Tengo Miedo: Significado, Función y Cómo Afrontarlo
¿Qué es el miedo y cómo puede sernos útil esta emoción tan desagradable? Sentir miedo es común en situaciones de estrés o peligro: un examen, encontrarnos con una persona complicada, ir al médico, la incertidumbre, ante una ruptura, etc.
Así que sentirlo no es en realidad nada malo, es natural y normal. De hecho aunque parezca lo contrario, el miedo nos protege frente a las amenazas que ponen en riesgo nuestro bienestar. Sin embargo, el miedo se puede convertir en un problema cuando lo sentimos muy frecuentemente, cuando nos supera, cuando nos impide hacer las cosas que queremos, etc. Qué rabia da cuando sabemos que necesitamos enfrentarnos a algo, pero aun así no somos capaces. Qué difícil es vivir con un miedo tóxico y limitante.
¿Qué es el miedo?
El miedo es una emoción básica y natural que se caracteriza por experimentar sensaciones desagradables y relativamente intensas ante la percepción de un peligro o daño, ya sea real o imaginario. El miedo es una emoción que compartimos con otros animales, aunque en el ser humano los estímulos que lo activan son mucho más variados.
No solo están presentes los temores antes peligros físicos, como incendios, accidentes, que puedan amenazar nuestra integridad física. Si no que también el miedo en los humanos se activa ante otros peligros que pueden dañar nuestro bienestar e integración social.
¿Cómo se manifiesta?
El miedo puede manifestarse de diversas maneras, tanto a nivel físico, emocional y cognitivo. Todas son reacciones difíciles de ignorar, y es que el cuerpo se ha activado, como veremos, para protegernos.
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Síntomas físicos: aumento del ritmo cardíaco, sudoración, tensión muscular, temblores, dificultad para respirar, para conciliar el sueño.
Cuando percibimos un peligro, se producen en nuestro cerebro una cascada de reacciones químicas y eléctricas en apenas unas milésimas de segundo. Esto es lo que se conoce como el circuito cerebral del miedo.
Ante una amenaza se pone en marcha nuestro sistema límbico, que es el conjunto de estructuras cerebrales implicadas en el procesamiento de las emociones.
- La amígdala: es como un “botón” del miedo. Un núcleo cerebral que se activa ante una amenaza y envía una rápida señal al resto del cuerpo, coordinándose con otras zonas del cerebro para responder. Sabemos que el funcionamiento arcaico de este botón es fascinante, ya que puede activarse incluso antes de que nosotros mismos seamos conscientes del peligro. Por lo tanto, se trata de una respuesta automática y no siempre consciente. En realidad, la amígdala no deja nunca de funcionar.
- El hipotálamo: se activa y manda señales para la liberación de hormonas del estrés como el cortisol.
- La corteza cerebral: activa procesos de atención, pensamientos y memoria. De alguna manera la corteza es la sede de nuestra consciencia y por lo tanto es capaz de conocer y anticipar las consecuencias negativas de una amenaza.
¿Cuál es la función del miedo y cómo puede ayudarnos?
El miedo se activa automáticamente ante la percepción de un peligro o amenaza de nuestra integridad física, psicológica o social. Aunque suele ser percibido como una “debilidad”, o como algo malo, la realidad es que el miedo es vital para el ser humano.
La función del miedo es principalmente la de proteger nuestro bienestar físico, psicológico y social ante situaciones de amenaza. Y es que el miedo es una respuesta adaptativa que activa nuestro cuerpo para responder eficazmente frente a peligros. Al activar el sistema de alerta del cuerpo, aumenta la vigilancia, la atención y la concentración.
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Estas habilidades nos ayudan a valorar el riesgo o amenaza, y a buscar y anticipar soluciones rápidas para responder eficazmente ante posibles peligros. En general el miedo nos estimula a valorar, decidir y ejecutar las estrategias más efectivas para responder ante el riesgo que percibimos.
- Huida: una estrategia eficaz cuando valoramos que no somos capaces de afrontar el peligro y sí podemos evitarlo.
