Agobio, Suegra y Familia: Buscando Soluciones

18.09.2025

La llegada a la vejez no solo supone alteraciones físicas en los ancianos, sino que su equilibrio emocional también se ve ampliamente afectado y ello conlleva, en ocasiones, tristeza profunda, aislamiento, depresión y situaciones de enfado o ira que pueden generar escenas de violencia y agresividad que hasta entonces no habíamos visto en la persona.

¿Cómo actuar en situaciones de ira en personas mayores? ¿Cómo ayudar a que la persona mayor no se sienta furiosa? Te lo contamos en este artículo.

Motivos de mal carácter e irritabilidad en adultos mayores

Las causas más comunes que desembocan en ataques de ira en personas mayores son:

Dependencia y falta de autonomía

Al llegar a la vejez, se van perdiendo de manera progresiva o repentina algunas capacidades tanto motoras como cognitivas, lo que hace que la persona mayor se vuelva dependiente y esa falta de autonomía les puede llevar a sentirse frustrados y por tanto irascibles.

Sensación de inutilidad

Debido a esa falta de autonomía, muchos ancianos sienten frustración, tristeza e ira por no ser útiles y pueden llegar a sentir incluso que se han convertido en una carga para la familia. Gestionar estos sentimientos muchas veces suele traducirse en enfado e irritabilidad.

Lea también: Frecuencia de nacimientos

Pérdida de capacidades y funcionalidad

Como hemos dicho, la pérdida de ciertas funciones tanto cognitivas como motoras que antes eran capaces de realizar sin problema (como ducharse, hacer la comida, resolver un crucigrama…), conlleva en los ancianos un cambio a asumir que, a veces, ante la incapacidad de gestionar esa frustración, se convierte en ataques de ira.

Rechazo al cambio

La dependencia suele presentarse en ocasiones de manera repentina debido a un accidente o evento de salud, por lo que supone un gran cambio difícil de asumir para la persona dependiente. Por ejemplo, tiene que mudarse a casa de un hijo, o a una residencia. En este contexto, muchas veces el anciano rechaza esta situación y desarrolla este mal carácter.

Desconexión con el presente

Ligado al punto anterior, la desconexión emocional ocurre cuando sufrimos algún cambio en nuestra vida que no somos capaces de asumir, y por eso nos desconectamos inconscientemente del presente para no sufrir. Pero esta represión, negación o bloqueo de las emociones suele tener “fugas”, que normalmente suele ser ataques de ira.

Demencia y delirios

La demencia senil se caracteriza por la pérdida progresiva de capacidades cognitivas, pudiendo causar en el enfermo confusión, desorientación e incluso delirios y alucinaciones. Es en este contexto donde pueden presentarse episodios de irritabilidad y enfado precisamente causados por esos estados de confusión y delirio.

Dolor físico

La vejez suele estar asociada con diversas enfermedades y padecimientos físicos, lo cual a su vez normalmente conlleva dolores asociados. Teniendo en cuenta que los ancianos suelen estar polimedicados, es más probable que presenten esta reacción y desarrollen mal carácter.

Lea también: Soluciones para noches tranquilas

Cómo tener paciencia y gestionar la ira en ancianos

Para poder cuidar, es necesario cuidarse primero.

  • Evitar situaciones y personas que le generen irritabilidad: Si sabes que hay conversaciones y personas que generan malestar en la persona mayor, evita que se expongan a ello, salvo cuando sea estrictamente necesario. Quizás el paciente no se muestre irascible en el momento, pero la acumulación deriva en estos ataques de ira.
  • Distrae su atención: Las personas mayores tienden a magnificar hechos muy pequeños, y lo que comienza como un detalle que aparentemente es insignificante, puede derivar en un estallido de enfado. Así que si presientes que el paciente está frustrado por algo que ha ocurrido, escuchado o presenciado a lo largo de la jornada, trata de que pierda el foco en ello.
  • Intenta que recuerde cosas que le hagan sentir bien: Ponte a hablar de algo cotidiano, pregúntale qué ha hecho a lo largo del día y, sobre todo, ignora sus provocaciones y toda conversación que preveas que puede derivar en ese estado de descontrol emocional.

