¿Cómo corregir a un bebé de 1 año que pega? Consejos prácticos

21.12.2025

Es probable que alguna vez te hayas visto en una situación parecida, que te surjan dudas y que necesites consejos para enfrentarte a ella de la forma más adecuada.

“Pegar” forma parte de una etapa por la que todos los niños pasan. Esto no es más que una manera de expresar sus emociones, en concreto la frustración; sentirla es normal, pero hay que saber cómo exteriorizarla, sin dañar.

Cuando un niño pega a otros niños, a sus padres o a otras personas de la familia, los padres se preguntan qué están haciendo mal. Esta es una pregunta de lo más habitual.

Aquí hay algunos consejos sobre qué hacer cuando tu hijo pega:

Entendiendo el comportamiento

Pegar o morder son conductas normales entre los 18 meses y los 2/3 años. Todavía no dominan suficientemente el lenguaje como para expresar lo que sienten o lo que quieren, tienen poco control sobre sí mismos, son bastante impacientes y poco tolerantes a la frustración.

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Quieren un juguete, que les hagan caso, solicitan mimos o están enfadados y no saben manejarlo. Las rabietas en bebés son comunes y no dejan de ser una forma más que tiene el pequeño para comunicarse.

Hay muchos motivos por lo que tu pequeño puede estar mostrándose irascible, teniendo berrinches o incluso teniendo conductas violentas. Un motivo común es que esté habiendo una mala adaptación a la guardería.

Por mucho que nos esforcemos en elegir una escuela infantil perfecta para nuestro peque, todos los cambios que se producen, como los madrugones, separarse de mamá y papá, compartir los juguetes durante varias horas, comer cosas distintas a casa, etc., pueden no sentarle demasiado bien a tu bebé.

Los niños tienen que aprender a socializarse poco a poco y cada uno tiene su ritmo. Si normalmente está sólo con adultos y de pronto se encuentra con muchos niños a la vez, puede que le cueste aprender a relacionarse.

Si nuestro hijo ya iba a la escuela infantil y el mal comportamiento es algo nuevo de este año, debemos explorar otras opciones. Es posible que los cambios se estén produciendo en casa.

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Si recientemente ha llegado un nuevo bebé a casa, los celos entre hermanos son muy habituales y una de las principales causas de rabietas en bebés y berrinches. El estrés de los adultos afecta también a los más pequeños de la casa. Aunque no puedan entenderlo, lo perciben.

Los niños también actúan por imitación. En estos casos, el papel de los hermanos es tan importante como el de los padres y otros familiares.

Es posible que su comportamiento no haya cambiado y simplemente en casa nunca os haya parecido que fuera algo tan grave. Sin embargo, sois conscientes de que no es lo mismo que os pegue o se enfade con vosotros que con otro niño.

Si las rabietas y berrinches se producen muy a menudo y por motivos muy variados, deberíais acudir al pediatra y descartar posibles causas médicas.

Aquí entran a escena los distintos estilos de crianza parental. Debemos corregir su conducta con seriedad, pero con calma e intentar que se disculpe cuando tenga estos comportamientos. Debe aprender que después de actuar erróneamente no podrá conseguir lo que quiere.

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Es muy positivo intentar que exprese lo que siente y qué lo ha producido. Así veremos qué o quién ha provocado esa reacción para saber cómo proceder.

Es importante explicarles (siempre a su nivel) que no pasa nada por enfadarse, pero que hay otras soluciones que no implican agredir a otro, como pedir ayuda a un adulto. Por ejemplo: ¿Te ha enfadado que no quieran jugar contigo? Esto sucede algunas veces, no pasa nada, yo también me enfado, pero luego se me pasa. En un ratito te sentirás mejor.

¿Tienes algunos otros consejos para llevar estas épocas difíciles de los bebés?

Cómo actuar ante el comportamiento agresivo

Es importante no actuar de manera desproporcionada, pero actuar rápidamente. Tener en cuenta que tienes que ser consecuente y que es muy importante que esté calmado para poder disciplinar.

