Antonio Machado: Un Poeta Inmortal Nacido en Sevilla en 1875

02.12.2025

Antonio Cipriano José María y Francisco de Santa Ana Machado Ruiz nació el 26 de julio de 1875 en una vivienda de alquiler de Sevilla, en el Palacio de las Dueñas. Su familia pertenecía a una clase media ilustrada, rodeado de un ambiente culto y liberal.

“Nunca perseguí la gloria / ni dejar en la memoria / de los hombres mi canción”, dice Antonio Machado en sus Proverbios y cantares. Y cuesta creerlo, pero es precisamente así, sin apenas pretenderlo, como un poeta debe hacerse hueco en la memoria de su idioma.

Sus primeros años en Sevilla poblaron de aromas y vivas tonalidades su sensibilidad hasta el final de sus días. "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, / y un huerto claro donde madura el limonero”, confiesa en "Retrato".

Formación y Primeros Años en Madrid

Con apenas 8 años, se trasladó a Madrid con sus padres y hermanos y se formó en la Institución Libre de Enseñanza, una escuela progresista que rompía con los modelos tradicionales, y esto marcó su pensamiento crítico y abierto. Pronto comenzó a interesarse por la literatura y la filosofía.

Su juventud fueron "veinte años en tierras de Castilla". Conoció a Pío Baroja, a Oscar Wilde y, al volver a Madrid, a Juan Ramón Jiménez o Rubén Darío.

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Tras la muerte de su padre en 1893 y la de su abuelo en 1895, los hermanos Antonio y Manuel se lanzaron a vivir la vida bohemia del Madrid de finales del siglo XIX. Antonio, además, era un apasionado del teatro y entró a formar parte como meritorio de la compañía de María Guerrero. Por esa época, Antonio escribía bajo el seudónimo de "Tablante de Ricamonte".

En 1899, Antonio se trasladó con su hermano Manuel a París, donde ambos trabajaron como traductores en la editorial Garnier. Antonio entró en contacto con la vida literaria parisiense. Ese mismo año regresó a Madrid y conoció a Rubén Darío y a Juan Ramón Jimenez. En 1903 se publicó su obra Soledades.

Soledades y Campos de Castilla

Su primer libro de poemas, «Soledades» (1903), ya mostraba su estilo introspectivo y melancólico, pero fue con «Campos de Castilla» (1912) cuando realmente alcanzó el reconocimiento literario.

Desde 1908, y viviendo ya en Soria, Machado escribió unos poemas que, en un primer compendio, envió a finales de 1910 a Gregorio Martínez Sierra, para su publicación en la editorial Renacimiento. Pero el editor consideró que no había suficiente material por lo que el libro no sé publicó hasta finales de abril de 1912.

Soria y el Amor Trágico con Leonor

Cuando Antonio Machado llega a Soria el 28 de octubre de 1907, ocupa la Cátedra de Francés de su viejo Instituto. En 1907, recibió en Soria, como él dice: "la flecha que me asignó Cupido".

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Primeramente se instala en una casa de huéspedes en El Collado, nº 54, y después en la pensión de Isabel Cuevas en la calle Estudios nº 7, conocería a su hija adolescente, Leonor Izquierdo Cuevas con la que se casaría en la Iglesia de la Mayor el 30 de julio de 1909.

Conoció a Leonor Izquierdo y, pese a que ella tenía 12 años y él 32, quedó perdidamente enamorado de ella. En 1909, cuando Leonor era una quinceañera, contrajeron matrimonio en una boda que los jóvenes del pueblo trataron de evitar a toda costa.

La felicidad del matrimonio fue breve. En 1911, apenas dos años después de su boda, Leonor enfermó de tuberculosis y falleció al año siguiente, en 1912. Su matrimonio con su amada Leonor sólo duró tres años, puesto que la joven murió de tubercolosis al cabo de ese tiempo. A partir de ese momento, su obra adquirió un tono más sombrío y reflexivo.

La joven muere el 1 de agosto de 1912 y ocho días después Machado, destrozado ante la muerte de su amada y musa, abandona Soria, incapaz de soportar los recuerdos de Leonor que la ciudad le traen.

Baeza, Segovia y Guiomar

Su periplo profesional por España le llevaría a Baeza, Segovia y finalmente Madrid, hasta que la Guerra Civil le obligó a exiliarse en la localidad francesa de Colliure.

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Tras pasar una temporada en Baeza, en 1919 Machado se trasladó a Segovia donde desarrolló una intensa actividad. En 1924 publicó Nuevas canciones y en 1924 fue elegido miembro de la Real Academia Española.

La poeta y dramaturga Pilar Valderrama sería el otro gran amor de la vida de Antonio Machado. Fue en esa época cuando conoció a Pilar Valderrama, poeta y dramaturga de la alta burguesía madrileña. Se conocieron en Segovia alrededor del año 1928 y, dado que ella estaba casada y era madre de tres hijos, mantuvieron una relación epistolar de más de 240 cartas. En ellas y en los poemas que el sevillano le dedicó, el poeta se refería a ella bajo el nombre de Guiomar. Un nombre que, a modo de confesión, utilizó la escritora en sus memorias Sí, soy Guiomar.

