Sandro Pozzi: Biografía de un Periodista Sevillano en el Mundo
El periodista sevillano Sandro Pozzi es uno de los referentes de los medios españoles en Estados Unidos. Hoy, a sus 48, afronta las elecciones estadounidenses, las declaradas como más importantes de una generación. Un periodista de mochila al hombro desde que apenas tenía 20 años.
Orígenes y Formación
Nacido en Sevilla, pero de origen italiano, tiene su vida en Nueva York, donde cría a sus hijos con mezcla de sangres coreanas. Sandro Pozzi estudió en Sevilla en la primera generación de alumnos de Ceade, donde compartió clases, por ejemplo, con María Patiño o con Carmen Pardo.
Trayectoria Profesional
Hace apenas un año finalizó en El País, para el que fue corresponsal en Bruselas primero y en Norteamérica después. Antes ya había seguido la actualidad europea in situ para Europa Press. Primero hizo prácticas en COPE, vivió la Sevilla de la Expo con una acreditación facilitada por la universidad que no llegó a suponer entrevistas, y luego fue a Italia, al Cinque de Berlusconi, aprovechando que también era italiano. Volvió y comenzó en Europa Press, en Sevilla.
Corresponsal en Bruselas
En cierto momento, se ofreció para marcharse a Bruselas, como corresponsal dedicado a cubrir información andaluza en la Unión Europea. Llegué en el 96. En el 99 me hicieron una oferta de El País porque me concentré en información agrícola. Mi colega en Bruselas se dedicaba a política internacional y yo a cosas más económicas. Di con una información sobre cuotas de pesca para Europa Press, unos documentos, en un año complicado. Había problemas con Marruecos, Argelia... Abrió El País en portada con eso, teniendo ya dos corresponsales.
El euro ya estaba creado pero no circulaba. El cambio de año lo viví con Pedro Solbes [ex ministro de Economía] y Luis Planas [ministro de Agricultura actual], que era su jefe de gabinete, en un ATM [un cajero]. Sacamos los primeros euros. Luego, en 2003, Europa ya había llegado a su máximo.
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Nueva York
Entonces ya conocía a la que es mi mujer y nos vinimos a Nueva York, sin avisar, porque no era periodista de la plantilla. A los meses me volvió a llamar El País para colaborar con ellos. Luego, a los meses, no tenía sentido cambiar de trabajo, no era el momento. Preferí dar prioridad a mi familia.
Identidad y Sentimiento
Un sevillano del mundo al que el coronavirus, "probablemente", impidió volver a Sevilla y le obligó a replantearse de nuevo su situación. No puedo renunciar a Sevilla, es donde tengo a mis primeros amigos, mi infancia. Llevo un año sin ir. Seguramente estaría de vuelta de no ser por la pandemia. Me considero sevillano, no renuncio a mi acento. Cuando alguien me presenta a otra persona, me dicen que soy el italiano con acento de Sevilla. Si pierdes tu raíz, te mueres. Desde lejos.
Me considero sevillano, andaluz, pero no hago que me limite. No me entra en la cabeza esa limitación, no entiendo el problema de los catalanes, pero no porque esté en contra o a favor, sino porque no entra en mi experiencia vital, de riqueza de religiones, razas, culturas... Eso lo abrazo, nos mejora como personas. Mis amigos me regalan fotos de puentes, porque me encantan. Así lo veo, no entiendo por qué tiene que haber fronteras. Si desde un punto de vista legal, pero no entiendo las barreras mentales.
No sé si soy cosmopolita, no creo que haya que encasillar a la gente, pero sí lo soy según la definición del diccionario. Siempre he estado rodeado de gente no española, y eso supone aprender y un esfuerzo de entendimiento del otro. Me he sentido extranjero donde he ido. En España, soy el italiano. En Estados Unidos, el europeo. En Bélgica, el español. Para el deporte, quizás extranjero, pero belga en otras muchas cosas, y americano en otras. Esta vez será la primera vez que vote aquí. Son detalles que vas cogiendo de cada uno. Y mis hijos son coreanos.