Si finalmente se llega a producir la conversación, el anciano tratará de tener la razón y, si no lo consigue, se sentirá humillado y como un perdedor. Convéncele de que no se trata de ganar o perder nada y, de nuevo, intenta distraer su atención para quitar el foco de esta situación.

No forzarlos a comer, tomar sus medicinas, ducharse o cualquier otra actividad: Obligarles a la fuerza a realizar estas actividades solo hará que su enfado aumente y probablemente acabe en un ataque de ira. Por eso, si se llega a dar la situación de que se niega a llevar a cabo cualquiera de estos actos, como tomar sus medicinas o darse un baño, tómate tu tiempo para sentarte junto a él y explicarle con paciencia por qué debe hacerlo y lo mucho que te ayudaría si lo hiciese.

Demuéstrale que no es frágil: Debido a la pérdida de autonomía, el anciano puede sentirse frágil, desprotegido e inutil, lo que puede generar mucha frustración. Por ello, trata de no infantilizarlo y hazle ver lo importante que es en la familia, su aportación a lo largo de los años, el resultado de sus esfuerzos… El objetivo es que deje de estar a la defensiva y que sienta que su figura sigue teniendo sentido y es relevante en la vida de los demás.

No trates de llevar la razón: Durante la vejez, la memoria y la capacidad de pensar con lógica se ven deterioradas. Aunque te resulte difícil de entender su posición, no intentes razonar con él cuando no estéis de acuerdo o no entienda algo, ya que si insistes se sentirá mal, aumentará su frustración y con ello aumentarán las probabilidades de un enfado descontrolado.

Lea también: Manzanilla y bebés: ¿es seguro?

No te lo tomes como algo personal: Ya sabes lo importante que es que como cuidador que tú también te cuides, así que es importante que no te tomes los ataques de ira de tu ser querido dependiente como algo personal. Por el contrario, intenta quitarle importancia y evitar pensamientos negativos con respecto a lo ocurrido. Para ello, tómate un tiempo y enfoca tu atención en algo que te agrade, relájate y retoma tus tareas un poco más adelante, cuando la situación se haya calmado.

Ayuda profesional: Cuando veas que los episodios de ira son muy frecuentes y puedan derivar en daños físicos, consulta con un médico, psiquiatra o psicólogo que os ayude a gestionar sus emociones y a actuar correctamente en dichos momentos.

Qué hacer ante una discusión o rabieta

Si los consejos anteriores no han sido suficientes para frenar su enfado, aquí te dejamos algunos consejos para gestionar una discusión con una persona mayor:

  • Escucha con mucha atención.
  • Asegúrate de que pueda escucharte.
  • Mira al adulto mayor cuando le hables.
  • No le hables como si fuera un niño.
  • Evita dar consejos si no te los pide.
  • Acepta que se pueden tener opiniones diferentes.

Consejos para que los ancianos se sientan útiles

Tal y como ya hemos comentado, la pérdida de autonomía puede hacer que el anciano se sienta inutil, lo que puede generar mucha frustración. Por eso, te damos varias sugerencias y recomendaciones para que las personas mayores se sientan útiles:

  • Hacerlos partícipes de las tareas del hogar: Quizá ya no pueden cocinar o limpiar como antes, pero puedes asignarles algunas tareas que sepas que aún pueden realizar pero que a la vez les supongan un pequeño reto y esfuerzo, como por ejemplo hacer la cama, ayudarte a hacer la comida, que se laven los dientes solos…
  • Incentivarlos a aprender cosas nuevas: Una buena forma de sentirse útil es aprendiendo algo nuevo.

Agresividad en ancianos: Causas y manejo

Muchos de vosotros nos preguntáis qué hacer con ancianos insoportables pero ¿Has notado algún cambio significativo en el comportamiento de tu familiar mayor?

Conviene prestar atención a los cambios de conducta que se producen durante la vejez y a las razones que lo motivan. La agresividad en las personas mayores que nos rodean puede llegar a ser un problema para el entorno familiar. Lidiar con cambios de personalidad en el adulto mayor puede ser un reto tanto para familiares como para cuidadores.

