Filadelfia: Cuna de la Libertad Americana

06.12.2025

Cuando los Estados Unidos proclamaron su independencia, el 4 de julio de 1776, la ciudad de Washington aún no existía, ni otras muchas de las actuales grandes urbes del país. Fue Filadelfia, “la ciudad del amor fraternal” (del griego “filos” y “adelfos”) donde el proyecto de la nueva nación se fraguó, maduró y tomó cuerpo, donde se leyó por primera vez el texto de la Declaración y donde se aprobó la Constitución, que sigue vigente hoy día.

La Fundación de Filadelfia

La ciudad se había fundado apenas un siglo antes, en 1681, de una forma completamente imprevista y por impulso de un inglés llamado William Penn. La historia de este londinense merece contarse. Nacido en 1644, Penn era hijo de un importante almirante de la marina británica que, tras la muerte de Oliver Cromwell, lideró con éxito una misión secreta para traer de vuelta al Príncipe Carlos y restaurar la Monarquía, después de once años de gobierno republicano.

Desde su nueva posición, William Penn padre se aseguró que su hijo pequeño tuviera la mejor educación, con vistas a lograr algún día un puesto en las altas instancias del Parlamento o de la Corte. Pero William Penn hijo tenía otros planes. En lugar de los valores marciales de su padre y los rígidos mandamientos religiosos de su educación puritana, adoptó los principios de un nuevo grupo cristiano que se hacían llamar “los amigos”, aunque pronto fueron conocidos como los cuáqueros (del inglés Quakers, temblores) por predicar que había que “temblar en el nombre del Señor”.

Los cuáqueros defendían una vida sencilla, llevada con máxima honestidad. Rechazaban la guerra y cualquier tipo de juramento y consideraban que todos los hombres eran iguales ante Dios. Aunque carecían de agenda política, los resultaban incompatibles con la monarquía absoluta, y desde la restauración de Carlos II fueron intensamente perseguidos y encarcelados. Con 22 años, el hijo de William Penn pasó a vivir como un fugitivo.

Se refugiaba en diferentes hogares de familias cuáqueras, y se hizo muy amigo de George Fox, el fundador del movimiento. Su excelente formación le ayudó a organizar y codificar los por entonces dispersos preceptos del grupo, y sus frecuentes viajes a Alemania e Irlanda le granjearon contactos y prestigio con los cuáqueros de esos países, y le dieron ideas. Más de una vez chocó con las autoridades inglesas. Fue encarcelado. Pero su integridad, la misma que le había llevado a ser repudiado por su padre, finalmente le ayudó a ganarse de nuevo su respeto.

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En vistas de que el conflicto entre la Corona y los cuáqueros tenía mal arreglo, y que muchos de ellos habían empezado a emigrar a las nuevas colonias americanas (donde también solían ser rechazados por las abundantes colonias de puritanos ya establecidas) Penn tuvo entonces la idea de utilizar su herencia para comprar una extensa propiedad en la colonia de Nueva Jersey y fundar allí una comunidad que sirviera para dar cobijo y tranquilidad a sus perseguidos compañeros.

Al rey la idea de una emigración masiva de cuáqueros a las colonias le pareció tan brillante que regaló a William otros 120.000 km2 de tierras alrededor de Nueva Jersey, ocupando buena parte de lo que hoy son los Estados de Pensilvania, Delaware y Maryland. A su nueva colonia William decidió llamarla Silvania (“tierra de bosques”), pero el rey quiso rendir un último honor al hombre que lo restauró en su cargo, y a este nombre antepuso su apellido: así nació Penn-silvania.

Y allí William Penn fundó su ciudad soñada: una ciudad moderna, racional, espaciosa, arbolada, pacífica, culta y tolerante. El contrato de fundación de Pensilvania otorgó a William poder absoluto e ilimitado. Lo utilizó para construir una comunidad política adelantada a su tiempo, y basada en sus propias convicciones filosóficas y religiosas: la igualdad entre todos los hombres, el respeto de los derechos individuales y la total y absoluta libertad de culto.

Penn, además, fue uno de los primeros en imaginar una unión americana bajo los principios de la libertad y la tolerancia, organizada en unos “Estados Unidos de América”. Teniendo en cuenta el impulso que la había creado, no es nada sorprendente la evolución que tomó la ciudad en el siglo siguiente. Era una isla de libertades rodeada de colonias de una intolerancia recalcitrante, y atrajo rápidamente a todo tipo de minorías étnicas y religiosas. Fue una de las ciudades más multiculturales de la América colonial, y su crecimiento fue espectacular.

Filadelfia: Centro Cultural y Político

Como su fundador había sido un hombre culto e ilustrado que apreciaba la formación, Filadelfia también brilló -de hecho brilló aún más- en el ámbito cultural. Además de sus abundantes bibliotecas, museos y sociedades dedicadas al debate y al conocimiento, fundó su propia universidad, y desde 1743 albergó la Sociedad Filosófica Americana. Cuando, en 1773, las trece colonias decidieron unirse para hacer frente al desafío que les planteaba Jorge III, no encontraron un lugar mejor para hacerlo que Filadelfia. Ni un espejo mejor en el que mirarse que el modelo de gobierno que había impulsado William Penn un siglo antes.

