Claudia Cardinale: Una vida de secretos, amores y legado cinematográfico

03.11.2025

La actriz Claudia Cardinale falleció el 23 de septiembre de 2025 a los 87 años en su casa de París, dejando tras de sí un legado artístico de leyenda. De 'El Gatopardo' a 'Ocho y medio', pasando por sus últimos papeles en 'El artista y la modelo' o 'La isla del Perdón', su nombre está ligado a la gran pantalla. Sin embargo, más allá de su sólida trayectoria en el cine, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, queremos descubrir más sobre su faceta personal. Una vida familiar marcada por sus dos hijos, que la acompañaron en sus últimos momentos: Claudia Squitieri, fruto de su larga relación con el director de cine italiano Pasquale Squitieri, y su hijo mayor, Patrick (o Patrizio) Cristaldi.

Patrick Cristaldi: Un hijo secreto

Precisamente nos centramos en la historia de Claudia Cardinale y Patrick, una relación oculta durante años, de la que no se conoció la verdad durante décadas. Nacida en Túnez en 1938, entonces protectorado francés, la actriz de familia italiana comenzó a despuntar en el mundo de la moda y el cine en 1957. Entonces, la acompañaba su hermano pequeño, Patrick. No sería hasta unos 7 años después, cuando en plena ola de su fama, la prensa filtró sin su consentimiento la auténtica partida de nacimiento de su 'hermano'.

Claudia Cardinale había sido madre soltera a los 18 años, de un bebé al que había dado a luz en Londres. Sin embargo, los estrictos códigos morales de la época habían hecho que el productor, y su futuro marido y padre adoptivo de Patrick, Franco Cristaldi; la convenciera para presentar al bebé como su hermano. No solo para proteger su reputación en su entorno, sino también para no truncar su ascendente carrera laboral. De hecho, hasta para el propio niño, ella era su hermana, no su madre.

Claudia Cardinale y su hijo Patrick en una portada de 1970 de '¡Hola!'.

Un hijo secreto que, al salir a la luz pública, llevó a la actriz a hablar con Benno Graziani, de 'Paris Match': "Mi hijo creía que era su hermana mayor". Cardinale quiso explicar que nunca había abandonado a su hijo, sino que había ocultado su existencia, asegurando que había nacido fruto de una noche de aventura, un "error en Túnez" de juventud. Sin embargo, de nuevo los prejuicios sociales llevaron a la actriz a protegerse, ya que en ese momento no tuvo fuerzas para revelar toda la verdad.

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El trauma de la violación

Esa posible noche de amor en Túnez realmente había sido una violación, que sufrió siendo una adolescente de 17 años. Un terrible hecho que narró décadas después, en 1995, en su autobiografía 'Yo Claudia, Tú Claudia'. "No podía hablar, no podía gritar, me quedé paralizada. Cuando descubrí que estaba embarazada, supe que mi vida no volvería a ser la misma".

"Fue espantoso, pero la cosa más bella es que de aquella violencia nació mi maravilloso Patrick. De hecho, aunque fuese una situación muy complicada para una joven madre, decidí no abortar", revelaría también en 'Il Corriere della Sera'. "Hablé con mis magníficos padres y con mi hermana Blanche y todos juntos decidimos que mi niño crecería en familia, como un hermano menor", añadía sobre el apoyo de su familia. Además de explicar en una entrevista con la revista 'Elle' que "el nacimiento de mi hijo fue un impulso". "Me obligó a luchar, a ser fuerte, a labrarme un camino sola", confesaba.

"No fue fácil crecer con una historia tan complicada, pero nunca dudé del amor de mi madre. Siempre estuvo presente para mí, incluso cuando el mundo no sabía quién era yo realmente", aseguró por su parte el propio Patrick Cristaldi en una entrevista para la prensa francesa. Arquitecto y diseñador de arte, alejado de la fama y muy unido a su madre y a su hermana, también destacó en varios momentos su papel como abuela.

Los amores y relaciones de Claudia Cardinale

Franco Cristaldi: El Pigmalión y la jaula

Su entorno, y sobre todo Franco Cristaldi, el productor que la había contratado, decidió que tenía que mantenerse en secreto. La actriz, veinteañera y en los inicios de una carrera prometedora, no podía quedar "marcada" por una maternidad fuera del matrimonio. Patrick fue reconocido como hijo adoptivo de Cristaldi. Claudia lo protegió con un silencio doloroso, contando años después en esa misma entrevista cómo la había marcado aquella imposición: "Quería que mantuviese en secreto el nacimiento del niño, ni siquiera quería que viviera con nosotros".

Cristaldi fue su primer gran amor, pero también su primera cárcel. Se trataba de un hombre poderoso, un gran productor del cine italiano de los años 60. Fue él quien la introdujo en el mundo de los platós y del público internacional, pero la suya nunca fue una relación de igual a igual. Ella misma, hablaba al recordarlo de un vínculo asimétrico, en el que las decisiones (tanto las profesionales como las personales) nunca fueron, en realidad, suyas. Fue él quien decidió que su hijo debía permanecer oculto. Fue él quien le impuso una imagen de actriz etérea y distante que había que defender a toda costa.

