La Influencia y Legado de mi Abuela Materna
Y millones de gracias por vuestro interés y curiosidad en conocer un poco más sobre mí y sobre el trabajo que realizo.
Infancia y Juventud
De niña era muy curiosa, traviesa y aventurera, cualidades que he seguido manteniendo, aunque, desgraciadamente y con el paso (y el peso) de los años, una se vuelve menos intrépida. Sin embargo, esas cualidades siguen estando aún muy latentes en mi personalidad y me empujan cada día a seguir creciendo, sin olvidar esa parte infantil que creo tan necesaria conservar.
Soñadora e intrépida, como buena Piscis (nací la mañana de un 28 de febrero), me eduqué en una familia trabajadora asturiana (de Pola de Siero), donde ambos progenitores llevaban un sueldo a casa. El sacrificio de ambos, unido al permanecer al cuidado de la persona más importante de mi vida, mi abuela materna Josefa, hizo que pudiera tener una vida cómoda y confortable, alejada del boato y la arrogancia que provoca el sentirse por encima de nadie.
Me educaron, junto a mi única hermana Belén, (a la que adoro y que es un año y 14 días menor que yo) en el trabajo duro, en la constancia, en el sacrificio y en el entender que nada importante era gratuito y que las cosas de calado costaba mucho esfuerzo conseguirlas.
Mi vocación por la escritura se reveló desde muy niña. Escribía cuentos, poemas y algún relato que ocultaba a sabiendas a mis amigos. Fui una excelente alumna con muy buenas calificaciones durante mi niñez y juventud.
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Como no existía aún la carrera de Periodismo en Asturias y gracias a la recomendación de unos amigos de la familia, me presenté a las pruebas de ingreso en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Las pasé con creces y allí estudié y me licencié cumpliendo mi sueño. Pero mi interés por los estudios nunca finalizó.
Gracias a las enseñanzas de mi padre y a las continuas visitas que ambos realizábamos a museos e instituciones artísticas, decidí continuar mi formación y especializarme en Arte Contemporáneo, otra de mis grandes pasiones. Por ello hice las pruebas de ingreso en la Universidad de Cambridge, de la que dependía Christie´s Education Art y me fui a vivir a Londres durante casi 3 años para formarme en la materia.
Tras la finalización de mis estudios, regresé a España y me presenté a las oposiciones de Facultativo de Conservadores de Museos del Estado. Tras varios intentos y lograr aprobar las pruebas a los cuerpos de Auxiliares y Ayudantes de Museos, finalmente obtuve el título de Facultativo.
La Figura de Hortensia Pérez Barceló
La figura de mi abuela materna, doña Hortensia Pérez Barceló, nacida en 1928, representa con claridad el paradigma de las mujeres de su época. Nació en Almansa; sin embargo, sus padres eran ilicitanos, se encontraban en dicha ciudad ya que la madre padecía de reuma y debía establecerse en una zona con clima seco.
Mi abuela únicamente fue a la escuela durante una semana, ya que tenía que responsabilizarse del cuidado de sus hermanas pequeñas, quienes enfermaban continuamente.
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Mi abuela nunca se ha interesado por la política; sin embargo, recuerda que España transitaba tiempos difíciles. Muchos españoles habían sido desplazados de sus hogares, muchos otros habían muerto o habían sido heridos. Había una gran desconfianza entre los diferentes bandos en conflicto, lo que llevaba a una atmósfera tensa y peligrosa.
La economía estaba en un estado caótico con escasez de alimentos y recursos, y la gente vivía con miedo a los abusos de los militares y a la represión política. que la suya. A los veinte años se enamoró de mi difunto abuelo, José Andreu Prieto. Con quien finalmente se casó en 1954, dejando así su trabajo como criada.