- Protección: otro tipo de estrategia que hacemos cuando pensamos que no contamos con las herramientas necesarias para combatir la amenaza, pero no podemos evitar el daño. Así nos protegemos o preparamos de sus posibles consecuencias.
- Afrontamiento: cuando sí valoramos que podemos enfrentar la amenaza, nos activamos para combatirla activamente.
El miedo, gracias a la participación de la memoria, nos permite asociar ciertos estímulos peligrosos con experiencias negativas.
¿Cuáles son los temores más comunes?
Los miedos más frecuentes varían de persona a persona y pueden estar influenciados por factores individuales, culturales y sociales. Los que aparecen en situaciones sociales.
Los miedos y fobias pueden manifestarse en varias formas, desde el temor irracional a objetos o situaciones específicas hasta el miedo al cambio y a lo desconocido. Las fobias específicas son miedos irracionales hacia objetos o situaciones muy concretos. Entre las más comunes están el miedo a las arañas (aracnofobia), serpientes (ofidiofobia) y el temor a espacios cerrados o abiertos (agorafobia).
¿Porqué sentimos miedos? Las causas del miedo
El miedo puede ser desencadenado por una amplia variedad de causas, que pueden ser reales o percibidas. Es decir, podemos sentir desasosiego por amenazas reales que sí pueden identificarse claramente, o por peligros que estamos imaginando sin motivo (al menos en el presente).
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Traumas pasados, es decir situaciones de dolor pasadas no procesadas que pueden afectar nuestra visión de las cosas. Aunque sentir temor es normal, a veces esta emoción ocupa demasiado espacio en nosotros.
¿Qué es el miedo “insano”?
¿Te cuesta tomar decisiones importantes, pero temes a enfrentarte a ese reto? ¿Tienes problemas para conciliar el sueño porque hay algo que te preocupa demasiado? ¿No sabes cómo salir de una situación o una relación que te hace daño por pánico?
Ya lo sabemos, el miedo es una emoción sana, natural y útil, que en teoría nos activa, nos alerta, nos protege. Pero la verdad es que en la práctica hay personas que viven con temores continuos, no sanos, que en lugar de protegernos y ayudarnos en nuestro bienestar nos bloquean y torturan diariamente.
Estos miedos insanos, nos hacen preocuparnos innecesariamente hasta casi obsesionarnos con algo. También nos impiden hacer cosas que sabemos que son buenas para nosotros.
Una correcta gestión de nuestros temores parece simple a primera vista: sencillamente hay que aprender a identificarlo, escucharlo y responder de manera eficaz. Cuando no somos capaces de gestionar nuestros miedos generalmente tenemos fallos en el funcionamiento nuestro circuito cerebral del miedo. Es decir, nuestro cerebro identifica como peligrosas situaciones que no lo son. No hemos aprendido las habilidades básicas de gestión en nuestro aprendizaje.
El miedo como emoción parásita: en muchas ocasiones esta emoción no es en realidad la emoción que más necesitamos atender. Y es que en ocasiones sustituimos una emoción verdadera, por otra que nos resulta más familiar o accesible.
Hemos vivido situaciones difíciles que han dejado una huella de miedo en nosotros. Experiencias de crítica o humillación o abandono en contextos sociales o personales. Historias de “fracaso”, estrés, exigencia, sobrecarga, etc., en contextos laborales. Puede incluso que tengamos miedo de manera hereditaria.
Vivir con miedo es agotador, seguro que ya lo has notado. Y es que no gestionar adecuadamente esta emoción puede tener varias consecuencias negativas para la salud física, emocional y psicológica.
- Problemas de salud mental: puede contribuir al desarrollo de trastornos de ansiedad, como trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico o fobias específicas.
- Limitaciones en la calidad de la vida diaria: esta emoción puede limitar las actividades cotidianas y dificultar el funcionamiento normal en diferentes áreas de la vida, como el trabajo, la escuela o las relaciones personales.
- Falta de desarrollo personal: No enfrentar nuestras aprensiones puede impedir el crecimiento personal y la exploración de nuevas experiencias, lo que puede limitar el desarrollo personal y profesional.