Análisis de la Información y la Política
Un corresponsal en Bruselas es un burócrata más. No se planta en un sitio a escribir una crónica como Reverte. Bruselas tiene el atractivo de que afecta al día a día de cualquier español. Siempre pongo el ejemplo de que si en el supermercado hay huevos de tamaño grande, mediano o pequeño es porque así lo decidió un burócrata en Bruselas, aunque parezca simple e idiota. Lo mismo pasa con el aceite de oliva, pelean hasta la última coma su regulación y las ayudas. O que arreglen el agujero de delante de tu casa, ¿son fondos españoles o comunitarios? El tipo de periodista no es el que dice Reverte, sino uno muy técnico, con muchos papeles, que habla con fuentes. No es que hace una crónica cuando se planta en un sitio.
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Es un país muy grande que entra todos los días por la tele, en lo que compras, y hasta llevas una camiseta que pone NY. La consumimos continuamente, y si ves un taxi amarillo sabes que es Nueva York. Esta sí tiene una idea más romántica, porque cubres Wall Street, la exposición del Metropolitan o el último rapero judío ortodoxo de Queens. El problema es que era así antes de internet. Ahora es todo efímero, y si el asunto no tiene tráfico, se pierde. Yo pienso en que una persona en Estados Unidos da el imput que no da internet.
Probablemente los dos conocemos las mismas encuestas, pero yo en mi viaje a Pennsylvania puedo contar las banderas de Trump que llevan los coches. Es una vorágine y la información se centra en Trump. Se ha perdido hablar de lo que pasa, de otras cosas. Ofrecemos una visión sesgada sin frescura. Perdemos la idea de Reverte, que hacía algo diferente. Creo que ganará Biden por los sindicatos. Apostar en base a los sondeos es muy peligroso. Todo pinta que será muy ajustado.
Se habla de una marea azul, de una victoria cómoda de Biden, pero hay que entender que aquí no es el voto popular, sino el electoral, el que gane cada estado. Hay 50 pero 17 son los determinantes, que son veletas. Y nueve son los más importantes. En 2016, Trump centró su victoria en Pennsylvania, Michigan y Wisconsin. Lo hizo por 77.000 votos en total, menos de lo que entra en un campo de fútbol. Luego hay otros que son cruciales, que sacas la victoria si los combinas. Son Florida, Carolina del Norte, Colorado, Nevada, Arizona, Iowa y Georgia. Si los metes en la cesta y haces las combinaciones, en teoría gana Biden por muy poco.
La cifra mágica son los 270. Influirá cómo votarán los sindicatos. Normalmente votan demócrata, pero hace cuatro años votaron a los republicanos, estaban descontentos con Obama y Hillary no tenía atractivo entonces. Después está el reto de adivinar cómo votarán los hispanos. Tenemos la idea de que son demócratas, pero eso son los jóvenes, los adultos, no. Hay que calcular más minorías como asiáticos o negros, y luego segmentar también la población de mayores, jóvenes, hombres, mujeres. Hay más cuestiones como el instinto. Si me preguntan, creo que gana Biden por los sindicatos, pero se me escapan otros elementos. En 2016 yo sabía que ganaba Trump por los sindicatos. El 95% votaba demócrata, pero ese año fue el 65%. Biden sí es visto por los sindicatos como el primer presidente sindicalista.
Biden es continuidad, sin ruido, pero los demócratas no votan a Biden, sino contra Trump. A Biden le favoreció la pandemia. La gente está ya muy cansada de la bronca, y la opción Biden es la de menos bronca. No era momento de experimentos. Lo de blanco da igual. Biden tiene lo que llaman likeability, que es agradable en tramo corto. Mucha gente puede identificarse con su origen de pueblo, de Scranton, que sufrió la pérdida de su mujer, de su hijo. Eso es diferente. Es un elemento más en el cálculo general, pero sobre todo para el cálculo del votante demócrata, que le puede hacer reforzar la idea de que pertenece al establishment [grupo de personas que controlarían el país para mantener un status quo, ya sea corrupto o no]. La gente de izquierdas cuestiona Wall Street. Pero quieren sacar a Trump. Eso sí, hay un concepto equivocado con Wall Street. Podemos pensar que son de derechas, pero son bastante demócratas. Muy favorables al capitalismo, pero demócratas, como Warren Buffet, Bill Gates, Jimmy Diamond, Larry Fink, Bloomberg...