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Hoy el centro de Filadelfia forma una especie de milla de oro histórica y es Parque Histórico Nacional. Estados Unidos nació en Filadelfia. Aquí se declaró la independencia de Gran Bretaña, se construyó la calle residencial habitada de forma contigua más antigua, tuvo lugar el primer desfile de Acción de Gracias, se levantó la que, en su día fue, la cárcel más cara del mundo (Al Capone estuvo preso) y se fundó el primer hospital. Y el primer teatro, la primera Bolsa, la primera Universidad, el primer zoológico, el primer museo de arte, la primera biblioteca pública...

Ésta la ideó el propio Benjamin Franklin, considerado asimismo "el primer estadounidense" en sentido figurado por su infatigable lucha por la unidad de las 13 colonias británicas de la costa este de América del Norte, que finalmente crearían la nación el 4 de julio de 1776, con Filadelfia como capital. No en vano, el científico-político-inventor murió en 1790 en Philly, como llaman los lugareños a la protagonista de tantas hazañas. Hay más: es la única Ciudad Patrimonio Mundial de todo el país.

Son algunas de las curiosidades de la metrópoli más americana de América por la carga histórica que acumula. Figura, igualmente, entre las más tolerantes y abiertas. Lo lleva en el nombre desde que el cuáquero inglés William Penn, perseguido por sus creencias en su tierra, la fundara en 1682 tirando del griego. Philo significa "querido" y adelphos, "hermano". Resultado: "la ciudad del amor fraternal", ya que lo que buscaba Penn (cuya efigie otea desde lo alto del Ayuntamiento) era que todo el mundo fuera bienvenido. Y sigue siendo su máxima.

Por algo hay un Parque del Amor, capitaneado por una de las emblemáticas esculturas de Robert Indiana con la palabra Love. Pero ojo, Philly también es uno de los lugares que menos representa (para bien) el día a día a nivel nacional, ya que es manejable (tiene 1,5 millones de habitantes), fácil de orientarse (está diseñada en forma de damero), tiene una de las redes de parques urbanos más grandes del mundo (4.046 hectáreas verde) y se puede ir caminando (o en bici) a todas partes, no tan normal por estos lares.

"Es muy cómoda; está hecha para los peatones. Se puede llegar andando del Museo de Arte de Filadelfia a la ribera del río Delaware, uno de los dos que la cruzan [el otro es el Schuylkill] en una hora", comenta Irene Levy, experta en turismo y autora de libros como 100 cosas que debes hacer en Filadelfia.

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Recorriendo el Corazón Histórico

Como recorrer el casco antiguo, con sus fachadas de ladrillo al estilo georgiano y sus calles empedradas, allí donde todo surgió. Desentrañar el pasado es muy sencillo, ya que aparecen señalizados 68 emplazamientos que forman parte de la "milla más histórica de EEUU". Del Independence Hall, donde los padres fundadores (de Franklin a Thomas Jefferson o George Washington) firmaron la independencia y la Constitución (que tiene su propio museo) a la Campana de la Libertad, que anunció a los ciudadanos su emancipación.

Sin olvidar el Museo de la Revolución Americana, con exposiciones interactivas (el típico letrero de No tocar aquí dice lo contrario: Toquen, por favor), recreaciones teatrales y la tienda de campaña original en la que Washington montó su cuartel general durante la guerra con los ingleses. La residencia oficial en la que vivió tras convertirse en el presidente número uno también se puede visitar, al igual que la casa de Edgar Allan Poe (en ella escribió algunos de sus relatos más terroríficos) o la de Betsy Ross, la costurera que cosió la primera bandera patria.

Muy cerca está la mencionada calle habitada de forma seguida más antigua de EEUU, Elfreth's Alley (1702), con sus puertas y ventanas de colores vivos. Los vecinos dejan claro con carteles, que viven ahí, que no es un plató de una película, así que no molesten.

Filadelfia en el Cine y el Arte Urbano

Y eso que Philly sabe mucho de cine. Aquí se han grabado películas como El sexto sentido, 12 monos o la mítica Philadelphia Más lejana en el tiempo, también resuenan los ecos de Historias de Filadelfia, protagonizada por Cary Grant, James Stewart y Katherine Hepburn, que aunque no se rodó aquí (lo hizo en los los estudios MGM de Culver City, en California), la trama sí se refiere a ella. Pero si hay un personaje que ha roto moldes es el de Rocky Balboa, el boxeador al que dio vida Sylvester Stallone en la popular saga que será recordado siempre subiendo los 72 escalones que conducen al Museo de Arte al ritmo de la mítica melodía de Gonna fly now.

La siguiente propuesta del recorrido es a pie y a golpe de grafitis, ya que la metrópoli cuenta con más de 4.500, siendo la galería al aire libre más grande del mundo. La culpa es de la asociación Mural Arts Philadelphia, que nació en 1984 para integrar en la sociedad este tipo de arte callejero, que se veía como un acto vandálico.

