Si el padre fuma: Efectos en el feto
Cada vez son más los estudios que demuestran que ciertas exposiciones a tóxicos antes de ser padres pueden tener un impacto en la salud de los descendientes. Desde hace años, muchos estudios han confirmado los efectos negativos del tabaco en la salud, en la mayoría de los casos asociados a los fumadores de largo recorrido. Sin embargo, el humo de los cigarrillos afecta desde los primeros minutos de vida, incluso antes de nacer.
Tabaquismo paterno y riesgo de asma
El último afirma que los hombres que fuman antes de la concepción pueden poner a sus hijos en riesgo de desarrollar asma. Los investigadores analizaron los hábitos de fumar de más de 13.000 hombres y mujeres. Los participantes respondieron a un cuestionario que evaluó el número de años que madres y padres habían fumado antes de la concepción, la incidencia de asma en los niños, y si el padre lo había dejado antes que el bebé fuera concebido.
En los resultados, si bien no hubo relación entre el tabaquismo de la madre antes de la concepción y el asma del bebé, sí que la hubo en los bebés con padres fumadores. Según Cecile Svanes de la Universidad de Bergen, Noruega, este estudio es importante ya que es el primero que analiza cómo el hábito de fumar antes de la concepción de un padre puede afectar la salud respiratoria de los niños.
“Teniendo en cuenta estos resultados -explica-, podemos suponer que la exposición a cualquier tipo de contaminación del aire o exposición química también podría causar efecto”.
Efectos del tabaquismo materno durante el embarazo
Muchas personas piensan que, una vez logrado el embarazo, el daño ya está hecho y que dejar de fumar ya no tendrá efecto. Sin embargo, los perjuicios del tabaco durante el embarazo están avalados en numerosos estudios. Se sabe que las madres que fuman durante gestación tienen más riesgo de abortos espontáneos y de nacimientos prematuros.
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El consumo de tabaco también se asocia con una mayor incidencia de restricción del crecimiento intrauterino, lo que significa que el bebé no se desarrolla al ritmo adecuado. Al margen, los bebés nacidos de madres fumadoras pueden tener un menor peso al nacer, mayor propensión a enfermedades respiratorias y un mayor riesgo de sufrir complicaciones en los primeros meses de vida.
“Aunque el feto no respira de forma autónoma, las sustancias se transmiten por la sangre a través de la placenta”, explica el coautor Stephanie London, epidemiólogo y médico en el Instituto Nacional de Salud Ambiental (NIEHS) de EE UU.
Impacto en el ADN del bebé
Trabajos anteriores ya revelaban las huellas que dejaban las mujeres fumadoras en el ADN de sus hijos, pero hasta ahora nunca se habían realizado ensayos en una población de estudio tan amplia. El equipo de investigadores examinó los resultados de 6.685 bebés y sus madres, las cuales fueron distribuidas según sus hábitos en cuanto a consumo de tabaco.
De esta forma, la muestra quedó dividida en ‘fumadoras asiduas’, que fumaban durante su embarazo (13 %); ‘fumadoras ocasionales’, las que dejaron de fumar al inicio de su embarazo (25 %); y en ‘no fumadoras’ (62 %).
La sangre recogida del cordón desvela que el ADN de los bebés cuyas madres son ‘fumadoras asiduas’ posen 6.073 posiciones diferentes a la secuencia de los recién nacidos de madres ‘no fumadoras’. Los cambios en la secuencia de ADN corresponden a genes vinculados con los pulmones y con el desarrollo del sistema nervioso, lo que ayuda a explicar las causas de algunas enfermedades prematuras. "Ya sabíamos que el tabaquismo estaba relacionado con el labio y el paladar leporino, pero aún no sabemos por qué.
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Riesgos asociados a la placenta
Fumar durante el embarazo o respirar el humo del tabaco también está relacionado con problemas graves con la placenta, entre ellos la placenta previa (la placenta bloquea el canal del parto) y el desprendimiento de la placenta (la placenta se desprende antes de tiempo de la pared uterina). Además, algunos estudios han encontrado vínculos entre el tabaco y las dificultades de aprendizaje y conducta en los niños, entre ellos con el déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos también advierte de los numerosos problemas de salud que causa el tabaco. Entre ellos, destaca que fumar dificulta que la mujer quede embarazada, dispara el riesgo de aborto cuando la futura mamá fuma durante la gestación y puede provocar embarazos ectópicos, nacimientos prematuros y con bajo peso, así como malformaciones en el bebé.
