¿Qué pasa si bebes mucha leche? Efectos secundarios y controversias
La alimentación humana está rodeada de normas, ritos y costumbres que obedecen a creencias muy diversas. Las costumbres alimentarias se impregnan de simbolismos y significados culturales que cambian con el tiempo. Las personas deciden sus opciones alimentarias por diversas razones: el modelo familiar, las ideas imperantes en su entorno, las creencias sobre salud, los conocimientos científicos, las normas religiosas, etc.
Tradicionalmente, la leche era considerada un alimento saludable, especialmente bueno para fortalecer los huesos gracias a su alto contenido en calcio. Sin embargo, el aumento de personas con intolerancia a la lactosa y otras afecciones relacionadas ha llevado a buscar alternativas a la leche de vaca. La leche es, sin duda, uno de los alimentos más nobles para la dieta de los niños.
¿Es peligroso que los niños tomen menos leche?
Algunas publicaciones médicas señalan la preocupación acerca de que ha disminuido el consumo de leche por parte de los niños y niñas españoles. Así lo confirma el Panel de Consumo Alimentario, que demuestra como desde el año 2000 al 2008 en los hogares españoles el consumo de leche en su forma líquida había pasado de 4026 millones de litros a 3528. O sea, un 12,36% menos. Sin embargo, en cambio ha aumentado el consumo de otras formas de tomar leche: lácteos fermentados (un 27,76%), batidos (un 29%), quesos (un 16,36%), yogures batidos (un 28,20%) y otros (14,83%). Esto quiere decir que, en realidad, el consumo total de leche ha aumentado muy notablemente. A ciertas edades los niños ingieren más de cuatro raciones de lácteos al día, aumentando mucho la proporción de proteínas.
Suelen declarar un alto consumo de lácteo la mayoría de los niños que consultan por exceso de peso, estreñimiento, inapetencia o hábitos “peculiares” de alimentación.
Riesgos potenciales del consumo excesivo de leche y derivados
Los riesgos potenciales del consumo excesivo de leche y derivados pueden tener relación con uno o varios de los siguientes hechos:
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- Los lácteos desplazan o compiten con la ingesta de alimentos ricos en fibra tales como frutas y verduras. Esto puede conducir a estreñimiento. A eso se añade la formación de sales calcáreas en la luz intestinal.
- Además del pobre contenido en hierro de la leche, el calcio actúa como quelante del hierro procedente de los alimentos, sobre todo en presencia de caseína, por lo que se han descrito situaciones de ferropenia en niños de todas las edades con consumo excesivo de lácteos.
- Los lácteos elaborados en general contienen mayor proporción de azúcar que la leche, siendo en forma de sacarosa añadida durante el proceso de fabricación, de modo que se incrementa la cantidad de sacarosa (azucares simples) en la dieta, incrementando el riesgo de desarrollar caries, obesidad y, a largo plazo, diabetes tipo 2.
- Si bien ha disminuido el consumo de leche entera y mantequilla, los postres lácteos y batidos se hacen con leche entera y, en ocasiones contienen nata añadida. También se consumen más quesos, que aportan en general mayor proporción de grasas. De modo que el perfil lipídico de la dieta se incrementa con grasa de origen animal.
¿Consumir mucha leche tiene algún riesgo?
Cuando se empezaron a establecer las recomendaciones de los determinados grupos de alimentos, se intentaba asegurar que toda la población alcanzara un crecimiento óptimo, pero se ponía el énfasis en los valores máximos. Esto hizo que las recomendaciones de ingesta diaria de energía y, sobre todo de proteínas, se hayan calculado tradicionalmente por lo alto.
La nutrición en etapas tempranas de la infancia puede influir en los resultados posteriores de salud, incluyendo el sobrepeso a través de una especie de “programación” del metabolismo. Las revisiones sistemáticas sugieren que la lactancia materna se asocia con una reducción modesta en el riesgo de sobrepeso y obesidad más adelante.
En este estudio, la mayor ingesta de proteínas e hidratos de carbono se relaciona con un índice de masa corporal (IMC) significativamente mayor. Una alta ingesta de proteína tiene efectos endocrinos, tales como mayores niveles de insulina y de IGF-1. Por estas razones en la actualidad se han modificado las recomendaciones acerca del contenido proteico de las formulas infantiles y también las relacionadas con la alimentación en otras edades, en las que se hace hincapié en la importancia de los hidrocarbonos complejos de las verduras, legumbres y cereales integrales (celulosas y almidones).
¿Qué relación tiene la leche de vaca con el cólico del lactante?
Partiendo del hecho de que se desconoce la etiología del cólico del lactante y que es posible que sea el resultado de varios factores contribuyentes, las causas propuestas tienen en cuenta la edad de inicio, la tendencia a aparición en un periodo del día concreto y a desaparecer de forma espontánea, e incluyen factores gastrointestinales, biológicos y psicosociales. Algunos estudios han atribuido el llanto a una intolerancia a la lactosa, puesto que la leche humana tiene alta concentración en lactosa. Otra teoría propone que el cólico se correlaciona con la absorción incompleta de los carbohidratos en el intestino delgado por su inmadurez, y al llegar al intestino grueso, las bacterias colónicas los fermentan.
