Canción de Cuna de Schubert: Un Viaje a Través del Romanticismo Alemán

27.10.2025

Franz Schubert (1797-1828) fue un compositor austriaco que, a pesar de su corta vida, dejó un legado musical inmenso y significativo. Entre sus numerosas obras, los Lieder ocupan un lugar especial, y dentro de este género, la "Canción de Cuna" (Wiegenlied) destaca por su belleza y profundidad emocional.

El 'lied', esta forma musical eminentemente alemana, adquirió un extraordinario desarrollo con el romanticismo. Una simple --o no tan simple-- canción podía describir un mundo descomunal de emociones y sentimientos. Podía exponer los más recónditos matices de la condición humana que son muchos y a veces muy inesperados.

Schubert, que tenía una capacidad inusitada para transmitir emociones con su música, compuso Die schöne Müllerin entre 1823 y 1824 y se basó en los poemas de Wilhelm Müller, uno de los máximos exponentes del movimiento romántico alemán. Su obra es una de las joyas de la canción lírica (lied) y una de las más destacadas en la historia de la música clásica, tanto por su belleza musical como por su profundo contenido poético.

Temas Centrales en los Lieder de Schubert

Los poemas escogidos por Franz Schubert para escribir sus lieder nos dan una idea de los temas propios del Romanticismo alemán: la noche, la naturaleza, el yo, el panteísmo, las leyendas, la mitología... temas que continuarán estando presentes en el lied a lo largo del siglo XIX.

Con la excepción de Mahler, para quien la muerte es también un tema recurrente, ningún otro compositor se ha detenido tanto en este asunto como Schubert, que lo hizo ya desde muy joven; desde antes, incluso, de escribir Gretchen im Spinnrade a los diecisiete años. Con mucha frecuencia, el compositor adopta respecto a la muerte el mismo punto de vista cuando elige los poemas.

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La Muerte como Consuelo

En los primeros meses de 1817, Schubert compuso tres lieder en los que de nuevo nos encontramos con la muerte. El primero, escrito en febrero, es Der Tod und das Mädchen. El poema, de Matthias Claudius, tiene dos estrofas; en la primera habla la doncella, en la segunda, la muerte. Schubert dibuja el terror de la doncella al verse ante la muerte con frases breves y entrecortadas; le ruega que no la toque, cuando lo repite, la música nos dice que ya es demasiado tarde para ella.

La segunda estrofa nos muestra la serenidad de la muerte, que intenta tranquilizar a la doncella; no le quiere ningún mal, al contrario, es una muerte seductora que le canta con voz acariciante. Como en la canción anterior, la muerte es muy diferente a lo imaginado. En marzo del mismo año, 1817, Schubert compone Der Jüngling und der Tod.

Nuevamente tenemos un diálogo entre dos personajes, pero en esta ocasión es el joven quien pide a la muerte que acuda y le libere de sus pesares; es el joven quien habla serenamente y se ofrece seductoramente. La muerte sólo necesita dos versos para apiadarse de él y darle reposo. Vale la pena que nos detengamos en las palabras de ambos jóvenes para ver más claro el paralelismo del que hablábamos: la doncella le grita a la muerte que se aleje de ella ("Geh, wilder Knochenmann!" (2)), el joven le sonríe ("Ich lachle dir, o Knochenmann!"); la doncella le suplica que no le toque ("Geh, [...] und ruhre mich nicht an"), el joven le pide que le toque ("O komm und rühre mich doch an!").

En esta ocasión sólo escuchamos una voz que de nuevo contrapone rechazo y deseo: en la primera estrofa, la voz muestra su repulsión ante la posibilidad de que la muerte siegue una flor que apenas se ha abierto; en la segunda, le pide que se lo lleve y le libere de sus sufrimientos.

Nachtstück, con texto de Johann Mayrhofer, nos sitúa en un bosque, de noche. Allí un anciano canta un himno a la noche que es en realidad un himno a la muerte, siente que su tiempo se acaba. Y muere en paz, acunado por el rumor de los árboles, arropado por la hierba, acompañado por los pájaros. Probablemente la muerte más dulce en toda la obra de Schubert.

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Hasta ahora hemos hablado de cinco canciones con presencia de la muerte y siempre ha sido una muerte acogedora, dispuesta a ofrecer reposo, aunque inicialmente haya suscitado miedo. La última de ellas, Nachtstück, fue compuesta por Schubert en octubre de 1819, cuando tenía 22 años, una vida razonablemente buena y, sobre todo, buena salud.

