Julio César: Nacimiento y Biografía de un Líder Romano

26.10.2025

Cayo o Gayo Julio César, una de las figuras más importantes de la antigüedad, nació en Roma el 12 o 13 de julio del año 100 a. C. y murió en la misma ciudad el 15 de marzo del año 44 a. C. Fue un dictador romano, gran general, político elocuente y escritor distinguido.

Individuo de la ilustre familia patricia Julia, se creía descendiente de Venus y de Eneas, y era sobrino de Mario por parte de madre. En opinión de algunos descendía también de Anco Marcio, rey de Roma.

Primeros Años y Educación

A la edad de diecisiete años fue nombrado sacerdote de Júpiter por su tío Mario. Refugióse entonces en Bitinia, cerca del rey Nicomedes III, y vivió en su corte algún tiempo.

Luego, para perfeccionarse en la elocuencia, marchó a Rodas, a fin de recibir las lecciones del retórico Apolonio Molón. En el camino fue hecho prisionero por unos piratas, que le exigieron un rescate de veinte talentos (unas ciento cuatro mil trescientas pesetas).

Cesar elevó esta suma hasta la cantidad de cincuenta talentos, pero anunciando a los piratas que les castigaría crucificándolos a todos. Y así sucedió en efecto, pues una vez en libertad César armó algunas naves, persiguió a los piratas, prendió a varios de éstos y los hizo morir en la cruz, pasando en seguida a Rodas.

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Encontrábase en esta isla cuando Mitrídates, rey del Ponto, atacó las provincias aliadas de Roma. César se trasladó al continente, juntó tropas, y, aunque no tenía misión alguna, combatió y rechazó la invasión del poderoso rey del Ponto.

Carrera Política

De vuelta en Roma (74 años antes de J. Elocuente, audaz, disoluto, pródigo hasta la locura, gastaba sin medida y contraía deudas inmensas, para cuya satisfacción no tenía otros recursos que los de la guerra civil y las revoluciones.

Desarrolláronse entonces sus sentimientos, o mejor, sus cálculos democráticos; quiso ser el primero en su patria, y como en el partido de la aristocracia hubiese hallado muchos rivales, prefirió abrazar la causa del pueblo, confiando en que éste sería dócil instrumento de sus planes.

Sucesivamente fue nombrado tribuno militar, cuestor y edil; explotó el amor del pueblo y de los soldados al recuerdo de Mario, cuya estatua volvió a colocar en el Capitolio; apoyó a Pompeyo para que se restituyese a los tribunos de la plebe todos los derechos de que les privó Sila, y encaminó todos sus actos a favorecer las pasiones populares que mortificaban al Senado y a la aristocracia.

Distribuciones, juegos, luchas de gladiadores o de animales, banquetes públicos, todo lo prodigó para aumentar su partido, y de este modo obtuvo el nombramiento de Soberano Pontífice, a pesar de sus costumbres y de sus ideas próximas al ateísmo.

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No mucho después fue elegido cuestor provincial y enviado a España (69). Pretor en los momentos en que la conjuración de Catilina era descubierta, culpósele de complicidad en ella.

Durante la pretura de César un joven patricio corrompido, Publio Clodio, se introdujo por la noche, disfrazado de mujer, en casa del pretor (mientras se celebraban las fiestas de la Buena Diosa) con el propósito de acercarse a Pompeya, esposa de César e hija de Pompeyo Rufo y de acuerdo con ella.

Terminado el tiempo de su pretura, César fue destinado por suerte (año 61) para el gobierno de la España Ulterior, y aunque sus acreedores se opusieron a su partida, pudo salir para la península después que Craso, el hombre más opulento de Roma, salió fiador de César y se obligó a pagar a los que se negaban a concederle plazos, dando una fianza que ascendía a 830 talentos (3.216.240 pesetas).

Al atravesar los Alpes, llegó a una pequeña aldea cuyos habitantes, sumidos en la más extremada miseria, hirieron en tales términos la vista de los romanos, que algunos amigos de César le dijeron en tono satírico: «Sería bueno averiguar si en esta aldea se solicitan con anhelo los cargos, y si los primeros puestos excitan rivalidad y grandes disputas.»

A lo que respondió César en actitud grave: «Mejor quisiera ser el primero entre estos pobres bárbaros que el segundo en Roma.» Al pisar de nuevo el suelo hispano, ya como pretor de la región citada, conocía César, por su visita anterior, las costumbres y leyes de los pueblos de la península.

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Gozaba a la sazón ésta de gran tranquilidad; pero como el pretor necesitaba gloria militar y riquezas, marchó con 15.000 hombres hacia el monte Herminio, hoy sierra de la Estrella, y acuchilló a los habitantes que se negaron a establecerse en el llano, y alcanzando en la fuga a los demás que con sus familias y ganados huían hacia Galicia, mató a cuantos pudo hallar, mostrándose violento y cruel en demasía, si bien no dejó de experimentar algún contratiempo.

Al mando de una pequeña escuadra recorrió las costas de Galicia, tocando en el Golfo de Betanzos y desembarcando en el puerto de la Coruña. Los habitantes de aquellas regiones, que veían por primera vez a los romanos, se sometieron sin oponer resistencia, y César, que había dominado enteramente la Lusitania, y a los que los historiadores romanos llaman galacios lucenses, regresó a Italia con oro abundante para satisfacer sus deudas y comprar partidarios.

Justo es declarar, sin embargo, que prestó a España servicios realmente útiles, entre ellos el de dar una ley favorable al comercio y a la agricultura, cuyo preámbulo escribió él mismo con mucha elegancia.

A su regreso a Italia renunció César a los honores del triunfo, y alcanzó, por el crédito de Pompeyo y Craso, el consulado, y estos tres famosos hombres formaron entonces (60) una especie de asociación para dominar a la República.

Apenas revestido de la autoridad consular, en la que tenía por colega a Bíbulo, obró como un dictador y anuló de tal modo a éste, que se decía en Roma: «No estamos en el consulado de César y de Bíbulo, sino en el consulado de Julio y de César.»

Los triunviros, no contentos con gobernar la República a su capricho, mostraron cierto espíritu de venganza, que infundía temor a los hombres más resueltos y poderosos. César se enlazó en matrimonio con Calpurnia, hija de Lucio Pisón, próximo a suceder en el consulado y casó a su hija Julia con Pompeyo.

Por este doble parentesco afirmó su poder, y mediante la protección del suegro y del yerno obtuvo por cinco años el gobierno de la Galia Cisalpina y de la Iliria, regiones a las que el Senado agregó la Galia Transalpina.

Campañas en las Galias

La noticia de que los helvecios habían abandonado su país con ánimo de pasar a las Galias por el camino de Ginebra obligó a César a salir precipitadamente de Roma. En el breve espacio de ocho días llegó a orillas del Ródano, derrotó muy pronto a los helvecios, y triunfando de numerosos obstáculos, logró que los vencidos regresaran a su país.

En seguida luchó contra Ariovisto, rey de los germanos, que tenía oprimidos a los eduos, secuanos y otros pueblos de la Galia, y alcanzando sobre él una señalada victoria, logró que Ariovisto huyese hasta más allá del Rhin, año 58.

Queda referida la primera campaña. En la segunda conquistó (57) la Bélgica; en la tercera (56) la Aquitania y la Armórica; en la cuarta (55) hizo dos expediciones, una a la Germania y otra a la Bretaña. En la quinta (54) dominó la parte meridional de esta isla. En lo sucesivo tuvo que desorganizar las coaliciones de varios pueblos galos, siendo la más formidable la promovida por Vercingetorix, que terminó en el sitio y toma de Alesia (51), quedando sometida la Galia.

Unas ochocientas plazas y más de trescientos pueblos sometió César en estas campañas. Más de tres millones de hombres reconocieron la autoridad de Roma, y todo el país hasta el Rhin a quedó reducido provincia romana.

Para llegar a resultados tan gloriosos realizó César cosas prodigiosas: aprovechó las disensiones de unos pueblos; provocó a otros; compartió las fatigas y peligros con sus soldados; marchó por la Galia, sin temor a la lluvia, a la cabeza de sus legiones; atravesó a nado los ríos; escribió sus famosos Comentarios; halló tiempo para dictar a cuatro secretarios a la vez; dio muerte a dos millones de hombres; franqueó con singular arrojo las montañas del Jura y de Auvernia, los bosques de encinas del centro de la Galia y de la Armórica, los terrenos pantanosos del Mosa y de Flandes, las llanuras cenagosas y las selvas vírgenes del Sena; abrióse muchas veces camino con el hacha en la mano o improvisando puentes, y, en suma, demostró que poseía el genio de los grandes capitanes al mismo tiempo que el valor de un modesto soldado.

