¿Cuánto dura un embarazo anembrionario?

25.10.2025

El embarazo anembrionario, también conocido como embarazo huevo huero, es una condición en la que el saco gestacional se desarrolla, pero el embrión no se forma o deja de desarrollarse en las primeras semanas de gestación.

¿Qué es el embarazo anembrionario?

Una gestación anembrionada, también conocido como huevo huero, es un tipo de embarazo en el cual se desarrolla un saco gestacional vacío, sin la existencia de un embrión en su interior. Un embarazo anembrionario ocurre cuando, tras la fecundación del óvulo, se forma un saco gestacional sin embrión en su interior. Esta situación se produce cuando un óvulo fecundado por un espermatozoide se implanta en la cavidad uterina, pero no se desarrolla el embrión.

El embarazo anembrionario o “huevo huero” es un tipo específico de aborto, en el que el huevo fertilizado se implanta en el útero pero no se desarrolla el embrión. En el caso del embarazo anembrionario se forma el saco gestacional con su cubierta trofoblástica. Pero no se visualiza el embrión, debido a que éste ha detenido su desarrollo en una etapa muy precoz, antes de alcanzar un milímetro de tamaño.

Este tipo de embarazo se debe, en la mayoría de los casos, a alteraciones cromosómicas en el embrión, que impiden su desarrollo adecuado. Se puede llegar al embarazo anembrionario de diferentes formas, bien porque después de la fecundación se interrumpe la división celular o bien porque, a pesar de que continua la mitosis, se forman el saco gestacional y el trofoblasto pero no el embrión.

Una de las dificultades de detectar un embarazo anembrionario es que, en sus primeras etapas, suele presentar síntomas similares a los de un embarazo normal. Una de sus particularidades es que el cuerpo de la mujer puede no reconocer la falta de desarrollo embrionario de inmediato. Al inicio de la gestación pueden estar presentes los síntomas típicos del embarazo: ausencia de la menstruación, prueba de gestación positiva, aumento de la sensibilidad mamaria, náuseas, etc.

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El embarazo anembrionario representa alrededor del 50% de los abortos espontáneos en el primer trimestre. El denominado embarazo anembrionario es un problema más frecuente de lo que se pueda pensar, pues es la causa de aproximadamente la mitad de los casos en los que el embarazo se interrumpe durante el primer trimestre (aborto bioquímico) se produce cuando el óvulo resulta fertilizado pero, tras implantarse en el útero, se desarrolla el saco gestacional pero sin que albergue un embrión en su interior.

Causas de la gestación anembrionada

Las causas de la gestación anembrionada son variadas y, en ocasiones, difíciles de identificar.

  • Alteraciones cromosómicas: La causa más frecuente de un embarazo anembrionado son las anomalías cromosómicas o genéticas que ocurren en el momento de la fecundación. Estos errores pueden estar presentes en el óvulo o en el espermatozoide y pueden llevar a la detención del desarrollo embrionario. Algunas de las alteraciones cromosómicas más comunes incluyen las trisomías, monosomías o poliploidías. Anomalías cromosómicas: como la trisomía autosómica, que representa el 30% de todos los abortos espontáneos.
  • Alteraciones hormonales: Los desequilibrios hormonales también pueden jugar un papel crucial en la aparición de una gestación anembrionada, y es que las hormonas son esenciales para la correcta implantación y desarrollo del embrión. Un desequilibrio hormonal puede afectar a la capacidad del embrión para desarrollarse adecuadamente o también puede impedir que el útero proporcione un entorno adecuado para su desarrollo.
  • Edad: A medida que las mujeres envejecen, la calidad de sus óvulos tiende a disminuir, lo que aumenta la probabilidad de problemas genéticos y, en consecuencia, de sufrir un embarazo anembrionado. Factores como la edad materna avanzada, alteraciones cromosómicas y antecedentes de abortos previos pueden aumentar el riesgo de su aparición.
  • Implantación deficiente: Otra causa potencial del embarazo anembrionado es una alteración en la implantación del óvulo fecundado en el útero.

¿Cuándo se detecta?

La detección de una gestación anembrionada generalmente se realiza durante las primeras etapas del embarazo, casi siempre en el primer trimestre. Mediante la realización de una ecografía en etapas tempranas de la gestación, en la actualidad, podemos detectar estos embarazos anembrionarios, incluso antes de que se produzca el sangrado vaginal.

El embarazo anembrionario puede diagnosticarse por medio de una ecografía, donde se observa un saco embrionario vacío o lleno de líquido, pero no se observa un embrión. El diagnóstico de embarazo anembrionario se establecerá ante el hallazgo de un saco gestacional, rodeado por el trofoblasto, mayor de dos centímetros y en cuyo interior no se visualice un embrión. Si en ninguna de éstas se localiza el embrión, nos encontramos con un embarazo anembriónico:

  • El saco gestacional es la primera estructura que puede ser visible por ecografía transvaginal en la cuarta y quinta semana de gestación.
  • La vesícula vitelina es una estructura proveniente del embrión que se puede observar en el interior del saco gestacional por ecografía transvaginal 2-3 días después de visualizarse éste. La vesícula vitelina es la primera estructura que puede identificarse en el saco gestacional.
  • Entre la semana 7 y 12 de embarazo es posible escuchar el latido cardiaco del feto con una ecografía de ultrasonidos, también llamada eco-doppler.
  • Finalmente, la visualización de la vesícula vitelina por ecografía pélvica de ultrasonido confirma definitivamente que hay embarazo.