Die Schöne Müllerin: Un Ciclo de Canciones Románticas

Aunque sólo cuatro años separan los dos únicos ciclos de canciones concebidos como tales por Franz Schubert, Die schöne Müllerin (La bella molinera, 1824) y Winterreise (El viaje de invierno (1828), tienen un carácter muy diferente. El primero, en el que nos vamos a centrar en esta crónica, narra la historia de la obsesión de un joven caminante (el ideal romántico del hombre que busca nuevos horizontes) y que encuentra trabajo en un molino donde se enamora de la hija de un molinero. Esta relación, esta búsqueda, representa la juventud en flor donde el color verde significa la juventud pero también los celos y donde el piano, en un papel fundamental, representa el arroyo, el amigo y compañero del joven molinero.

Ambos ciclos se basan en poemas de Wilhelm Müller, hoy bastante olvidado pero que gozaba de gran popularidad a principios del siglo XIX. Schubert suprime el prólogo y el epílogo de este La bella molinera y convierte al aprendiz de molinero en el narrador de la historia. Todo lo vemos desde un punto de vista subjetivo, dándole una visión dramática que engrandece el ciclo.

A lo largo de veinte canciones esta historia nos conmueve, tanto por la sencillez de la trama como por unos sentimientos a flor de piel, mucho menos complicados de los que aparecerán en Winterreise. Die schöne Müllerin no es por ello más simple ni sus lieder más básicos, simplemente se adaptan a la juventud, al anhelo de amor, al fracaso más inmediato, de un amor, no de una vida como ocurre en otro ciclo.

Des Baches Wiegenlied: Canción de Cuna del Arroyo

En 1923 Schubert enfermó gravemente; a partir de entonces fue consciente de que no iba a vivir muchos más años y de que su salud no volvería a ser la misma. ¿De qué manera iba a reflejarse este cambio en sus lieder? La primera es Des Baches Wiegenlied, que cierra el ciclo Die schöne Müllerin, compuesto precisamente en 1823.

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En la última canción del ciclo, el arroyo que había guiado al muchacho durante las primeras canciones le invita a unirse a él y descansar en sus aguas, él cuidará de que nadie le moleste en su reposo. Si el poema de Müller no aclara si el molinero acepta la invitación, la música de Schubert, una canción de cuna, deja pocas dudas al respecto.

En él, el molinero, frustrado en su amor por la molinera, decide románticamente poner fin a su vida sumergiéndose en la corriente del arroyo para suicidarse. La corriente del río sirve tanto de mortaja como de arrullo de cuna.

Esta pieza, con su ritmo lento y suave, crea una atmósfera de serenidad que contrasta con la tensión emocional anterior. La interpretación de Prégardien ha sido sublime especialmente en este punto.

El ciclo se cierra con una canción de cuna que canta el riachuelo: 'Gute Nacht, gute Nacht!. 'Buenas noches, buenas noches / hasta que todo despierte /olvida tu alegría, olvida tu dolor'.

Interpretaciones Modernas

El tenor alemán Julian Prégardien (Frankfurt del Main, 1984) ha ofrecido hoy una verdadera fiesta para los sentidos con la interpretación del ciclo de lied La bella molinera (Die schone müllerin), de Franz Schubert (1797 -1828) y con poemas cargados de simbolismo de Wilhelm Müller (1794-1827). Prégardien ha presentado una propuesta poco convencional para esta pieza para piano y voz, mezclando música, patrimonio y gastronomía.

Huir de las convenciones era un imperativo, por eso esta puesta en escena de La bella molinera es una propuesta muy original. Prégardien ha dividido el ciclo en dos partes, teniendo en cuenta el desarrollo del argumento de la historia que explica el conjunto de canciones: el amor no correspondido de un trabajador de un molino por la hija de su amo. El tenor ha contado con la complicidad del actor Francesc Torrent, que ha ido realizando intervenciones episódicas para profundizar en el sentido simbólico de cada una de las canciones.

La pianista Anna Gebhardt ha tomado el relevo de Quintana como segunda voz escénica en una parte de la historia mucho más cargada emocionalmente que la primera. Su conocimiento permite adentrarse en el mundo emocional y artístico del Romanticismo alemán, donde la música y la poesía se fusionan para narrar historias conmovedoras, lo que queda más que patente precisamente en esta segunda parte.

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