Mi abuela tuvo un hijo y tres hijas, una de ellas con síndrome de Down, a la que le tiene mucho afecto y con quien vive en la actualidad. Es bien sabido por todos, que aquella época es muy diferente a la que actualmente vivimos. Ella puede comprobar que a nosotros no nos falta de nada; mientras que ellos apenas podían subsistir. No obstante, afirma que no cambiaría el tiempo en el que le ha tocado vivir, ha presenciado momentos cruciales en la historia de España como la Guerra Civil, la posguerra o la muerte del general Francisco Franco, punto de incertidumbre, ya que no sabían lo que sucedería después.
Sin embargo, en ese instante, Hortensia pronosticó que no podrían ir a peor. Mi abuelo supo reconocer que, con la muerte de Franco, el país tendría la oportunidad de cambiar su destino y abrirse a nuevas posibilidades.
Silencios Familiares y Legado Emocional
En este artículo quiero hablarte de silencios, no de mentiras, sino de tabús. Parto de la presunción siguiente: Todas las familias guardan sus silencios. El silencio muchas veces es violencia. Esposas que sobrellevaron el maltrato de sus maridos con resignación. Sin apoyo social para pararlo no valía la pena frenarlo y ser revictimizadas.
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En mi familia, sin ir más lejos, tras la muerte de su hijo y su marido en un breve periodo de tiempo una de mis parientes, decidió que no quería recordar, se cerró en banda a hablar, enterró los recuerdos de sus seres más queridos para no sufrir. Cada silencio tiene un porqué, un contexto biográfico, familiar e histórico.
En España tenemos que tener presente que durante las últimas décadas ha habido la petición expresa por parte de los políticos de pasar página sobre el pasado reciente del país (sublevación militar, guerra, campos de concentración, desaparecidos forzosos y dictadura), de olvidar, de no hablar para superar las heridas. Durante la Dictadura los perdedores de la guerra callaron por miedo a las represalias. Sus sufrimientos y pesares no eran escuchados ni validados. «Calla. No remuevas la herida.
Un silencio familiar llevó a la documentalista y escritora a exponer y romper otros silencios. ¿Cuál es el tabú familiar? La abuela materna es mucho más que una abuela para un niño, es una mujer con experiencia en la vida que tiene una conexión especial para él. La abuela por parte de madre será esa mujer que tiene grandes valores y que sin darnos cuenta van pasando generación tras generación.
Según los argumentos de Alejandro Jodorowsky todos estamos unidos a nuestra abuela materna por los genes. Jodorowsky piensa que la carga genética que se transmite de madres a hijos está estrechamente relacionada también con la abuela materna… Es decir, de los 4 abuelos de un niño es la abuela materna quien aporta más carga genética a sus nietos. Cuando se trata de genes o de cosas hereditarias, normalmente no son seguidas de padres a hijos, sino que la genética pasa de abuelos a nietos. Sí, es bastante sorprendente pero es la realidad y la ciencia lo confirma.
Pero según Jodorowsky son las emociones las que también se pasan de generación en generación, de madres a hijas y de hijas a nietos. Según el ensayista las emociones que vivió la abuela durante sus embarazos pueden estar activas en el ADN de las hijas y pasarán a la siguiente generación.
La realidad, además de lo que diga la ciencia o de lo que piense Alejandro Jodorowsky también puede ser muy diferente en cada caso. Cada familia es un mundo y quizá para un niño la abuela paterna tenga más presencia y aprenda más cosas de ella que de la abuela materna. Cada vida es un mundo y realmente lo importante es que los padres se den cuenta de la importancia que pueden tener las abuelas en el desarrollo emocional de los niños y por este motivo, nunca está de más que las abuelas tengan una gran presencia en la vida de sus nietos. De esta manera, los pequeños podrán nutrirse de todo lo que éstas tienen que ofrecer.
El Legado de los Abuelos Paternos
Somos el cumulo de las experiencias de vida que hemos tenido y estamos condicionados por nuestros antecedentes genéticos. Esto que puede parecer el inicio de un artículo científico es algo totalmente distinto: Una mirada nostálgica a unos de los referentes de mi vida, mis abuelos.