Por el momento, entre las explicaciones más plausibles, al menos para un subgrupo de niños con cólico, puede ser la alergia a la caseína o al suero de la leche. Las revisiones sistemáticas de ensayos aleatorios pequeños con limitaciones metodológicas sugieren que el uso de fórmulas hidrolizadas o una dieta hipoalergénica en las madres que amamantan pueden reducir el tiempo de llanto en los bebés con cólico.
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¿Tiene alguna base científica la teoría de que la leche produce mocos?
Esta hipótesis ha cobrado fuerza en la última década, si bien no se ha conseguido demostrar científicamente que sea cierto ni tampoco que no lo sea. Uno de los problemas es cómo medir el moco. Cómo se puede cuantificar cuánto es “mucho moco” o “más moco” que qué o que cuándo. Se ha comprobado en estudios experimentales que la α-lactoalbúmina bovina estimula la producción de moco en la mucosa gástrica, lo que explicaría su efecto gastroprotector. Un dato observacional propio, no analizado, es que los bebés que toman formula artificial ingieren mayores volúmenes por toma que los que son amamantados y con frecuencia consultan por cuadros de tos de forma muy temprana, independientemente de la estación del año.
Estudio sobre el consumo de leche y mortalidad
Un estudio publicado en el British Medical Journal indica que el consumo de más de tres vasos de leche al día podría suponer una muerte prematura y mayores riesgos de fracturas óseas, especialmente en las mujeres. Este estudio analizó durante 20 años los efectos del consumo de leche en una muestra de 61.000 mujeres de entre 39 y 74 años de edad, y de más de 45.000 hombres de entre 45 y 79 años (a los que supervisaron durante 11 años).
Resultados del estudio
Tras dos décadas de seguimiento, se observó que el consumo de leche se traducía en mayores posibilidades de sufrir fracturas y que las mujeres que bebían más de tres vasos al día (cerca de 700 ml), tenían el doble de probabilidades de morir antes que las que ingerían menos de uno. Al finalizar el periodo de estudio, 25.000 de las examinadas habían muerto y 22.000 sufrieron alguna fractura ósea.
En el caso de los hombres analizados, las diferencias en las tasas de mortalidad entre los que consumían más o menos leche no fueron demasiado significativas. Tampoco hubo apenas diferencias en las tasas de fracturas.
Controversias y limitaciones
Los autores para explicar estas connotaciones en el consumo de leche de vaca, es que ésta tiene un alto contenido en Galactosa, un tipo de azúcar que diferentes estudios han demostrado que pueden acelerar el envejecimiento y acortar la vida. No obstante, los autores insisten en la idea de que es imposible sacar conclusiones o hacer recomendaciones sobre el consumo de leche hasta que se siga investigando. Michaelsson opina que “los resultados no pueden aplicarse a personas de otros orígenes étnicos ni con diferentes niveles de tolerancia a la lactosa”, por lo que es necesario ampliar la muestra de estudio a otros países más allá de Suecia, contando también con otro tipo de variables como la calidad de la leche que se consume o la alimentación de las vacas.
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Alternativas y otros lácteos
La investigación sirvió para asociar menores tasas de mortalidad y fracturas a la ingesta de lácteos como el queso o el yogur. Mientras la grasa de la leche anula los efectos positivos del calcio que contiene este alimento, los productos lácteos bajos en grasas tienen efectos beneficiosos mejorando la salud ósea y disminuyendo los riesgos de ataques al corazón.
Recomendaciones y consumo adecuado
Para niños de entre 1 y 9 años, la cantidad de productos lácteos recomendada por la Asociación Española de Pediatría (AEP) es de 2 o 3 raciones por día. Los expertos de la AEP destacan la importancia de respetar las señales de hambre y saciedad en los niños. Si en la primera etapa el consejo es amamantar a demanda, también durante el resto de la infancia se deben tener en cuenta los deseos y necesidades que el propio niño exprese.
Muchos niños que toman mucha leche sufren de una falta de hierro, debido a que “el calcio de la leche atrapa el hierro de otros alimentos”. Por otra parte, los lácteos carecen de fibra. Si el consumo es muy elevado, las calorías pueden ser demasiadas y favorecer el sobrepeso o la obesidad. Sobre todo porque la dieta de lácteos incluye productos como natillas, flanes o helados, que contienen azúcares añadidos en muchas ocasiones.
Leche y salud ósea: ¿mito o realidad?
Un mayor consumo de leche se asocia a una mayor fragilidad ósea y a una mayor probabilidad de sufrir osteoporosis, sobre todo si se consume en la edad adulta. Y es que la leche, en vez de generar huesos fuertes, los desmineraliza porque, al ser un alimento altamente ácido, su consumo excesivo lleva a que nuestro organismo tenga que utilizar el calcio de los huesos para mantener el pH interno en su punto correcto. De hecho, los países que más leche consumen son los que tienen mayores índices de fragilidad ósea.
Existen muchas personas a las que les encanta beber leche y que, además, les sienta bien. En esos casos, no tiene sentido alguno evitar este alimento. Lo que sí es importante es saber que no todas las leches son iguales.
Tipos de leche y calidad
Las leches de ganadería intensiva convencional, que son la mayoría de productos que encontramos en el supermercado, están muy lejos de ser el alimento que hemos ingerido durante cientos de años. Actualmente, los animales que producen esa leche viven explotados, se alimentan de piensos transgénicos y están toda su vida sometidos a antibióticos. Lo que significa que son animales enfermos y estresados.
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