A menudo, estos cambios incluyen trastornos de conducta en personas mayores, que pueden manifestarse como agresividad, irritabilidad o resistencia. Entender y manejar adecuadamente estas situaciones es crucial para mantener un ambiente saludable y comprensivo.

Aquí te ofrecemos algunos consejos prácticos:

  • Educación y Comprensión: Infórmate sobre los trastornos de conducta en personas mayores. Comprender que estos cambios pueden ser parte de condiciones como la demencia o estar relacionados con la pérdida de memoria y agresividad ayuda a empatizar con la persona mayor.
  • Comunicación Efectiva: Habla de manera clara y tranquila. Evita discutir o confrontar directamente, ya que esto puede aumentar la agresividad en ancianos.
  • Entorno Seguro: Modifica el entorno para reducir los factores de estrés. Un entorno tranquilo y familiar puede disminuir la probabilidad de episodios agresivos.
  • Actividades Adaptadas: Promueve actividades que sean de interés para el anciano, esto puede ayudar a canalizar sus energías de manera positiva y reducir la frustración.
  • Soporte Profesional: No dudes en buscar ayuda de profesionales en geriatría o psicología. Ellos pueden ofrecer estrategias específicas y apoyo para manejar los cambios de conducta en la tercera edad.

Así como cuidadoras profesionales en el cuidado de tu familiar.

Cuidado Personal: Finalmente, es vital que los cuidadores también cuiden de su salud mental y física. Las alteraciones en el comportamiento de las personas mayores pueden llegar a ser un rasgo característico del proceso de envejecimiento. El ser humano está en constante evolución y también durante la tercera edad se producen cambios importantes a nivel psíquico y emocional.

Los problemas más graves surgen cuando estas modificaciones conductuales se manifiestan de forma agresiva. Los cambios de conducta no siempre tienen por qué tender hacia la agresividad. Estos síntomas son señales de alerta importantes y pueden requerir atención médica y apoyo emocional para gestionar adecuadamente los cambios de conducta en la tercera edad.

Diagnosticar un trastorno de comportamiento no representa un desafío desde el punto de vista clínico en tanto que los síntomas son relativamente fáciles de identificar. Si en años anteriores los ancianos nunca han demostrado un comportamiento agresivo, la aparición de este problema puede deberse a una patología y no tienen por que ser ancianos insoportables de por si.

Por ejemplo, las personas mayores que comienzan a desarrollar los síntomas del Alzheimer o la demencia son proclives a manifestar comportamientos de este tipo. De igual forma, hay situaciones que no pueden ser consideradas como enfermedades pero que sí que producen efectos adversos de este tipo.

Las alteraciones del comportamiento no pueden entenderse como un suceso aislado.

  • Para las personas mayores: El trastorno de la conducta suele derivar en otros aspectos como el insomnio, el estrés, el enfado o la apatía.
  • Para cuidadores y familiares: Las conductas agresivas de las personas mayores a su cargo implican un mayor desgaste y agotamiento a todos los niveles.

Para un correcto manejo de estas situaciones complicadas, hay que tener en cuenta que la agresividad no tiene por qué manifestarse solo como violencia física o verbal. Este escenario, puede comprometer la integridad física y psicológica de cuidadores y personas mayores.

La agresividad en los ancianos agresivos suele ser un síntoma de una condición subyacente más que un cambio intencional en su comportamiento.

Aquí algunas causas comunes:

Enfermedades Neurodegenerativas: Enfermedades como el Alzheimer o la demencia pueden provocar pérdida de memoria y agresividad. La relación entre demencia y agresividad en ancianos es un tema complejo. En muchos casos, la persona mayor agresiva con demencia experimenta una pérdida de memoria y agresividad debido a los cambios cerebrales que alteran su capacidad de controlar emociones y comportamientos.

La agresividad verbal en ancianos a menudo surge de la frustración o confusión. Por ejemplo, un anciano que habitualmente es sereno podría empezar a mostrar hostilidad verbal durante una conversación aparentemente tranquila, posiblemente debido a la incapacidad para encontrar las palabras adecuadas o por sentirse abrumado por estímulos externos.

La agresividad repentina en ancianos puede ser alarmante.

tags: #agobio #suegra #familia #soluciones

Publicaciones populares: