Cleopatra: Nacimiento, Muerte y Legado de la Última Reina de Egipto

10.12.2025

Cleopatra VII, una figura icónica de la historia, cuyo nombre significa “gloria de su padre”, fue la última reina de la dinastía ptolemaica. Con su muerte, se cerró el periodo helenístico de Egipto. Es una de las figuras más recordadas del Antiguo Egipto, y pese a ello, apenas nos han llegado representaciones fiables de su rostro.

Nacimiento y Orígenes

Cleopatra VII nació en torno al año 69 a.C. en Alejandría, Egipto. Fue la última reina de Egipto, perteneciente a la dinastía de los Ptolomeos. Su dinastía, la lágida o ptolemaica, se remonta a Alejandro Magno, concretamente a su general Ptolomeo. Fue hija del rey Ptolomeo XII, aunque no se tiene constancia de quién fue su madre, aunque posiblemente fuera Cleopatra VI.

Reinado y Conflictos

Su padre, Ptolomeo XII, murió cuando ella tenía diecisiete años y su hermano, el futuro faraón, doce. Su padre dispuso que se casaran como testamento y así se hizo. No hay ningún documento que acredite que Cleopatra se casara con su hermano. En los siguientes años, Egipto entró en una crisis que hizo que cada vez dependiera más de Roma.

Durante sus años de reinado, Cleopatra tuvo que hacer frente a los problemas por los que pasaba su pueblo: desde hambrunas hasta sequías, pasando por crisis políticas. Sin embargo, la peor crisis a la que se enfrentó fue la lucha de poder con su hermano Ptolomeo XIII. En el 50 a.C., Ptolomeo XIII parece que destronó a Cleopatra. Ésta quiso aliarse con su hermano Ptolomeo XIV, pero no lo consiguió.

Mientras se desarrollaba el conflicto de los hermanos, el político romano Pompeyo, desterrado en Grecia en plena guerra civil romana, pidió ayuda militar. Se cree que después de este gesto, Pompeyo nombró a Ptolomeo XIII único gobernador de Egipto, pero no hay documentos que lo afirmen. A su regreso volvió con un ejército para luchar contra su hermano. Paralelamente, la guerra entre Pompeyo y Julio César tenía lugar en aguas egipcias.

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Pompeyo y su ejército se vieron fuertemente debilitados y tuvieron que huir. Engañado, Pompeyo fue asesinado por los aliados del egipcio. Cortaron su cabeza y se la mandaron a Julio César. Mientras continuaba el conflicto entre los hermanos, Cleopatra y Julio César tuvieron su primer encuentro. Cuando Ptolomeo XIII supo la noticia, instó a la ciudadanía a amotinarse contra ellos. La guerra contra Ptolomeo acabó con su muerte, alrededor del año 47 a.C.

Relaciones con Roma

Julio César

Cleopatra vio en Cesarión la oportunidad de convencer a Julio César de devolver el poder de la costa este del Mediterráneo a Egipto y de ser aliado de Roma. Cesarión, el hijo de Cleopatra y de Julio César, nació poco tiempo después. Cleopatra fue a Roma en dos ocasiones, donde nunca fue bien vista. Durante la segunda visita se produjo el asesinato de Julio César, lo que la dejó sin su aliado y amante y la forzó a volver a Egipto.

Marco Antonio

En un viaje a Alejandría, Marco Antonio cayó rendido ante los encantos de Cleopatra y comenzaron una relación como amantes. No era la intención de la reina, pero aun así viajó hasta Tarso para reunirse con él. El resultado es el ya conocido enamoramiento y la convivencia de ambos entre lujos mientras el pueblo de él luchaba y el de ella se moría de hambre. Su relación no fue idílica y siempre hubo periodos de idas y venidas.

Tras una lucha contra el romano Octavio Augusto, se negoció que Marco Antonio tendría que casarse con su hermana, Octavia. Así fue y tuvieron dos hijos. Marco Antonio volvió a Egipto cuatro años después y se casó con ella, lo que aumentó la mala imagen que tenía el pueblo romano de él por congraciarse con la reina egipcia -y que Augusto fomentaba-. En la batalla que se libró en las aguas de Actium en el 31 a.C. acabó con las fuerzas de Cleopatra y Marco Antonio.

La Muerte de Cleopatra

Cleopatra, por su parte, se enteró de que el plan que Octavio tenía guardado para ella era exhibirla en Roma como trofeo. Ella, por su parte, tuvo claro su destino como esclava tras entrevistarse con Octavio y también prefirió morir. De este modo se ha contado tradicionalmente el final de Cleopatra VII un 10 o 12 de agosto del año 30 a.C.

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Al parecer, Cleopatra, que se hallaba cautiva en su palacio de Alejandría, le había enviado una carta poco antes de morir en la que le pedía ser enterrada en su mausoleo, junto a Marco Antonio, el padre de tres de sus hijos. Cuando recibió la misiva, Octavio, alarmado, envió a sus hombres a las estancias de Cleopatra para impedir lo que parecía un más que probable intento de suicidio. Pero llegaron demasiado tarde.

Cuando irrumpieron en la habitación, tanto la reina como sus dos fieles sirvientas habían muerto. En realidad, no era eso lo que pretendía el hombre más poderoso de Roma. Cleopatra era la joya de su desfile triunfal, la guinda del pastel, y se había quedado sin ella. Ya no podría pasearla cargada con cadenas de oro por las calles de Roma.

