El controvertido método Estivill: Origen y significado
Harán ya unos quince años que cayó en mis manos el primer y único texto de Estivill que he leído.
Era una versión resumida del famoso libro Duérmete niño que, como no era de extrañar, nos regalaba a los médicos un laboratorio farmacéutico.
Como psiquiatra infantil y como madre el Duérmete niño me parecía una apología del maltrato infantil, y así lo he repetido numerosas veces.
No digo yo que establecer ciertas rutinas no pueda ser beneficioso en ocasiones, pero la parte final de esa rutina que propone Estivill supone desatender el llanto de los bebés, dejándolos llorar solos en su cuna y habitación, una barbaridad que se paga muy cara.
En mi consulta he pasado años intentando arreglar los desaguisados y estropicios que el librito ha producido a tantísimos niños y niñas así como a sus familias.
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Demasiadas veces deseé para mis adentros que Estivill no pudiera dormir, que escuchara durante noches el llanto de todos esos bebés a los que hizo llorar sin posibilidad de consuelo.
Me he sentido desolada al ver esas secuelas que Estivill insistentemente niega, y que a veces tienen la forma de trastornos de ansiedad de separación, depresiones infantiles, enuresis o graves trastornos de conducta en la adolescencia.
Leo ahora una entrevista reciente a Estivill y compruebo nuevamente como su avaricia no parece de tener límites, al igual que su ignorancia y su osadía.
Sólo así se entiende que sea capaz de seguir afirmando semejantes falacias y encima mentir con desfachatez al decir que él «no opina, sólo dice lo que dice la ciencia».
Sus afirmaciones recientes no tienen desperdicio, empezando por el disparate este de que «actualmente, creo que la crisis ayudará a educar mejor a los niños porque no podremos darles todo«.
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Me parece ofensivo cuando vemos como se dispara la cantidad de niños y niñas que viven en situación de pobreza en nuestro país (ver La crisis se ceba con la infancia).
Ilustra muy bien con que cinismo argumenta sus sandeces Estivill.
En cualquier caso no tiene ni pies ni cabeza que haga y publique cosas como ésta donde cuenta que trató a 9 adultos insomnes con olanzapina.
Eso se llama matar moscas a cañonazos.
«Duérmete niño es algo científico, funciona. Yo no soy un gurú ni un predicador.
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«Está demostrado que los niños que no duermen bien tienen más problemas de conducta, los que duermen con sus padres tienen más dependencia, los que hacen colecho tienen más riesgo de sufrir problemas de autoestima.
Y todo esto está demostrado y publicado.
Para empezar la Academia Americana de Pediatría recomienda dormir en la misma habitación que el bebé (se puede leer aquí).
Desaconseja compartir la cama, pero aclara que esto lo señalan sobre todo para madres y padres fumadores, que consumen alcohol o que duermen en camas de agua, costumbre afortunadamente no extendida en nuestro país.
Eso sí es sentido común.
Para seguir, esto que dice de que las opiniones contrarias no las encontramos en el mundo científico es absolutamente falso.
Lo que no encontramos a día de hoy es ni un sólo experto en neurociencia que recomiende dejar llorar solo a un bebé.
Mi hobby particular es la neurobiología del apego.
Me gustaría que Estivill leyera a fondo de verdad los trabajos de algunos de ellos.
Por ejemplo las investigaciones de Allan Schore, neuropsicólogo de la prestigiosa UCLA (Universidad de Los Angeles, California) y verdadera eminencia mundial.
Está especializado en comprender cómo el apego y el estrés afectan al desarrollo cerebral, y está demostrando cómo el cuidado emocional que recibimos en los dos primeros años de nuestra vida marca el resto de nuestra existencia, incluso define la morfología de nuestro cerebro.
Schore explica en sus brillantes artículos científicos fenomenalmente porqué sucede eso que Estivill mencionaba de que después de mucho llorar el bebé suele terminar vomitando.