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Trump ha hecho mucho daño a la imagen de Estados Unidos, ha creado una fractura muy grande, una ruptura en la relación transatlántica. Eso tiene un montón de implicaciones, es unilateralista, toma decisiones a lo bruto. Como salir del Tratado de París sobre medio ambiente, con una clara intención de beneficio político. Es contrario a los ideales de unión, de multuilateralismo, crea un choque brutal, expone las debilidades de Europa. La retórica de Trump expone las divisiones internas, rompe esa alianza, revoluciona cuando saca a 10.000 tropas de Berlín... Pero las sacas para mandarlas a Italia, y los italianos encantados. Si las bases las mantiene, pues de puta madre. La manera en que actúa Trump afecta en los dos sentidos; el tradicional que viene de la IIGM, pero no en tema de aranceles. Creo que el contexto es el mismo con Obama, lo que cambia es el método. Obama también criticaba a Europa. De hecho, la dejó de lado y miró a Asia. Metía caña con el comercio, acusó a los europeos de no poner dinero en la OTAN, igual que Trump. Lo que pasa es que la retórica de Trump es que no solo grita sino que también actúa.
El reto es el análisis que hace Europa de la situación de Estados Unidos en el mundo. Ya Obama quería un papel más bajo. Lo que tuvo que hacerse en la Segunda Guerra Mundial, ya se hizo. Ahora los demás son maduros para desempeñar su propio papel. Europa tiene que tomar una posición más soberana el papel por jugar en el mundo. Tener su propia defensa, su legislación, su posición en lo digital. Lo más nuevo es la tasa Google o el 5G. Europa tiene dos opciones: o ser un polo independiente o quedar arrinconada en el unilateralismo de Estados Unidos y China. Estados Unidos siempre va a ser la gran potencia, otra cosa es que le planten cara en competencia, respetando las reglas del juego o no. Si Europa quiere ser un tercer jugador, tiene que saberlo, o se queda arrinconado.
Colaboraciones Actuales
Actualmente, vive y trabaja en España donde colabora con diversos medios de comunicación como Canal Sur, La Sexta, La Información o 7TV Andalucía. Trato de encontrar siempre la manera en que el conflicto de Ucrania afecte a alguien que viva en Sevilla. Precisamente los temas de los que he informado hoy [por 14 de diciembre] en el programa matinal de Canal Sur en el que colaboro han sido: Ucrania, Francia y el Rey emérito.
Ahora colaboro, en una escala de pequeño a grande, con la televisión 7TV, una cadena local privada que con el paso de los años ha comprado emisoras locales en los pueblos, con lo cual se considera una televisión regional, pero el público que tiene es muy específico, gente que vive en los pueblos. De manera que el tipo de espectadores a los que me dirijo es de un perfil que no tiene nada que ver con el que tenía antiguamente. También colaboro con el programa de Canal Sur “Despierta Andalucía”, que se emite en la franja de 7 a 10 de la mañana, con lo cual sólo lo ven personas mayores jubiladas y amas de casa.
Y en La Sexta colaboro en ‘Al rojo vivo’, donde me dirijo a un perfil completamente diferente. Ahí la clave es que Ferreras me tiene a mí porque lo que hago es darle contexto a los acontecimientos. Por ejemplo, sobre el caso del niño de Canet de Mar en Cataluña al que están acosando por reivindicar que reciba al menos 25% de las clases en español, el presentador me hace una pregunta genérica acerca de cuántos idiomas hablamos en mi casa. A partir de ahí le cuento lo que pienso de ese caso, que me parece ridículo.
