Adictos a la Leche Materna: Testimonios y Experiencias
Siempre pensó que daría el pecho a su bebé. Y. S., que entonces tenía 32 años, estaba muy concienciada de los beneficios que implicaba la lactancia materna y estaba decidida a llevarla a la práctica.
Pero nunca imaginó que hacerlo fuera a costarle tanto, y jamás se figuró el suplicio que le iba a suponer.
"Lo pasé muy mal. Daba de mamar a mi niño llorando, muerta de dolor. Pensaba: '¿Y esto es bonito?, ¿esta es la experiencia relajante que fomenta el apego?'. Para mí entonces aquello era de lo peor que me había pasado; al menos, que no me engañen, pensaba entonces".
En su mente, esas imágenes idílicas "que nos venden en Instagram de madres tranquilas dando el pecho, ese postureo en el que todo es perfecto y que tanto daño hace en este tema. Hay que ser realistas y contar las cosas como son, esa es la mejor manera de defender la lactancia materna".
Porque ella, a pesar de todo, sigue haciéndolo: "Si tuviera otro bebé, repetiría seguro", afirma tajante.
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¿Y cómo son? "Bonitas, después de superar los dos primeros meses de infierno", responde. "La mayoría pasamos por eso, pero no se cuenta".
El Inicio Complicado
Y.S. tuvo un parto muy complicado que después de 15 horas acabó en una cesárea de urgencia y con la reanimación del bebé; a ello siguieron 20 angustiosos minutos en los que temió por la vida de su hijo y 10 horas de soledad en la unidad de reanimación, llena de incertidumbre y con un terrible dolor de pecho que aumentaba la frustración de no poder dar de mamar a su hijo.
"Las enfermeras me decían que después de un parto tan traumático no iba a conseguir amamantar a mi niño y yo solo tenía ganas de llorar, pero no podía dejar de intentarlo".
Estuvo cuatro días ingresada en el hospital y en cuanto pudo colocó al bebé en su pecho. "No había conseguido que subiera la leche, pero tenía un calostro muy denso, así que fue lo que pude darle; cuando salió del hospital el bebé no había perdido peso, tenía 100 gramos más".
Un Calvario Continuo
Pero lejos de avanzar, inició otro calvario. "Sufrí una mastitis subclínica y empezaron las grietas, porque mis pezones no estaban acostumbrados". Aquello le produjo fiebre y un dolor casi insoportable. "Aunque comencé a usar pezoneras de silicona, no era suficiente... Me asusté porque a veces el niño succionaba sangre".
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E incluso pensó en dejarlo. "Mi hijo mamaba cada dos horas o menos, y yo estaba rota. Además se infectó la cesárea y durante los primeros 15 días tuve que acudir al centro de salud para que me hicieran las curas... Estaba sin dormir, me dolía todo... Eso no era tan bonito como lo pintaban.
Empecé a plantearme si merecía la pena, tanto que mi pareja se fue una noche a la farmacia de guardia a comprar leche de fórmula y biberones; no podía verme en ese estado tan crítico, al borde de una depresión postparto".
Entonces visitó a su matrona y esta la animó a seguir un poco más. "Me dijo que después de una cesárea de urgencia era normal que la leche tardara en subir más de una semana y me recomendó acudir a un grupo de apoyo a la lactancia. Y eso hice.
Pasaban los días y, a pesar de tanto dolor, seguía insistiendo en dar a mi hijo el pecho, sin dormir y en muchas ocasiones, llorando. Pero lo conseguí. Llegó un momento en que dejó de doler. El secreto es paciencia, paciencia y paciencia. Eso y estar informada y apoyada".
En este sentido, Y.S. valora especialmente la labor de una nueva figura, las asesoras de lactancia, unas profesionales con las que no pudo contar. "Cuando tuve mi bebé no era habitual contactar con ellas o con una doula, normalmente recurrías a las enfermeras, que cuando te veían tan mal lo tenían claro: fuera pecho".
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Por eso le parece muy importante seguir a mujeres como Laura, que se define como trimadre y asesora de lactancia. "Te muestra la lactancia como es, para que sepas a qué te enfrentas y puedas estar preparada. Es difícil y hay que contarlo".
La Recompensa
A partir de ahí, estuvo casi tres años dando de mamar a su hijo. "Con todo lo que me había costado, decidí que seguiría hasta que él quisiera. Y eso fue justo antes de que comenzara el colegio.