Métodos de detección

  • Ecografía transvaginal: Este tipo de ecografía permite obtener imágenes detalladas del interior del útero. Durante la ecografía el ginecólogo buscará el saco gestacional. En un embarazo normal, el embrión debería ser visible en el interior del saco gestacional a partir de las 6-7 semanas de gestación. Mediante ecografía transvaginal, podemos detectar el embrión tan pronto como a las 6 semanas de gestación.
  • Análisis de los niveles de hCG: La hormona gonadotropina coriónica humana (hCG) es una hormona producida durante el embarazo que se puede medir a través de análisis de sangre y orina. En un embarazo evolutivo normal, los niveles de hCG aumentan de manera constante durante el primer trimestre. Sin embargo, en una gestación anembrionada, los niveles de hCG pueden no aumentar tal y como se esperaría. En el embarazo anembrionado, el test beta HCG da positivo porque esta hormona es producida por las capas celulares del saco gestacional, aunque no haya embrión.
  • Síntomas físicos: A pesar de la ausencia de un embrión en desarrollo, el cuerpo de una mujer puede continuar mostrando signos de embarazo debido a la presencia del saco gestacional y a la producción de hCG. Estos síntomas pueden incluir la falta de menstruación, náuseas, sensibilidad y cansancio. Sin embargo, con el tiempo, si el cuerpo detecta que no hay un embrión en desarrollo, estos síntomas pueden disminuir. Al inicio de la gestación pueden estar presentes los síntomas típicos del embarazo: ausencia de la menstruación, prueba de gestación positiva, aumento de la sensibilidad mamaria, náuseas, etc.
  • Historial médico y exploración física: Factores como antecedentes de abortos espontáneos, edad materna avanzada, y problemas de salud subyacentes pueden aumentar la sospecha de una gestación anembrionada.

Síntomas de un embarazo anembrionado

Los principales síntomas por los que se suele consultar son el sangrado vaginal y/o dolor leve tipo calambre. Otros posibles síntomas pueden ser la pérdida o disminución de los síntomas de embarazo como la disminución de la sensibilidad mamaria o las náuseas-vómitos. El sangrado y el dolor abdominal durante el primer trimestre de embarazo son bastante comunes.

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Como la de cualquier tipo de aborto, la evolución de estos embarazos finaliza con su expulsión. La mujer puede notar que los síntomas del embarazo disminuyen o desaparecen. Después se produce un sangrado vaginal que va aumentando de intensidad y que, cuando se acompaña de dolor pélvico, indica que la expulsión es inminente. Sin embargo, estos síntomas pueden desaparecer repentinamente, cuando el embrión deja de crecer y los niveles hormonales disminuyen.

Tratamiento y evolución

Tras el diagnóstico del embarazo anembrionado habrá que conseguir la expulsión vía vaginal de este embarazo no viable. Una vez realizado el diagnóstico, si no se expulsa naturalmente, se procederá a la evacuación uterina.

  • Observación y espera: En determinados casos, el médico puede recomendar esperar para ver si el cuerpo es capaz de expulsar el saco gestacional por sí mismo. Este proceso puede llegar a demorarse durante varias semanas, y en todo este tiempo se realizará un seguimiento detallado para asegurar que no haya complicaciones. Algunas mujeres deciden esperar a que el aborto ocurra de manera natural.
  • Tratamiento médico: El uso de determinados medicamentos, siendo algunos de los más comunes el misoprostol y la mifepristona, puede facilitar la expulsión del saco gestacional. Tratamiento médico mediante la administración de misoprostol. Se utilizan medicamentos para inducir la expulsión del tejido gestacional y evitar complicaciones.
  • Cirugía: Si el tratamiento médico fracasa, o si se prefiere una resolución más inmediata, puede llevarse a cabo un legrado uterino. Este procedimiento quirúrgico consiste en raspar las paredes del útero para extraer y evacuar el saco gestacional. Mediante tratamiento médico o la realización de un legrado.

Como la de cualquier tipo de aborto, la evolución de estos embarazos finaliza con su expulsión. La mujer puede notar que los síntomas del embarazo disminuyen o desaparecen. Después se produce un sangrado vaginal que va aumentando de intensidad y que, cuando se acompaña de dolor pélvico, indica que la expulsión es inminente. Una vez realizado el diagnóstico, si no se expulsa naturalmente, se procederá a la evacuación uterina.

Implicaciones reproductivas futuras

Si se presenta con una evolución normal, un aborto de estas características no tiene implicaciones reproductivas futuras. En caso de que se sucedan dos o más abortos consecutivos, es aconsejable realizar un estudio para diagnosticar cual es el problema que impide la evolución normal de la gestación.

El hecho de que se haya producido un embarazo anembrionario no implica necesariamente que pueda volver a ocurrir. Sólo si se repite conviene realizar un estudio para tratar de determinar la causa que impide el desarrollo embrionario.

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En términos de prevención, no hay estrategias establecidas para evitar esta condición. Sobre todo, es importante recordar que es un proceso de “control de calidad” natural, en el cual el propio cuerpo detecta problemas como malformaciones o anomalías genéticas y que no significa que no podamos tener un embarazo saludable más adelante.

Si estás planeando un embarazo (tanto si has sufrido un embarazo anembrionario como si no) es importante llevar una alimentación saludable, realizar ejercicio físico adecuado y evitar el tabaco y el alcohol. Mantener una salud general óptima. Evitar el consumo de sustancias nocivas como el tabaco, el alcohol o las drogas.

Impacto emocional

Pasar por un embarazo anembrionario puede ser una experiencia emocionalmente difícil. El embarazo anembrionario tiene un impacto emocional que no debe subestimarse. Muchas mujeres no hablan de sus pérdidas gestacionales. Sin embargo, todas lo experimentan con un mayor o menor grado de ansiedad y estrés. Un embarazo anembrionario acaba en un aborto espontáneo, lo cual puede tener un impacto emocional significativo.

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