En este enlace, al final de la página 15 comienza la descripción del «frenético terror» que supone para un bebé llorar sin recibir consuelo, los cambios bioquímicos que acontecen en su cerebro, y cómo la huella de ese estrés si se va repitiendo marcará a esa persona de por vida.
Ha explicado cómo el cerebro del bebé se construye en esa relación íntima con la madre y el padre, y cómo de importante es el consuelo.
Schore además ha investigado procesos similares en otros mamíferos como los elefantes: también a ellos la ruptura temprana del vínculo les deja unas secuelas gravísimas.
Ojalá alguien tradujera sus trabajos al castellano.
Otra investigadora imprescindible es Ruth Feldman, neuropsicóloga israelita que investiga sobre los aspectos neurohormonales de la sincronía que se produce entre madres y bebés y también con los padres.
La respuesta de las madres al llanto del bebé de hecho se toma como el marcador más importante en neurobiología del apego, la prueba de que la madre es sensible y cuidará eficazmente a su cría.
Ya hay muchos grupos viendo en vivo y en directo que áreas del cerebro de madres y padres se activan con el llanto del bebé, activación que produce la conducta inmediata de coger al bebé y consolarlo.
Lo que hace Estivill aprovechándose de su autoridad como médico para pedir a los padres y madres que no sigan la llamada de su corazón ni de su cerebro es muy grave.
Tira por tierra toda la evidencia científica, miente como un bellaco y anima a madres y padres a volver la espalda a sus bebés.
¿A qué se refiere?
¿No estará hablando de su chapucero estudio comparando a 9 madres barcelonesas con 37 madres de Sao Paulo que se quejaban de que sus bebés no dormían y que en un simple cuestionario daban puntuaciones sugerentes de depresión?
No hay más que leer su estudio para comprender que eso no es ciencia: compara dos muestras nada representativas y saca conclusiones de Perogrullo como que las madres de bebés «con insomnio» dormían mal.
Apliqué este método con mi hija cuando tenía 22 meses, puedo decir que nunca volvió a ser la misma.
El cambio fue inmediato y evidente no solo para mí, sino para todos quienes conocían a mi niña.
Se volvió triste, desconfiada y seria, dejó de sonreír con facilidad y se convirtió en una niña insegura.
No sé cómo pude tener la sangre fría de hacerle eso, a una edad en la que ni siquiera puedes explicarle razones o que sepa qué está pasando y por qué de un día para otro sus padres, que la protegían y respetaban, la echaban a la oscuridad, la soledad y el pánico.
Lamento mil veces haber sido tan ignorante y egoísta, no haber podido contactar con la causa de su mal dormir o por último, con la compasión, la paciencia.
Tanto mal le hizo a mi hija, que cuando nació mi segundo bebé, directamente compramos una cama más grande para dormir los 4.
Hoy mi marido y yo es una de las cosas que más echamos de menos, dormir tranquilos y felices con nuestras crías.
Mi segundo hijo es muy seguro de sí mismo, estoy segura de que se debe en gran parte a que no tuvo que pasar por la experiencia Estivill.
Mis padres usaron este método conmigo.
Hoy, con 32 años, por fin empiezo a comprender y validar el sentimiento de soledad, rechazo, pensar que nadie puede ayudarme, que no puedo salir de la situación en la que esté, etc.
No culpo a mis padres, aunque tengo trabajo que hacer en cuanto a relacionarme con ellos.
Fui criada con este método, y puedo decir que ha tenido numerosos efectos negativos en mi vida, desde un miedo a la oscuridad descontrolado y que me ha acompañado hasta bien entrada mi edad adulta, hasta una dificultad para expresar mis emociones basada en la sensación de que «no va a servir para nada» o «va a resultar una molestia para los demás, lo cual ha dificultado mi acceso a relaciones auténticas con quienes me quieren y rodean.
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