Bultos en el Cuello en Niños: Causas y Cuándo Preocuparse
Es relativamente frecuente notar un ganglio en el cuello de los niños. De hecho, esos ganglios están por todo el organismo conectados a los vasos linfáticos. A veces se inflaman, haciéndose más evidentes, y entonces hablamos de adenopatías.
¿Qué son los ganglios y las adenopatías?
Los ganglios son parte del sistema inmunológico. Ayudan a defendernos de las infecciones. Son de tamaño pequeño (menos de 1 cm), redondeados, blandos y móviles, y no duelen. Están por casi todo el cuerpo, pero se agrupan más en las axilas, inglés y cuello.
Las adenopatías son ganglios, pero con cambios. Por ejemplo, pueden aumentar de tamaño, doler cuando se tocan o pegarse a otros órganos, como la piel.
Cuando los ganglios se inflaman se hacen más evidentes. En ese caso reciben el nombre de adenopatías, que es uno de los motivos de consulta pediátrica más frecuente. “En la absoluta gran mayoría de los casos son de curso benigno y autolimitado (se resuelven solos), pero cuando se inflaman se debe consultar al pediatra de forma programada para establecer su posible origen”, comenta.
A veces, el niño se queja de molestias al mover el cuello, pero otras veces se detecta al tocarlo o verlo.
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¿Por qué se inflaman los ganglios?
Ya sabemos que los ganglios forman parte del sistema defensivo del organismo. Cuando se inflaman, lo más habitual es que sea porque hay una infección cercana a esa zona. “Son las defensas de nuestro cuerpo activándose para defendernos”, comenta la pediatra. Esas infecciones pueden localizarse en distintos puntos: garganta, oído, ojos, boca...
La causa más frecuente es una reacción frente a la infección en una zona cercana:
- Los catarros, otitis, faringitis y algunas lesiones de la piel. Que se inflamen los ganglios del cuello es muy frecuente en la primera infancia. Lo normal es que "se quiten" solos.
- Hay infecciones como el citomegalovirus, la mononucleosis y el toxoplasma en las que es muy típica la inflamación de los ganglios del cuello.
Otras causas son más raras: enfermedad por arañazo del gato, tuberculosis, enfermedades inmunológicas, endocrinas, reumatológicas, vasculitis, tumorales (leucemia o linfoma) y algunos fármacos.
Los ganglios suelen aparecer con más frecuencia en la parte cervical alta, justo bajo el reborde de la mandíbula. Otras localizaciones menos frecuentes, como detalla la Dra. Barral, son detrás de las orejas y en la zona de la nuca. “Si se presentan justo por encima de la clavícula las llamamos supraclaviculares. A estas las consideramos de alto riesgo”.
En la mayoría de las ocasiones estas infecciones son debidas a virus, por lo que solo se pauta un tratamiento para aliviar los síntomas y se va observando la evolución.
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¿Cuándo debemos alarmarnos y buscar atención médica?
Hay que ir al pediatra cuando los ganglios son:
- De más de 1 cm o mayores de 0,5 cm en bebés menores de 1 mes.
- De consistencia dura como una piedra y no se pueden mover.
- Cuando crecen muy rápido.
- Con signos inflamatorios: rojos y con dolor.
- Si se acompañan de cansancio, pérdida de peso, palidez, fiebre prolongada, sudoración nocturna.
Aunque en la mayoría de los casos los ganglios inflamados no revisten importancia, hay otros en que sí se requiere una atención urgente. “También nos preocupa que las adenopatías se acompañen de sudoración nocturna, pérdida de peso, disminución del apetito, fiebre persistente sin encontrar origen infeccioso o que se queden inflamados periodos de tiempo superior a las dos o tres semanas”, destaca.
¿Qué suele hacer el pediatra?
Si la adenopatía solo tiene signos de benignidad y la exploración del niño es normal, se hará manejo conservador (con antiinflamatorios o nada).
Según el tamaño del ganglio se hará distinto manejo:
- Los ganglios de menos de 2 cm suelen ser de causa vírica. Se puede tratar al inicio con ibuprofeno y ver cómo va en unos días. Suelen disminuir de tamaño en menos de 2 semanas. Se suelen quitar en 3-4 semanas. En este caso se dará el alta.
- Los ganglios de más de 2 cm, que duelen y además hay fiebre y no disminuyen con los antinflamatorios, se suelen tratar con ANTIBIÓTICOS.
Si tras tratar con antibiótico, el ganglio sigue sin disminuir o dura más de 2-3 semanas, se solicita un análisis de sangre. Así se descartan algunas causas frecuentes de inflamación de ganglios (mononucleosis). A veces hay que hacer OTRAS PRUEBAS (radiografía de tórax, Mantoux), si se sospecha tuberculosis.
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Si el ganglio sigue grande y la piel que lo cubre está roja o con tono morado y duele, indica una posible CELULITIS (infección del tejido cerca del ganglio). Si el bulto comienza a ponerse blando (lo que hace pensar en un ABSCESO), debe ser visto por un cirujano y drenarlo si procede.
Si la causa de la adenopatía son micobacterias atípicas se debe extirpar con cirugía.
Lo que más preocupa es que sea una enfermedad maligna. Se suele sospechar desde el principio por los signos de alarma. Y se mandará al hospital para estudio.
Ganglios o quistes congénitos
Algunos bultos en el cuello no son ganglios sino quistes congénitos, es decir, lesiones con las que el niño ha nacido. “Se producen por un desarrollo anormal de la zona del cuello durante el periodo fetal, dentro del útero manero. Esto conlleva que se formen una especie de bolsas con contenido líquido en su interior”, explica la Dra. Estefanía Barral.
El más frecuente es el denominado quiste del conducto tirogloso, que se localiza justo en el centro del cuello, por encima de la glándula tiroides. Hay otros como los quistes en los arcos branquiales, quistes tímicos o quistes dermoides, que pueden acompañarse de agujeros en la piel (fístulas). “Por esta fístulas puede salir el líquido del quiste, lo que nos da una pista clave para pensar en ellos”, asegura.
A veces, aunque el niño nace con el quiste, este es tan pequeño que no se manifiesta hasta meses o años después, “cuando al tratase de un tejido débil o extraño se infectan con una bacteria, poniéndose rojos, grandes y calientes, pudiendo asociar fiebre”, comenta la pediatra.
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