El enigma de "Holanda" en la letra de "Los Niños del Caminito"
Por Dr. Caminito de Belén, olé, olé, Holanda y olé, Holanda ya se ve… He de admitir que nunca he pillado lo de Holanda por las circunstancias de sobra conocidas relativas a un camino que dirigiría de Oriente a Belén, con lo que el desvío por Holanda parecería poco óptimo en términos de economía de esfuerzo.
En mi propuesta de profundizar en este misterio los resultados han sido un poco confusos. Mis hallazgos van desde un error ortográfico con la H de Holanda que en realidad sería Olanda (una de las propuestas para el nombre de la posible estrella que siguieron los Reyes Magos en su camino hacia el portal de Belén) hasta una hipótesis más aceptada que viene a señalar los problemas con el inglés en nuestro querido país años ha (quizá también en el presente) y que se refiere al término Tierra Santa en inglés, es decir, Holy Land.
Cómo no señalar un par de hipótesis más referidas al posible origen holandés de nuestro querido Vaaltasar u otra vinculada a los Tercios de Flandes. La primera señala a un “Baltasar” proveniente de los Países Bajos que emigró a Oriente encontrando allí riquezas y pasando a ser parte de la realeza y de ahí que se diga “Holanda ya se ve” en relación a este ilustre Rey Mago.
La Estrella de Belén: Un fenómeno mágico y celestial
He de confesar que a mí me fascina la historia de la Estrella de Belén. Dicen los astrónomos que en realidad no fue una estrella sino un conjunto de fenómenos astrofísicos que, lejos de quitar belleza al asunto, tiñen aún más de un aire mágico y celestial a la hermosa historia de los Reyes Magos.
Descartando al cometa Halley por pasar antes de tiempo, se plantean hipótesis como la de una nueva estrella en el cielo, bien Nova o aún más grande, Supernova. La ciencia nos dice que en tiempos cercanos al nacimiento de Jesús hubo varias conjunciones planetarias entre Júpiter y Saturno a los que se unió Marte y, para colmo, después hubo conjunciones entre Saturno y Mercurio, Saturno con Venus, Venus con Júpiter y Venus con Mercurio.
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En este lío de conjunciones planetarias no me digáis que no parece que algo hermoso se estuviera barruntando. Yendo al grano del asunto, la conjunción jupiterovenusiana (que supongo no se dice así) y el movimiento del planeta más grande alrededor de la estrella Regulus se vieron acompañados de la detención de Júpiter en la constelación de Virgo que, desde Jerusalén, sería visto directamente sobre Belén.
Lo mágico de este asunto es que Regulus es la estrella más brillante de la Constelación de Leo (donde hay Regulus A, B y C) y supone una de las cuatro estrellas reales, es decir, estrellas fijas que parecen no moverse respecto a otras estrellas (en realidad se mueven despacio, lo que viene a decir que no hay nada fijo).
Curioso es que Regulus, descrita y denominada por Ptolomeo mucho antes de los hechos señalados previamente, etimológicamente significa “pequeño Rey”, visualmente es de color azul y desde un punto de vista astrológico se considera que aporta gloria, éxito apoteósico y energía para levantarnos tras una caída. La luminosidad de Regulus es 140 veces la del Sol.
Metáforas y significados profundos
Comenzar por un villancico y terminar hablando del posible fin de una estrella que, no me digáis que no, tiene un incomparable aire mágico; me lleva a plantearme si no hay cierta metáfora en todo esto de nuestra visión del increíble y fascinante Día de los Reyes Magos con la capitalización e incluso a veces instrumentalización de tan mágica fecha tanto para los niños como para los no tan niños.
La magia de este día está representada en la metáfora del oro (presente para los “reyes”), incienso (presente vinculado al “culto”) y mirra (asociado al “sufrimiento” de Jesús) y, en nuestros tiempos, con la de desear salud, dinero y amor.
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