Tasa de Fecundidad y Fertilidad: Entendiendo las Diferencias y su Impacto Global

24.10.2025

El año 2023 probablemente fue un año único en la historia de la humanidad. Por primera vez en nuestra existencia como especie, los seres humanos ya no nos reemplazamos, es decir, la fecundidad de la humanidad ha caído por debajo del nivel necesario para mantener la población constante en el largo plazo.

Este hito excepcional en nuestra historia colectiva requiere cierta explicación. El declive demográfico de la humanidad ha comenzado. Fíjese, querido lector, que no me refiero a la fecundidad en las economías avanzadas, sino a la de todos los seres humanos, incluyendo África y el mundo musulmán, dos regiones donde la fecundidad todavía sigue siendo relativamente alta.

¿Qué es la Tasa de Fecundidad?

La tasa de fecundidad (o fertilidad) en un año X en una población es el número medio de hijos que nacen de una mujer si esta vive hasta el final de su edad fértil y, en cada año fértil, da a luz según la fertilidad media de las mujeres de precisamente esa edad en el año X. De una manera más rápida y solo un poco imprecisa, una tasa de fecundidad de 2,5 en una población significa que esperamos que una mujer que pertenezca a esa población tenga 2,5 hijos de media.

La tasa de fecundidad es particularmente útil cuando la comparamos con la tasa de reemplazo de una población, es decir, con la cantidad de niños que tienen que nacer para mantener la población constante a lo largo del tiempo.

Tasa de Reemplazo: ¿Por qué 2,1?

Muchos lectores estarán familiarizados con la idea de que la tasa de reemplazo es 2,1. Esta es la cifra más manejada en los medios de comunicación e incluso en artículos de investigación. En una población que no practique abortos selectivos (esto es, que no se aborte más a las niñas que a los niños) nacen aproximadamente 105 niños por cada 100 niñas. En una economía avanzada con una esperanza de vida alta, unas 98 de esas 100 niñas sobreviven toda su edad fértil.

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Imaginemos un país A con 1.000 mujeres en edad fértil. Si estas 1.000 mujeres dan a luz a un total de 2.100 hijos (una tasa de fecundidad de 2,1), 1.076 serán niños y 1.024 niñas. De esas 1.024 niñas, 1.000 sobrevivirán su edad fértil y darán a luz, a su vez a 2.100 hijos, manteniendo el tamaño de la población constante a lo largo del tiempo.

El problema, claro, es que en mi cálculo he empleado dos hipótesis que son razonables para las economías occidentales, pero no para muchos otros países. Primero, que no se practiquen abortos selectivos. Tristemente este no es el caso en muchas partes de Asia (aunque la situación va remediándose). En China nacen 115 niños por cada 100 niñas. Por tanto, la tasa de reemplazo en China es aproximadamente 2,19, no 2,1. Segundo, muchas menos mujeres sobreviven a su edad fértil fuera de las economías avanzadas. En un país con alta mortalidad femenina, la tasa de reemplazo puede incluso llegar a ser 2,6 (y en siglos pasados hasta 4).

Aunque no tenemos datos muy precisos sobre la razón de nacimientos niños/niñas o sobre la tasa de mortalidad entre las mujeres jóvenes en muchas partes de África y Asia, mis cálculos son que la tasa de reemplazo de la humanidad es aproximadamente 2,22.

¿Por qué sigue creciendo la población mundial? Por la inercia de las generaciones pasadas

Según los datos más recientes de las Naciones Unidas, la tasa de fecundidad de la humanidad en 2023 fue de 2,31. Sin embargo, los números de nacimientos de las Naciones Unidas están "inflados". Ajustando la tasa de fecundidad mundial para que refleje unos datos de nacimientos más exactos, en 2023 habremos estado aproximadamente en 2,2. Es decir, por debajo de la tasa de reemplazo de 2,22.

Como explicaba antes, esto no había pasado nunca, ni durante las guerras mundiales ni en epidemias masivas. Pero entonces, ¿por qué sigue creciendo la población mundial? Por la inercia de las generaciones pasadas. Hay muchas mujeres a nivel mundial en edad fértil y, aunque de media no tengan suficientes hijas para reemplazarlas en la próxima generación, la población sigue creciendo durante unos años.

