Cambio de Calostro a Leche Materna: Guía Completa

01.11.2025

El tipo de alimentación que se va a ofrecer al recién nacido es una opción que se escoge durante el embarazo y una de las primeras decisiones que se toman acerca de la crianza. La lactancia es un proceso no solamente instintivo, sino que requiere de un aprendizaje cultural. Por ello, es necesario que durante el embarazo realices un aprendizaje, para poder tomar una decisión informada y libre. Aprende todo lo que puedas, habla con tu matrona y con otras mujeres que tengan experiencia en lactancia. La lactancia materna es la mejor forma de alimentar a tu bebé, y esta afirmación está avalada por muchos organismos nacionales e internacionales.

¿Qué es el Calostro?

El calostro es el primer alimento que prepara tu cuerpo para recibir a tu bebé. Es una sustancia densa de color amarillento. Es lo que necesita tu bebé en sus primeras tomas, hasta que empiece la producción de la primera leche. Es inimitable. Tiene un alto contenido en proteínas, minerales y vitaminas. Es rico en anticuerpos que le protege de determinadas infecciones, en concreto, de todas las que tú hayas pasado. Es muy fácil de digerir por lo que es perfecto para el intestino todavía inmaduro de tu bebé.

Beneficios del Calostro

  • Proporciona defensas (inmunoglobulinas).
  • Facilita la expulsión del meconio.
  • Es un alimento muy completo y específicamente adaptado a las necesidades del recién nacido.
  • Tiene menos calorías que la leche madura, pero es más rico en proteínas, vitaminas liposolubles (A, D, E, B12 y K) y minerales (magnesio, calcio, potasio, sodio y fósforo).
  • Contiene inmunoglobulina A (IgA), un anticuerpo que también está presente en las secreciones de las mucosas del organismo y es la primera línea de defensa contra las infecciones.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud lo denomina “la primera vacuna”.

Extracción Precoz del Calostro

En algunas situaciones puede ser que la extracción del calostro o de la leche resulte algo más difícil hasta que se establezca la lactancia. En estos casos se dan suplementos, pero existe la posibilidad de extraer el calostro a partir de semana 34 de embarazo. Es un protocolo que hemos puesto en marcha recientemente en el Hospital para qué los bebés se puedan beneficiar de contar con suplementos de calostro materno.

La extracción prenatal del calostro se puede realizar a partir de las 34 semanas, ya que el calostro se empieza a producir en el embarazo a partir de la semana 12-18. Está indicada en situaciones especiales, como cuando la madre tienes diabetes que está bajo tratamiento, antecedentes de hipogalactia (baja producción de leche) o síndrome de ovarios poliquísticos.

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Para la madre, proporciona un mejor autoconocimiento de las propias mamas y estimula la glándula mamaria aumentando los receptores de oxitocina (una hormona que favorece la creación del vínculo materno-filial) y la producción de leche.

Si es tu caso, puedes realizar la extracción de forma manual una vez al día (durante unos diez minutos). Busca un espacio tranquilo y cómodo y hazlo en un momento en el que estés relajada (por ejemplo, después de la ducha). Debes lavarse bien las manos antes y dejar preparado sobre la mesa el material que vas a necesitar: cucharita, jeringuilla, etc.

Para conservarlo, se puede guardar en la misma jeringuilla dentro de una bolsa de cierre tipo zip y almacenarlas en el congelador de casa tras la extracción. Debes colocar una etiqueta en la que conste la fecha de extracción y el nombre del niño/niña (para que puedan identificarlo posteriormente en el Hospital).

Subida de la Leche Materna

Entre el segundo y tercer día después del nacimiento de tu bebé, se producirá lo que se conoce como la subida de la leche. Pero hasta entonces, y desde el primer momento, tu bebé estará muy bien alimentado gracias al calostro. Y es que no existe ningún líquido mejor para los primeros días.

La subida de leche se produce entre las 48 y las 72 horas tras el nacimiento. Es un proceso que comienza cuando se desprende y sale la placenta. En ese momento, comienza a actuar la prolactina, que es la hormona responsable de la producción de leche.

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El éxito y establecimiento de la lactancia materna no depende única y exclusivamente de las hormonas, también depende de la estimulación del pecho. Cuanto antes te pongas a tu bebé y cuantas más veces te lo pongas, antes se producirá la primera leche. El contacto piel con piel durante las primeras horas también facilitan el inicio de una buena lactancia.

En la mayoría de los hospitales, si el parto ha transcurrido con normalidad, te colocarán a tu recién nacido en contacto directo sobre tu abdomen, sin ninguna tela de por medio.

Durante el embarazo el pecho madura por efecto de las hormonas, y produce calostro, presente, como hemos dicho, en la mama desde el sexto o séptimo mes de gestación. Tras el parto se produce un cambio en la situación hormonal que favorece la lactancia, pero para que la leche se produzca es necesario que el bebé mame. Con la succión, el bebé produce oxitocina, que hace que la leche (en este momento, el calostro) salga al exterior, y prolactina, que asegura la producción de leche. En el posparto el útero se contrae, por efecto de la oxitocina, que le hace sangrar menos. Estas contracciones se llaman entuertos.

