Violencia verbal contra las mujeres: Un análisis profundo

22.11.2025

La violencia verbal contra las mujeres es un problema persistente que se manifiesta en diversos contextos, desde el ámbito laboral hasta el familiar y el público. A menudo, esta forma de agresión no se reconoce como tal, pero sus efectos pueden ser profundamente dañinos, perpetuando estereotipos y desigualdades de género.

Micromachismos verbales y el rol de la mujer

Cuando se habla de mujeres, el tema de los hijos se convierte con frecuencia en una suerte de micromachismo verbal, como si fuéramos las únicas responsables de los vástagos, que también tienen padre, o las principales responsables de no tener un trabajo por esa razón. Preguntas como «¿No teme que sus hijos necesiten ahora ayuda psicológica porque usted no va a estar tanto con ellos?» son muy frecuentes cuando una mujer accede a un puesto y se le dice si piensa tener hijos pronto.

El caso contrario también es objeto de chanza o recriminación verbal. O la rechazan porque el jefe considera que tener hijos pequeños la incapacita para el trabajo.

Estereotipos y sesgos en el lenguaje

Cuando los oyentes completaron la frase «Un caso de violencia verbal contra las mujeres se da cuando…» revelaron casos en los que se alude al cuerpo, al aspecto o a la juventud de las mujeres como lo más importante que tienen, lo que indica que se sigue machacando con que las rubias son tontas y las guapas han escalado puestos no por su inteligencia precisamente. Otros se refieren a que las ideas de las mujeres son menos importantes que las de los hombres.

Así lo señala otra de las participantes: «En la empresa en la que trabajo se refieren a los técnicos masculinos como el arquitecto tal o el ingeniero cual. Aluden también a otra insistente cantinela: las mujeres no tenemos conocimientos técnicos, no sabemos de números ni de finanzas y parece que necesitamos al lado la voz masculina para todo.

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Estrella Montolío invita a practicar la prueba de la inversión. Pongamos por caso: un hombre sale en bicicleta por la vía verde de su pueblo y un grupo de mujeres ciclistas le gritan que no lleva el piñón adecuado, que no va bien sentado, que no lleva las ruedas en condiciones… ¿A que es inconcebible? O ¿alguien les ha preguntado a los directores del yacimiento de Atapuerca cuál es la profesión de su esposa o por qué están ahí y no cuidando a sus hijos?

Ejemplos de violencia verbal

La fonoteca puesta en marcha por Estrella Montolío en RNE incluye unos 130 audios que aluden a numerosos estereotipos y sesgos que podrían formar parte de clasificaciones muy variadas.