Si notas que tienes miedos que no te dejan vivir tranquilo, puedes entrenarte a enfrentar a ellos y mirarlos de cara. Existen dos tipos de estrategias: las de afrontamiento y las de protección. Las estrategias de afrontamiento te permitirán comprender bien tu miedo y sus causas. También a enfrentarte a tus temores progresivamente para que puedas tomar las decisiones que sean más beneficiosas para ti. Por otro lado, están las estrategias de protección que te ayudarán para te sientas seguro en la gestión del miedo.
“Enfréntate a tu miedo más profundo, luego serás libre”.
Susto vs Miedo
Lo que llamamos miedo generalmente incluye, el miedo propiamente dicho y el susto. El susto se refiere a un hecho concreto que está sucediendo en el momento, es una respuesta a una situación presente. Una respuesta sana y natural frente a un peligro concreto y objetivable que aparece en el campo perceptivo de la persona. La cual conduce a diferentes tipos de reacciones somáticas que se conocen con el nombre de reacción biológica de alarma, que ayudan a prepararse para la huída.
Es una reacción instintiva y forma parte de las herramientas que tiene el hombre para sobrevivir y enfrentar un peligro real y esta manera generar una respuesta. El susto es el reflejo corporal y psíquico frente a la situación amenazante en el presente.
El miedo tiene que ver con una anticipación de que algo malo podría pasar, nos imaginamos una situación y tal situación desencadena el miedo. El miedo es la sensación de susto frente a un pensamiento, me imagino algo y a partir de esa idea tengo miedo. De esta manera el estímulo no está en el afuera si no en el adentro, es mi propia idea la que me asusta.
Muchas veces las personas nos imaginamos una serie de situaciones en que no somos aceptados, queridos o simplemente valorados y en las cuáles sentimos que podríamos ser lastimados, entonces nos escondemos tras una coraza y nos ponemos máscaras, que no nos dejan mostrarnos tal cuál somos. Vemos a los extraños como personas que potencialmente nos pueden hacer daño, en vez de pensar en la alegría y crecimiento que nos pueden brindar.
De esta manera el miedo nos paraliza y no nos deja desarrollarnos plenamente ya que nos hace elegir el camino de lo seguro, apartarnos de todo compromiso, escondernos de nosotros mismos y de los demás. En esa búsqueda de seguridad nos aislamos de aquello que nos da alegría y significado a nuestras vidas.
El miedo tiene que ver con percibir todo lo inofensivo como ofensivo, lo cotidiano como extraño y lo inocuo como dañino. El miedo nos aísla de los demás y la desconfianza no nos deja que haya un contacto humano verdadero. Si nos decidimos a vivir nuestra vida plenamente, debemos estar dispuestos a tropezar con incontables riesgos a lo largo del camino.
El miedo se trasluce muchas veces a través de una gran ansiedad que la persona siente frente a la situación temida, por ejemplo a “hablar en público” , también acompañada de síntomas físicos (sudores, sequedad en la boca, temblor). En un extremo la persona puede sufrir ataques de pánico en nos los cuales puede sentir mucho miedo a morir o a perder el control, acompañado de una gran ansiedad generalizada y síntomas físicos muy notorios como por ejemplo dificultad de respirar, mareo, desmayo, escalofríos, nauseas etc.
Para resolver el miedo hay que enfrentarlo , uno tiene que someterse a este miedo para transformarlo en susto, llevarlo hacía la salud., entonces uno lo puede dominar y vencer . Si no lo hacemos podemos llegar a convertirnos en nuestros propios temores y el temor puede llegar a dominar nuestra vida misma.
Miedo al Miedo
Probablemente, y desde nuestra experiencia en nuestra consulta de psicólogos, una de las peores experiencias en la vida es haber sufrido ataques de ansiedad o de pánico. No hay que olvidar que la ansiedad o la sensación de pánico son síntomas de una alerta de peligro que, en estos casos, no suele ser real.