Como hemos dicho, no hay que tratar de razonar cuando el niño está tan alterado, debemos darle un espacio para calmarse, durante ese momento hacer observaciones simples: “estás muy enfadado/triste”.

Retirarte con él a un lugar tranquilo, allí permanecerá tantos minutos como años tenga, si se mueve añadiremos un minuto más, permanecer junto a él si hace falta.

Enseñarle alternativas a estas conductas: “cada niño un ratito, si quieres se lo dice la mamá/papá”. Enseñarle maneras correctas de contacto físico, como chocar los cinco.

La técnica de la tortuga, que consiste en juntar el mentón con el pecho, rodearse con los brazos a modo de abrazo apretando los puños, contar hasta 10 y soltar.

Planificar y anticipar. Si quieres jugar con los otros niños en el parque pregúntaselo, diles: ¿puedo jugar con vosotros?

Los adultos, los padres en este caso, somos responsables de que nuestros hijos aprendan cómo relacionarse con los demás con respeto de una forma sana y con empatía. Otro problema sería que el niño pegue para dar salida a una emoción que no sabe canalizar, en ese caso, igual que en los demás.

Los padres no deben decir: «Tú eres culpable o tú eres inocente». Deben encargarse de que haya unas normas mínimas de convivencia que se cumplan. Aquí los padres pueden hacer que los niños se sienten y que haya un diálogo pacífico en el que se respeten los turnos de palabra.

Este proceso lo podemos hacer en un lugar tranquilo, en el que investiguemos quien empezó pelea y que desencadenante ha habido (una burla o un insulto) para que todos comprendan por qué ha ocurrido y se expresen. Dos niños de tres años se están pegando.

«¿Qué puede hacer tu amigo para que te puedas sentir mejor?» Esto se lo preguntaremos a todos y podemos ayudarles haciéndoles sugerencias como: «¿Te gustaría que tu amigo te pusiera un poco de hielo? «Ahora que ya estáis mejor, podéis llegar a un acuerdo.

Cuando los niños tienen menos de tres años pasan por etapas en las que no pueden expresar con palabras lo que sienten o lo que necesitan. «Si necesitas coger la plastilina, no tienes porque pegar a tu amigo o si quieres sentarte ahí no tienes porque darle un empujón.

En cualquier caso, hay un punto común que es la enseñanza del pedir perdón. Expresar el arrepentimiento si de verdad lo sienten, si no no sirve para nada. Si lo sienten, es la llave para poder seguir jugando.

Los adultos, los padres no podemos admitir la violencia y debemos buscar nuestra posición dándoles luz para que ellos encuentren la solución pacífica. El conflicto es importante mientras dura, así que tendremos que trabajar con los niños también que hay que aprender a pasar página.

Los niños necesitan tener experiencias y antes de integrar un aprendizaje es posible que tengan que repetir varias veces los mismos errores. Que tú le grites, le castigues o le hagas reproches, no le va ayudar, debemos acompañarles y guiarles con amor y paciencia.

Algunos niños normalmente a la hora de jugar adoptan posiciones más pasivas. Nosotros no podemos decirles eso de: «Si te pegan, tu pégale más fuerte». Podríamos decirle: «Si no te ha gustado lo que ha pasado, díselo.

¿Tienes dudas de qué hacer cuando tu hijo pega a otros? ¿Necesitas herramientas para situaciones concretas?

El rol de los padres y el ejemplo

Desde que nuestros hijos son muy pequeños, los padres les decimos cuando se producen posibles conflictos con otros niños aquello de «no se pega». Sabemos que la violencia genera violencia.

Cuando nacen nuestros hijos, los padres no podemos ni imaginarnos la cantidad de veces que vamos a decir a nuestros hijos, a lo largo de su infancia, la famosa frase “no se pega”.

La agresividad tampoco tiene las mismas implicaciones en todas las edades. Todos los humanos nos enfadamos desde que nacemos. A partir de 1 año aparecen las primeras pataletas.