"Se trabaja en varios programas para unir a los artistas con la población y transformar los espacios públicos: educación juvenil, actividades con presos y bienestar social", explica Carol Weidler, guía de un itinerario que explora algunas de las obras más significativas. Entre ellos, destacan Water gives life (El agua da vida) o Untitled (Sin título), de Amy Sherald, famosa por luchar contra los estereotipos raciales e inmortalizar a Michelle Obama, cuyo retrato se exhibe en la Smithsonian National Portrait Gallery de Washington.

A simple vista algunos y escondidos otros, hay murales de todo tipo: históricos, reivindicativos, sobre la naturaleza, infantiles... "Muchos están orientados para que sólo los vean los viandantes, no los coches, lo que confirma que es un sitio para caminar", añade Weidler frente a Building the city (Construyendo la ciudad), un tributo a los profesionales que la levantaron.

Museos y Experiencias Artísticas

Seguimos con arte. Y es que la oferta es apabullante: galerías, teatros, centros culturales (como los Jardines Mágicos, un inquietante laberinto de mosaicos), un ballet, una ópera y una orquesta de fama internacional, institutos de música y museos como el mencionado de Arte de Filadelfia (el de "las escaleras de Rocky", para cinéfilos), con un repertorio de 200.000 objetos y 2.000 años de historia, o el Afroamericano, dedicado a la vida y obra de esta comunidad.

Especial atención merece el de Rodin, que esconde la mayor antología del escultor fuera de París (120 obras), o la Fundación Barnes, con una de las colecciones de postimpresionismo y modernismo temprano más importantes del planeta. Su interior acoge piezas de Renoir, Cézanne, Matisse,Picasso o Van Gogh, pero lo más original es su disposición, ya que no sigue el clásico orden por autor, nacionalidad o periodo, sino que juega con la simetría (o todo lo contrario), la luz, el color, la forma o el tamaño para confrontarlas unas o con otras en las paredes.

"Junta máscaras ancestrales con un Modigliani o un paisaje de Monet; es un juego que involucra al espectador", analiza Paulette Rackow, comisaria de la fundación. "Y en medio, candados, llaves, bisagras o herraduras, detalles que animan a seguir investigando", matiza. Fue el empeño del doctor Albert C. Barnes, que se hizo rico creando el antiséptico Argyrol. Y todo lo invirtió en su visión del arte.

La Gastronomía de Filadelfia

No podemos irnos de Philly sin probar su gastronomía, empezando por sus tres productos típicos: el donut (dicen las malas lenguas que lo inventó un holandés al hacer un agujero en la masa para freírla mejor, pero hay versiones que no están muy de acuerdo con la anécdota...), el pretzel (con mostaza) y el cheesesteak, un potente bocadillo de ternera y queso fundido. Uno de los mejores sitios para catar este último es McGillin's Olde Ale House, la taberna más antigua de la ciudad (1860), con sus mesas corridas, su barra de cerveza, sus banderas y sus paredes llenas de fotos, carteles y premios.

Otro templo culinario histórico es el Reading Terminal Market (1893), al lado del barrio chino, con más de 80 puestos de comida. Uno de ellos es Bassetts Ice Cream, la empresa de helados más antigua de Estados Unidos. Y como colofón, el Mercado Italiano, hasta arriba de tiendas y restaurantes fundados por emigrantes del país alpino, a los que se han unido sabores latinos.

Busque el panettone y los cannoli (rollitos de queso mascarpone) de Isgro Pastries; el queso, el prosciutto (jamón) y el salami de Di Bruno Bros; las carnes premium de Esposito's y los sabrosos tacos de Casa México, regentada por la chef Cristina Fernández, que ha logrado hacerse un hueco enorgulleciéndose de la cocina de su país a base de ingredientes orgánicos y técnicas tradicionales.

Información Práctica para el Viajero

Filadelfia ofrece una variedad de opciones de transporte público, entre las que destaca el Southeastern Pennsylvania Transportation Authority (SEPTA), que opera autobuses, tranvías y trenes de cercanías. Las tarifas varían según la distancia y el método de pago, siendo el mínimo $2.50.

Los precios de entrada a los museos y atracciones turísticas varían bastante, desde entradas gratuitas en algunos lugares hasta tarifas de alrededor de $20 en otros. La mejor época para visitar Philadelphia es durante la primavera (abril a junio) y el otoño (septiembre a noviembre), cuando el clima es agradable y las multitudes son menores.

Para obtener más información mientras estés en la ciudad, puedes visitar la Oficina de Visitantes de Philadelphia, ubicada en el 1 Liberty Observation Deck.

Tabla de Información Útil

Tema Detalle
Transporte Público SEPTA (Autobuses, Tranvías, Trenes). Mínimo $2.50
Entrada a Museos Varía: Gratis hasta $20
Mejor Época para Visitar Primavera (Abril-Junio) y Otoño (Septiembre-Noviembre)
Oficina de Visitantes 1 Liberty Observation Deck

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