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Más adelante, Cardinale diría: "En aquellos años no era libre. No elegía. Viví una vida decidida por otros. Con él era prácticamente una empleada, una subordinada a la que pagaba mensualmente por las cuatro películas que hacía al año: ni siquiera le llamaba por su nombre, sino por su apellido. Me sentía una rehén, mis padres estaban furiosos".

Otros amores

A lo largo de su vida, se cruzó con hombres que marcarían la historia del cine europeo: Alain Delon, Marcello Mastroianni, Omar Sharif. Con Delon mantuvo una relación intensa e irregular, que ella recordaba con afecto y nostalgia, aunque sin llegar a relatar del todo sus contornos: "Alain era guapo, frágil y arrogante. Con él era imposible no vivirlo todo al máximo". Cuando falleció el año pasado, la actriz le dedicó un mensaje, reviviendo una vez más las escenas inolvidables de El gatopardo: "El baile ha terminado. Tancredi ha subido a bailar con las estrellas..."

Juntos rodaron cinco películas: "Cuando terminamos, había una cola de hombres y mujeres esperando para acostarse con él", contó ella al celebrar su 80º cumpleaños en Nápoles: "Podríamos haber tenido una aventura amorosa, pero en lugar de eso nos convertimos en una pareja mítica que nunca se perdió de vista".

Marcello Mastroianni fue otro compañero en la vida y en los platós: hicieron juntos varias películas que hicieron historia, y también disfrutaron de una relación privada que nunca fue del todo oficial. Claudia hablaba de él como de un hombre irónico y libre: "Dicen que tuvimos un flirteo, que nos enamoramos. Pero ¿qué amor? A él, eso sí, le habría gustado: estaba locamente enamorado de mí".

Pasquale Squitieri: El gran amor

Luego llegó Pasquale Squitieri. El encuentro con el director napolitano supuso un antes y un después en su vida. Cardinale vivió con él desde 1971 hasta su muerte en 2017. “Con Pasquale era yo misma. Ya no una figura a la que proteger o controlar, sino una mujer”, dijo. De su unión nació su segunda hija, Claudia.

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Claudia Squitieri: Siguiendo los pasos de sus padres

En 1979, la actriz fue madre por segunda vez de su hija Claudia, que con los años le dio un nieto llamado Milo. El padre de Claudia fue el director Pasquale Squitieri, con quien estuvo durante más de dos décadas. Sin duda, una vida que no pasó desapercibida hasta el final de sus días.

La benjamina de la familia ha seguido los pasos de sus progenitores en el ámbito artístico y de la cultura. En concreto, en disciplinas como la dirección y la realización de contenidos audiovisuales. En este sentido, ha estado volcada en proyectos que homenajean a figura de su madre desde hace años, siendo la impulsora de la Fondazione Claudia Cardinale, desde la que se apoya a artistas en sus carreras.

Legado y últimos años

Claudia Cardinale falleció a los 87 años en su refugio campestre de Nemours, a 80 kilómetros de París. Allí, en una antigua curtiduría transformada en hogar, pasó sus últimos años rodeada de sus hijos, de recuerdos y de la serenidad que siempre buscó lejos del ruido. No era un retiro impuesto por la edad o la fragilidad, como llegó a especularse, sino una decisión consciente: prefería la compañía de los suyos a la vorágine de alfombras rojas y homenajes.

Aunque nunca dejó de ser un mito del cine italiano, su última etapa estuvo marcada por una intimidad cuidada y una rutina sencilla, casi doméstica. La actriz, que durante décadas deslumbró en películas como 'El gatopardo' de Visconti o 'Ocho y medio' de Fellini, había convertido su finca francesa en algo más que un hogar. Allí abrió un pequeño restaurante y, sobre todo, instaló la sede de la Fundación Claudia Cardinale, un proyecto al que dedicó buena parte de sus energías. Se centraba en apoyar a artistas contemporáneos en el ámbito audiovisual, además de promover causas que la acompañaron toda la vida, como la defensa de los derechos de las mujeres y la lucha por el medio ambiente. Era su forma de dejar un legado que fuera más allá de la pantalla.

Con su hija Claudia, fruto de su relación con el cineasta Pasquale Squitieri, mantenía un vínculo inseparable. Ella fue su mano derecha en la administración de la fundación y su sostén diario. Juntas organizaron los últimos homenajes internacionales, entre ellos el tributo que el MoMA de Nueva York le dedicó en 2023, con la proyección de 23 de sus películas restauradas. La actriz ya no pudo viajar hasta allí, pero su hija acudió en su nombre.

En los últimos años, Cardinale se dedicó por completo a los suyos. De su hijo Patrick, joyero y restaurador en Nueva York, nació su primera nieta, Lucilla. De su hija Claudia llegó Milo. Ella, que durante décadas había sido símbolo de glamour, encontraba ahora su mayor satisfacción en la vida doméstica, en la cercanía de los nietos y en la rutina de su finca francesa.

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