Cuna de los Derechos Humanos: Un Legado Histórico
La historia de los derechos humanos es un relato del avance de la humanidad, tratando de sustituir instintos por el reconocimiento de la igualdad en dignidad y derechos para todas las personas.
Durante gran parte de la historia, los derechos dependían del linaje, clase social, religión o nacionalidad. Sin embargo, algunos defendieron que todos los seres humanos son sujetos de derechos, como los teólogos de la Escuela de Salamanca en España.
La Escuela de Salamanca y los Derechos Humanos
Bajo los adjetivos de culta, docta y sabia, muy noble y muy leal, y caritativa y hospitalaria, Salamanca siempre ha sido conocida, principalmente, por su Universidad, una de las cuatro más antiguas existentes en el mundo tan solo por detrás de Bolonia, Oxford y París.
Fue entre los muros del Patio de Escuelas Mayores salmantino donde nació la primera aproximación del hombre a conceptos como los Derechos Humanos y la soberanía popular. Así lo asegura la profesora y vicedecana de la Facultad de Filosofía de la USAL y especialista en los pensadores de la Escuela de Salamanca, María Martín Gómez, quien afirma que la «gran relevancia» de este grupo de intelectuales fue «la fundamentación de los Derechos Humanos».
«Las pinturas que existen en la Sala del Consejo del edificio de las Naciones Unidas en Ginebra así lo enseñan», revela Martín Gómez, quien recuerda que el gran mural realizado en los años 30 por José María Sert incluye al propio Vitoria y una torre de la Catedral de Salamanca «representando que lo que se hace hoy allí y ahora, viene de Salamanca».
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Además, «casi todos los fundamentos del Derecho Internacional están en Francisco de Vitoria», como el principio de guerra justa, que va más allá de la legalidad y «discute si una guerra es moral».
La Controversia de Valladolid
Valladolid fue escenario de un inédito debate sobre los derechos y la dignidad del hombre en el siglo XVI, casi 400 años antes de la firma de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948). El descubrimiento de América constata la existencia de otros territorios y otras culturas.
Si bien la reina Isabel la Católica firmó en 1503 una Real Provisión para otorgar protección a los pueblos indígenas -en la que, además, los definía como «personas libres, como lo son, y no siervos»-, los gobernadores tomaron de forma laxa estos deseos en la aplicación de las llamadas ‘encomiendas’.
Esta figura permitía ‘encomendar’ a un grupo de indígenas a un ‘encomendero’, que pasaba a tener la obligación de pagar un tributo a la Corona, representada en América por dicho ‘encomendero’. Pese a la voluntad de la reina, la distancia era una barrera insalvable en el control de los abusos que se cometieron.
Los primeros en alzar la voz y denunciar la situación fueron los dominicos. La congregación llegó a Santo Domingo, en la isla de La Española, en septiembre de 1510. Los religiosos no tardaron en armar una crítica abierta que alcanzó punto álgido en la Navidad de 1511, cuando Antonio de Montesinos pronunció un sermón en defensa de los pueblos indígenas.
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Estos sermones manifestaron por primera vez las denuncias de los dominicos. Por un lado, la orden religiosa cerró filas en torno a la defensa de la libertad y los derechos de los indígenas. Por otro, los miembros del Consejo Real justificaban la legitimidad de las encomiendas bajo el argumento de que aquellos pueblos no podían ser titulares de derechos.
La confrontación definitiva entre ambas tesis tuvo lugar en la llamada Controversia de Valladolid, un intenso debate de raíces filosóficas, teológicas y jurídicas celebrado entre 1550 y 1551 en el Colegio de San Gregorio. Fray Bartolomé de las Casas se postuló como defensor de los derechos de los indígenas. El discurso del dominico en la Controversia de Valladolid es el primer alegato público y de calado político a favor de lo que hoy conocemos como derechos humanos, aquellos mínimos que deben reconocerse a toda persona por el hecho de serlo.
La Junta de Valladolid se saldó sin una sentencia firme que elevar al emperador. Cada cual se proclamó como vencedor y cada facción se encargó de presentar su intervención como un logro para sus valedores.
¿Cuál es, entonces la importancia de la Controversia de Valladolid? Que existió. Que en plena conquista de América un reino se planteó la legitimidad moral de sus ocupaciones -y fue el único de todos los que pugnaban pro el territorio americano que asumió esta idea- .
El Legado de la Controversia
Tal vez, De las Casas no ganó al completo -su figura sigue siendo discutida- pero desde entonces cualquier tipo de barbarie ya no goza de impunidad moral.
