Toxemia del Embarazo: Causas y Tratamiento
La toxemia gravídica, también conocida como preeclampsia, es una complicación médica que puede surgir durante el embarazo. Es una de las complicaciones más frecuentes del embarazo. Se caracteriza por el desarrollo de hipertensión, es decir, presión arterial alta, y la presencia de proteínas en la orina después de la semana 20 de gestación.
La preeclampsia es una complicación del embarazo que cursa, principalmente, con hipertensión arterial. Se denomina hipertensión al aumento en exceso de la presión arterial, es decir, de la fuerza que ejerce la sangre contra el interior de las arterias. Se considera hipertensión a una medida de la presión arterial superior a 140/90 mmHg no esporádica (medida tanto en la consulta médica como en condiciones normales de la vida de la mujer).
Esta afección puede incluso llegar a causar la muerte de la gestante y/o el feto en los casos de mayor gravedad. Además, la preeclampsia también puede ser causa de restricción en el crecimiento fetal, y de hecho, es uno de los motivos más frecuentes de ello. Esta alteración gestacional suele aparecer a partir de la semana 20 de embarazo, pero en raras ocasiones ocurre tras el parto. En cualquier caso, es importante establecer una opción terapéutica lo antes posible para evitar complicaciones.
Definición de Preeclampsia
La preeclampsia es una patología que surge en el embarazo caracterizada, principalmente, por una hipertensión arterial. Además, la preeclampsia puede provocar daños en algunos órganos como en el hígado o el riñón, por ejemplo. Esta complicación gestacional suele aparecer a partir de la semana 20 de embarazo.
Existen casos, aunque menos frecuentes, en los que la mujer presenta preeclampsia cuando da a luz al bebé. Esto es lo que se conoce como preeclampsia postparto.
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La incidencia de la preeclampsia es del 3-10% de las mujeres embarazadas, especialmente, si se trata del primer embarazo. Además, algunos autores indican que existe una mayor probabilidad de que suceda en mujeres de etnia afroamericana.
Es fundamental tratar lo antes posible la preeclampsia para evitar su evolución a eclampsia, lo que supondría un grave peligro para la vida tanto de la embarazada como la de su bebé.
Etiología de la Preeclampsia
La causa exacta por la que surge la preeclampsia no se conoce. Se especula que puede existir una predisposición genética hereditaria acerca de una intolerancia inmunológica al embarazo, pero son teorías que todavía no se han confirmado. Muchos especialistas sostienen que la preeclampsia se debe a que la placenta no se implanta correctamente en las paredes del útero y las arterias de la zona no se dilatan tanto como deberían. Esto produce un riego sanguíneo reducido que afecta tanto a la propia placenta como al hígado, los riñones y el cerebro de la madre.
Algunos especialistas consideran que la preeclampsia puede ser derivada de trastornos autoinmunitarios, problemas vasculares, dieta o de los genes.
Factores de Riesgo
Pese a desconocer la causa de la preeclampsia, existen algunos factores de riesgo. A continuación, se enumeran algunos de ellos:
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- Nuliparidad, es decir, que se trate del primer embarazo.
- Mujeres con enfermedades como diabetes, hipertensión, etc. previas al embarazo.
- Mujeres que padecen insuficiencia renal.
- Embarazo múltiple.
- Mujeres con obesidad.
- Antecedentes familiares.
- Preeclampsia en embarazo previo.
- Síndrome antifosfolípido.
- Diabetes mellitus preconcepcional y/o diabetes gestacional
- Infección recurrente de vías urinarias.
Además de todos estos factores de riesgo para la preeclampsia, también hay que tener en cuenta que fumar, padecer estrés o padecer alteraciones en la coagulación también incrementan la probabilidad de que ocurra esta patología en el embarazo.
¿Cuáles son los Síntomas de Preeclampsia?
En algunos casos, la preeclampsia no provoca síntomas. La detección de la preeclampsia se determina con la aparición de algunos síntomas claros, aunque la embarazada no se siente enferma. Los síntomas iniciales de la preeclampsia pueden pasar desapercibidos debido a que se confunden con los síntomas propios del embarazo, como el aumento de peso.
Algunos de los síntomas asociados a preeclampsia son los siguientes:
- Aumento de la presión arterial (hipertensión).
