David Navalón, el Jaro Hijo: Siguiendo los Pasos de una Leyenda Taurina

21.11.2025

Para conocer a esta familia de leyenda quedamos con David Navalón, el Jaro hijo, nada más y nada menos que en la Plaza de Toros de la Ventas. Es el único de sus hermanos que ha seguido los pasos de su padre. El sueño de David siempre ha sido ser torero.

David nos hizo un tour por las ventas y mientras nos contaba anécdotas de su carrera llegó uno de los momentos más importantes del día. Conocimos a su padre, Federico Navalon “el Jaro” y a su hijo Andrés. David tiene una debilidad especial por su hijo. Se ve reflejado en él y ahora son compañeros de profesión.

Federico Navalón, el Jaro padre, nos cuenta en este capítulo como fueron sus comienzos. Se dio a conocer en el año 1964, en Vista Alegre, en una de las novilladas de “la Oportunidad” que organizaban los Lozano, los sábados por la noche, y que veía toda España, en la pequeña pantalla.

Fue compañero de figuras como Palomo Linares o el mediático “Platanito”. Ha sido matador y ha triunfado como torero de Plata. Su carrera está ligada a grandes nombres de la tauromaquia como el maestro Ortega Cano.

Aunque ha conseguido hacerse un hueco en el mundo taurino el camino no ha sido fácil. Conocer a la familia del Jaro nos enseña que siempre debemos luchar por conseguir nuestros sueños.

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El Cine Quinqui: Un Reflejo de la España Marginal

La frase pertenece a Borja Cobeaga y se escucha en 'Navajeros, censores y nuevos realizadores', un documental presentado en el Festival de Málaga: «Igual que Tarantino recupera el spaghetti western, algún director español debería reivindicar el cine quinqui».

Su autor Rafael Robles, alias Rafatal, nació en 1977, el año en el que la abolición de la censura abrió la veda de las películas sobre delincuentes juveniles del extrarradio. El Jaro, El Vaquilla, El Pepsicolo, El Chino y El Kung-fu nutrían las crónicas sensacionalistas de 'El Caso' y alimentaron el imaginario de cineastas como José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia.

Aquellos héroes canallas fueron encarnados en la pantalla por un grupo de actores no profesionales que también provenían del descampado. Los astros del género saltaban de la pantalla a la crónica de sucesos y viceversa. Realidad y ficción se confundían en casos como El Pirri, que apareció muerto a los 23 años cuando tenía pendiente un juicio en el que le pedían dos años de condena por robo con intimidación.

O El Torete, alter ego del Vaquilla en la ficción, que murió de sida a los 31 como consecuencia de compartir mil jeringuillas en la celda. La droga hizo estragos hasta en los actores relacionados con el género, como la presentadora y actriz Sonia Martínez, fallecida a los 31 años, y el cantante Antonio Flores, a los 33.

«No existe un fenómeno así en ninguna otra cinematografía», constata Rafatal, que descubrió estas películas en los videoclubes y las analizó en su tesis doctoral. «En otros países se hace cine de adolescentes y de delincuencia callejera, pero no con las características de España.

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Con jóvenes que en algunos casos se interpretaban a sí mismos o a personajes cercanos, con su propio vocabulario. El quinqui reinó en las salas de barrio desde 1977, año del bombazo de 'Perros callejeros' -casi 2 millones de espectadores-, hasta 1985, cuando se estrena 'Yo, el Vaquilla'. Tras años de censura, el malditismo lumpen sació el hambre de transgresión del público de la época.

El tratamiento de las drogas y el sexo era crudo y novedoso. Casi didáctico. El quinqui se movía entre la admiración y la repulsa. «En España existía un decálogo de temas que no se podían tratar en el cine: violencia, drogas, sexo, delincuencia... Y el cine quinqui los tocó todos», enumera Rafatal. «El que ejerce la violencia no solo es castigado, sino que obtiene el favor del público».

Al fugaz star system canalla se sumó una banda sonora indisoluble a las imágenes de los protagonistas metiéndose un pico o haciendo un puente a un Seat 124. «Coger el rock más macarra, más de barrio, y mezclarlo con la rumba: ese fue el verdadero mestizaje», asegura la cantante Alaska en el documental.

Las estrellas de la sirla y el tirón fueron cayendo una a una por la droga o se perdieron en la cárcel. La televisión y el vídeo doméstico alejaron a los espectadores de las salas de barrio. La ley Miró propició un cine de autor en las antípodas de aquellos productos urgentes con vocación de 'exploitation'.

Su legado se detecta hoy en las películas de directores «que las vieron sin prejuicios», apunta Rafatal: Enrique Urbizu, Juanma Bajo Ulloa y, sobre todo, Alberto Rodríguez ('7 vírgenes', 'Grupo 7'). El alicantino Carlos Salado firmaba el año pasado 'Criando ratas', una nueva mirada a los barrios periféricos que supera los dos millones de reproducciones en YouTube.

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En su reparto encontramos a El Cristo, ladrón desde los doce años y protagonista de un programa de Samanta Villar. José Luis Manzano en una escena de 'Navajeros'. Eloy de la Iglesia le descubrió apoyado en la puerta de los populares billares Victoria en el centro de Madrid. Tenía dieciséis años y ya se prostituía.

El director zarauztarra le pagó 500 pesetas por sus servicios. Un año más tarde cobraría 300.000 por protagonizar 'Navajeros', según desvela la biografía del actor, titulada 'Lejos de aquí'. José Luis Manzano (Vallecas, 1962) nunca fue al colegio y con 12 años trabajaba cargando cajas en una bodega.

