdica.

La Pérdida de Autoridad del Profesorado

Pero los docentes tienen difícil arreglar por sí mismos la situación, porque la autoridad académica está cada vez más devaluada. Se ha destruido la autoridad del profesorado, que llega a sentirse inseguro y hasta pierde el control de su clase.

Los alumnos gozan de una elevada permisividad en su casa, y los profesores tienen “atadas las manos” a la hora de imponer sanciones. Ha de hacerlo la “Comisión de Convivencia”, el “Consejo Escolar” o el Director del Centro.

Que hay una pérdida total de autoridad por parte del profesor, lo piensa un 60.4 % de profesores, y un 32 % está también “un poco de acuerdo” con ello. El principio de autoridad está fallando en las escuelas y en las familias. En las escuelas porque no dejan hacer uso de él; y en las familias porque hay miedo a ejercerlo.

Se hace necesario que los docentes puedan hacer valer su autoridad en la clase ante sus alumnos. Pero esa autoridad o auctoritas que se les supone, para hacerla valer, ha de ser reconocida por la Administración. Y no sólo por la Administración, sino también por la Sociedad. Sólo así dejará de haber profesores blanco permanente de las burlas “sangrientas” que les hacen sus alumnos.

Un 27.2 % de profesores reconocen claramente que estos hechos se dan (quizás ellos lo han sufrido) y otro 41.7 % de profesores está “un poco de acuerdo” en que esas situaciones existen en los Institutos.

Todo esto, sin duda, requiere en el profesor un gran autocontrol y le produce mucho desgaste, según un 84.5 % de profesores. Sólo un 2.1 % de profesores no está de acuerdo con ésto.

Además, queda afectada la propia salud del docente. Según un informe de CCOO sobre “La salud laboral del docente”, (Villanueva, 2000), de los 600.000 profesores que hay en la enseñanza pública, un 25 % toma la baja oficial o circunstancial cada año, y aunque sólo un 3 % de ellas se identifica con problemas de estrés, la mayoría de las otras dolencias son originadas por ésto mismo.

Tabla: Factores que Influyen en el Malestar del Profesorado

Factor Descripción
Personalidad del profesor Determina el control del estrés ante la indisciplina.
Género Las profesoras resultan “más perjudicadas que sus compañeros varones”.
Área Territorial del Instituto Los Institutos de Madrid Norte y Madrid Oeste (alumnado) son los menos problemáticos.
Edad y experiencia docente Los profesores más jóvenes y con menos experiencia sufren con mayor frecuencia los problemas.

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