Mi abuelo Justino, por el lado paterno, era un hombre serio, incluso intimidante. Hombre parco en palabras y con escasos gestos de cariño. Tal era así que sus hijos le llamaban de Usted, sin perderle el respeto en ningún momento. Era una persona responsable de manera obsesiva. Su carácter adusto se forjo en las largas jornadas en el campo y como ganadero, pero es que además fue Juez de Paz, una figura muy respetada en España en los años 60 y 70 que fue cuando ejerció mi abuelo, y también fue Presidente del Hogar del Jubilado, encargándose de organizar las actividades de las personas más mayores. Poniéndole la “guinda al pastel” mi abuelo fue un gran cocinero, pero exigente cuando cocinaba, ya que había que estar en la mesa a la hora que él decía, para saborear la comida que con tanto cuidado había preparado.
Compromiso: Hablamos de una persona que se quedó viudo dos veces, y que la segunda mujer, después de mi abuela, se casó con ella estando embarazada de un desconocido, cosa que por aquella época era motivo de alejamiento por parte de cualquier hombre.
Justicia: Hablaba poco, pero cuando lo hacía era para “sentenciar”.
Puntualidad: Sirva la anécdota de la comida, o de cualquier cosa donde el acudir a una cita a su hora era inexcusable.
Hacer las cosas bien hechas: No es que fuera un perfeccionista, pero sí que cuidaba los detalles. Decía que hacer las cosas bien cuesta menos que hacerlas mal. El alto ritmo de vida y las prisas han profundizado en mi personalidad, y quizás sea este aprendizaje que menos me ha arraigado.
Mi abuelo “Colas” era mucho más parlanchín, dicharachero y divertido. También forjado en el campo, pero con un carácter abierto y bonachón. Gran comedor y bebedor, sin pasarse, aunque algún día se pasó, algo tramposo en los juegos de azar, y poco temeroso de la vida y sus riesgos. Siendo ya muy mayor, y con menos facultades, montaba en bicicleta y alguna vez se cayó, lastimándose, con la consiguiente bronca de mi abuela. Los últimos años de su vida le pasaron factura con la enfermedad del olvido: El Alzheimer.
Pero la anécdota de su último día en esta vida fue la siguiente: Ya estando muy malito, y con escasas horas de vida diagnosticadas, mi madre me pidió que pasara a despedirme de él. Yo pase y le dije algo así como: “Abuelo, aquí estoy, soy Angel David (este es el nombre por el que me conocen mis familiares cercanos), te quiero mucho, adiós”. Me di la vuelta, y de repente hablo, algo que no hacia hace tiempo, y me dijo lo siguiente: “¿Es que no me vas a dar un beso?”, a lo que le respondí: “Claro que si abuelo”, y me acerque para besarlo. Y acto seguido solo dijo una palabra: “Adiós”, y abandone esa habitación con la descarga emocional de que mi abuelo se había despedido de mí en sus últimos momentos. En la noche el teléfono sonó para comunicarnos su fallecimiento.
Diversión: Era una persona que ansiaba divertirse a todas hora. Eterno bromista, y siempre con una sonrisa. Al desprecio y mala cara acompañaba con una sonrisa y con una expresión de “yo no he hecho nada”.
Desdramatización: Cualquier adversidad la tomaba con calma y alegría. Era lo que tenía que pasar y no le daba más vueltas.
Reírse de uno mismo: Torpe en sus movimientos, tendente a caerse, se podía quedar dormido en casi cualquier sitio y con unos pies que arrastraba por todos los suelos, lo que le hacía tener una pinta desgarbada y unos zapatos gastados. Pues cuando le criticaban o se reían de él, él lo hacía de sí mismo con más fuerza aun. Que gran aprendizaje me dejaste abuelo.
Disfrutar de la comida: Mi abuelo era una persona que mientras hubiera comida en la mesa seguía comiendo. Tengo mi duda de si era humano, ya que no llegaba nunca al punto de saciedad. Aun quitando la mesa “rebañaba” el ultimo trozo de pan, alimento que le encantaba y que yo he heredado su habito. Podía alimentarse solamente de pan. Le gustaba comer, y disfrutaba comiendo, era un momento que reunía a las personas y que además nos proporcionaba placer.
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