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Un ejemplo ilustra esta "inercia". Imagínese dos parejas: los Sánchez y los García. Los Sánchez tienen dos hijos y los García dos hijas. Y, por causalidad, los dos hijos Sánchez se casan con las dos hijas García. Las dos nuevas felices parejas solo tienen un hijo cada una. Como los abuelos todavía no se han muerto, la población Sánchez-García ha crecido de ocho (los cuatro abuelos y los cuatro hijos) a diez (los cuatro abuelos, los cuatro hijos y los dos nietos). Pero los Sánchez-García no se están reemplazando: cuando se mueran los abuelos, la población Sánchez-García bajará a seis. Bueno, pues eso es lo que está pasando en el planeta ahora mismo: los nietos ya han llegado, pero los abuelos, que son más que los nietos, siguen vivos.

De manera más rigurosa: la tasa bruta de natalidad del planeta (los nacimientos que tenemos en un año) anda por el 16 por mil (16 nacimientos por cada 1.000 habitantes del planeta), pero la tasa bruta de mortalidad anda por el 7,5 por mil (7,5 defunciones por cada 1.000 habitantes del planeta), con un crecimiento de 8,5 por mil. La tasa bruta de natalidad irá reduciéndose de manera muy rápida en las próximas décadas, reflejando la caída de la tasa de fecundidad que ya se ha producido y la tasa bruta de mortalidad subirá a medida que la población envejezca, por mucho que avance la esperanza de vida (aunque vivamos 95 años de media en vez de 85, habrá tanta gente de 95 años que la mortalidad se disparará: en Japón la tasa bruta de mortalidad es el 12,7 por mil). Una extrapolación sencilla de la evolución de la tasa bruta de natalidad y mortalidad durante las últimas décadas nos dice que ambas tasas se cruzarán (y por tanto la población mundial caerá) en algún momento cerca de 2055.

La Situación en Diversas Regiones

En Corea del Sur, los nacimientos se han reducido un 16% adicional de 2020 a 2023 y la tasa de fecundidad ha pasado de 0,84 a 0,74 (¡0,74 hijos de media por mujer!). En China, los nacimientos en 2023 fueron 9.020.000, un millón menos que en 2020, lo que ha provocado una reducción de la población china.

En Iberoamérica, Brasil tiene una tasa de fecundidad de 1,50. México anda por 1,90, Colombia por 1,52, Argentina por 1,30 y Perú por 1,90. Los casos más extremos son Cuba y Uruguay, donde las muertes ya superan los nacimientos. El invierno demográfico que se le avecina a Iberoamérica (que encima envía emigrantes al resto del mundo) es tremendo.

La fecundidad en el mundo musulmán también está cayendo muy deprisa. Turquía ha tenido 934.215 nacimientos y una tasa de fecundidad de 1,51 en 2023, una reducción de 0,25 en solo tres años. La tasa de fecundidad en Irán está en 1,70 y en Túnez en 1,50. Incluso en países con tasas de fecundidad más altas, como Egipto, esta tasa ha caído del 3,5 en 2014 al 2,58 en 2023, una reducción de casi un hijo por mujer en solo una década.

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En África, la fecundidad también está cayendo muy deprisa y que de hecho puede ser ya bastante más baja de lo que estiman las Naciones Unidas. Por ejemplo, en Kenia, donde hay una encuesta de hogares relativamente fiable, la tasa de fecundidad ha caído de 4,8 hijos en 2009 a 3,4 hijos en 2019, con áreas como la zona metropolitana de Nairobi ya por debajo de 2,1 en 2023.

Implicaciones Económicas y Sociales

La caída de la fecundidad y el envejecimiento implican que la razón entre la población en edad de trabajar y la población total se reduce. Lo que esto significa es que podemos tener una situación donde, mientras el PIB por adulto en edad de trabajar sigue creciendo con fuerza, el PIB per cápita o total no lo hace.

Un simple ejemplo clarifica esta idea. Imaginémonos un país con cuatro personas: tres trabajadores y un jubilado. Cada trabajador produce 100 unidades de bienes y servicios. El PIB total es 300 y el PIB per cápita 75. De repente, al envejecer la población, uno de los tres trabajadores se jubila y los dos trabajadores restantes incrementan su producción a 150. El PIB total sigue siendo 300 y el PIB per cápita 75, lo que parece sugerir estancamiento económico cuando, en realidad, este país lo está haciendo francamente bien: su productividad ha crecido un 50%.