El cuerpo y todo nuestro ser se siente amenazado, desasosegado, con la inquietud constante de peligros indefinidos, confusos, inexistentes. Es frecuente tener la impresión de que ‘algo malo va a pasar’, aunque no se sepa exactamente el qué. Son frecuentes los sobresaltos ante cualquier estímulo externo.
Nuestro cuerpo está en alerta, preparado para un peligro que objetivamente no existe y que originariamente proviene de expectativas, pensamientos o sensaciones internas de experiencias vitales previas no siempre conscientes. Dicha ansiedad puede ser puntual y dar lugar a ataques de pánico, o permanecer constante, de forma insidiosa durante largos periodos de tiempo. Los síntomas, además de los psicológicos propios del miedo, son físicos, tales como temblores, opresión en el pecho o en el estómago así como problemas con la alimentación y el sueño, tanto por exceso como por defecto.
Como psicólogos sabemos que quien ha pasado por uno de estos periodos de ansiedad define esta experiencia como el peor momento de su vida, por lo que se ha convertido en muchos casos en traumática.
Dada la indefensión ante estos ataques de ansiedad, en la medida en que no hay nada externo que permita anticiparla y que proviene de nuestro interior, de ese mundo que desconocemos y que puede sorprendernos en cualquier momento, surge el ‘miedo al miedo’.
Se trata de una fobia caracterizada por el constante temor a volver a caer en el anterior estado de ansiedad o de volver a repetir ataques de pánico. Son frecuentes en este sentido los recuerdos intrusivos, las pesadillas, en donde se revive aquel periodo.Sin embargo, y aunque el tratamiento seguido en su momento haya sido exitoso y dicha ansiedad haya desaparecido, a veces sigue existiendo un estado de alerta, una auto-vigilancia constante para no volver a recaer, para no repetir tan terrible experiencia. Comienzan a producirse comportamientos de evitación de todo lo que se considere peligroso y que pueda activar la ansiedad y el miedo de nuevo. Y son esta evitación y auto-vigilancia las que crean un nuevo estado de ansiedad. Se ha creado una fobia (que antes no existía) con todos los síntomas que le son propios.
En este sentido, los afectados sienten que la profecía, lo que tanto temían, se ha cumplido; la ansiedad ha vuelto, Sin embargo, ahora dicha ansiedad proviene del temor a que se repita una experiencia ya conocida. Realmente, el miedo al miedo ya es otro trastorno, no es exactamente la repetición del original. Sin embargo, esta percepción dispara una sensación de indefensión, de desamparo, creando un bucle que se retroalimenta y del que es difícil salir.
¿Cuáles son los síntomas del miedo al miedo?
Como hemos indicado, el miedo al miedo es una fobia resultado de haber vivido anteriores experiencias de ansiedad y de pánico. Es un trastorno distinto en donde existe un origen y punto de partida muy definido. Ahora ya no nos encontramos ante una difusa e insidiosa sensación de miedo y ansiedad que no sabemos de donde procede; ahora sabemos que es lo que se teme, que se vuelva a repetir lo anterior.
Por ello, el miedo al miedo se caracteriza por los siguientes síntomas:
- Un estado permanente de alerta, de autovigilancia de las propias sensaciones corporales.
- Constante evitación de situaciones, lugares, momentos o personas que se considera que pueden volver a producir ansiedad o miedo.
- Opresión en el pecho o en el estómago.
- Pesadillas y pensamientos recurrentes sobre lo vivido y el temor que vuelva a ocurrir.
- Pensamientos obsesivos constantes sobre situaciones que podrían volver a producir ansiedad.
- Miedo permanente a hacer algo mal que vuelva a disparar la ansiedad.
- Disminución de la libido así como alteraciones en la alimentación y el sueño, tanto por exceso como por defecto.
- Aislamiento, pérdida de interés en otras actividades, del autocuidado.
- El temor a volverse loco.