A veces, cuando el peque se siente frustrado (y esto pasa varias veces al día), puede pegar a otros niños o a papá o mamá. Aún no quiere hacer daño a nadie, todavía está aprendiendo a distinguir entre él mismo y los otros.

A partir de los 2 años (“los terribles dos”, como los llaman los anglosajones), las rabietas alcanzan su punto álgido y los episodios en los que pegan a otros niños, les arañan o les muerden pueden multiplicarse. Tenemos que ser conscientes de que están desarrollando su autonomía, pero les faltan recursos verbales y emocionales para hacer frente al enfado y la frustración. Es la época del “mío”.

A los dos años, los niños aún juegan en paralelo. En el ejemplo anterior, Catalina y Raúl juegan en el mismo parque a cosas parecidas, pero no juegan “entre ellos”, sino uno al lado del otro. Raúl ve un cubo que le gusta, y lo coge. Entre los 3 y los 4 años los niños están en plena etapa de autoafirmación. Con 4 o 5 años los niños ya saben que pegar no está bien. A veces reaccionan de manera agresiva para alcanzar sus objetivos, pero también pueden “comerse” los sentimientos agresivos e interiorizarlos.

Estrategias de manejo y prevención

Preguntarle qué ha pasado. Si tu hijo tiene dos años es posible que aún no sepa explicarlo. Hazle reflexionar sobre lo sucedido. «¿A ti te gustaría que te hubiesen hecho lo mismo?«, ¿Qué hacemos cuando queremos un juguete que tiene otro?

Si dos niños se pelean, no hagas de juez para decidir quién tiene la razón. Si consideras que lo que ha hecho el niño tiene que tener unas consecuencias, procura que sean inmediatas y estén relacionadas con lo sucedido: lo primero, pedir perdón (a partir de los 30 meses pueden hacerlo).

Censura el comportamiento, no al niño. Evita en lo posible las situaciones que puedan propiciar esas reacciones en tu hijo. Estimula los buenos comportamientos. Alaba lo que hace bien, felicítale por las situaciones en las que se ha portado correctamente. Predica con el ejemplo. Pon pocas normas, pero claras y consistentes.

¿Cuándo preocuparse?

Es normal que los niños de uno o dos años muerdan o peguen a otros niños. A esta edad tienen un fuerte deseo de hacerse independientes. Aún no poseen la capacidad de expresar su enfado de otro modo ni de controlar sus impulsos. Esta conducta puede prolongarse hasta los 5 años.

Aunque es normal, no quiere decir que todos lo hagan ni que no haya que hacer nada ante esta conducta. Hacer daño no es un buen modo de relacionarse, por lo que hay que hacerle «entender» que lo que ha hecho está mal.

Si no corregimos estos actos, creerá que es una manera más de relacionarse y que, a veces, da buenos resultados porque consigue lo que quiere.

¿Cómo actuar?

Son comportamientos que debemos corregir cuanto antes. Por el bien del niño que sufre el daño tanto como por el que pega o muerde.

Por ello, debemos intervenir para mostrarles otra manera de actuar y poner palabras a lo que está pasando: "veo que estás enfadado porque te ha quitado el juguete; vamos los dos juntos a pedirle que te lo devuelva", "veo que te enfadas porque quieres jugar con el juguete de ese niño, pero el juguete es suyo; lo que podemos hacer es preguntarle si te lo deja".

La idea es que empiece a asociar su comportamiento con la consecuencia: “no pegues, que haces daño", "no muerdas, que los niños no querrán jugar contigo".

¿Cuándo actuar?

Los niños (1-3 años) comprenden causa-efecto de forma inmediata. No comprenden que estés enfadado por algo que pasó hace horas, por lo que conviene actuar de inmediato. Si, por ejemplo, esto ocurre en la guardería, es el cuidador o cuidadora quien debe actuar, por lo que nosotros debemos aconsejarle cómo hacerlo.

A partir de los 3 años comienzan a entender el mundo de las emociones y a ser algo más racionales. Por tanto, cuando sean capaces de razonar y expresar con palabras lo que sienten, se podrá dialogar con ellos para buscar juntos las soluciones.

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