Canción Sonajero de Colores: Letra y Significado
El sonajero, un juguete infantil que entretiene a los bebés, lo hace porque estimula los sentidos. El efecto de un sonajero dura solamente el tiempo que duren los efectos de sus características sobre el bebé, es decir, el efecto de un sonajero dura lo que tarde el niño en interiorizar las cualidades del juguete.
Una vez que el bebé ha interiorizado colores, tacto, olfato, sabor y sonido, jamás volverá a tener interés por el mismo artilugio; es un camino sin retorno, es siempre conocimiento adquirido. En circunstancias normales no se desaprende. Sin embargo, al incrementar alguna de las características del sonajero, se reactiva la curiosidad del bebé, ya que, de nuevo, desconoce algo que incita a su curiosidad natural.
En ese momento, el niño acaba mostrando nuevamente interés y se 'aliena' por un poco más de tiempo hasta que, finalmente, vuelve a perder el interés, ya que habrá interiorizado otra vez más el ‘nuevo sonajero’. Y vuelta a empezar. La complejidad de los sonajeros se va incrementando de manera gradual hasta terminar en lo que todos conocemos como juguetes que, una vez más, estimularán el conocimiento del niño hasta que los tenga suficientemente interiorizados, momento en el cual, perderá el interés… suma y sigue.
El sonajero es, por establecer un símbolo, la zanahoria delante del burro, esa que nos hace movernos, la que hace que nuestra curiosidad vaya dando un paso tras otro, siempre tendiendo a más. El problema, es que una zanahoria colgando de un palo es útil para un burro, pero no para el hombre, porque el hombre una vez que la haya interiorizado, ya se buscaría las castañas, puesto que es inteligente, para sacarla de la punta del palo y poder comérsela, no se volverá a mover con una zanahoria.
Por tanto, los sonajeros -y las zanahorias-, evolucionan con nuestro crecimiento, en caso contrario, aún estaríamos agarrados a nuestros sonajeros infantiles; cosa que podría funcionar con un ser no racional, por suerte o desgracia, no es nuestro caso. En nuestro caso -en el caso del ser Humano, no en el del burro- alcanzamos un punto en el que entramos de lleno en lo que Piaget denominó pensamiento abstracto; en la adolescencia nuestro cerebro ya no se conforma con las operaciones formales, empieza a rizar los argumentos, a imaginar, a abstraerse.
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¿Qué es el Arte, no es acaso una serie de abstracciones del pensamiento? Ahí es donde los humanos superamos a los burros; al final, con suerte, nos independizamos de los sonajeros o, si se prefiere, nos construimos nuestros propios sonajeros, nos transformamos en dueños y señores de nuestras inquietudes. Vivimos en la Cultura del Sonajero.
Una fuerte influencia del mercado sobre los procesos de difusión del Arte provoca que se necesite incrementar constantemente alguna característica del ‘producto artístico’ difundido. Por tanto, estamos rodeados de sonajeros por todas partes. Tanto, que al final algunos artistas acaban por convertirse en caricaturas de sí mismos, rozando lo grotesco.
Y quizá, esos mismos artistas podrían dar mucho de sí en términos artísticos, de hecho algunos ya lo hacen, sin embargo, se han sometido a la ‘ley del sonajero’, condenando a los consumidores de arte al infantilismo, por no desarrollar su capacidad de abstracción, y condenando también a su propia producción, ya que todo lo ‘sonajero’ está predestinado a ser efímero. Es precisamente por ello que nuestra productividad no es óptima, es, de hecho, más bien deficiente. Es algo evidente, no se es más productivo por trabajar más horas, si no por trabajarlas mejor.
Hay tres cancioneros altamente envidiables en el mundo, no son los únicos, pero sí es posible que sean los más extensos y ricos en lo que a música contemporánea -más o menos reciente- se refiere; a saber: el brasileño, el cubano y el norteamericano. Tres pilares fundamentales de la Música en el siglo XX y con total seguridad también del siglo XXI. Huelga destacar las virtudes del cancionero brasileño, cosa que ya hemos hecho en más de una ocasión y, probablemente, se hará más veces en el futuro; Los norteamericanos, como en todo, son capaces de lo mejor y de lo peor en el mismo paquete.