Tabaquismo pasivo y aborto espontáneo
Casi 5,8 millones de mujeres no fumadoras no fumadoras y sus parejas participaron en el estudio. Un 29 por ciento de los hombres eran fumadores y la tasa general de abortos espontáneos se situó en torno al 2,5 por ciento. Las mujeres cuyo compañero abandonó el tabaco cuando se produjo el embarazo tenían un 18 por ciento menos de riesgo de aborto espontáneo que aquellas cuya pareja no dejó de fumar.
Los investigadores reconocen que el estudio asocia el tabaco en las parejas y el aborto, pero no llega a identificar los mecanismos por los que el tabaquismo paterno influye en la pérdida del embarazo.
La probabilidad de tener un bebé con malformaciones congénitas se sitúa entre el 3 y el 5 por ciento. Esta organización también alerta sobre las parejas fumadoras y explica que los hombres que fuman pueden tener menor recuento de espermatozoides y peor calidad de esperma.
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Más de 4.000 sustancias químicas y toxinas se liberan al fumar en el humo del cigarrillo. Algunas de ellas pueden atravesar la placenta y reducen la cantidad de oxígeno y la alimentación que recibe el feto. Al inhalar el humo, éste entra en los pulmones y los gases y partículas alcanzan la sangre y los órganos internos.
La probabilidad de aborto espontáneo, según la web especializada en malformaciones, es mayor en las mujeres que fuman, así como el riesgo de embarazo ectópico, una complicación grave en la que el embrión crece fuera del útero.
Consumo de alcohol durante el embarazo
El alcohol es la droga de mayor consumo en los países industrializados. Se estima que el 60% de las embarazadas son abstemias, un 1% consume más de 40 g de alcohol absoluto al día, un 2% consume diariamente esta dosis, un 17% bebe moderadamente (entre 20 y 40 g al día) y un 20% consume ocasionalmente dosis pequeñas (menos de 20 g). No debemos olvidar el contenido alcohólico de algunos medicamentos antitusígenos, que puede llegar a ser del 25% de su volumen, y que son habitualmente automedicados por las gestantes.
La primera preocupación sobre el consumo de alcohol durante el embarazo es el potencial efecto adverso que pueda producir en el desarrollo fetal. Se debe tener en cuenta que el consumo de alcohol durante el embarazo es la causa no genética más frecuente de retraso mental. Se considera que el alcohol es causante del 5% de los abortos espontáneos, pudiendo llegar al 45% en aquellas mujeres que beben 45 o más ml/día de alcohol absoluto.
No existe un nivel de consumo seguro ni una época concreta durante la gestación que elimine todo riesgo, por lo cual es aconsejable suprimir el consumo de alcohol totalmente y en cualquier momento, pues siempre cabe esperar un beneficio. Se ha documentado que una disminución en el consumo de alcohol, incluso en las semanas 24 a 26 de gestación, se asocia a una mejoría de los resultados perinatales.
Es razonable suponer que sustancias que atraviesan con facilidad la barrera hematoencefálica (como el alcohol, los opiáceos, la cocaína, los sedantes y los hipnóticos) atraviesen la barrera placentaria, ejerciendo su efecto sobre el feto. El bajo peso molecular y la liposolubilidad de estas sustancias facilitan el paso trasplacentario.
El alcohol ingerido y absorbido a nivel de la mucosa gastroduodenal alcanza la circulación materna rápidamente (un minuto) y, puesto que el paso a través de la placenta es por difusión simple, llega a la circulación fetal casi al mismo tiempo y alcanza los mismos niveles que en la materna. La absorción es rápida y completa, alcanzando un pico máximo a los 20 ó 30 minutos.
Los efectos embriotóxicos o teratógenos del alcohol en el feto se pueden traducir en muerte, cambios dismórficos.
Consumo de drogas y muerte súbita infantil
Investigadores de la Universidad de California en San Diego (EEUU) examinaron el historial de 239 niños menores de un año que entre 1989 y 1992 fallecieron de MSI y 239 pequeños sanos nacidos en la misma época. Después, relacionaron estos datos con el consumo de drogas (marihuana, cocaína y opiáceos) por parte de los progenitores durante la concepción, embarazo y tras el nacimiento del niño.
Según el estudio, si el padre había fumado esta sustancia tras el nacimiento de su pequeño, éste tenía el triple de posibilidades de morir por MSI que los hijos de hombres que no tomaban drogas. Además, el riesgo se duplicaba si había sido durante el embarazo y se incrementaba en ambos momentos si los padres también fumaban y bebían alcohol.
Sorprendentemente, el estudio no halló relación entre este síndrome infantil y el consumo de marihuana en la madre. Sin embargo, los investigadores aclaran que esto se debe a que muy pocas progenitoras reconocieron haber fumado la droga. De todos modos, existen algunos trabajos anteriores que sí prueban el vínculo entre la MSI y una madre drogadicta.
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