Una característica de estos afectados es, como se ha indicado, la constante autovigilancia a sus sensaciones corporales. Tras aquella experiencia original con la ansiedad, sienten cualquier sensación física como un anticipo de su regreso. Puede decirse que el miedo al miedo convierte casi todo lo que se siente, por normal que sea, en el preludio de un nuevo ataque de pánico o de ansiedad. Esto obliga con estos afectados a tener mucho cuidado en qué se dice y cómo se dice; cualquier información nueva que reciban la pueden tomar como una amenaza y entrar en un bucle obsesivo que deriva en ansiedad.
¿Qué hacer con el Miedo al miedo?
Como psicólogos hemos observado que el Miedo al miedo es habitual tras haber vivido durante mucho tiempo problemas con la ansiedad. En general, es frecuente que, tras el tratamiento exitoso de un problema psicológico, surja el temor a una nueva recaída. Sin embargo, en el caso de la ansiedad, el tema se complica dado que se siente ansiedad por el temor a que vuelva la ansiedad, con lo que seguimos con una ansiedad que no acaba de desaparecer.
Ante todo, es importante tener en cuenta que esta ansiedad no es más que el resultado de la expectativa o alerta del regreso al estado anterior. Es decir, responde a un origen distinto y, por lo tanto, no es necesariamente un retroceso. Por lo tanto, es importante tratar las secuelas y recuerdos anteriores traumáticos vividos con la ansiedad, así como intentar evitar que el paciente evite las situaciones que teme, a fin de no crear nuevas situaciones fóbicas. Es importante tranquilizar, esta ansiedad no es más que el resultado del recuerdo de lo vivido, no es la misma que su sufrió en otro momento.
Miedo vs Ansiedad
El miedo se refiere a una emoción específica y aguda que surge como respuesta a una amenaza o peligro inmediato. En contraste, la ansiedad es una emoción más generalizada y difusa que no está necesariamente vinculada a una amenaza inmediata. El miedo es una emoción temporal y suele desaparecer una vez que la amenaza o el peligro se ha ido o ha sido superado.
Tanto el miedo como la ansiedad pueden desencadenar respuestas fisiológicas similares, como aumento del ritmo cardíaco, sudoración y sensación de nerviosismo. Si un miedo específico interfiere significativamente con su vida diaria te recomendamos buscar ayuda profesional. Nos puede bloquear a la hora de tomar decisiones. La terapia cognitivo-conductual con la que identificaremos patrones de pensamiento negativos y distorsionados que dan lugar a ese miedo irracional.
Es importante destacar que el miedo y la ansiedad son respuestas normales y adaptativas en ciertas situaciones. Sin embargo, cuando estas respuestas se vuelven desproporcionadas, persistentes o interfieren significativamente con el funcionamiento diario de una persona, pueden indicar la presencia de trastornos de ansiedad, como el trastorno de ansiedad generalizada, las fobias o el trastorno de pánico. En estos casos, es recomendable buscar ayuda profesional para su evaluación y tratamiento.
¿Cómo Funciona el Cerebro ante el Miedo?
El centro del miedo se encuentra en la amígdala cerebral, lugar pequeño pero que posee una gran relevancia en nuestra vida y comportamiento. La amígdala, según estudios recientes, está activa desde el final del embarazo. Ante el estrés, un susto o una amenaza se activa el sistema nervioso simpático.
El cortisol (hormona liberada por las glándulas suprarrenales) se segrega, nos pone alerta y nos prepara para huir, luchar o sobrevivir. Si la angustia sentida es muy potente, se producen cambios a nivel cognitivo. Un ejemplo claro; la actividad en la corteza prefrontal (zona encargada de resolver problemas) disminuye, y por tanto nos cuesta ver con claridad las diferentes opciones.
Miedo Controlado
Siempre me ha impactado que haya personas que paguen dinero por ir al cine a ver películas de terror. Hace poco leí un artículo sobre cómo ciertas situaciones de miedo producen placer e incluso pueden reducir la ansiedad. El gran Alfred Hitchcock- que padecía una fobia irracional a la policía según cuentan- ha sido uno de los grandes artífices de este género. Él definía un concepto: el “miedo controlado“. Esto significa que cuando uno ve una escena de miedo es consciente de que se encuentra fuera de la pantalla.
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