Un buen ejemplo de ello es el festival ‘sonajero’ por excelencia de la industria musical norteamericana actual: MTV Video Music Awards. Sonajero tras sonajero. En nivel ‘sonajero’ es tal que incluso entra en una dinámica extremadamente Barroca, una dinámica de deformación total y absoluta en donde la Música pasa a un vigésimo séptimo plano, para dar lugar a toda una serie de códigos y usos que se articulan con el fin de mantener la atención de las amebas mórbidas lobotomizadas que reposan sus chiclosas nalgas frente al televisor.
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Cada movimiento producido en el ámbito mediático -incluidos los informativos- cada vez se desarrolla de manera más… ‘sonajera’… idiotizando aún más al espectador… por si no fuera suficiente. La pérdida de respeto por el espectador es total y absoluta, sin complejos. Y, la verdad sea dicha, el espectador -o ameba mórbida lobotomizada-, tampoco se hace respetar, por tanto es una pescadilla que se muerde la cola, un círculo vicioso, demasiado vicioso.
¿Por qué no se hace respetar? Evidente: educación. Brilla por su ausencia. La educación debe ser equilibrada e íntegra, cosa absolutamente utópica en la actualidad. Del sistema educativo no salen individuos librepensadores, sino carne para el mercado. Punto. Individuos altamente eficientes, sumisos -¿horas extras?... ¿qué es eso?- y sometidos al ‘así son las cosas’. Y no les falta razón. Así son. Pero siempre lo fueron también en el pasado, y hubo gente que mejoró lo que había. Tenemos lo que nos merecemos. ¿Será que nos lo merecemos? Nuestro sistema educativo -decimonónico- aún respira, cuando debería haber sido reformulado de inicio a fin desde hace unos años ya.
Se escucha con frecuencia… ‘la Educación es una mierda’, ‘cómo vienen los niños…’, ‘pero qué vergüenza de juventud’, etc… Sugiriendo que en el pasado, la educación fue mejor. La educación del pasado fue la educación que correspondía en ese tiempo y espacio concreto, el problema que tenemos es precisamente que estamos utilizando aquella misma educación en este tiempo y espacio que vivimos ahora y, por desgracia, dicho sistema demuestra ser altamente ineficaz en estas circunstancias.
Por tanto, la educación basada en contenidos está siendo altamente dañina. Es frecuente encontrar razonamientos altamente pueriles incluso en la clase política… ¿cómo es eso posible? Es posible, porque el marketing dictamina que si se pretende llegar al cerebro del individuo ‘X’ habrá que hacerlo a través de un lenguaje que le llegue al susodicho. Por tanto, si el individuo es ‘perezoso’ en lo que a razonamiento se refiere, habrá que ponerse a su nivel, y no lo contrario, invitar a que el ‘perezoso’ se active de algún modo. Es una estrategia lógica de mercado, hay que lograr el objetivo, cuanto más esfuerzo le suponga al objetivo, peor.
Pongamos un ejemplo. Falso o, cuando menos, capcioso. Los valores no están en crisis. Las vías, métodos o modos de transmitirlos a los ciudadanos sí. Puede parecer lo mismo, pero no lo es; y este detalle es de suma importancia. El ‘no matarás’ no está en crisis, ni mucho menos. Lo que sí está en crisis es ‘el modo’ de inculcar, difundir y educar ese ‘no matarás’. Hay varias formas de llegar a ese mismo valor: religión, filosofía, antropología, política, sociología… suma y sigue. La Razón a fin de cuentas.