Bueno, pero esto no genera muchos ingresos, me aporta más visibilidad que otra cosa y me mantiene activo, así no desaparezco. Yo creo que no se debe comparar porque cuando los medios comparan se están justificando. Creo que cada uno debe tener su propio precio, valorarse a sí mismo en función de, evidentemente, su experiencia profesional, de dónde está y de para quién trabaja. Yo lo que no voy a hacer es trabajar gratis, salvo que eso tenga un trueque. Y si un medio local no me puede pagar lo que normalmente cobraría a otro medio mayor, no le voy a decir que no. Evidentemente, no voy a trabajar todos los días para ellos, pero haré cosas puntuales.
Salida de El País
Por eso dejé El País. Estuve veinte años trabajando con ellos en diferentes sitios. Por las circunstancias de la vida he cubierto los acontecimientos más importantes que han ocurrido en las últimas dos décadas: la Guerra de Irak, la de Afganistán, Kosovo, la crisis financiera… he hecho de todo. Entonces, cuando te llaman un día y te dicen que te recortan un tercio el sueldo y ese sueldo no te da para cubrir el alquiler, entonces aunque te digan que te están pagando más que a otros colaboradores en España -y ahí vuelvo al tema de las comparaciones-, respondo que aquí los precios no son los mismos que los de Nueva York. Y cualquiera en España, además, no trabaja desde su casa haciendo de oficina del periódico, sino desde la redacción. Yo por ahí no entro. Y estuvieron un año sin corresponsal, en plena pandemia.
Lo que pasa es que no todo el mundo puede decirlo: yo he ahorrado mucho en mi vida, vivía en mi apartamento, financiado gracias a mis padres que me ayudaron a comprarlo, no tenía que pagar alquiler, con lo cual ese argumento no era tal, porque no tenía que pagarlo. Pero en condiciones normales de un corresponsal, sí que hay que sufragarlo. De hecho, estaban abusando de esta situación.
Visión sobre Obama y Trump
El fenómeno Obama es un poco parecido a lo que pasó con Trump. Obama generó mucha expectación, alegría y entusiasmo a nivel global porque suponía la reacción a George Bush. Al igual que Trump ganó como reacción a Obama y Biden a Trump. Entonces el entusiasmo que había inicialmente hacia Obama era legítimo por eso y porque también estaba haciendo historia. Yo, como periodista, sinceramente no sentí una gran emoción y te digo por qué. Y esto cada vez que lo digo la gente me mira extrañada (risas). No me creía el discurso de Obama. Cuando tienes la suerte que he tenido yo de cubrir eventos, de haber visto a Clinton antes que a Obama, de haber escuchado a Merkel, a Sarkozy y a toda esta gente que son maestros del discurso… cuando alguien tiene un discurso tan bien estructurado he tendido a ser un poco escéptico sobre lo que realmente hay detrás de esas palabras. Eso ha sido siempre porque me considero totalmente apolítico, no me dejo llevar por una figura, por un discurso o por una ideología. Soy escéptico porque los he visto en acción.
En ocasiones, estás cubriendo a un presidente al que no consideras muy inteligente, como en el caso de George Bush. Sus speeches consistían en tres mensajes de los que no se desviaba en ningún momento, que es la misma táctica que usa Donald Trump. Por ejemplo, va a lanzar siempre mensajes como que “los mexicanos son unos asesinos”. Sin embargo, ¿cuál era la diferencia entre la política de inmigración de Bush, Trump y Obama? Ninguna. La única diferencia era la retórica. Entonces, como periodista no puedo centrarme en ello. Pongo como ejemplo la llamada “inflación transitoria” según el Presidente de la Reserva Federal, cuando llevamos desde abril con los precios disparados. Eso es todo palabrería.
Si te fijas, Donald Trump ganó por el apoyo de los sindicatos. Eso es muy fácil de explicar. La política estadounidense, como en todo el mundo, se ha ido yendo hacia los extremos, pero si ves las tres pirámides que forman la política, una roja y otra azul, que representan a los dos partidos mayoritarios que hay en el país, se van distanciando y de repente se forma una pirámide invertida blanca y un montón de gente que es por la que todo el mundo se pelea en las elecciones. En Estados Unidos la gente es más pragmática que ideológica y Trump es así; sigue la máxima de: «Voy a obtener algo a cambio de esto».