Él venía todos los fines de semana a la cama nada más despertarse, a buscar la 'teti' de mamá. Después nos quedábamos dormidos los dos juntos un ratito. Pero ese día, un sábado, vino a jugar y no pidió nada. Cuando le pregunté, torció el gesto. Y supe que se había acabado. Fue la última vez, un destete muy natural y diferente al que han tenido algunas amigas, que han hecho de todo para cortarlo, incluso han llegado a ponerse tiritas en los pezones".
El momento más complicado llegó a los 9 meses, cuando después de la baja de maternidad y una corta excedencia Y.S. volvió a su puesto de trabajo. "Tuve que quitarle la toma de la noche. Seguía despertándose cada dos o tres horas, y yo no podía aguantar ese ritmo.
No quería darle un biberón, pero yo también necesitaba mis horas de sueño, tenía que mirar por mí misma. No lo considero una postura egoísta, sino pensar en el bienestar de todos; si yo estoy bien, todos lo estaremos".
Y como descartó el biberón que hiciera dormir al bebé toda la noche, recurrió al vaso de agua. "Había que hacerle entender que despertarse no era nada agradable, así que mi pareja se levantó durante una semana cada vez que el niño pedía teta. En su lugar le ofrecía un vaso de agua, que no le gustaba y con el que terminaba mojado; le resultaba un momento tan incómodo que le empezó a coger manía, así que entendió perfectamente que la 'teti de mami' no siempre estaba ahí, y dejó de llamarnos".
Críticas y Reflexiones Finales
Su postura no ha estado exenta de críticas que llegaban, para su sorpresa, sobre todo de gente joven. "He tenido que escuchar muchos comentarios del tipo: '¿Y aún sigue con la teta?', 'te va a morder'... Muchas veces he sido yo la que me he mordido la lengua para no contestar. Entiendo que haya a quien no le guste ver a un niño ya mayor mamando.
Yo enseñé al mío que no podía bajarme la camiseta o meterme la mano en el pecho en cualquier lado. Nunca he tenido pudor, pero sí le dejé claro que era yo quien decidía cuándo había teta, no cuando él quisiera".
Pero si algo tiene claro ahora es que lo volvería a hacer. "Ha merecido la pena. Mi niño ha enfermado a veces, como todos, pero nunca ha estado ingresado. Creo que le he aportado muchas defensas y, sobre todo, mucho bienestar.
Otro Testimonio
Durante un mes y medio hasta el resultado de este PETTAC, tomaba casi todas las noches un par de dedos de leche materna que un grupo de amigas de mi taller de lactancia decidieron donarme.
La verdad es que la idea no surgió de mí, sino a raíz de una noticia que otra mamá del grupo que es enfermera, leyó sobre los posibles beneficios de la leche materna para los pacientes oncológicos.
Con esto no quiero incentivar a nadie a que lo haga, después de investigar más sobre el asunto he podido leer opiniones a favor y también en contra.
Eso sí, se lo dije a mi Oncólogo y me informé sobre los posibles efectos adversos, puesto que al no estar pasteurizada podría trasmitirse enfermedades y con mayores riesgos en pacientes inmunodeprimidos. En mi caso creo que me ayudó a llevar mejor los problemas intestinales de las quimio, pero cada persona es distinta.
He decidido ponerlo sobre todo para agradecerles a todas ellas, su gesto conmigo que siempre agradeceré.
La Teta: Más que Alimento
Como fotógrafa de familias he escuchado demasiadas veces a mujeres arrepentirse de no tener apenas ningún recuerdo en imágenes de la lactancia con sus hijos.
Como madre de 5 niños lo he vivido en todas sus vertientes posibles, y cuando la lactancia termina, siempre hay un duelo: te sientes triste, sabes que eso ya no volverá.
Porque la teta es mucho más que alimento: es consuelo, es refugio, es cariño. Son momentos íntimos ente tu bebé y tú.
Porque la lactancia es cosa de dos; una historia de amor fantástica (con sus más y sus menos, incluidos sus baches y problemas, ¡claro está!).
Es cierto que hoy en día los selfies son muy apañados, pero te aconsejo encarecidamente que las fotos dando el pecho te las haga alguien que pueda aportar una visión externa y retratarlo desde múltiples ángulos.
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