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Hay valores que son intrínsecos a nuestra naturaleza humana, y el ‘no matarás’ es un ejemplo bastante neutro que puede servir de ejemplo perfectamente. Etimológicamente hablando, ‘crisis’, significa cambio. Y eso es lo que sucede en sentido literal, el modo de abordar los valores está cambiando, el modelo judeocristiano ha fracasado, nadie lo puso en jaque, sencillamente no se sostiene por sí mismo en los tiempos que corren.
Paradójicamente, se hace indispensable destacar que la sofisticación en el proceso de alienación alcanza tales niveles que ya ni la estructura de alienación por antonomasia en nuestra cultura -la religión-, es capaz de adaptarse a los tiempos. En otras palabras, las personas siguen optando por casarse por la iglesia -la mayoría-, el problema, es que a los dos años se divorcian -si llegan-. ¿Por qué el pensamiento religioso atraviesa esta crisis -cambio-? Curiosamente, las religiones -conservadoras por regla general- no han adoptado esa peculiar destreza de los intereses alienantes actuales: el sonajero.
La sociedad actual pierde el interés en todo de una manera sorprendentemente rápida e irrevocable -casi como el niño con su sonajero-; sencillamente pierde interés cuando ya conoce algo -debido a la costumbre de la inmediatez del flujo de información-. Aunque un suceso sea relevante, no despertará un interés demasiado prolongado en el tiempo, por muy trágico que sea el acontecimiento, es igual, cualquier cosa que suceda tiene a partida sus días contados. Curioso. Y… peligroso.
Es el ir más allá… el ‘¿Qué hago para destacar que no haya hecho nadie antes aún?... ponerme un cubo amarillo en la cabeza?’… pues un cubo amarillo en la cabeza. No hay que darle más vueltas. Hay que dejar un sello distintivo que circule por los medios de todo el mundo, algo que genere tráfico y circulación de información por todas partes. Y funciona, claro. En caso contrario, no apareces con un cubo amarillo en la cabeza para recibir un premio.
Curiosamente, hay quien se mete con el futbolista Carles Puyol -no me gusta el fútbol-, por acudir a la recepción de un premio ataviado como le viene en gana -indumentaria sport de su equipo-. Es posible que la periodista Ana Ureña que critica al futbolista, no criticara el «clasón» de Katy Perry y su cubo amarillo… ¡es muy original! Y barroco… Aunque, probablemente, si alguien se preocupa por la vestimenta de un futbolista para recoger un premio (¿...?)... es posible que también se preocupe de la indumentaria de Katy... cosas veredes amigo Sancho. Es lógico pensar que le paguen para preocuparse por ese tipo de asuntos...
Otro ejemplo es Lady Gaga, archiconocida por sus modelos… (vestido de carne, etc…) ¿no es eso rizar constantemente el rizo? ¿no es eso incrementar el sonajero una y otra vez?... Lo malo es que el sonajero, como en los niños, tiene un tiempo de vida, dura lo que dura, y al final, solo salva el paso del tiempo aquello que buceó de lleno en la abstracción de nuestro pensamiento y se convirtió en maduro, en eterno. Todo lo demás está predestinado a ser efímero, quedará en el tiempo como algo anecdótico desde luego, pero se perderá.
Comerciamos por tanto con material predestinado a ser efímero, porque resulta inmediato, pero no duradero. Lo duradero en contrapartida no genera beneficios a priori pero, vaya por dios, es lo que resiste el paso del tiempo. Pues eso... Vas a una gala... y entonces llevas una culebra en la mano... La malograda Winehouse es otro buen ejemplo. No han pasado ni tres meses de su fallecimiento y ya se prepara un guión para su película. Negocio. Ni más, ni menos.
¿Qué era el pelo de Winehouse si no un sonajero -al igual que el resto de la indumentaria-?... ¿en qué se convirtió esta pobre muchacha si no en una caricatura de sí misma? La destrozaron. La condenaron en el preciso instante en el que la compararon nada más empezar con Billie Holiday… ¡pero qué crueldad! Comparar a la muchacha con un mito al que jamás alcanzaría con el único fin de vender. ¿Quién puede aguantar semejante presión sobre su trabajo? Especialmente si se trata de un trabajo artístico, extremadamente expuesto y sujeto a los designios de una marabunta caótica de emociones a flor de piel -la propia naturaleza de Amy-.
