Consejos esenciales para el cuidado de tu recién nacido

17.11.2025

Vuelves a casa con tu recién nacido en brazos y empieza la aventura. Tanto si sois mamás y papás primerizos como si no, siempre vienen bien consejos de los especialistas sobre los cuidados que necesita el recién llegado en sus primeros días de vida. La primera recomendación es calma y disfrutar del momento.

Higiene y cuidado del bebé

Durante mucho tiempo ha imperado la cultura del lavado diario: cuanto más mejor. Hoy en día esta costumbre está generando multitud de problemas de alergias, sensibilidad tópica, rojeces… La capa protectora natural de la piel del bebé es más sensible y débil que la de un adulto, por lo que lavar al recién nacido todos los días puede ser contraproducente. En ese caso es mejor lavar al bebé en días alternos o bien cada tres días.

Con la temperatura del agua conviene usar el sentido común: ni excesivamente caliente ni fría.

Como ocurre con el baño, durante años ha estado muy asentada la cultura de embadurnar al bebé todos los días en crema después del baño. Y esto puede estar bien en los primeros días, donde la piel suele ser más fina. Pero si, con el paso de las semanas, observamos que la piel de nuestro bebé no tiene ningún problema y tiene una apariencia sana e hidratada, no hay que poner cremas.

Algo que sí es recomendable hacer a diario es un “ritual” de masaje. Las orejitas, la nariz y los ojos son zonas delicadas. Moquitos, legañas y cera se retirarán con todo el cuidado posible y de la forma menos invasiva. Para limpiar las orejas del recién nacido, no se recomienda introducir bastoncillos.

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Los bebés no pueden expulsar sus moquitos de forma voluntaria, por lo que si observamos que estos se acumulan y el pequeño tiene dificultad para respirar, se intentará reblandecer estas secreciones con suero fisiológico o con agua marina que venden específicamente en farmacias para bebés. Es habitual que los recién nacidos presenten legañas.

Su ropita deberá lavarse separada de la de los adultos, evitando siempre agentes químicos que puedan ser irritantes para su piel como suavizantes.

Nada más nacer, la mayoría de los bebés tiene una capa de pelo muy fino que en ocasiones se cae en las primeras semanas para dar luego paso al pelo definitivo. Con las uñas, y como decimos, hay que aplicar el sentido común. No suele ser necesario cortarlas ya que son muy blandas y quebradizas.

Toallitas húmedas: ¿sí o no?

Aunque el mercado está lleno de toallitas hipoalergénicas tolerantes con la delicada piel del bebé, lo ideal es limpiar la zona con agua y jabón (sin frotar mucho) y aclarar luego los restos de jabón con agua. De esta forma se evita el contacto de la toallita con el culito del bebé, algo que, si se repite mucho, puede llegar a ser abrasivo. Si no es posible porque estamos fuera de casa o porque nos resulta más cómodo, la limpieza con toallitas deberá hacerse siempre de adelante hacia atrás. Es decir, de los genitales hacia el ano.

Pero a veces, incluso siendo totalmente cautelosos con la higiene de esta zona del cuerpo del recién nacido, la piel del culito tiende a enrojecerse e irritarse: es normal. En ese caso se tratará la zona con una crema de base acuosa antes de poner un pañal limpio.

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Cuidado del cordón umbilical

Seguramente, una de las indicaciones en la que más os hayan insistido antes de abandonar el hospital sea la del cuidado del cordón umbilical por el riesgo de infecciones. Eso es básico en cualquier decálogo del cuidado del recién nacido. Si se cuida siguiendo las recomendaciones de enfermeros y personal sanitario, nada tiene por qué salir mal.

El cordón puede lavarse con agua jabonosa y secarlo muy bien, o con alcohol para intentar que no proliferen infecciones. Seguid las recomendaciones del hospital, pero es mejor evitar la povidona (el conocido como ‘betadine’). El cordón umbilical se debe lavar con agua y jabón 3 veces al día, manteniendo la zona lo más seca posible. No se recomienda utilizar alcohol ni otras sustancias.

Si observáis que el cordón umbilical enrojece, se hincha, huele mal o supura, hay que acudir al pediatra.

El sueño del recién nacido

Ya os habrán advertido de lo poco que dormiréis en vuestra recién estrenada etapa. Es normal porque los recién nacidos no tienen la capacidad de dormir ocho horas seguidas como hacemos los adultos: su estómago aún es muy pequeño y no resiste dormir del tirón sin sentir hambre y despertar en mitad de la noche. Pero como siempre, cada bebé es un mundo: los hay muy dormilones que duermen toda la noche y otros que les cuesta más y se despiertan y lloran.

Aunque lo más establecido es que durante la noche se alimente al bebé cada tres horas, esto no es matemático: si ha pasado ese tiempo y el bebé duerme tranquilo no es necesario interrumpir su descanso para alimentarlo si él no lo pide.

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A esta edad, los bebés pasan la mayor parte del día durmiendo (de 16 a 18 horas) aunque se despiertan durante cortos períodos para comer (de 7 a 12 veces al día). Los patrones de sueño varían de un niño a otro.