El caso paradigmático de cuán engañosa se ha vuelto la noción de crecimiento del producto per cápita es el de Japón. Entre 1990 y 2019, el PIB de Japón creció a un ritmo anual del 0,93%, muy por debajo del 2,49% de Estados Unidos.

La Situación en España

El nivel de natalidad en una sociedad tiene implicaciones económicas y sociales al afectar al crecimiento vegetativo de la población y, por tanto, a la velocidad de envejecimiento de la misma. Este envejecimiento repercute por una parte, en el fenómeno de despoblación que vive España y, por otra en la sostenibilidad del Estado del bienestar, al aumentar el gasto en sanidad, dependencia y pensiones.

Entre 1975 y 1998, los indicadores de natalidad y fecundidad en España se desplomaron situándola dentro de las economías de fecundidad muy baja (“lowest-low fertility”). En el contexto de la UE-28, España, junto a Portugal e Irlanda, es la economía en la que el índice de fecundidad se ha reducido con mayor intensidad entre 1975 y 2017. De ser el segundo país con la fecundidad más elevada, después de Irlanda, ha caído hasta el penúltimo lugar con 1,3 hijos por mujer en 2017 (último año disponible para la Unión Europea), solo por encima de Malta (1,26), en niveles parecidos a Chipre (1,31), Italia (1,32) y Grecia (1,35) y lejos de Francia (1,9) o Suecia (1,78).

La tasa bruta de natalidad (TBN), que mide el número de nacimientos por cada mil habitantes, ha caído en la mitad de los municipios españoles en 2017 respecto al 2000, principalmente en la parte central y sur de España, así como Canarias. En un 18% de los municipios, la TBN no ha variado, registrándose en la mayoría de esos municipios cero nacimientos.

Para garantizar la estabilidad de la población se necesita un nivel de reemplazo generacional de 2,1 hijos por mujer. El Índice Síntético de Fecundidad (ISF) mide el nivel de fecundidad expresado en hijos por mujer. El ISF en España ha caído desde los 2,8 hijos por mujer en 1975 hasta los 1,25 en 2018 (último año disponible para España).

La caída de la natalidad y la fecundidad guarda una estrecha relación con el aplazamiento de la maternidad en España. La creciente participación de la mujer en el mercado de trabajo y el elevado nivel educativo que han ido alcanzando han retrasado la decisión de ser madres a edades más avanzadas. Actualmente en España, a mayor nivel educativo de la madre el número medio de hijos es menor.

Brecha entre Fecundidad Deseada y Real

En España, como en muchos otros países, existe una brecha notable entre la fecundidad real -el número de hijos que una mujer tiene a lo largo de su vida- y la fecundidad deseada, es decir, la cantidad de hijos que mujeres o parejas afirman querer tener según su contexto social, económico y cultural.

Diversos estudios demográficos han constatado que, mientras la mayoría de las mujeres españolas expresa el deseo de tener dos hijos, la tasa de fecundidad real apenas supera los 1,3 hijos por mujer, situando a España entre los países con menor natalidad de Europa. Esta diferencia persistente se explica por una combinación de factores: la precariedad laboral, las dificultades para acceder a una vivienda y la falta de medidas de conciliación familiar limitan la posibilidad de formar un hogar y retrasan la maternidad.

Un nivel de natalidad por debajo del deseado contribuye al envejecimiento progresivo de la población, una menor proporción de población activa y una presión creciente sobre los sistemas de pensiones y de cuidados.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNFPA, propone a los países implementar medidas orientadas a fomentar la estabilidad laboral y el acceso a la vivienda, así como también promover políticas de apoyo a la familia. Además, invitan a que vayan junto a otras medidas de conciliación laboral bajo la premisa de la igualdad de genéro, como trabajo flexible, guarderías en los centros de trabajo y permisos para cuidar de los hijos.

En este contexto, la reproducción asistida se ha convertido en una herramienta cada vez más utilizada para enfrentar parte del problema. Puede ofrecer soluciones a problemas médicos, facilitar la maternidad en edades más avanzadas y abrir posibilidades a personas solteras o parejas del mismo sexo. Sin embargo, su alcance es limitado.

Fecundidad Natural

Hoy en día la pareja humana puede elegir el tamaño de la familia que desea tener, sin embargo, no resulta fácil imaginar el número máximo de hijos que esta puede llegar a concebir a lo largo de su vida reproductiva. Se necesita entonces un modelo en el que el tamaño de la familia esté exento de presiones sociales inhibitorias.