Vivimos por tanto en una cultura de esteroides, de apariencias, cada vez más barroca, llena a rebosar de sonajeros por doquier, en la Música, en el Cine, en la Política, en la televisión, por todas partes. Los sonajeros son útiles para generar una inercia inicial de venta pero, pronto, se desvanecen en cuestión de semanas… Los sonajeros son a la Música lo que una erección sexagenaria a las relaciones de pareja, necesitan de ayuda externa para aguantar un poco más pero, su carácter efímero es casi inevitable -salvando, seguro, alguna honrosa excepción a la regla-.
Todo son sonajeros. Cultura del Sonajero, barroco del siglo XXI, siempre yendo más allá, el vestido más, la canción más, el solo más. Todo es un alarde de innovación, novedad o destreza, que, en cuanto deja de serlo, pierde todo su interés porque en sus fundamentos no hay base alguna. Todo lo que se vende es aire, unas veces buen aire, otras aire nauseabundo, pero aire a fin de cuentas. Todos nos sumamos a ese festival sonajero de lo efímero. Con la que está cayendo, tampoco está de más banalizar un poco pero… luego no nos quejemos… queremos caldo y nos dan veintisiete tazas.
Es curioso… qué potencia extrema artística había sobre ese escenario. ¿Y grabando?... Scorsese. Casi nada. No hace falta ni dar nombres. Se han hecho infinidad de cosas desde entonces, pero esta actuación, esta canción en concreto, este momento final, es casi un símbolo crepuscular del final de una inercia artística desarrollada años antes a ese concierto. Claro, la despedida de The Band, todos se juntaron para despedirlos. Ese momento será eterno.
Ni Winehouse, ni Gaga, ni Perry -por utilizar ejemplos de sonajero- serán capaces de reproducir JAMÁS un momento con tanta magia y potencia como este.
En el contexto de la memoria histórica, la canción "El Sonajero de Martín" de Joaquín Carbonell narra la historia de Catalina Muñoz, fusilada durante la guerra civil, y su hijo Martín, quien fue separado de ella cuando era un bebé. La canción simboliza la pérdida y el dolor de la guerra, y el sonajero se convierte en un símbolo de la infancia arrebatada.
Definición de Sonajero según la RAE
Según la Real Academia Española (RAE), un sonajero se define de varias maneras:
- Sonajero: Juguete infantil para entretener a los bebés.
- Sonajero: Instrumento musical de percusión de origen egipcio, consistente en un marco metálico en forma de arco o herradura atravesado por varillas deslizables, generalmente dotadas de platillos o cascabeles, que se hace sonar sujetándolo por un mango inferior y agitándolo con la mano. Sinónimos: sistro; sonaja.
- Sonajero: Instrumento musical de percusión consistente en un mango unido a un cuerpo, generalmente esférico, con cascabeles, bolas o piedras pequeñas, semillas u otro tipo de objetos en su interior que suenan al agitarlo rítmicamente.
- Sonajero: Conjunto de piezas que se colocan en distintas partes del cuerpo para hacerlas sonar.
- Sonajero de uñas: Frecuentemente, con los complementos de uñas o de pezuñas.
El Sonajero en la Educación Musical Infantil
El descubrimiento del sonido y del silencio son fundamentales en la educación musical infantil. Los niños exploran las posibilidades sonoras de la voz, del cuerpo, de objetos cotidianos y de instrumentos musicales.
Educación Auditiva
La educación auditiva permite a los niños descubrir el sonido y sus cualidades, así como desarrollar aptitudes musicales. Los elementos básicos son el sonido y el silencio.
Cualidades del Sonido
Las cualidades del sonido incluyen:
- Tono o altura: Agudo o grave.
- Timbre: Característica que distingue un sonido de otro.
- Intensidad: Fuerte o suave.
- Duración: Largo o corto.
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