Una lesión en la espalda le obligó a vivir durante años embutido en un corsé de cuero. De la Iglesia se lo llevó a vivir con él y lo convirtió en su actor fetiche. El protagonista de 'Colegas', 'El Pico', 'El Pico 2' y 'La estanquera de Vallecas' murió de sobredosis a los 30 años en el piso del realizador.

El Torete fue tan popular que llegó a la portada de 'Fotogramas': «La revelación de 'Perros callejeros', del calabozo al estrellato», titulaba la revista en 1979. El director José Antonio de la Loma había acudido al Tío Manolo, patriarca del conflictivo barrio barcelonés de La Mina, para encontrar al protagonista de una película sobre El Vaquilla, que no pudo hacerla por ser un pésimo actor y estar casi siempre en prisión.

El elegido fue un amigo suyo, Ángel Fernández Franco (Barcelona, 1960), el Trompetilla, desde entonces rebautizado El Torete. A los 15 años ya vivía en la cárcel Modelo. José Luis Fernández Eguía nació en la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) de Pan Bendito en 1965.

Su madre le abandonó y se crió con sus abuelos. Apodado Pirri por el jugador del Real Madrid, fue seleccionado en el casting de 'Navajeros' por Eloy de la Iglesia. Durante su rodaje, con 14 años, ya se inyectaba heroína. El Pirri participó en catorce películas: 'Colegas', 'Maravillas', 'La mujer del ministro', 'El pico 2', 'La estanquera de Vallecas'...

Los equipos de las películas sabían que el dinero de su trabajo se lo debían dar a su abuela. El actor se hizo muy popular trabajando en televisión con Fernando García Tola en el programa 'Querido Pirulí'. El Pirri fue encontrado muerto en 1988 en un descampado entre Vicálvaro y San Blas.

El cuerpo tenía signos de violencia y una jeringuilla colgando del brazo. Eloy de la Iglesia y la familia siempre pusieron en entredicho la autopsia que le practicó el médico forense, el célebre doctor Cabeza. Los 70 y los 80 en España fueron salvajes.

La ansiada democracia no supuso un gran cambio para los habitantes de los barrios más pobres que, ocultados bajo la alfombra de un país que quería reclamar su puesto en Europa, sufrieron el impacto de la droga y la desigualdad de forma indiscriminada.

Los cineastas que se atrevieron a tratar el tema no contaron con el respaldo de una sociedad que quería huir desesperadamente de sus propios demonios pero, con el tiempo, el “cine quinqui” se ha convertido en el mejor testimonio público de la España que buscó héroes entre sus delincuentes.

Con Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma como máximos exponentes tras las cámara, directores como Carlos Saura, Vicente Aranda, Gil Carretero o el mismísimo Pedro Almodóvar filmaron algunos de los títulos imprescindibles del género venerado por sus herederos, como Ramsés Gallego “El Coleta”, rapero de la periferia madrileña e hilo conductor de la indispensable ‘Quinqui Stars’ (Juan Vicente Córdoba, 2018), y los protagonistas de ‘Las leyes de la frontera’, la película de Daniel Monzón recién estrenada en salas.

Películas Imprescindibles del Cine Quinqui

  • 'Perros callejeros' (José Antonio de la Loma, 1977): En las afueras de Barcelona, El Torete y compañía sobreviven como pueden a base de tirones, pequeños hurtos y robando coches.
  • 'Navajeros' (Eloy de la Iglesia, 1980): José Manuel Gómez Perales “El Jaro” vive de golpe en golpe, de cama en cama y de bronca en bronca.
  • 'Deprisa, deprisa' (Carlos Saura, 1981): Ángela, Pablo, Meca y Sebas no tienen mucho que hacer. Apáticos, ven pasar los días animándose con heroína hasta que deciden que, para escapar, hay que arriesgarse y realizar golpes más ambiciosos.
  • 'Colegas' (Eloy de la Iglesia, 1982): A Antonio, Rosario y José les ha tocado vivir un momento complicado y, cuando ella queda embarazada, la cosa no mejora.
  • 'El pico' (Eloy de la Iglesia, 1983): Paco y Urko le dan fuerte al caballo. Cuando empieza a ser un auténtico problema en sus vidas, sus padres intervendrán pero, por si la heroína no era un problema lo suficientemente importante, el padre de Paco es Comandante de la Guardia Civil y el de Urko un influyente líder de la izquierda abertzale.
  • '¿Qué he hecho yo para merecer esto!' (Pedro Almodóvar, 1984): Un ama de casa de extrarradio vive en su pequeño piso junto a un marido machista, un hijo camello, otro chapero y una suegra que ayuda a mantener la calma.
  • 'Yo, el Vaquilla' (José Antonio de la Loma, José Antonio de la Loma Jr., 1985): Juan José Moreno Cuenca "El Vaquilla", consigue contar por fin su historia.
  • 'La estanquera de Vallecas' (Eloy de la Iglesia, 1987): Leandro y Tocho deciden robar un estanco pero la flata de experiencia, y la templanza de la buena de Justa, la estanquera, frustrará su robo para convertirse en una inesperada toma de rehenes.
  • 'El Lute: Camina o revienta' (Vicente Aranda, 1987): El Lute tampoco lo tuvo fácil y, tras un atraco a una joyería en la que un vigilante fue asesinado, pensó que no volvería a vivir en libertad.

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