Anticuerpos Maternos en el Recién Nacido: Información Vital
La transferencia de la memoria inmunológica de la madre al feto frente a las enfermedades más frecuentes en el entorno materno es esencial para la supervivencia del recién nacido (RN). Por lo tanto, también es más posible que esté expuesto el recién nacido.
Importancia de la Transferencia de Anticuerpos Maternos
Durante el embarazo y la lactancia, las madres experimentan cambios inmunológicos que son esenciales para la crianza. Esta adaptación conforma un estado único de equilibrio entre la inmunidad materna y fetal, necesaria para promover y apoyar la propia gestación y el crecimiento del feto.
La educación inmunológica comienza intraútero y se desarrolla teniendo en cuenta los factores ambientales en los que se ve inmersa la gestante y posteriormente la puérpera durante la lactancia materna impactando en el feto-neonato. Este proceso comprendería la transferencia de anticuerpos maternos, los cambios en el microbioma materno, los metabolitos derivados de la microbiota, y la transferencia de células inmunitarias y citocinas a través de la placenta o de lactancia materna.
Los anticuerpos atraviesan la placenta tras la inmunización de la madre, haciendo posible la protección contra infecciones maternas, congénitas y neonatales. La IgG se transfiere activamente a través de la placenta a partir de la semana 13 y esta aumenta significativamente durante el tercer trimestre.
Mecanismos de Transferencia de Inmunidad
Dentro del útero, las células maternas se infiltran en el feto y circulan por su torrente sanguíneo, de la misma forma, la madre tras el parto también presentará células del feto que persisten. Podemos hablar aquí también de microquimerismo placentario y micoquimerismo a través de la lactancia materna.
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El MMc en la leche materna se ha visto una transferencia de células maternas en cantidades constantes con independencia de la duración de la lactancia y procedentes del tejido linfoide materno paso de IgGs, IgAs, células T y células plasmáticas. En resumen, una compresión más profunda sobre lo que representa la inmunidad materno-fetal puede ayudar a mejorar el estado inmunitario de los futuros bebes.
De hecho, la atenuación de los procesos infecciosos o la protección frente a éstos permite a los agentes infecciosos actuar como inmunizantes en el lactante con un mínimo de riesgos. Esta transferencia al RN se realiza en los humanos mediante anticuerpos del tipo IgG a través de un sistema de transporte activo placentario.
Este transporte se inicia alrededor de las 28 semanas del embarazo y su intensidad aumenta progresivamente hasta el momento del parto, siendo el título de anticuerpos del RN similar o incluso superior al de la madre. Todas las clases de IgG cruzan la placenta, pero es la subclase IgG1 la que se transporta con más facilidad.
Esto supone diferencias en los niveles de protección que es posible transferir desde la madre al RN. Por ejemplo, los anticuerpos frente al estreptococo son de tipo IgG2 y son transferidos de forma menos eficiente que los anticuerpos antitetánicos de la subclase IgG1, mientras que los anticuerpos frente al virus respiratorio sincitial (VRS) suelen ser IgG1 e IgG2. Por último, son los anticuerpos con mayor actividad (avidez) los que se transfieren al RN.
La presencia de anticuerpos maternos protege al lactante durante los primeros meses de vida y disminuye con rapidez, siendo prácticamente indetectable a los 12 meses de edad. Tras el parto, a través de la lactancia materna, se transmiten al lactante elementos moduladores de la respuesta inmunitaria y, principalmente, anticuerpos tipo IgA secretores (SIgA), que actúan protegiendo al RN frente a las enfermedades que tienen su vía de entrada a través de las mucosas.
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Este aspecto ha sido estudiado en el caso de rotavirus, Escherichia coli, polio, retrovirus, Haemophilus influenzae y Streptococcus pneumoniae, y se ha comunicado una menor frecuencia de episodios de otitis media y de infecciones de las vías respiratorias bajas, entre ellas las producidas por el VRS. También se ha descrito la mejor respuesta a algunos antígenos vacunales de los lactantes que reciben lactancia materna.
Inmunización Materna como Estrategia de Protección
Partiendo de todo lo expuesto, puede elaborarse la hipótesis de que es posible dotar de una protección pasiva al RN frente a enfermedades graves y frecuentes en los primeros meses de vida mediante la inmunización de la embarazada. Esta estrategia ha mostrado su eficacia en el caso de la inmunización materna frente al tétanos y la gripe, con la producción de IgG específicas que cruzan la placenta y protegen al RN.
Otras enfermedades en las que esta estrategia es posible son la invasora por H. influenzae, S. pneumoniae y estreptococos del grupo B y las enfermedades respiratorias asociadas al VRS y Bordetella pertussis.
Los anticuerpos maternos inducidos por las vacunas se transfieren de la madre al feto de forma activa a través de la placenta aportando de este modo una protección pasiva al feto y al recién nacido.
Durante los primeros meses de vida, la transferencia de inmunoglobulinas maternas a través de la placenta protege parcialmente a los recién nacidos. Los anticuerpos maternos, no obstante, no llegan a alcanzar en muchos casos unos niveles óptimos y en consecuencia no siempre confieren una protección adecuada al recién nacido.