Cuando Trump arremete contra los chinos es porque pretende obtener algo a cambio de la guerra comercial. Presiona siempre porque juega a dos bandos. El americano es así. Y el mejor ejemplo lo tenemos en las recientes elecciones a gobernador de Virginia, un Estado en el que Biden ganó por diez puntos en las últimas elecciones, que durante doce años había sido republicano. Sin embargo, como Biden durante los primeros nueve meses de su gobierno no ha sido capaz de responder a las promesas que había hecho, que eran muchísimas e imposibles de cumplir, sobre todo las esenciales relativas al plan de infraestructuras, debido también a una ruptura interna en el partido demócrata, es mucho más fácil para el candidato republicano hacer una campaña contra las promesas no cumplidas en un público que está necesitado, que vender la ideología republicana.
Veo una cosa práctica, positiva, en lo que hizo Trump que te va a chirriar. Trump no es muy diferente de Alexandria Ocasio, de Bernie Sanders, de Macron o de cualquier populista y en el fondo lo que hizo con su retórica bestial de confrontación, tan pragmática y a la vez tan directa, fue poner sobre la mesa una serie de fisuras que había en todo el sistema internacional. Los problemas de financiación de la OTAN datan desde cuando yo estaba en Bruselas hace 18 años. Los problemas derivados de la adhesión de China a la OMC (Organización Mundial del Comercio) se produjeron desde el primer día de la negociación. Estamos hablando de hace 18 años. Lo único que hace Trump es calentar las partes que están en roce, hacer más evidente esa fricción. El problema de Trump es cómo lo hace, sin ninguna diplomacia.
Regreso a Sevilla
Sandro Pozzi, periodista sevillano con ascendencia italiana, ha trasladado su residencia habitual de Manhattan a la Alfalfa. Le acompañan su mujer Victoria, de origen coreano, y sus hijos, Clint Antonio, de siete años, y su hermana mayor, Astrid Valentina, de nueve. La mudanza no ha sido sencilla. Tanto que todavía no le han llegado las pertenencias que metió en un contenedor que ha cruzado el atlántico a bordo de un barco de carga. «Sabemos que ha pasado la aduana del puerto de Rotterdam. Ahora solo queda que venga a Sevilla en un camión», relata Sandro, que accedió a charlar con Sevilla Actualidad sobre su vida personal y profesional, y estos 25 años alejado de la capital hispalense.
La aventura comenzaba a las 18:30 horas de Nueva York de el pasado 25 de junio. ‘Tito’ y su equipo comenzaban a embalar en cajas de cartón la vida de Sandro y su familia para «comenzar una nueva» en la capital hispalense. ¿El motivo? «Hay varios. Cuando vives en una ciudad y empiezan a molestarte cosas que antes no te molestaban, significa que necesitas un cambio», relata Sandro, que se emociona cuando le preguntan qué ha dejado en la Gran Manzana tras 17 años navegando en esa «concrete jungle where dreams are made (Jungla de asfalto donde los sueños se construyen)». «Dejo a José Ángel Abad y a otros compañeros. Me emociono porque te tiras 18 años con ellos y se convierten en tu familia».
Llega además como se fue a Bruselas, sin un trabajo fijo pero con la firme intención de buscar la noticia en cualquier esquina. Actualmente colabora en algunas tertulias televisivas. A nadie se le escapa que las diferencias entre la vida en una ciudad universal como Nueva York y Sevilla, entre Manhattan y la Alfalfa. Sandro cuenta que los pequeños Clint y Astrid han experimentado en sus propias carnes el habitual shock cultural cuando el se experimenta en un cambio de país. «Lo más curioso ocurrió cuando visitamos la Catedral y vieron la tumba de Colón. En Estados Unidos, se tiene a Cristóbal Colón como un conquistador que le cortaba las manos a los indios. Y eso les impresionó. Suelen hacer referencias a Colón todos los días. Están completamente confundidos», apunta Sandro.