La prolactina se segrega por pulsos en respuesta a diversos estímulos, el más eficaz la succión del bebé. Pero también está influida por los ritmos circadianos (día/noche), siendo mayor su secreción durante la noche.

Una de las cosas que toda futura madre lactante espera es tener la subida de leche (también llamada bajada de leche). Y todas hemos oído a hablar de este proceso, con lo que tenemos una idea prefijada de lo que es. El proceso de subida de leche se pone en funcionamiento a partir de la separación de la placenta del útero. En primer lugar, lo que se observa es un aumento de la presencia de venas en la zona del cuello y en la parte superior de los pechos. El pecho se siente tenso, algo caliente y pesado. Otra cosa que podemos notar, normalmente en las zonas exteriores del pecho, son pequeños bultos. Al tacto notamos pequeñas hinchazones que no son más que la glándula mamaria. Muchas madres creen que no han tenido subida de leche porque solo han notado estas señales y esperaban una situación más compleja y dolorosa.

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¿Qué hacer si no notas la subida de leche?

Que no la notes no significa que no tengas leche. La subida de la leche no tiene que ser una preocupación ni durante el embarazo ni los primeros días tras el nacimiento. Es un proceso natural, en el que la leche se va adaptando a las necesidades de cada día de tu bebé.

Manejo del Dolor y la Inflamación

Muchas mujeres temen la subida de la leche por miedo a pasar dolor. Pero no debes preocuparte, el paso de calostro a la primera leche no tiene porque ser doloroso. Si no drena bien, se puede producir dolor. Pero en ningún caso, es por la leche. Para prevenirlo, es aconsejable el inicio precoz de la lactancia materna, realizar tomas frecuentes y siempre a demanda.

Cuando se produce ingurgitación mamaria la subida de leche se complica, el pecho se llena no solo de leche sino también de líquidos retenidos (edema) que lo complican todo. Dificultan que el bebé se pueda agarrar y pueda extraer la leche. A pesar del dolor que causa la ingurgitación, la peor idea es dejar la lactancia en este momento o posponer las tomas.

Si tienes mucha inflamación, se ha demostrado científicamente, que lo más eficaz para aliviarte, es ponerte una hoja de col directamente sobre el pecho, con el sujetador por encima.

La subida de la leche o plétora se produce generalmente unos tres días después del parto. Otras veces la transición entre el calostro y la leche madura es gradual y suave, por lo que no causa síntomas. Esto no es nada preocupante y nunca debe hacer pensar que la madre “no tiene leche” o “no le ha subido la leche”. En los casos de plétoras muy molestas o dolorosas, se puede intentar bajar la inflamación con medidas físicas como aplicación de frío después de las tomas y calor húmedo justo antes. Siempre con cuidado y según los resultados y el alivio que produzcan a la madre. Y especialmente se indica intentar un masaje de drenaje linfático sencillo conocido como “Presión Inversa Suavizante”.

Después de la subida de la leche a menudo durante los primeros días se producen ingurgitaciones del pecho en diferentes momentos. Las medidas físicas de calor, frío y masajes también pueden ser de gran ayuda. En todo caso si se usan extractores ha de hacerse con precaución y según su efecto. Lo ideal es que la lactancia logre regularse de forma natural con el bebé mamando normalmente y a a demanda.

En ocasiones, puede aliviar aplicar crema de lanolina purificada, cuyo efecto es favorecer una cicatrización en húmedo, y evitar por lo tanto la formación de costras duras y secas que son arrancadas por el bebé en cada toma. Otras veces aparecen grietas en lactancias más avanzadas y pueden ser debidas a afecciones dermatológicas como por ejemplo eccemas; que suelen causar enrojecimiento picor y piel seca o descamada. Suelen ocurrir en madres con piel sensible y que han tenido eccemas en otras partes del cuerpo.

¿Cómo saber si mi bebé está agarrando bien el pecho?

Mi bebé ha agarrado el pecho, pero me duele. ¿Es normal? El dolor con succión es frecuente, pero no es normal. La lactancia materna no debe doler. Durante los primeros días, este proceso puede ser molesto, raro, pero no doloroso. En este caso, el dolor nos alerta de que la postura de enganche no es correcta y, por tanto, no será eficaz.

Hay tamaños diferentes de areolas y de bocas de bebé, es algo por lo que no hay que preocuparse, mientras que la succión se haga sobre ésta y no sobre el pezón, es suficiente. Por tanto, si duele, hay que corregir la postura de enganche, todas las veces que sea necesario. No despegues a tu bebé mientras está succionando, pues estiraría el pezón provocando dolor. Mete un dedo por la comisura de su boca para romper el vacío y retíralo entonces. Comienza de nuevo.

Claves para un buen agarre

  • Cabeza y cuerpo en línea recta.
  • Cuello extendido.
  • Succión en la areola, con ella más introducida en la parte del labio inferior que del superior.
  • Nariz y barbilla pegados al pecho.
  • Labios evertidos, hacia fuera, "como la boca de un pez".

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