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Por lo que los programas de inmunización materna deben estar integrados en el control prenatal, beneficiando esta estrategia no solo a las mujeres embarazadas, sino también a sus recién nacidos, y contribuyendo al fortalecimiento de los sistemas de salud de estos países.
En la actualidad, se recomienda la administración durante el embarazo de la vacuna (inactivada) contra la gripe, la vacuna contra el tétanos y la vacuna (acelular) contra la tos ferina. Sin embargo, la vacuna antitetánica es la única vacuna ampliamente implementada en países con escasos recursos, y a pesar de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la gran mayoría de estos países no recomiendan vacunar frente a la gripe a las mujeres embarazadas.
La vacunación materna frente a enfermedades infecciosas como el tétanos o la tos ferina ha demostrado extender su protección al neonato.
Desde el año 1998 se recomienda la vacunación contra influenza en la embarazada; con esto no sólo se protege a la embarazada que tiene alto riesgo de complicaciones y de hospitalización, sino que también al RN y lactante durante los primeros meses de vida cuando la vacuna de influenza aún no puede ser indicada en el niño. Existe evidencia de que la vacunación de la mujer embarazada retrasa el primer episodio de influenza y disminuye su gravedad en el RN y lactante si se infecta.
Al mismo tiempo, se incorporó a nuestro programa nacional de inmunizaciónes (PNI) desde el año 2017, la inmunización a la embarazada con vacuna de coqueluche (dTpa) desde las 28 semanas de gestación con el objetivo proteger al RN los primeros meses de vida. Los anticuerpos maternos transferidos vía transplacentaria al RN podrían proporcionar protección contra el coqueluche en forma temprana y antes de comenzar la serie primaria de vacunación con dTp. La vacunación en el segundo trimestre del embarazo produce mayores niveles de anticuerpos en lactantes, incrementa las oportunidades de vacunación y permite proteger a los prematuros.
Estudio sobre COVID-19 y Anticuerpos Maternos
Un estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) que forma parte del proyecto multiinstitucional GESNO-COVID -liderado por el Hospital General Universitario Gregorio Marañón- ha demostrado la transferencia transplacentaria de anticuerpos en el 86%.
El estudio, publicado en BMC Pregnancy and Childbirth, se realizó con 51 parejas de madre-hijo, incluyendo los nacimientos desde abril de 2020 hasta marzo de 2021. Para ese entonces ninguna madre había sido vacunada contra el SARS-COV-2, de modo que los anticuerpos eran producto de contraer la enfermedad durante el embarazo. El estudio demuestra el impacto que la producción materna de anticuerpos frente a COVID tiene para proteger al recién nacido mediante el paso de estos.
En el estudio, se observa que la cantidad de anticuerpos que presentaban los bebes al momento del parto estaba relacionada con la cantidad de anticuerpos que presentaba la madre. Por otro lado, este efecto protector no se ha observado en recién nacidos de madres con infección aguda en el momento del parto.
“Así se realizaron distintos estudios, en donde se pudo demostrar que la embarazada es un grupo de población vulnerable para SARS-CoV-2 y que la transmisión perinatal de este virus al recién nacido es excepcional. Dada la gravedad de la COVID en la embarazada, es necesario que la mujer gestante se vacune frente a SARS-CoV-2, al igual que se vacuna de otras enfermedades como son la gripe y la tosferina. En el caso de la infección por SARS-CoV-2, la inmunización materna protegerá a su vez a su recién nacido durante los primeros meses de vida”, concluye Navarro, investigadora principal del proyecto.
Conocer si un efecto similar podría alcanzarse con la inmunización de gestantes sería muy útil a la hora de planificar campañas de vacunación. De momento lo que sugieren recientes estudios es que las madres seropositivas pueden transferir a sus recién nacidos anticuerpos frente al SARS-CoV-2, principalmente a través de la placenta.
En una investigación publicada en JAMA Pediatrics, los investigadores hallaron la presencia de anticuerpos IgG en sangre del cordón umbilical en un 87% de neonatos de las madres seropositivas. Los bebés nacidos de madres con niveles muy bajos de IgG fueron seronegativos al nacer, pero se produjo una transferencia transplacentaria independientemente de la presencia de síntomas en la madre o de la gravedad de la enfermedad.
Hay muy poca información sobre el efecto de la vacunación frente a SARS-CoV-2 en embarazadas. En esos casos, se propone una valoración individualizada. En ello coinciden las diferentes sociedades científicas que han elaborado documentos al respecto.
Consideraciones Finales
La salud materna tendrá un impacto en la salud futura del recién nacido, por eso la investigación en este campo resulta crucial. Por todo lo comentado y para evitar riesgos, resulta vital que la mujer con deseos de descendencia sea valorada por parte de un profesional de forma previa al embarazo, así como un seguimiento periódico durante el propio embarazo, contando con la inestimable ayuda que nos ofrecen las vacunas.
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