Placentofagia: Beneficios y Riesgos de Comer la Placenta
La moda de tomar placenta humana, conocida como placentofagia, se extiende peligrosamente por Estados Unidos y Europa. Se come en batidos, cocinada o cruda y, normalmente, debido a su sabor y difícil textura, en cápsulas, triturada. Su nombre, como su carne, no es que suene agradable: placentofagia. Y se trata, como el título indica, de comer la placenta, un órgano efímero bañado en hormonas y mística.
La placenta es un órgano complejo que actúa como interfaz entre la madre y el feto. Sin placenta no hay embarazo viable. Este órgano tan especial, el único del cuerpo humano con “fecha de caducidad”, es vital para el desarrollo del feto y para la protección del embarazo. Pero también tiene una misión importante en el momento del parto. Una vez que el bebé ha nacido, comienza el periodo de alumbramiento. Después del nacimiento del niño, el útero sigue contrayéndose para que la placenta se desprenda de la pared uterina y sea expulsada junto con lo que fue la bolsa amniótica.
¿Qué es la Placentofagia?
Comer la placenta después del parto, práctica conocida como placentofagia, no cuenta con respaldo científico y puede implicar riesgos para la salud tanto de la madre como del recién nacido. La placenta es un órgano temporal que se forma en las primeras semanas de gestación y cumple funciones esenciales para el desarrollo del feto. Proporciona oxígeno, nutrientes y hormonas, y actúa como filtro frente a sustancias nocivas.
Puede ingerirla la madre tras el parto o personas ajenas, seducidas por sus supuestos beneficios. Es un método controvertido y puede entrañar riesgos, según alerta la comunidad médica. Se ha convertido en moda de estrellas de cine y práctica entre mujeres que reivindican el poder sobre su parto.
Después del parto, algunas personas optan por consumirla cruda, cocinada, en batidos o encapsulada, siendo este último método el más frecuente entre famosos, como recientemente ha practicado la mujer de Calvin Harris. Convertir en cápsulas una placenta puede costar hasta 400 euros y, para ello, hay que cocer, deshidratar y moler este órgano.
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Supuestos Beneficios de la Placentofagia
Quienes la toman piensan que ayuda a prevenir la depresión postparto (el principal motivo por el que se acude a ella, según las encuestas); que estimula la leche materna, que aporta hierro y nutrientes, que devuelve la energía a la madre, por los minerales y hormonas que contiene. Quienes se meriendan la placenta sostienen que ayuda a combatir la depresión post parto y ayuda a la lactancia.
Algunos estudios consideran que es una práctica que se realiza principalmente en Occidente por mujeres blancas de clase media y que está creciendo en popularidad. Internet ha expandido la placentofagia gracias a foros sobre la crianza, el auge de las medicinas alternativas, y el parto natural. Quienes lo defienden exponen muchas veces una resistencia a la medicalización y hablan del control de la madre sobre el parto. También citan cuestiones cercanas a la espiritualidad. “Es como una cuestión mística-energética, es una parte tuya, que ha sido de los dos, y que vuelve a ti”, explica Irene. Por la misma razón, también ha enterrado una parte de sus placentas en árboles, un árbol plantado por cada hijo nacido.
Muchos médicos argumentan, sin embargo, que este tipo de ‘tratamiento’ postparto solo se basa en anécdotas, en el boca a boca, e incluso en el placebo, además de no existir un método estandarizado de consumo. Irene confirma que se informó por el testimonio de otras madres y de comadronas. Dice que en su segundo parto, en casa, la asistió una médico y que ella era de otra opinión, menos censora con esta práctica que el colectivo en general.
Riesgos Asociados al Consumo de la Placenta
Pero la ciencia no tiene nada claros estos beneficios (no hay evidencias sólidas que los respalde), y sí que entrevé riesgos de infección, aunque tampoco hay registro médico sobre complicaciones derivadas (en 2016, se reportó un caso de infección infantil potencialmente asociado a una placenta tomada en forma de cápsula). Los patólogos argumentan que las placentas pueden estar colonizadas por bacterias y que de hecho algunas están infectadas, como ocurre con el Staphylococcus aureus, presente en la vagina de un 10% de las mujeres.
Este peligro estaría en la contaminación de la placenta por acción bacteriana o viral. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos advirtieron de esto después de que un recién nacido desarrolló una infección por estreptococo del grupo B después de que la madre tomara cápsulas de placenta. Esta bacteria puede provocar septicemia y meningitis en recién nacidos, ambas enfermedades graves.
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Como recuerdan desde el Colegio Oficial de Enfermería, la placenta actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de toxinas y contaminantes. De ahí que, además de no existir evidencias sobre los supuestos beneficios relacionados con su consumo, este se relacione incluso con riesgos para la salud.
Entre los riesgos se incluyen la exposición a metales pesados como cadmio, plomo y mercurio, que pueden acumularse en la placenta, y un mayor riesgo de infecciones tanto para la madre como para el lactante. "Se sospecha que al ingerir la placenta, la persona estaría recibiendo estrógenos y eso la pone en mayor riesgo de que se formen coágulos", dice la misma doctora, aunque aclara que esta relación es todavía una hipótesis.