Al dormir es normal que muevan los ojos, realicen movimientos de chupeteo, emitan sonidos e incluso que tengan una respiración irregular. Puede durar unos minutos; no hay que despertar al niño.

El sueño es un hábito; desde el principio se debe acostar al bebé cuando esté somnoliento aunque despierto todavía.

Lactancia y alimentación

Desde un punto de vista más humanizado, lo más recomendable es permitir que el bebé y la mamá entren en contacto nada más se produzca el parto. El bebé tiene el instinto de succión nada más nacer y si se deja a este sobre el vientre de la madre, el pequeño “trepará” solo hasta alcanzar el pecho de la madre.

Lo ideal es que la primera persona que toque, huela y sienta el bebé en sus primeras horas de vida sea la mamá. Por razones fisiológicas, pero también psicológicas: el contacto con la mamá ayuda a regular su temperatura y permite al bebé tomar bacterias de su madre que serán muy importante para la formación de su sistema inmunológico. Y además le ayudará a sentirse protegido y a identificar quién es su mamá.

A veces, por razones médicas, el parto no sale como la mamá o la pareja quiere (cesárea u otras complicaciones). En ese caso el papá es el que debe proporcionar al bebé el primer contacto piel con piel.

Los recién nacidos solo necesitan tomar leche, materna o fórmula artificial. La decisión del tipo de lactancia (materna o artificial) debería ser tomada durante el embarazo.

Algunos bebés, ya se alimenten de leche materna o no, podrían presentar en las primeras semanas lo que se denomina “costra del lactante”. Es un tipo de dermatitis seborreica que no tiene mayores implicaciones y que tenderá a desaparecer sola. Pero si se quiere eliminar por estética, se recomienda hacerlo con una gasa limpia impregnada en aceite de oliva o de almendras para reblandecer el tejido. Se aplicará masajeando con mucho cariño la zona.

El chupete no se aconseja hasta que tenga establecida la lactancia materna (el primer mes). Nunca debe mojarse en sustancias dulces, para prevenir las caries.

Otros consejos importantes

Hay padres que pecan de abrigar en exceso a los recién nacidos. Otros que creen que están bien igual de abrigados que nosotros. El mejor termómetro para averiguar si el bebé tiene frío, calor o está bien, es tocar su espalda o cuello, y en función de eso abrigarlo más o menos. Existe una creencia bastante asentada sobre cubrir la cabeza del bebé con un gorrito porque por esa zona se pierde mucho calor corporal.

Se debe mantener un medio ambiente libre de humo.

El color de las deposiciones varía de amarillo a verdoso.

Cuidado y vigilancia

Uno de los primeros cambios que llega con la maternidad y paternidad es el miedo constante de que algo le pueda ocurrir a nuestro bebé, y uno de los mayores consejos para padres de bebés recién nacidos es tener controlados a los pequeños, ya que es imprescindible en su cuidado. No perderles de vista y seguir sus movimientos harán que tanto el pequeño como tú os sintáis seguros. Para esta tarea, en los ratos en que el bebé duerme es ideal utilizar una cámara vigilabebés. Aprovecha esos momentos para teletrabajar o adelantar tareas que requieren de mayor atención sin desatender a tu retoño.

Durante los primeros meses, los bebés se comunican a través del llanto, tanto si tienen hambre, quieren que los cojas o necesitan que se les cambie el pañal. Para cuidar a tu recién nacido, escúchalo y establece conexión con sus necesidades. Poco a poco sabrás qué necesita en cada momento solo con oírlo, lo que os hará conectará mejor.

A edades tempranas, las necesidades de nuestros hijos son limitadas: alimentación, baños, cambios de pañal, sueño y amor. Nuestra recomendación para un bebé recién nacido es que dejes que la naturaleza haga su trabajo, cubriendo sus necesidades básicas mientras atiendes las tuyas.

Uno de los aspectos básicos para un recién nacido es establecer cercanía y conexión. El contacto físico fomenta la conexión emocional y proporciona seguridad al bebé. Mantener a tu bebé cerca, ya sea en brazos o cerca de ti, no solo lo calma, sino que también favorece su desarrollo físico y emocional. La cercanía con los padres en los primeros meses de vida es esencial para crear un vínculo fuerte y seguro, que ayudará al bebé a crecer y descubrir el mundo con confianza.

Los recién nacidos sanos requieren una serie de cuidados rutinarios, una valoración cuidadosa de su estado general y la correcta instauración de la alimentación. La primera cita con el pediatra, si no existe ningún problema añadido, debe ser a las 48 horas de vida.

El peso, la longitud y el perímetro cefálico de los recién nacidos varía según el sexo y la edad gestacional. Para ello hay tablas especiales que se describen por “percentiles”. Durante los primeros días hay una pérdida de peso fisiológica (normal), que oscila entre 5-10% del peso en el momento del nacimiento.

El recién nacido reconoce sonidos y parpadea, llora o se sorprende (extiende y mueve brazos y piernas al mismo tiempo). Tiene hipo y estornuda con frecuencia.

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