Eaton y Mayer, en 1954 reportaron la existencia de un modelo ideal para este fin. Se trata de una comunidad que no usa métodos anticonceptivos por convicciones religiosas y que, además, posee excelentes registros demográficos, aunque existen dudas acerca del cambio que pudiera haber experimentado esta población después de los años 60. Este grupo es una secta religiosa denominada Huteritas, que es una rama comunal de los anabaptistas que, como los amish y los menonitas, trazan sus raíces en la Reforma radical del siglo XVI.

Guttmacher estudió el rendimiento reproductivo de 340 mujeres hutteritas mayores de 45 años en 1950. Incluyendo mujeres estériles y viudas, el término medio de hijos era de 8,9 por matrimonio. La moda era algo más alta (10, 4). La cifra máxima de hijos en el grupo fue de 16.

Tasa Global de Fecundidad (TGF)

Se define la Fecundidad como la realización efectiva de la fertilidad, es decir, la abundancia de la reproducción biológica en cualquier especie. Los factores que regulan la fecundidad de una población se denominan determinantes de fecundidad, fueron descritos por Boongarts (1978) y son cuatro:

  1. El índice de matrimonios (Cm) (entendiendo como tal para los fines de este análisis como la cohabitación de una pareja heterosexual).
  2. El índice de anticoncepción (Cc).
  3. El índice de aborto inducido (Ca).
  4. El índice de infecundabilidad postparto (Ci).

Todos estos determinantes de fecundidad tienen un rol inhibitorio sobre la procreación. El modelo de Boongarts considera que el cálculo de la tasa global de fecundidad (TGF) provendrá de la siguiente formula:

Esta fórmula se emplea para estimar o predecir el número de hijos por mujer que está teniendo una población y se ajusta bastante bien a la realidad. Así, la postergación de la maternidad acompañada de una alta prevalencia de uso de métodos anticonceptivos, lactancia breve y alta incidencia de aborto inducido determinará que la TGF descienda sobrepasando el nivel de reemplazo (TGF=2).

Las poblaciones desaceleran su crecimiento al alcanzar una TGF de 2, lo que implica que a su muerte la pareja será reemplazada por dos nuevos individuos. La tasa de natalidad continuará creciendo transitoriamente debido al alto número de mujeres en edad reproductiva (fenómeno denominado inercia de población o “population momentum”).

Existen variables capaces de modificar la fecundidad a las que se les da el nombre de diferenciales. Se dice que la educación y la proporción de población urbano-rural modulan el efecto de los determinantes de fertilidad y, debido a ello, países con bajo ingreso per cápita, pero con elevados niveles de escolaridad, disminuyen más rápidamente su TGF. Por otra parte, la vida en la urbe influye en forma determinante en la concepción del tamaño ideal de la familia.

Infertilidad

Una de cada siete parejas tiene actualmente problemas para concebir naturalmente. Esta realidad podría variar en las próximas décadas llegando a cifras tan extremas como 1 de cada tres parejas. Los principales factores que están contribuyendo a este fenómeno son la postergación de la maternidad, el reciente aumento en la prevalencia de las enfermedades de transmisión sexual y un inusual aumento de la frecuencia de obesidad en la población mundial.

La compleja trama emocional que subyace al concepto de infertilidad atenta contra muchos aspectos de la vida en pareja, no sólo en la mutua relación, sino también a cada uno de los dos componentes de la pareja individualmente y sus relaciones con los amigos y la familia. De allí que la asistencia de esta patología requiera del apoyo de un equipo multidisciplinario, que incluya atención médica, de enfermería, sicológica y de otros profesionales.

Las parejas reproductivamente normales exhiben tasas acumulativas de embarazo de 90% después de un período de un año de actividad sexual regular, y de un 95% después de 2 años. Se define la infertilidad como la inhabilidad de una pareja para lograr la concepción o llevar un embarazo a término después de un año o más de actividad sexual no protegida por un método anticonceptivo.

La OMS estima que un 8-10% de las parejas experimentan alguna forma de infertilidad (primaria o secundaria). Entre estas parejas la infertilidad es de causa femenina en alrededor de un 30-40% de los casos. En 10-30% de los casos la causa es exclusivamente masculina y entre un 15-30% ambos cónyuges son responsables.