  • «Cuando al salir de un consejo de departamento, protesté porque no estaba de acuerdo con un tema que se había decidido y un colega varón me dice: “Tú, como eres guapa no lo entiendes”.
  • «En mi primera intervención en un congreso de Lingüística, estaba muy nerviosa, pero salió bien y me hicieron muchas preguntas.
  • «Un piloto de fórmula 1 le dice a otro que tenía una mujer demasiado fea para ser piloto de fórmula 1».
  • «Era ejecutiva en una empresa y mis números se diferenciaban de los del resto. Un compañero me dice: “María Ángeles, los clientes te prefieren porque los calientas”.
  • «Un compañero me dice: “¿Y te vas a dejar las canas? Vas a parecer una bruja”.
  • «Tras una reunión de trabajo con dos mujeres altos cargos en una multinacional, un compañero comenta que ha ido muy bien porque venían muy dispuestas a escuchar nuestras ideas y otro contesta con sorna: “Así me gustan a mí, dispuestas”, y un tercero añade: “¿Habéis visto cómo iba vestida fulanita, no puedo creer que haya venido a una reunión de trabajo con una falda tan corta”.
  • «En un programa de televisión, el presentador se refirió a algo muy bueno como “teta de monja” con una sonrisa que hizo ver que el pecho virginal es violable.
  • «Cuando llegas al trabajo, apenas sin dormir bajo los efectos de los ansiolíticos, entras en la oficina que compartes con siete hombres, agentes de la Guardia Civil, y uno de ellos, el jefe, que junto con otro compañero ocupan y solo ocupan su puesto de trabajo, al responder a mi saludo de buenos días, le añaden a mi nombre el “señorita” y expectantes me observan como cada mañana para ver qué llevo debajo del abrigo.
  • «Un conocido me dijo que, cuando va caminando por la calle, mira a las mujeres con las que se cruza y les pone nota. Por ejemplo, poco pecho, un seis; un buen culo, te pongo un ocho».
  • «Cuando en una reunión llena de hombres en la que eres la única mujer, se hace un chiste o comentario machista, seguido del “disculpas a la presente”.
  • «En una reunión familiar, mi cuñado me dice que soy una mujer demasiado mayor para tener una relación conmigo -él tiene un año más que yo-.
  • «Cuando te hacen luz de gas.
  • «Cuando con una licenciatura en Matemáticas, una beca Marie Curie en investigación y un máster en dirección comercial y marketing, un compañero administrativo se dirige a mí como la secretaria del director comercial cuando soy la jefa del departamento de marketing.
  • «Cuando les comentas a tus compañeros de trabajo que vas a viajar a Panamá o a Sudáfrica para dar una formación, asistir a una reunión o trabajar con las comunidades y te preguntan: “¿Te vas sola?”. A un hombre nunca se lo dirían. Y si voy, por ejemplo a Siria o a Irak, además de esa pregunta después viene: “¿Y no tienes miedo?”.
  • «Cuando dicen: “La mujer de fulanito no ha trabajado nunca.
  • «Lo he escuchado en unas jornadas en Toledo a una ponente: “Detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”. ¿Cómo que detrás?
  • «En una revisión del embarazo le digo al ginecólogo que al tumbarme boca arriba me mareo mucho y que si es posible hacer la ecografía en otra posición.
  • «Al formar un equipo mixto de hombre y mujer para hacer un guión y ir a hablar con los directores de los programas, todas las indicaciones se las dan mirando al hombre, nunca a la mujer».
  • «Después de una evaluación en el instituto, saqué muy buenas notas y mi madre fue a hablar con uno de mis profesores. Me quedé boquiabierta cuando mi madre me cuenta: “Me ha dicho que no eres especialmente inteligente, pero que eres tan trabajadora”.
  • «Recuerdo que contaba los segundos que pasaban tras mis intervenciones en las reuniones de trabajo para escuchar de algún compañero: “Justo eso es lo que iba a decir yo, había pensado lo mismo”. A ellos no les ocurría, nunca tenían a nadie detrás que había pensado lo mismo.
  • «Cuando te piden que seas más plana, más hombre, porque tienes muchos cambios de humor por la regla.
  • «Cuando en la empresa en la que trabajas se refieren a los técnicos masculinos como el arquitecto tal o el ingeniero cual.
  • «Algunos comentaristas deportivos se refieren a las mujeres como “las chicas” del baloncesto o “las chicas” del balonmano y cuando se refieren a los grupos masculinos dicen la selección.
  • «Fui a comprar mascarillas a la farmacia y el farmacéutico me dice: “Las tengo rosas si quieres”.
  • «El director del departamento le pide al secretario administrativo que mande un correo electrónico con una información a las tres Marías. Las tres Marías éramos profesoras de la Universidad.
  • «Cuando al expresar una opinión bien informada, con un tono irónico, incluso cáustico, te dicen que tienes la lengua como una destral (especie de hacha pequeña de dos bocas o cortes).
  • «Cuando te dicen: “Nadie te va a querer como yo te quiero”.
  • «Trabajo en un sector que tradicionalmente ha sido masculino y en reuniones, cuando hablas, la actitud es de no tomarte en serio».
  • «En una reunión por Skype en la que estábamos mi jefe, otro compañero y yo, cada vez que yo hablaba, mi compañero miraba el móvil, se reía y me ignoraba.
  • «Un día, un compañero me dice que yo debería cobrar menos que él por el mismo trabajo que hacemos (soy médico de familia).
  • «Mi jefe me dice: “Si quieres mi puesto, dímelo”. Y un compañero: “Tú lo que quieres es hacerte con el puesto del jefe”.
  • «A un hombre en un grupo de varias mujeres también le cuesta hacerse entender. También se dice de un hombre que no puede hacer dos cosas a la vez. O cuando salvan a las mujeres y niños primero, ¿la vida de un hombre vale menos?
  • «Cuando un hombre ve que eres una mujer valiente, decidida, y te mira con desconfianza, como si fueras una repelente porque no tienes miedo a mostrar tu poder.
  • «Cuando quieres acceder a una promoción en tu carrera y tu jefe, rodeado de otros directivos, te dice: “¿Pero te vas a presentar con 52 años?, deja paso, mujer”.
  • «Cuando estás informando desde una zona de alto riesgo y alguien dice: “Ella aquí, dejando a sus hijos en casa”.
  • «Cuando voy en bicicleta para hacer una pequeña ruta por la vía verde de mi pueblo y señores ciclistas que no me conocen de nada me dicen que mi postura no es la adecuada, ni el tamaño de la bici, ni el piñón que llevo puesto, ni la presión de las ruedas.
  • «Aparcando un día, bastante bien, por cierto, me adelantó el que estaba detrás y muy amablemente sacó su cabeza por la ventanilla y gritó alto y claro: “Como folles igual que aparcas…”.
  • «Cuando ante cualquier situación adversa, se acaba diciendo: “Mujer tenías que ser”».
  • «Cuando en una conversación, un hombre, que se dedica a la tecnología, está diciendo: “Porque yo en mi PC…”.
  • «En la peluquería, llega un técnico a instalar un aparato nuevo y le está explicando a la dueña el funcionamiento y delante de varias empleadas y un solo empleado, el técnico dice: “¿Quiere que se lo explique al chico?”.
  • «Entro a trabajar en un taller de una siderurgia, comparto trabajo con 300 hombres y al mes se me acerca un compañero para decirme que ya he probado lo que es trabajar como un hombre, que donde mejor estamos es haciendo nuestras labores y no quitando el trabajo a chavales de la comarca.
  • «He estado trabajando haciendo inspecciones en el mundo rural y lo que más me molestaba es que me llamaran “nena”; ni por mi nombre ni por el apellido, “nena”. Y en el mismo ambiente, a la hora del almuerzo, a mí no me ponían las olivas o la ensalada que les ponían a ellos.
  • «Tengo 61 años y trabajo como jardinera.
  • «Cuando en el taller de reparación de automóviles propiedad de mi marido, estás limpiando el baño o la oficina y cualquier hombre que entra dice: “Ya hacía falta aquí una mujer, así está esto de limpio”.
  • «Voy a preparar unas oposiciones y les cuento a mis amigos que me voy a encerrar a estudiar y a ellos solo se les ocurre decir: “¿Y qué va a pasar con tus hijos?”.
  • «En la cocina de mi casa, estábamos hablando con mi suegro, mi marido y mi cuñado y cuando mi suegra quiso intervenir, su marido le dice: “Tú calla, que no tienes nada que decir”. Me quedé horripilada de su reacción y le dije: “Pero usted de qué va, claro que tiene qué decir, faltaría más”.
  • «Trabajo en un hospital y aprobé unas oposiciones fuera de mi comunidad y la mayoría de la gente que me conocía, incluidos mis compañeros, me preguntaban: “¿Y qué vas a hacer con tus hijos?”.
  • «Acudes por primera vez al servicio de mediación familiar y cuando están cumplimentando la ficha, me preguntan por la ocupación y les contesto que soy madre y ama de casa y la persona que apuntaba los datos pone “desocupada”. Le repetí que había dicho madre y ama de casa y que pusiera eso.

