Alergia en el Embarazo: Riesgos y Cuidados para el Bebé

30.10.2025

La alergia es un conjunto de enfermedades cuyos síntomas se desarrollan cuando el paciente entra en contacto con la sustancia a la que es alérgico. Las personas no alérgicas toleran sin problemas la exposición a estas sustancias. El origen de una reacción alérgica no está, por tanto, en el agente que la produce, sino en el propio individuo.

Por eso, se considera que la condición de ser alérgico en gran parte es constitucional, depende de una predisposición individual que frecuentemente es hereditaria y que se denomina atopía (que literalmente significa "fuera de lugar").

En los individuos alérgicos, los anticuerpos IgE reconocen y se unen a los alérgenos; esta unión induce a que ciertas células liberen mediadores químicos, en particular la histamina, que producen una respuesta inflamatoria, responsable en última instancia de los síntomas típicos de la reacción alérgica.

Los anticuerpos IgE que reconocen un determinado alérgeno se producen tras una o varias exposiciones al mismo. La piel y las vías respiratorias son los dos órganos que con mayor frecuencia se ven involucrados en las reacciones alérgicas por ser la primera zona de contacto.

Dependiendo del órgano afectado, hablaremos de dermatitis (piel), de conjuntivitis (conjuntiva ocular), de rinitis (mucosa nasal) o de asma (bronquios).

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Las enfermedades alérgicas son propias de personas jóvenes, gran parte de ellas en edad fértil, por lo que es frecuente que las padezcan mujeres embarazadas y mujeres en período de lactancia. El hecho de estar embarazada no supone un factor de riesgo para presentar enfermedades alérgicas, pero tampoco supone una protección frente a las mismas, es decir, las mujeres gestantes tienen las mismas probabilidades de presentar enfermedades alérgicas que el resto de las mujeres de su edad.

Durante el embarazo, hay que buscar la forma óptima de conseguir el bienestar de la madre sin riesgo para el bebé. No hay que olvidar que cualquier enfermedad que padezca la madre, si no está debidamente controlada, supone un doble riesgo, puesto que afecta a ambos, madre e hijo.

Las enfermedades por atopía incluyen afecciones comunes como dermatitis, asma, alergias alimentarias y otras con síntomas como la rinorrea (goteo nasal), por ejemplo. Si padeces alguna de estas afecciones, es más probable que tu bebé tenga alergias en comparación con un bebé nacido de una madre que no tenga alergias en el embarazo.

Es bien conocido que las enfermedades alérgicas comportan una alta carga familiar, de tal modo que los niños nacidos de ambos progenitores alérgicos tienen una probabilidad de ser alérgicos del 40-60 %; si uno de ellos lo es, del 20-40 % (padre: 33 %; madre 45 %); frente al riesgo del 5-16 % si ninguno de los progenitores es alérgico.

A menudo, en la consulta de alergia, las madres de hijos ya alérgicos preguntan si se pueden adoptar medidas durante el período de gestación de su futuro hijo para evitar que sea igual de alérgico que sus hermanos.

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Tratamiento y Precauciones Durante el Embarazo

El tratamiento de las enfermedades alérgicas descansa en tres pilares: los medicamentos, las vacunas antialérgicas (inmunoterapia específica) y el control ambiental.

En la medida de lo posible, se debería evitar el empleo de medicamentos durante el embarazo. Tabla 1. En el embarazo también se producen cambios que dan lugar a un mayor volumen de plasma circulante y, por lo tanto, un aumento del volumen de sangre, una disminución de la concentración de proteínas para el transporte de los medicamentos y un incremento de la filtración del hígado y los riñones. La capacidad de filtración de los riñones aumenta en un 50 %, por lo que se produce una eliminación más rápida de los fármacos. Tabla 2. La alergia afecta a más de un 20 % de la población en países desarrollados.

Por ello, en la medida de lo posible, se debería evitar el empleo de medicamentos especialmente en este período y, en caso de ser necesario, se debe optar por formulaciones de uso tópico (nasal, ocular, cutáneo o bronquial) en vez de uso sistémico (vía oral, intravenosa, intramuscular o subcutánea). Existen varias clasificaciones para asignar la seguridad de un medicamento durante el embarazo. Se distinguen 5 categorías, de más segura a menos segura (anexo 1).

La valoración del riesgo de utilizar un medicamento durante el embarazo es complicada. No sólo depende de la capacidad intrínseca del fármaco de producir daño al feto, sino también de la fase del embarazo en que se utilice, de la dosis y de la duración del tratamiento.

Las vacunas antialérgicas pueden seguir utilizándose durante el embarazo, pero no se debe iniciar una vacuna antialérgica durante la gestación. Las medidas de control ambiental y las medidas de evitación de alérgenos deben intensificarse durante el embarazo. Cuanto menos se exponga la mujer embarazada a las sustancias que le producen alergia, menos síntomas presentará y menos fármacos necesitará para su control. Esta es la forma más segura de tratamiento, evitar el alergeno.