En el Instituto de Investigaciones Materno Infantil de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (IDIMI), se realizó un estudio basado en población el año 1990. Los resultados señalan que un 7.04% de las parejas que no estaban practicando anticoncepción a los 8 años de matrimonio presentaban infertilidad definida como la inhabilidad para concebir después de intentarlo (sin uso de anticoncepción) por un período de al menos un año.

Nuestro grupo analizó los datos de nuliparidad definitiva en las últimas dos décadas para la revista Latinoamericana de Reproducción Humana. Se comparó la proporción de mujeres que llegan al final de su vida reproductiva sin haber tenido hijos, según su declaración en el censo del año 1982, versus el censo del año 2002. Los resultados indican que en 1982 había 8.479 mujeres nulíparas de 45-49 años de edad, lo que representaba el 4,1 % del total de mujeres de esa edad. En cambio, en el año 2002 esta proporción correspondía al 2,6%, siendo la diferencia estadísticamente significativa: 0R:0,62 (IC 95% 0,60-0,64).

Esta baja proporción de nulíparas al término de la vida reproductiva se observa también en otros países de latinoamérica. Así, la proporción de mujeres que permanece definitivamente nulípara parece estar decreciendo en las últimas dos décadas, a pesar de la profusa información mediática que pudiera sugerir lo contrario.

Como muestra la Figura 1, en Chile durante el período estudiado ha ocurrido un cambio importante en el nivel de educación de la población femenina y probablemente el grupo con 10 y más años de escolaridad esté postergando la maternidad en función de la carrera y las expectativas económicas. Es también este grupo el que concentra mayor atención de los medios y el que probablemente dispone de recursos suficientes para acudir a la consulta privada y resulta aparentemente más numeroso a los ojos del especialista y de los medios de comunicación.

Causas de Infertilidad

Las causas más comunes de infertilidad varían en cada región geográfica del mundo y especialmente de acuerdo a las características de desarrollo local. Las anormalidades anatómicas son las más frecuentes en la mujer de los países en desarrollo seguidas por las alteraciones de la ovulación, la endometriosis, la hiperprolactinemia y el hiperinsulinismo. La infertilidad no ha estado ausente de la transición epidemiológica y es así como en los países desarrollados las causas infecciosas han cedido terreno a las crónico-degenerativas, como la anovulación, con o sin hiperandrogenismo, y la...

Fecundidad Masculina en España

En España cada vez se tienen menos hijos. La fecundidad se ha desplomado hasta posicionarse como una de las más bajas del mundo, y este es un hecho que no atañe solo a las mujeres. Un estudio del Centro de Estudios Demográficos (CED) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) ha revelado que la fecundidad masculina en España es aún más baja que la femenina, hasta el punto de llegar al mínimo de los últimos 50 años. Actualmente, cada hombre apenas tiene una media de 1,06 hijos, mientras que las mujeres 1,18.

Aunque a veces se puedan confundir, fecundidad y fertilidad son dos términos muy diferentes. La fertilidad es biológica, y se relaciona con la capacidad de tener hijos. La fecundidad, en cambio, se refiere al número de hijos que se tienen, un parámetro que está relacionado con la fertilidad, pero que engloba a otros muchos factores, buena parte de ellos socioeconómicos.

El investigador del CED y profesor de Sociología de la UAB a cargo del trabajo, Pau Miret, asegura a RTVE.es que "los estudios de los institutos de estadística están enfocados en la mujer, y de alguna manera la responsabilizan de la fecundidad, como si el hombre no tuviera ningún tipo de papel. Y no entendemos por qué, ya que actualmente se puede enfocar perfectamente también en los hombres, porque es un comportamiento que incluye tanto a hombres como a mujeres".

La principal conclusión que se extrae del estudio es que la fecundidad masculina y femenina en el siglo XXI, aunque con una evolución paralela, muestra un mayor descenso entre los hombres. La razón se encuentra en el desequilibrio demográfico entre sexos, con mayor presencia de varones en relación con las mujeres en edades reproductivas.

Tal y como continúa explicando Miret, para entender este desequilibrio demográfico entre sexos hay que tener en cuenta un hecho fundamental: que, de media, los hombres tienen hijos con mujeres tres años más jovenes. "Esto históricamente se ha mantenido a lo largo del último cuarto del siglo XX, y también durante este primer cuarto de siglo XXI. Los padres hombres son tres años mayores que las mujeres madres", declara este sociólogo, para apuntar que "entre 1976 y 1980, hubo una caída importantísima de la natalidad que se ha expresado en el siglo XXI".

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