Lo cierto es que no se sabe cómo, pero la versión más popular es la de que se dejó morder por un áspid. Pero ¿qué tipo de efigie? Según cuenta el poeta Propercio, que fue testigo presencial del triunfo de Octavio en Roma, se trataba de una imagen (no concreta de qué tipo) que representaba a la fallecida reina con sendas serpientes que mordían cada uno de sus brazos, en clara referencia a la causa de su muerte.

Plutarco también dice que la efigie de la reina pudo ser una estatua. Pero aunque la reina no desfiló en el triunfo, sí lo hicieron los hijos que esta tuvo con Marco Antonio: Ptolomeo Filadelfo y los mellizos Alejandro Helios y Cleopatra Selene. Los niños fueron acogidos después por Octavia, hermana de Augusto y hasta hacía poco tiempo esposa de Marco Antonio.

No conocemos el destino final de los dos varones, aunque sí el de Cleopatra Selene, que acabaría casándose con Juba II, rey de Mauritania. El nuevo amo de Egipto ordenó asesinar al joven Cesarión, el hijo que Cleopatra había tenido con Julio César y que estaba llamado a sucederla. Cesarión representaba un peligro para los planes que el futuro emperador tenía sobre Egipto.

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De todos modos, Octavio finalmente sí cumplió con la palabra dada a la derrotada reina y permitió que esta fuera enterrada en su mausoleo alejandrino. Es dificilísimo intentar resumir un personaje tan complejo, estudiado y que sigue trayendo tanta cola como es Cleopatra.

¿Sabemos de verdad cómo murió Cleopatra? ¿Fue realmente a consecuencia de la mordedura de un áspid? El tema viene despertando ya desde la Antigüedad mucha polémica. Y poco acuerdo. Porque ¿cómo pudo entrar una serpiente en la estancia donde se encontraba la reina, que estaba sometida a vigilancia? (de hecho, Plutarco dice que Octavio encargó expresamente a su liberto Epafrodito la custodia de la soberana).

Por su parte, Dion Casio y Plutarco ofrecen varias versiones de la historia, entre ellas la de que el ofidio entró oculto en una cesta de higos, aunque también dicen que pudo haberlo hecho en una hidria, una jarra para contener agua. Existen más versiones respecto a la muerte de la reina, y de nuevo Dion Casio y Plutarco se hacen eco de ellas. Asimismo, otros historiadores antiguos como Floro y Veleyo Patérculo apoyan la teoría del áspid, y el médico romano Galeno también la menciona, aunque dice que Cleopatra podría haberse arañado un brazo para introducir en el corte el veneno que le proporcionaron oculto en un recipiente.

Tampoco entre los historiadores actuales existe demasiado consenso sobre cómo murió Cleopatra. Son muchos los que no creen en la versión de la serpiente, principalmente porque no es un método de suicidio muy fiable, y además el reptil tuvo que acabar con la vida de tres personas: la reina y sus dos sirvientas.

Sea como fuere, Octavio, como hemos apuntado antes y según afirman las fuentes, sí consintió que Cleopatra y Marco Antonio compartieran eternidad, y dejó que los amantes fueran enterrados en el mausoleo real de la soberana. Es posible que fuera así, aunque tampoco tenemos constancia de ello puesto que la tumba de Cleopatra jamás ha sido hallada. De hecho, no hay demasiadas pistas sobre su posible paradero.

La ubicación de la tumba de Cleopatra, en el que fue enterrada junto a Marco Antonio, sigue siendo un misterio. ¿Se encuentra, tal vez, sumergida bajo las aguas del puerto de Alejandría? ¿o quizá se halla en Taposiris Magna, como parece creer la egiptóloga dominicana Kathleen Martínez? El caso es que ni las exploraciones bajo las aguas del puerto de Alejandría ni las excavaciones en Taposiris, en la actual Abusir, a 45 kilómetros de Alejandría, han sacado a la luz nada que aporte ninguna pista sobre la tumba perdida de la última de los ptolomeos.

Tal vez el destino, el hado, crea más conveniente que tanto la enigmática muerte de Cleopatra como el paradero de su cuerpo, enterrado según la leyenda en su mausoleo alejandrino repleto de maravillosos tesoros, sigan formando parte de los grandes enigmas de la historia.

Legado

La fama de su belleza ha sido legendaria, pero las representaciones y descripciones hablan más bien de que su gran atractivo era su carisma, acompañado de una voz seductora y muy buenos modales. También se la ha descrito como ambiciosa y muy inteligente, y la primera de su dinastía que aprendió egipcio -puesto que los lágidas se educaban al modo griego-, además de, al menos, cuatro lenguas más.

Cleopatra fue muy querida por su pueblo, entre otras cosas, por su amor por la historia y la cultura de su país. Fue la primera de su dinastía en conocer el idioma egipcio pese a su educación puramente griega. A pesar de que suele encumbrarse más su belleza que su inteligencia, fue una brillante diplomática y escribió tratados médicos.

Gracias a su atractivo físico e intelectual supo conquistar el corazón y la mente de hombres muy poderosos. Asediados por Octavio en Alejandría, Cleopatra y Marco Antonio prefirieron suicidarse antes que caer en manos de su enemigo. Cleopatra VII, la última en el reinado del Antiguo Egipto y de la dinastía Ptolomeica, y cuya vida, muerte y amores han sido fuente de inspiración de literatos, pintores y cineastas, quienes la han inmortalizado, será recordada a más de 2 mil años de su muerte ocurrida el 12 de agosto del año 30 a.d.

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