Pero eso ya lo auguraba el propio Sandro a la hora de elegir Sevilla como destino para vivir, una elección que, a priori, fue sencilla. «Elegimos Sevilla por la red familiar. Nosotros en Nueva York hemos vivido bien, pero de alguna manera sobrevives. Es cara, el ritmo social y de vida es elevado. Podríamos haber ido a Madrid, pero habríamos hecho lo mismo: sobrevivir. Hemos venido a Sevilla porque aquí están los abuelos. Pensábamos que era fundamental para los niños saber de dónde vienen. Fuera tienes amigos, pero la conexión nunca va a ser la misma que tienes con tu sangre».
Sandro Pozzi frente al edificio de la Adriática de José Espiau F. Si a Sandro Pozzi le preguntas por una calle en la que perderse por Sevilla, no titubea lo más mínimo. En el corazón de la Judería. Entre el rumor de las ruedas de las maletas de los turistas que se pierden por ella, está la calle Verde. «La calle Verde es el símbolo de lo que debería ser Sevilla en cuanto a sostenibilidad. Su vegetación hace que cuando se registran 43 grados, aquí haya tres o cuatro menos», señala mientras recorre las calles de un barrio que ahora él mismo habita.
Una charla con Sandro Pozzi es, además de una clase de periodismo, la viva muestra de que los sevillanos no somos conscientes de lo que tenemos en ciertas ocasiones. Un sevillano que, a pesar de haber pasado 25 años alejado de la ciudad, no deja de piropear a la ciudad cuando pasea por la Plaza de San Francisco y observa el estilo plateresco de la Casa Consistorial o se postra frente al edificio de la Adriática de José Espiau situado en la Avenida de la Constitución, el cual señala, es su favorito. Sandro es un sevillano que no puede evitar mostrar la alegría por volver a su ciudad y que su familia pueda conocer sus calles y sus tradiciones. Un viaje de Manhattan a la Alfalfa tras 25 años de exilio periodístico fuera de las murallas de Híspalis.
Toca volver tras 25 años fuera. Y si logré llegar tan lejos fue por el apoyo de mi familia, el respaldo de los colegas y la necesidad de contar entre tanto ruido. Pero al punto de agotamiento y no puedo seguir esperando algo que no llega...
Lejos de eso, Sandro Pozzi, atesora ya más de 17 años de experiencia en EE.UU. trabajando para medios como lo hizo durante años en EL PAIS antes en España y luego en Bruselas. Este sevillano, con sangre italiana, esposa e hijos coreanos y con doble nacionalidad vive intensamente su labor de la que destaca la amplitud del horario pues el día como corresponsal español en Nueva York empieza a las 5 de la madrugada y termina a las 11 de la noche.
Con esa mochila de vida en distintos trabajos y la sangre intercultural que corre con sus venas más las que ha contribuido a traer al mundo, es lógico que no crea en las barreras y le encanten que le regalen fotos de puentes.De talante comedido en pronósticos, acertó al afirmar “modestamente”, meses antes de las elecciones, que Biden ganaría y que ya no sería Florida la clave sino Pennsylvania y los sindicatos. Porque una de las características del personaje entrevistado es su modestia y sencillez.
Además de la televisión sigue escribiendo y creando piezas tan bonitas como una de las más recientes de La Información” narrando la historia de un gran empresario lácteo norteamericano que en su plantilla acoge a un 30 por ciento de refugiados y dobla el sueldo a sus trabajadores. Como decía Jorge Luis Borges y, de otra manera, Ryszard Kapuściński, el buen periodismo es contar cosas que interesen a la gente. Pero también decía el maestro de Pinsk que “para ser un buen periodista hay que ser ante todo una buena persona”. Pues esas dos condiciones de dos maestros las cumple este sevillano al que al final de la entrevista arrancamos un “Viva el Betis manque pierda” ¡En Triana nos vemos colega, hemos quedado!
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