Cuidados de la Cuna de Cristo: Una Planta Popular y Exuberante
La Cuna de Cristo, también conocida como Espina de Cristo, es sin lugar a dudas una de las plantas más populares del momento. Y no le faltan motivos para ello. Por un lado, hablamos de una de las plantas de interior exóticas más exuberantes que existen. Por otro, los cuidados facilitan muchísimo su disfrute, porque, lejos de cualquier apariencia, lo cierto es que hablamos de una de las plantas verdes más sencillas de cuidar. Un dúo que hace de esta planta una simplemente irresistible.
Tan importante como ver en detalle los cuidados es conocerla un poco más a fondo. Y no nos referimos, únicamente, a saber que procede de Madagascar. Se trata de una especie arbustiva, espinosa, y muy ramificada, que por lo general mide 1m de altura, aunque puede alcanzar el 1,5 o los 2 m. Tanto su tronco como sus ramas son de color grisáceo y están colmados de largas espinas. Las flores son de muy reducido tamaño, se encuentran reunidas en manojos pequeños, y poseen estambres con anteras bifurcadas. Las brácteas, que son las envuelven a las flores, pueden ser de color rojo, amarillo o naranja dependiendo de su cultivo.
Por novedosa que sea su popularidad, es interesante saber que es una vieja conocida. Tanto que es una de esas plantas para tener en casa que ya tenían las abuelas, ya que fue una de las favoritas en los años 80. Y no solo para dentro de casa: también era habitual encontrarlas en las terrazas y patios.
Cuidados Claves para el Bienestar de la Cuna de Cristo
- Luminosidad: Fundamental para su desarrollo.
- Riego: Uno de los cuidados a vigilar.
- Humedad ambiental y limpieza: Crucial para la salud de sus hojas.
- Temperatura: Un aspecto secundario.
- Trasplante: Muy importante para su crecimiento.
- Abono: Uno de los cuidados más exigentes.
Como decíamos al empezar el post, los cuidados son sumamente sencillos. Veamos los cuidados en detalle, unos súper asumibles tanto para jardineros principiantes como para los más experimentados.
1. Luminosidad, Fundamental para su Desarrollo
El ambiente original en el que crece no se caracteriza, precisamente, por la luz. Como decíamos, es oriunda de Madagascar, por lo que la luz está tamizada. Este detalle no es menor. En realidad, marca mucho las necesidades de luminosidad. Si bien necesita un espacio con buena luz, en ningún caso puede recibirla directamente. De hacerlo, el sol podría quemar sus hojas. A pesar de esto, lo curioso es que también se adapta a espacios poco iluminados. Eso sí: es importante saber que, aunque lo haga, ralentizará su crecimiento.
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2. Riego, uno de los Cuidados a Vigilar
Es, de toda la lista, probablemente el que tenemos que vigilar más de cerca. A pesar de lo que podamos pensar a priori, lo cierto es que es una planta que no necesita grandes dosis de agua. Es más: el encharcamiento es, precisamente, uno de sus grandes enemigos. El riego depende, en gran medida, de aspectos como la temperatura del momento o el tamaño de la planta. Sin embargo, la pauta habitual es de uno o dos riegos semanales en verano y uno cada 15 días en invierno. Pero más allá de teorías, hay una regla de oro: es imprescindible que el sustrato esté siempre seco antes de volver a regar.
3. Humedad Ambiental y Limpieza, Crucial para la Salud de sus Hojas
No cabe duda: la espectacularidad de sus hojas es lo que hace de la Cuna de Cristo una planta increíblemente decorativa. Un buen motivo para que les prestemos la atención que necesitan. Solo así mantendrán su verde intenso característico y su firmeza. Lograrlo pasa por tener en cuenta dos cuidados. Por un lado, aportar una cierta humedad ambiental. Si bien es cierto que no es imprescindible, agradece estar en un ambiente humidificado. También es posible pulverizarlas aunque, de optar por esta técnica, tendrá que ser en cantidades mínimas y solo cuando haga mucho calor. Además de este detalle, es imprescindible mantener sus hojas limpias. Una tarea que podemos llevar a cabo limpiándolas con un paño húmedo o, incluso, sometiéndolas esporádicamente a baños bajo el teléfono de la ducha.
4. Temperatura, un Aspecto Secundario
Otro de los cuidados que choca frontalmente con su carácter tropical. Y no nos referimos a la temperatura dentro de casa, espacio en el que no tendrán problema alguno para crecer con bienestar. Nos referimos, más bien, a que la tolerancia de forma puntual al frío es increíble: soporta temperaturas de entre 0 y 5 grados. Quizás debido a esta increíble rusticidad es habitual verla en exteriores en zonas mediterráneas.
5. Trasplante, Muy Importante para su Crecimiento
Un detalle fundamental para quienes buscan esa espectacular planta que todos queremos disfrutar de dimensiones extraordinarias. Poder conseguirlo pasa por trasplantar cada dos años a una maceta de mayores dimensiones. No es lo único que tenemos que contemplar. Para que el trasplante sea un éxito, hay dos detalles que tenemos que mimar. Y no nos referimos, únicamente, a utilizar un sustrato para plantas verdes que promueva el verdor de sus hojas. Hablamos, sobre todo, de hacerle un drenaje sumamente efectivo. Para ello, lo ideal es utilizar perlita: uno de los tipos de sustratos para plantas poco conocidos pero que facilitan la evacuación de agua.
6. Abono, uno de los Cuidados más Exigentes
Es, probablemente, el único de los cuidados en el que tendremos que ser sumamente rigurosos. Lo ideal es que apliquemos una dosis de abono cada 15 días desde el comienzo de la primavera hasta el final del verano. Durante los meses de invierno, suspenderemos por completo el abono. Nuestra planta detendrá su crecimiento vegetativo, y el fertilizante puede incluso resultar perjudicial para ella.
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