- Detección de proteínas en la orina.
- Aparición de edemas en las extremidades.
- Hinchazón de manos, pies o cara.
- Aumento repentino de peso.
En los casos de preeclampsia más graves también puede parecer síntomas como dolor intenso de cabeza, náuseas, orinar con poco frecuencia, problemas de respirar, cambios de visión, etc.
Además de estos síntomas principales, la preeclampsia puede ocasionar un buen número de trastornos en todos los órganos. Esta complicación gestacional se asocia a un déficit de la llegada de la sangre a los órganos maternos como el hígado, el cerebro, los riñones o la placenta y, por tanto, que no le lleguen bien los alimentos al bebé. Otra de las consecuencias de la preeclampsia es que puede producir desprendimiento de placenta.
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Clasificación de la Hipertensión en el Embarazo
Durante el embarazo pueden presentarse distintos tipos de hipertensión y los riesgos que conllevan para la madre y el bebé son muy variables, llegando a ser, en algunos casos, muy graves.
- Hipertensión arterial crónica o previa al embarazo.
- Hipertensión arterial transitoria o gestacional. La hipertensión arterial transitoria, también denominada hipertensión gestacional, es la que aparece tardíamente en el embarazo.
- Hipertensión arterial inducida por el embarazo o preeclampsia. Es un trastorno que puede ser serio y que se caracteriza tanto por la alta presión arterial como por la presencia de proteínas en la orina.
- Hipertensión arterial crónica con preeclampsia.
Preeclampsia Leve vs. Grave
Este trastorno se presenta en distintos grados. Se considera que la preeclampsia es leve cuando la tensión arterial no supera los 160/110 mmHg y la proteinuria es inferior a 5 g en una muestra de orina de 24 horas. La preeclampsia grave es aquella en la que la tensión supera los 160/110 mmHg antes de iniciar el tratamiento y la proteinuria es superior a 5 g en la orina de 24 horas. Además, puede tener otros síntomas asociados como dolores de cabeza fuertes o migraña, problemas en la vista, dolor en la parte superior derecha del abdomen y aumento súbito de peso.
También hay otros indicadores médicos que se identificarán mediante un análisis de sangre, como un número de plaquetas por debajo de 100.000 µl, un aumento de las transaminasas o distintos indicadores hepáticos. Si no se trata, la preeclampsia grave puede dañar los riñones, el hígado y el cerebro de la mujer. En casos muy graves, aparecen convulsiones y entonces se denomina eclampsia, enfermedad peligrosa que puede desembocar en un coma.
Tratamiento
El tratamiento de la eclampsia consiste en aumentar el flujo sanguíneo para que llegue correctamente al cerebro, sedar a la paciente y reducir su presión arterial. El tratamiento definitivo de la preeclampsia es la finalización del embarazo.
La preeclampsia puede ser leve o severa. En los casos de preeclampsia leves, las anomalías que se han sucedido durante el embarazo suelen resolverse con el parto. En cualquier caso, llevar una dieta sana, reposo y un exhaustivo control médico, tanto de la madre como del feto, puede ser el tratamiento más efectivo de la preeclampsia leve.
En los casos de preeclampsia severa se pueden dar más síntomas como trastornos mentales, dolores epigástricos, edema pulmonar, aumento repentino de peso (2 kg a la semana), alteraciones de la visión o cefaleas. Cuando esto ocurre, la solución de la misma suele ser un tratamiento a base de antihipertensivos o con el parto. De ahí que en muchas ocasiones sea necesaria la inducción al parto, la cesárea programada o incluso aborto para evitar complicaciones graves en la madre y el feto.
Un correcto diagnóstico de la preeclampsia es complicado, ya que en ocasiones es asintomática o produce síntomas que pueden ser habituales en el embarazo. Por ello, es importante que el médico detecte si ya existía hipertensión antes del embarazo y que se la embaraza acuda a todas las revisiones médicas establecidas durante la gestación y especialmente consulte con el especialista cualquier signo de alarma.