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A priori el tratamiento de la alergia no está contraindicado en el caso de las mujeres embarazadas, pero también deben seguirse algunas recomendaciones. En general, se optará por medicamentos con una experiencia dilatada. En el caso de las vacuna de alergia (inmunoterapia) no se suele iniciar tratamientos con vacunas. Queda a criterio del médico continuar con una terapia ya iniciada. Asimismo, se debe tener precaución durante el embarazo cuando se trata de medicamentos para los síntomas de alergia, los llamados antialérgicos. Debe evitarse el tratamiento farmacológico, especialmente en el primer trimestre.

Es importante valorar el riesgo de utilizar medicamentos durante el embarazo, esto no sólo depende del tipo de fármaco (algunos pueden producir daño al feto), sino también de la fase del embarazo en que se encuentre, la dosis y la duración del tratamiento. Los antihistamínicos de segunda generación se encuentran en su mayor parte dentro de la categoría B, es decir, que son seguros para las embarazadas.

Si tienes alergia durante el embarazo podrás tomar antihistamínicos siempre bajo preescripción médica. La medicación, en principio, no se recomienda durante el primer trimestre de embarazo y buena parte del segundo, ya que no hay datos de cómo pueden afectar al feto. En probable que, en caso de necesitar tratamiento con fármacos, se opte por recetar medicamentos de primera y segunda generación, en los que ya hay más historial de uso.

Recomendaciones Generales

  • En principio, evita la exposición a los alérgenos.
  • No salgas a la calle en días muy ventosos y cierra las ventanas si tu alergia es al polen.
  • Sé muy cuidadosa con la limpieza del hogar para evitar alergias al polvo.
  • No entres en contacto con animales domésticos.
  • Por supuesto, evita comer aquellos alimentos que en algún momento te han producido algún tipo de reacción.
  • También es importante evitar estar en ambientes mal ventilados o con humo, fumar o estar cerca de personas que lo hagan.

Asma y Embarazo

Las pacientes asmáticas deben recibir medicación cuando esta indicado. La mayoría de los medicamentos que se emplean durante la gestación son seguros.

Aproximadamente una de cada cinco mujeres embarazadas tiene una alergia. En la mayoría de los casos, se manifiesta como rinitis alérgica, asma alérgica o ambas a la vez. La conjuntivitis alérgica, la urticaria aguda y la anafilaxia también pueden ocurrir durante el embarazo. Una de las razones de la frecuente aparición de rinitis alérgica en mujeres embarazadas es que las hormonas del embarazo afectan el flujo sanguíneo nasal y las membranas mucosas.

La regla de un tercio se aplica a las mujeres que sufrieron asma alérgica antes de quedar embarazadas: en aproximadamente un tercio, la enfermedad permanece sin cambios durante el embarazo, en otro tercio los síntomas mejoran y en el último tercio el asma empeora.

Una excepción es el asma alérgica: conlleva el riesgo de complicaciones en el embarazo, por lo que cualquier terapia necesaria debe continuarse y controlarse de manera constante. Deja que tu alergólogo te aconseje.

¿Qué se debe saber si una mujer padece asma y se queda embarazada? El comportamiento del asma bronquial durante el embarazo sigue la regla de los tercios: un tercio de las mujeres mejoran; otro, empeora y otro tercio permanece igual. Curiosamente, el comportamiento se repite en los embarazos sucesivos. Sin embargo, a mayor gravedad del asma o peor control, mayor riesgo de que esta empeore durante el embarazo. Asimismo, en estos casos existe más riesgo de complicaciones del embarazo (aborto espontáneo, bajo peso al nacer, parto pretérmino, preeclampsia).

No, de ninguna manera, todo lo contrario. Es importante mantener la medicación que controla el asma, preferiblemente los corticoides inhalados, sobre los que ya existe amplia documentación de su empleo en el embarazo (grupo de seguridad B) (v. El objetivo debe ser el mantener el asma bronquial bajo control para reducir el riesgo de exacerbaciones y de complicaciones. Las reagudizaciones del asma deberán tratarse en forma convencional para reducir al mínimo el riesgo en la madre y la hipoxia fetal. Para la presencia de síntomas agudos, se elegirá el empleo de los fármacos beta-adrenérgicos de acción corta. Resulta tranquilizador que, en el momento del parto, tan solo el 10 % de las mujeres asmáticas presenta problemas respiratorios relevantes.

Rinitis en el Embarazo

Muy similar a la alergia primaveral es la rinitis del embarazo, que aunque no es una de las alergias en el embarazo propiamente dicha, es muy común en las embarazadas: se calcula que entre un 20 % y un 30 % la sufren. La rinitis del embarazo afecta a la calidad del sueño, puede hacer que la embarazada se sienta más cansada y fatigada.

La rinitis es muy frecuente durante la gestación, y afecta hasta un 39 % de las embarazadas. Puede presentarse en cualquier momento de la gestación como empeoramiento de una rinitis ya existente previamente o como una nueva manifestación, que se denomina rinitis gestacional. Los síntomas típicos son congestión nasal, estornudos y moqueo. La causa no está del todo clara, pero parece que se debe a un efecto hormonal, que produce cambios en la mucosa nasal, con una mayor vascularización y secreción de las glándulas seromucosas. Suele desaparecer a las 2 semanas después del parto. Dado que afecta mucho la calidad de vida, suele requerir tratamiento.