Por esta conquista todas las riquezas de la Galia vinieron a manos de César, que las repartía en Roma, comprando todas las conciencias venales, las del pueblo, las de los magistrados, las de los senadores, y agitando continuamente a la ciudad, donde, a pesar de su ausencia, era poderoso. Para asegurarse la neutralidad del cónsul Emilio Paulo, pagó 7.500.000 pesetas; para atraerse al tribuno Curión, dos millones. Para ganar la voluntad de Veleyo Patérculo, doce millones.

Un corto número de ciudadanos seguía combatiéndole en Roma, y alguno de sus enemigos pidió que César, en expiación, fuese entregado a los pueblos aliados de Roma que habían sido atacados por aquél; pero el brillo de sus victorias hizo que no prosperase tal petición.

Conflicto con Pompeyo y Guerra Civil

El Senado, necesitado de apoyo, lo buscó en Pompeyo, ya irritado contra César, con quien, desde la muerte de Craso y de Julia, no le unían ya los lazos de la política ni los del parentesco. César solicitó la prórroga de su gobierno en las Galias, que se le había conferido con el título de procónsul, y cuando supo que por las gestiones de Marcelo y de Pompeyo el Senado había rechazado su petición, apoyó su mano en el puño de la espada y dijo, en presencia de sus oficiales: «Ésta me dará lo que Pompeyo me niega.»

Pompeyo, para debilitar el partido de César, logró que se concediesen los primeros cargos de la República a los enemigos personales de su rival, y los elegidos trataron a toda costa de perder a César.

El Cruce del Rubicón y Dictadura

El uno de enero del año 49 a. C., Marco Antonio leyó una carta de César en el Senado, en la cual el procónsul se declaraba amigo de la paz. Tras una larga lista de sus muchas gestas, propuso que tanto él como Pompeyo renunciaran al mismo tiempo a sus mandos.

Al anochecer, junto con la Legión XIII Gemina, César avanzó hasta el río Rubicón que hacía de frontera entre la provincia de la Galia Cisalpina e Italia y, tras un momento de duda, dio a sus legionarios la orden de avanzar.

César se dirigió a Hispania en una marcha forzada de apenas veintisiete días, para derrotar a los seguidores de Pompeyo en Hispania. Solo cuando consideró segura la retaguardia, y después de organizar las instituciones políticas en Roma, que había caído en la anarquía, César se dirigió a Grecia.

El encuentro final se dio poco después, el nueve de agosto en la batalla de Farsalia. César se dirigió a Egipto en busca de Pompeyo en el año 47 a. C., pero le sorprendió el hecho de que el viejo aliado y enemigo había sido asesinado el año anterior.

Después se dirigió al norte de África para atacar a los líderes de la facción conservadora allí refugiados. En la batalla de Tapso en el año 46 a.

Relaciones Personales

Además de sus matrimonios, César mantuvo relaciones con Servilia, madre de Bruto, a la que parecía apreciar especialmente. Así, Suetonio relata los distintos regalos y beneficios que ofreció a su amada, de los cuales destaca una magnífica perla con un valor de seis millones de sestercios. El amor de Servilia hacia César era conocido públicamente en Roma y su relación duró desde que se conocieron en el año 63 a.C.

Su relación más famosa fue con Cleopatra VII. Suetonio cuenta que César remontó el río Nilo con la reina egipcia en una nave provista de cabinas y habría atravesado así todo Egipto.

Asesinato

Conocedor del odio que despertaba y de las confabulaciones que existían en torno a él, siempre rechazó ser rey. Para que esto no sucediera, un grupo de personas, entre los que se encontraba su hijo adoptivo Bruto, lo asesinó en el Senado en los idus de marzo del 44 a.C.

Legado

Para muchos historiadores, César es el personaje fundamental de la transición de la República al Principado. Gracias a la obra que dejó escrita, y la obra de los que escribieron sobre él, podemos conocer mucho más de su vida que del resto de los personajes de la antigüedad, con permiso de Cicerón.

Los Comentarii de Bello Gallico suponen una de las obras clásicas más importantes y difundidas, siendo estudiada a día de hoy.

Tabla Resumen de Algunos Acontecimientos Clave en la Vida de Julio César

Año Acontecimiento
100 a.C. Nacimiento de Julio César
85 a.C. Matrimonio con Cornelia
60 a.C. Formación del Primer Triunvirato con Pompeyo y Craso
58-51 a.C. Guerra de las Galias
49 a.C. Cruce del Rubicón
48 a.C. Batalla de Farsalia
46 a.C. Nombramiento como dictador
44 a.C. Asesinato de Julio César

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