Tomate durante la lactancia: beneficios y riesgos para la madre y el bebé

22.11.2025

La lactancia materna es el mejor alimento para el bebé. La alimentación en lactantes resulta básica para asegurar un correcto desarrollo durante los primeros años del bebé. La leche materna contiene anticuerpos que ayudan a proteger de enfermedades en la infancia, como la diarrea, y la neumonía, que son las dos causas principales de morbilidad en los dos primeros años de vida, en todo el mundo. Además contiene factores de crecimiento, inmunoglobulinas, citoquinas, compuestos antimicrobianos, así como factores que promueven una favorable colonización intestinal.

Pero también es beneficiosa para las madres, ya que reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario, ayuda a las mujeres a recuperar mejor su peso anterior al embarazo, de manera saludable reduciendo las tasas de obesidad, pues facilita el restablecimiento del metabolismo materno después del embarazo.

En el campo de la salud materno infantil se enfatiza sobre el niño y la prestación de servicios y de atención en la mujer a fin de que pueda tener embarazos y lactancias exitosos, lo cual por un lado es motivo de orgullo pero en ocasiones la atención a la madre como mujer queda un poco de lado. Por lo tanto la salud y el bienestar de la madre no se pueden descuidar. La función dual de las mujeres como madres y trabajadoras productivas se ve afectada por dietas deficientes y por ende hay mayor probabilidad de tener una salud deficitaria, que podría verse reflejada en toda la familia.

Las reservas nutricionales de una madre lactante pueden estar más o menos agotadas en función del embarazo y de la pérdida de sangre durante el parto. La lactancia aumenta las necesidades de nutrientes, sobre todo debido a la pérdida de nutrientes, primero por el calostro y luego a través de la leche materna. El volumen de leche materna demandado por el bebé irá aumentando a lo largo de las semanas desde 250-300 mL en las primeras semanas, hasta 800mL en un bebé de 4 meses. 1 L de leche materna suministra cerca de 750 Kcal por lo que la madre deberá ingerir un plus en su dieta de entre 500-1000Kcal, solo para su bebé (además, necesitará cubrir sus necesidades energéticas). Cubrir estas recomendaciones calóricas debe ir paralelo al equilibrio en macro y micro nutrientes.

La leche materna tiene una composición bastante constante que variará en función de la dieta de la madre. Si la dieta de la madre es deficiente, los primeros signos de variación se verán en la cantidad de leche y no en calidad ya que el organismo de la madre sacará todos los nutrientes de donde haya. Por ello es fundamental que esta se alimente bien para no quedar en una situación nutricional comprometida.

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Las primeras semanas tras el parto es un periodo crítico en el que aparecen problemas que pueden ocasionar el abandono de la lactancia o la introducción de sucedáneos. Grietas, sensación de hipogalactia, síntomas de ansiedad materna o depresión postparto a los que se añaden la reincorporación al mundo laboral o incluso recuperar la figura lo antes posible, son factores que deben ser detectados y corregidos adecuadamente, mientras se refuerza la confianza de la madre y la de su familia, en la lactancia materna.

En este sentido una alimentación rica en vegetales, cereales, legumbres y frutas debe ser la base de la dieta, pero con un correcto lavado para minimizar la carga tóxica de los químicos medioambientales. Por último conviene saber que los tóxicos ambientales son liposolubles y se bioacumulan y se biomagnifican en los tejidos grasos de la cadena trófica, cuya cima es el hombre.

Es importante saber que ni un mayor consumo de líquidos ni un consumo concreto de ciertos alimentos hará que la producción de leche aumente. Para mantener una buena hidratación, la madre puede alternar el consumo de agua, con infusiones, caldos y zumos naturales, intentando ingerir entre 2-3L de líquido al día. Si la orina es de color intenso será un indicador de que el cuerpo se está deshidratando, con lo cual se tendrá que aumentar la ingesta hídrica. Con una alimentación adecuada no es necesaria la suplementación de ningún complemento alimenticio. Aún así, no se debe hacer una dieta muy restrictiva. Ésta debe ser equilibrada y se deben tener en cuenta las necesidades energéticas de la madre.

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida. La lactancia materna exclusiva es el mejor alimento en los primeros 6 meses de vida. A partir de esa edad iniciamos la alimentación complementaria. Como su nombre indica, estos alimentos complementan a la lactancia materna todo el tiempo que la madre y el niño decidan continuarla. No hay unas verduras mejores que otras para comenzar, la decisión dependerá de los gustos de la familia. Es bueno crear hábitos saludables desde los primeros meses de vida. Esto nos ayuda a prevenir enfermedades como la obesidad.

El consumo diario de verduras y hortalizas aporta en la dieta del bebé una cantidad importante de vitaminas y minerales como el calcio y potasio. Las verduras y hortalizas aportan en la dieta del bebé vitaminas, minerales, calcio y fibra. La fibra es muy útil para combatir el estreñimiento, algo que es frecuente en este grupo de edad. El aporte de estos micronutrientes contribuye al funcionamiento normal del organismo. Asimismo, disminuyen el riesgo de padecer enfermedades causadas por deficiencia de ciertas vitaminas y minerales.

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A partir de los 6 meses, el niño puede tomar casi todas las verduras, hortalizas y tubérculos. No es necesario seguir un orden estricto. Estos son algunos ejemplos de las verduras y hortalizas que puede tomar a partir del sexto mes: puerro, zanahoria, calabacín, brécol, cebolla, calabaza, tomate, col... La introducción de las verduras debe ser progresiva, para comprobar que las toleran bien.

Según la Asociación Española de Pediatría a partir de los 6 meses se aconseja introducir distintas verduras (patata, calabacín, apio, zanahoria, tomate, judías, calabaza…) de manera progresiva y constantemente variando la forma de presentación . En niños de 1 a 3 años, estas verduras deben limitarse a una ración al día.

La comida con verduras se puede dar machacada, en puré o en trozos. Lo mejor, verduras frescas de temporada. Si el bebé se mantiene sentado casi sin apoyo, coge objetos y se los lleva a la boca, pueden darse en trozos. De consistencia blanda que pueda aplastar con las encías y la lengua. De tamaño que pueda sostener dentro del puño. Los purés, mejor caseros. Se deben cocinar al vapor o hervidas las verduras con poca agua. Los “potitos” pueden tener conservantes y mucha sal. Los purés de verduras deben consumirse en el momento, refrigerarse en la nevera si se van a consumir en 24 horas o congelarse si es después. La congelación no destruye las propiedades y nutrientes de los alimentos. Si se hace de forma correcta, los preserva mejor que si pasan días en el frigorífico. Las verduras se combinan con carne, pescado y legumbres, conforme se van introduciendo estos en la alimentación del lactante. Las proteínas se complementan y son de gran calidad.

Las verduras y hortalizas se deben tomar a diario. En el niño mayor, al menos 2-3 veces al día. Cuando ya coma trozos deben acompañar a las legumbres, la carne o el pescado.

La lactancia es el periodo de mayores requerimientos nutricionales y una etapa en la que la alimentación debe ser especialmente cuidada. La desnutrición materna afecta significativamente al volumen de leche y a su composición en nutrientes. No obstante, según los expertos de www.infoalimenta.com , « La calidad de la leche dependerá de la nutrición materna , el número de veces y la fuerza de la succión del niño y la edad gestacional de la madre en el momento del parto».La leche de la madre se adapta a los requerimientos nutricionales e inmunológicos del niño a medida que este crece y se desarrolla, pero según Carolina Muro, responsable de Nutrición y Salud de FIAB , «durante los seis primeros meses de lactancia, las mujeres deben aumentar su ingesta calórica en unas 500kcal/día, es decir, aprox. 200kcal/día más que las que necesitaba cuando estaba embarazada».

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El consumo de proteínas es fundamental en este periodo y «al menos el 50% de las proteínas deben ser de alto valor biológico », señala Muro. Además, se recomienda consumir entre un 30-35% de lípidos, principalmente aquellos que provienen del pescado azul ya que los lactantes consiguen mejores resultados en las pruebas de evaluación neurológica. Los hidratos de carbono también son fundamentales en esta etapa pero se puede mantener el mismo porcentaje que las mujeres no lactantes. «Los hidratos de carbono deben aportar entre un 50-55% de las kcal totales ingeridas», explica la experta.

Además, esta especialista recuerda que «durante la lactancia los micronutrientes como el hierro, el calcio y el yodo son fundamentales». Por otro lado, el calcio contribuye al mantenimiento de los huesos y su déficit puede aumentar el riesgo de osteoporosis en la madre los años posteriores. «Durante la lactancia , las necesidades de calcio son especialmente elevadas para la producción de la secreción láctica, por lo que se debe asegurar su aporte recomendando con un consumo diario entre 1200-1500 mg/día de calcio en la dieta», recomienda Muro. Para ello, se aconseja consumir alimentos ricos en calcio como leche, yogur, cuajada, queso, acelgas, espinacas, escarola, frutos secos (almendras, avellanas, nueces) y legumbres (soja, lentejas, alubias, garbanzos).

Los requerimientos de vitaminas, tanto liposolubles como hidrosolubles, se ven incrementados durante la lactancia, especial relevancia adquiere la vitamina A por su papel en el sistema inmunitario, en la visión y en la diferenciación celular, que debe incrementarse 500 μg/día con respecto a una mujer no lactante. La vitamina A predomina en vegetales de hoja verde, así como en tomate, zanahoria y el pimiento. Las vitaminas hidrosolubles (las del grupo B) deben aumentarse entre un 30 y un 50% con respecto a una mujer adulta no lactante, están presentes en multitud de alimentos como vegetales, frutas, legumbres, cereales, lácteos, carne.

La lactancia materna favorece la relación madre e hijo. Además protege al bebé de infecciones y enfermedades y, a largo plazo, parece que reduce el riesgo de alergias y obesidad. La leche materna tiene sabores diferentes que dependerán de la alimentación de la madre .

Durante la lactación suele verse incrementada la sensación de sed, con lo que es muy probable que también aumentes tu ingesta de líquidos.

En muchos casos durante los primeros meses de lactancia se suele bajar al peso previo al embarazo, pero no tiene por qué ser así en todas las mujeres. De hecho, hay muchas madres que aumentan de peso debido a la falta de descanso, ausencia de ejercicio físico, mayor cantidad de apetito y/o desorden en las comidas.

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