Según la evidencia científica disponible, los contaminantes pueden persistir tras la cocción o encapsulación. Además, “algunos preparados contienen niveles residuales de estrógenos, progesterona y oxitocina, que podrían interferir con la lactancia, coagulación o incluso producir efectos adversos en personas sensibles”, añaden desde CODiNuCoVa.
En palabras de Farré, una de las principales preocupaciones son las infecciones, ya que la placenta o los productos derivados de su procesamiento (como las cápsulas) pueden contener bacterias susceptibles de afectar tanto a la madre como al recién nacido, si el tejido no se procesa adecuadamente.
Otro de los motivos por los que consumirla puede suponer riesgos es la acumulación de toxinas que se puede dar en este tejido. “La placenta actúa como barrera y filtro durante el embarazo, por lo que podría contener metales pesados u otras sustancias potencialmente tóxicas”, recuerda Farré.
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Por último, el consumo de la propia placenta puede relacionarse con una falsa sensación de seguridad, según Garcés: “Las mujeres pueden confiar en la placentofagia como ‘prevención’ natural de la depresión postparto, retrasando el acceso a tratamientos probados y eficaces”.
Los posibles peligros de ingerir la placenta fueron uno de los temas de los que más se habló en el conocido ‘Informe Doulas’ que presentó el CGE. En él, las matronas denunciaban que las doulas recomiendan la ingesta para recuperarse del parto y propiciar la subida de la leche.
Postura de las Autoridades Sanitarias
Hay países que en sus listas de recomendaciones desaconsejan ingerirla porque consideran que puede poner en riesgo al bebé y a la madre.
Desde el “Royal College of Obstetricians and Gynaecologists” (RCOG) se ha afirmado que “no hay ninguna justificación médica para la placentofagia. Los animales se comen su placenta para obtener nutrientes, pero en seres humanos bien alimentados, no hay beneficios, no existen razones para hacerlo”.
En la misma línea, la Asociación Americana de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) indica que la placentofagia “no tiene beneficios clínicamente probados y puede implicar riesgos”, por lo que no recomienda esta práctica. “Ningún nutriente ni hormona placentaria se retiene en cantidades suficientes después de la encapsulación de la placenta para ser potencialmente útiles para la madre después del parto”, añade.
Por otro lado, aunque muchas mujeres afirman haber obtenido beneficios de comer su placenta, las autoridades sanitarias de Estados Unidos previenen frente a los vendedores de cápsulas de placenta que realizan afirmaciones médicas que no se han demostrado científicamente.
Consideraciones Legales y Culturales
En algunos países, incluidos España, se puede solicitar la placenta de manera formal, aunque puede haber reticencias por parte del hospital al tratarse de un desecho biológico. Cuando se entrega la placenta, se indican las medidas necesarias para disminuir al máximo los riesgos sanitarios (como usar guantes en su manipulación, que no esté en contacto con personas sin protección o animales). La mayoría de las madres que la toman, sin embargo, tienen el parto en casa.
La base legal es que se debe respetar, tal como recomienda la OMS, el “derecho de la madre a decidir sobre su vestimenta (la suya y la del bebé), comida, destino de la placenta, y otras prácticas culturalmente importantes”. Hay culturas que entierran la placenta dentro de sus ritos tradicionales, como los mapuche. Y también hay empresas que las usan para comésticos y suplementos. En algunos países, se utilizan como saborizante (periódicamente, la prensa denuncia la existencia de un mercado negro en China, donde se venden desecadas como si fueran setas o en salazón, según las publicaciones).
La Opinión de los Expertos
En declaraciones a Infobae, la doctora Alicia Damiano, investigadora principal del Conicet y profesora en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, afirmó que "los estudios disponibles coinciden en que no hay ningún beneficio". Damiano señaló además que "no se retienen los nutrientes ni las hormonas placentarias en cantidad suficientes para ser potencialmente útiles para la madre después del parto".
Clark, que es profesora de Psiquiatría de la Escuela de Medicina Feinberg, de la Universidad de Northwestern, en Chicago, se interesó en este tema tras recibir a algunas pacientes que le preguntaban si la ingesta de placenta podría interferir en su tratamiento antidepresivo. Después de realizar esta investigación, publicada en la revista Archives of Women’s Mental Health confirma que la placentofagia supone un riesgo desconocido para las mujeres y para los hijos que son amamantados. Para ella, es una irresponsabilidad por parte de las madres porque realmente no saben lo que están comiendo.
Alternativas Seguras y Efectivas
Ante la duda, la recomendación es consultar a un dietista-nutricionista. Desde la experiencia de Farré, las consultas sobre el consumo de la propia placenta no son frecuentes. Otro argumento que se utiliza para intentar justificar este gesto es que es un comportamiento habitual entre los mamíferos no humanos, que parece tener efectos adaptativos y biológicos como favorecer el vínculo madre‑cría, actuar como analgésico natural o activar circuitos de cuidado maternal. Sin embargo, esto no es aplicable a humanos.
La recomendación de ambas expertas en estos casos es basarse siempre en la evidencia científica actualizada: “Explicar que no se ha demostrado que tenga beneficios reales en humanos, que puede suponer riesgos sanitarios serios y que existen otras estrategias seguras y efectivas para apoyar el posparto, como el apoyo emocional, una alimentación equilibrada, la suplementación específica y el descanso”, concluye Farré.
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