Casada y madre de tres hijos, Pilar era autora de algunos libros de poemas y durante casi nueve años hizo las funciones de musa y "oscuro objeto del deseo" de un rejuvenecido Machado. El poeta inmortalizó a Pilar en sus últimos poemas amorosos con el nombre de Guiomar.

Compromiso Republicano y Exilio

"¡Aquellas horas, Dios mío, tejidas todas ellas con el más puro lino de la esperanza, cuando unos pocos viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia! Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra república de la mano!". Con estas palabras, el 14 de abril de 1931 Machado expresó emocionado la proclamación de la Segunda República desde el balcón del ayuntamiento de Segovia.

Durante el gobierno de la Segunda República, Machado vivió en Madrid por la cátedra de francés que le había sido otorgada, pero, libre pensador y ferviente republicano como era, vería su vida cambiar tras el verano de 1936.

En octubre de 1931, el gobierno republicano concedió a Machado una cátedra de francés en Madrid, donde a partir de 1932 pudo vivir de nuevo en compañía de su familia. En la capital, el poeta continuó viéndose en secreto con su musa.

Desde noviembre de 1936 hasta abril de 1938, Machado, un firme partidario de la República, tuvo que huir de Madrid tras el estallido de la Guerra Civil. Machado y su familia se trasladaron a Rocafor, un pueblecito cercano a Valencia donde fueron acogidos provisionalmente por la Casa de la Cultura de Valencia y vivieron en un chalet llamado villa Amparo.

Machado asistió al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura organizado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas y celebrado en la capital valenciana, donde leyó su reflexión titulada El poeta y el pueblo.

En 1936 publicó Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo, un cuaderno en el que, a través de dos personajes ficticios, Abel Martín y Juan de Mairena, Machado expresa sus ideas acerca de la cultura, el arte, la sociedad, la política, la literatura y la filosofía. En 1937 se publicó La Guerra, el último libro de Antonio Machado en vida.

En 1938 se fue a Barcelona, para posteriormente, entre una interminable caravana de cientos de miles de españoles anónimos que huían de su patria, refugiarse en Francia con su madre.

Muerte en el Exilio

Antonio Machado murió el 22 de febrero de 1939 en Colliure, pero se llevó al exilio un botecito -apenas un ligero equipaje- con un puñado de arena traída desde su país y pidió que, de fallecer en Francia, se le enterrase con esa arena.

"Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar", dejó escrito en 1908, 31 años antes de su muerte, y Machado cumplió su promesa.

Legado e Influencia

Si algo queda claro, es que Machado es el poeta de los poetas. Con su obra, cosechó la admiración y los continuos homenajes de autores de la talla de Pablo Neruda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Lorca o Ángel González, que decía que era el poeta más importante del siglo XX.

Lo está en la memoria sentimental de todas las generaciones que, dentro y fuera de nuestro país, han crecido emocional y culturalmente con las canciones de Paco Ibáñez, Alberto Cortez o Joan Manuel Serrat. En 1969, aún bajo el régimen franquista, Serrat publicaba su álbum Dedicado a Antonio Machado, poeta.

Además, con los famosos versos del poeta, el de Úbeda realizó una afilada ironía al mundo de la televisión en 1984 con su canción "Telespañolito": "Teleespañolito, que ves la tele, te guarde Dios / Uno de los dos canales ha de helarte el corazón".

Y si del legado vivo de Antonio Machado estamos hablando, el escritor Benjamín Prado publicaba en 2006 su libro Mala gente que camina, dándole su título con un verso del poeta sevillano.

Para Miguel Barrero, escritor y periodista con un gran conocimiento de la obra de Machado, "que una obra literaria se independice del nombre de su autor y se incorpore de forma natural al acervo popular es posiblemente una de las mayores glorias a las que puede aspirar alguien que escribe".

En octubre de 2024, el escultor Dionisio González instaló en las Setas de Sevilla su escultura Tributo permanente a Antonio Machado, una experiencia poética y sensible que nos devuelve el legado del autor.

El nombre de Machado es inherente a nuestro país, nuestra democracia y nuestra convivencia. Otro tanto, en este mismo sentido, hizo la freestyler Sara Socas en el contexto del día de la hispanidad, rapeando en un programa de radio de la Cadena Ser: "Estoy a favor de la Hispanidad. Por la España de Machado y la de Gabriela Mistral".

En su canción de 1996, "Buscando una luna", el cantante extremeño canta con su amortiguada voz de whisky y tabaco: "Llanuras bélicas y páramos de asceta / No fue por estos campos el bíblico jardín / Son tierras para el águila, un trozo de planeta / Por donde cruza errante la sombra de Caín".

Así, "golpe a golpe" y "verso a verso" la fuerza poética de Machado se hace evidente en nuestras vidas. Cómo no iba a hacerlo el autor de Juan de Mairena si ha dejado frases lapidarias dignas de pertenecer a nuestro argot cotidiano.

El amor, la compañía o la dignidad son patrimonios tan machadianos como el campo de Castilla, el tiempo o el agua. Machado llamaba a la ternura, a la divina capacidad de contenernos y sostenernos con cuidado los unos a los otros y, así, llegó a la conclusión de que "un corazón solitario no es un corazón".

Machado ha dejado con sus versos una eterna ilusión por trabajar el porvenir en la literatura y la cultura en general, por seguir avanzando con el testigo de los cantos de quienes vinieron primero.

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