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No obstante, la airada defensa de fray Bartolomé de Las Casas de los derechos de los indígenas americanos le hicieron más popular en el mundo que a Francisco de Vitoria. Las razones son varias, según apunta María Martín Gómez, puesto que «el discurso de Vitoria está hecho desde Salamanca, sin conocer 'in situ' la situación americana, y es más teórico, más erudito, mientras que el de De las Casas se radicaliza al hacerlo desde México y contar lo que está viendo».
El Aniversario de la ONU en Valladolid
Tras Nueva York, Ginebra, Amsterdam y Bruselas... Valladolid. La Organización de Naciones Unidas escoge la capital vallisoletana para celebrar su efeméride por formar parte de un hito para la Humanidad: fue de alguna manera su germen al acoger el primer debate universal sobre los Derechos Humanos, la llamada Controversia de Valladolid.
Por esta implicación, la Organización despliega en la ciudad -en el interior y exterior del Museo Patio Herreriano y en los alrededores de la iglesia de San Pablo - la exposición ‘Cristóbal Gabarrón. Un humanista del color 207520/ Retrospectiva’.
El arte conceptual de Gabarrón regresará así el 24 de octubre a la tierra en la que creció, con motivo de aquel mismo día de 1945 en el que, sobre los rescoldos de la Segunda Guerra Mundial, se fundaron las Naciones Unidas. La ingente esfera rodeada de 75 esculturas, una por cada año de la Organización , invitará al público a unirse y comprometerse con su cadena humana «de diversidad y solidaridad», a pocos metros del escenario de la célebre Controversia de Valladolid. El diálogo con el imponente frontal de San Pablo resulta inevitable.
Gabarrón reconoce este contraste como «un reto inmenso y bonito». «Es una de las fachadas más hermosas del mundo. Tanto por su arquitectura como por esa historia que esconde. Me llevó mucho trabajo ver cómo encajaba mi obra en el lugar. Es una especie de túnel del tiempo. Lo que había antes y lo de ahora. Lo contemporáneo junto a lo antiguo y que surjan las preguntas».
Con esta creación, que presentó el entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, persigue mostrar a los ojos del mundo, sobre todo de los niños -por tener una mirada despojada de prejuicios- «los principios que sustentan las Naciones Unidas: paz, tolerancia, responsabilidad, educación, cultura, desarrollo sostenible, convivencia...»
Sirve a la vez de recordatorio. «Una forma, a través de la cultura, de resaltar algo impresionante y no conocido por todos, que Valladolid está en la vanguardia de los Derechos Humanos», relata Cristóbal Gabarrón.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos
El 4 de julio de 1776, el segundo Congreso Continental reunido en Pensilvania, proclamó la independencia de las 13 colonias que Inglaterra poseía en la costa este de Norteamérica. La declaración de independencia redactada por Thomas Jefferson incluía una declaración de derechos basada en los siguientes principios: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
Una década después, el 26 de agosto de 1789, la Asamblea Nacional Constituyente Francesa aprueba la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Sus dos primeros artículos no dejan lugar a dudas: “1. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. 2. La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Esos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión”.
Hijos e hijas del personal de las Naciones Unidas observan de cerca la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La declaración fue aprobada por 48 votos a favor y 10 abstenciones y ausencias (la Unión Soviética, los países de la Europa del Este y Arabia Saudí, entre otros).
Según el texto, que para muchos es una especie de Constitución de la humanidad, “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Hoy, más de 70 años después de que estas iluminadoras palabras fueran puestas negro sobre blanco, hay que reconocer que estamos lejos de la humanidad “liberada del temor y de la miseria” a la que aspira la Declaración Universal.
Indudablemente, el camino recorrido desde el tiempo en que las agresiones de un pueblo hacia otro pueblo daban lugar a venganzas ilimitadas es muy grande. Sin embargo, los derechos humanos distan mucho de ser respetados siempre y en todo lugar. De hecho, en los últimos años parecen estar en serio retroceso.
Llegados a este punto, desesperarse no es una opción. Hay que recordar lo que decían dos históricos activistas de los derechos civiles de la población afroamericana en Estados Unidos. Asa Philip Randolph aseguraba que “la justicia nunca se recibe sin más; hay que exigirla”. Martin Luther King apuntaba que “una injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes”.
Ojalá algún día no tengamos que recordar estas citas de King, de Randolph, de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
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