La importancia de la conciencia y la acción

«La existencia de estos sesgos no significa que todos los hombres sean acosadores -señalan Montolío y el director del programa radiofónico, Carles Mesa-. Todos, hombres y mujeres, tenemos los sesgos machistas muy incorporados y hemos de ser conscientes para poder erradicarlos.

El director de No es un día cualquiera, Carles Mesa, considera que los medios de comunicación deben esforzarse para que las mujeres estén representadas. «Me da mucha rabia cuando en una tertulia, los hombres siempre quieren ser el centro de atención. La mayoría de las veces se menosprecia la opinión de ellas.

Torres denunciaba que a menudo la violencia verbal no se considera una agresión y que los juristas no siempre la interpretan como un posible delito.

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Carles Mesa señala: «Lo más sorprendente de los audios recibidos es que las y los oyentes tuvieran tantas ganas de contar sus experiencias. Uno de los audios que dice «Te haría de todo, guapa» refleja la hostilidad con la que han de lidiar muchas mujeres jóvenes en el espacio público. Lo envió una oyente, psicóloga y terapeuta sexual, que ha sido testigo de cómo se utiliza el lenguaje para humillar. Dice que cuando las mujeres no responden a las insinuaciones del provocador se las tacha de feas y estrechas. Y como otras muchas personas, considera que los piropos groseros dichos por desconocidos en la calle son deshumanizantes, implican una cosificación, reducen a la mujer a ser un objeto sexual, son intrusivos y constituyen una clara expresión vertical de poder.

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