Alergias Alimentarias

La mujer alérgica a alimentos debe extremar las precauciones durante la gestación. Existe el falso mito de que las alergias alimentarias mejoran durante la gestación, pero esto no es cierto. Existe riesgo de reacción anafiláctica, con problemas para la madre y el niño, si la madre se expone al alimento alergénico. No obstante, la placenta produce entre 500 a 1.000 veces más de enzima DAO (diaminooxidasa) encargada de degradar la histamina extracelular.

Anafilaxia y Medicamentos

No se ha comunicado que el riesgo de reacciones alérgicas con medicamentos esté aumentado durante el embarazo. Sin embargo, sí se han publicado casos de reacciones anafilácticas graves por alergia a medicamentos en mujeres gestantes. Los fármacos implicados en los distintos casos fueron la succinilcolina, las penicilinas y derivados, el hierro, la ranitidina y el látex. En todos los casos, la madre evolucionó favorablemente, pero el feto sufrió daño cerebral por falta de riego sanguíneo debido a la hipotensión materna. La gravedad del daño cerebral fetal dependerá de la magnitud y duración de la hipotensión materna. El empleo de adrenalina subcutánea o intravenosa, a dosis altas o repetidas, necesaria para salvar la vida de la madre, también puede contribuir al daño cerebral del feto, por su potente efecto de constricción de los vasos sanguíneos cerebrales.

Urticaria Crónica

Con frecuencia la urticaria crónica mejora durante la gestación, disminuyendo la necesidad de medicación. En unos pocos casos, la urticaria empeora.

Prevención Primaria de Alergias en el Bebé

La prevención primaria intenta evitar el desarrollo de una enfermedad incluso antes de que aparezca en el individuo un marcador biológico de dicha enfermedad. Sin embargo, son múltiples los factores que intervienen en el riesgo de desarrollar enfermedades alérgicas y, probablemente, no se conozcan todos en la actualidad. Algunas medidas, probadas científicamente, pueden ayudar a modificar la composición de la microbiota en el bebé de riesgo alérgico.

Probióticos y Prebióticos

Los prebióticos son azúcares que sirven de sustrato a las bacterias del tracto gastrointestinal para sobrevivir y multiplicarse. Dada la escasez de estudios hasta la fecha, en el momento actual existe un nivel bajo de certidumbre de que el uso de prebióticos puede reducir el riesgo de sibilancias y de alergia alimentaria.

Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del consumidor. Estos microorganismos son principalmente lactobacilos, bidifobacterias y otras bacterias productoras o no de ácido láctico.

El comité de expertos de la WAO sugiere el empleo de probióticos en mujeres gestantes y en las mujeres durante el período de lactancia de bebés de alto riesgo alérgico, así como en los propios bebés porque, considerando todos los efectos críticos, existe un beneficio neto en la prevención del eccema atópico, no así de otras enfermedades alérgicas.

De todas formas, te alegrará saber que es posible evitar transmitirle tus alergias. Los científicos han descubierto que tu bebé podrá beneficiarse si tomas probióticos durante el embarazo y se los pasas luego al dar el pecho. Los estudios indican que algunos probióticos en el embarazo pueden ser efectivos en la reducir el riesgo de que tu bebé desarrolle dermatitis atópica o eccema, la afección alérgica más habitual durante la infancia. Los probióticos en el embarazo utilizados en estos estudios son seguros para ti y para tu bebé.

Vitamina D

Finalmente, en modelos animales se ha demostrado que la forma activa de la vitamina D, el calcitriol, posee efectos sobre el sistema inmunitario que podrían regular el desarrollo de algunas enfermedades alérgicas.

Lactancia Materna

Salvo que exista una contraindicación obstétrica, la madre alérgica puede y debería dar el pecho a su bebé. Sin embargo, se debe tener en cuenta que determinados medicamentos empleados para tratar las afecciones alérgicas pueden pasar al bebé a través de la leche materna, pudiendo ser perjudiciales para él. En caso de que la madre no pudiera suspender el tratamiento, se debería considerar interrumpir la lactancia materna.

Al margen de los beneficios sobre la adquisición de defensas en el bebé que confiere la lactancia materna y de los beneficios psicoafectivos, los estudios epidemiológicos confirman que dar el pecho puede disminuir el riesgo de desarrollar eccema atópico, asma y rinitis alérgicas en el bebé.

Tabla 1: Cambios Fisiológicos en el Embarazo y su Impacto en la Medicación

Cambio Fisiológico Impacto en la Medicación
Mayor volumen de plasma circulante Aumento del volumen de sangre
Disminución de la concentración de proteínas Menor transporte de medicamentos
Incremento de la filtración del hígado y los riñones Eliminación más rápida de los fármacos

Tabla 2: Prevalencia de Alergias en Países Desarrollados

Condición Prevalencia
Alergia en la Población General Más del 20%

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