Tratamiento para la Preeclampsia Leve
Para tratar la preeclampsia, es importante diferenciar si ésta es leve o severa. En los casos leves, el primer paso es la hospitalización de la madre con fines diagnósticos puesto que hay preeclampsias que evolucionan muy rápido. Una vez que se confirma que se trata del grado leve de la enfermedad, la mujer recibirá el alta y seguirá con su vida normal, aunque se le recomendará que reduzca la actividad física y el estrés, y se aconsejará por tanto una baja laboral. No es necesario el reposo en cama ni eliminar la sal de la dieta.
En cuanto a los hipotensores, su uso es controvertido: por un lado, pueden prevenir daños cerebrales en la madre, pero, por otro, pueden provocar que el bebé empeore porque disminuya el flujo sanguíneo que llega a la placenta. En todo caso, los hipotensores que se administrarán deben ser de los tipos recomendados en el embarazo (ver apartado de hipertensión crónica). El seguimiento de la paciente debe ser estricto a partir del momento en que se ha detectado la preeclampsia leve, con un control periódico de la tensión arterial, el peso y la proteinuria.
Tratamiento para la Preeclampsia Severa
En caso de que la preeclampsia sea severa, la mujer debe ser hospitalizada de inmediato. Se le administrarán hipotensores para mantener la tensión arterial por debajo de 155/105 mmHg y se controlará su evolución. A partir de las 34 semanas de gestación se recomienda, por lo general, inducir el parto. Si aún no se han cumplido las 34 semanas de gestación, antes de la inducción del parto se administrarán corticoides para ayudar a acelerar la maduración de los pulmones del feto. También se valorará la posibilidad de continuar con el embarazo dependiendo de la evolución de la preeclampsia.
En cuanto al bebé, se suele realizar una ecografía cada 48 horas aproximadamente, un perfil biofísico y la medida del crecimiento fetal cada dos semanas. Si la paciente llega a presentar convulsiones, es decir, si se manifiesta una eclampsia, la única actuación posible es estabilizar la presión arterial e inducir el parto cuanto antes. Es preferible la inducción, porque la cesárea no disminuye la morbimortalidad perinatal y, sin embargo, obliga a la mujer en situación de inestabilidad a pasar por una cirugía mayor.
Síndrome HELLP
El síndrome HELLP es una sigla inglesa que indica hemólisis, enzimas hepáticas elevadas y bajo recuento de plaquetas. El síndrome HELLP es una complicación seria de una preeclampsia en la que, además de la hipertensión que aparecen hemólisis, descenso de las plaquetas y elevación de las enzimas hepáticas, transaminasas y LDH.
Se trata de una evolución de la preeclampsia que no se caracteriza por convulsiones sino por alteraciones en la sangre y en el hígado y que desarrollan alrededor de un 20 por ciento de las mujeres con preeclampsia grave. Puede tener otros síntomas como náuseas y vómitos, cefaleas, dolor en la parte superior del abdomen y malestar general y presentarse tanto durante el embarazo como en las 48 horas posteriores al parto.
Medidas Generales y Prevención
- Control prenatal regular: un cuidado prenatal adecuado es fundamental para detectar y monitorear cualquier signo temprano de preeclampsia. De ahí la importancia de un buen control obstétrico y de la necesidad de asistir a todas las consultas.
- Dieta equilibrada: mantén una dieta saludable y equilibrada rica en frutas, verduras, granos integrales y proteínas magras. Evita el exceso de sal, los alimentos con cafeína y alimentos procesados. Se aconseja que sea equilibrada, variada y completa, rica en frutas y verduras, variada, sin reducción calórica salvo en casos muy concretos y bajo estricta supervisión del médico y el dietista.
- Controlar el peso: mantén un peso adecuado antes y durante el embarazo. Aumento de peso de más de 2 kg.
- Controlar condiciones médicas preexistentes: si tienes alguna enfermedad crónica, como hipertensión arterial o diabetes, es esencial mantenerla bajo control durante el embarazo.
- Reposo: A diferencia de las recomendaciones de incrementar el ejercicio en los hipertensos en general, a la embarazada hipertensa se le propone mantener una actividad moderada y aumentar sus tiempos de reposo, incluso con periodos de siesta acostada sobre el lado izquierdo, porque tanto boca arriba como sobre el lado derecho, el útero grande comprime la vena cava y dificulta la buena circulación de la sangre. El reposo, además, mejora los edemas y ayuda a una correcta distribución del líquido corporal.
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